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PARA SUPERAR LA CRISIS LA BIBLIA TE OFRECE UNA ALTERNATIVA

Al contemplar el deterioro progresivo de Venezuela, analizar en profundidad las causas que lo determinan, y cuantificar el inmenso potencial de recursos  con los que se cuenta para superar cualquier crisis, comprendemos que la solución es sencilla si se toman las medidas correctivas pertinentes en un corto plazo. El problema es que quienes tienen el poder de decisión no actúan debido a intereses que solo ellos conocen.

Con tantos recursos, no se justifica esta crisis.

Y son pocos los que tienen en este País ese poder, porque como sabemos las decisiones definitivas no se toman en los correspondientes Despachos de los distintos Órganos del Poder Público, ni en las oficinas de las grandes Corporaciones, sino en las sedes de los partidos políticos que hacen gobierno u oposición, y muchas veces en los salones de un discreto y lujoso restaurant, donde se reúnen quienes deciden realmente el destino del País.

Es decir, la vida y destino de 30 millones de venezolanos está en las decisiones de un grupo de personas que para contarlo sobran dedos de las manos.

De manera que 29.999.990, veintinueve millones novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa venezolanos hacen marchas, gritan, izan banderas y pancartas, se enfrenta a su compatriota, padecen escasez, y sufren racionamiento eléctrico, porque aquel pequeño grupo de poder, representante de gobierno y oposición, no ha decidido poner fin a la crisis.

Dado que nosotros no tenemos el poder para resolver la crisis de Venezuela, y que muy probablemente amigo lector crees en Dios y tienes algún conocimiento de su Palabra, entonces vamos a explorar una alternativa de solución que está a nuestro alcance.

Recordemos que ante un problema dado, hay decisiones que están en nuestras manos para resolverlo; y hay otras decisiones que escapan de nuestro alcance y corresponde a otros ejercerlas.

Vamos a considerar aquellas que están a nuestro alcance.

Revisemos lo que lo que la Biblia expone para darle frente a la crisis venezolana o de cualquier país, y salir airoso.

Ten un encuentro personal con Dios.

La Biblia revela que muchas crisis individuales o del pueblo se resuelven cuando la persona se encuentra con Dios, le expone su causa y sigue sus instrucciones..

Es el caso de un hombre llamado Naamán, jefe del ejército del rey de Siria, muy estimado y favorecido por su rey, pero estaba enfermo de lepra. Un día una muchachita de Israel fue hecha cautiva, y quedó al servicio de la mujer de Naamán. Esta muchachita dijo a su ama: Si mi amo fuera a ver al profeta que está en Samaria, quedaría curado de su lepra.

Luego de algunos incidentes, al final Naamán va con su carro y sus caballos, y se para a la puerta de la casa de Eliseo. Pero Eliseo envía un mensajero que le dijo: “Ve y lávate siete veces en el río Jordán, y tu cuerpo quedará limpio de la lepra.”

Naamán se molesta por la forma como el profeta le trata, pero luego de oír consejos va y se sumerge siete veces en el Jordán, según se lo había ordenado el profeta, y su carne se volvió como la de un jovencito, y quedó limpio. Puedes leer la historia completa en 2 Reyes 5:1-9.

Tomemos nota de otra crisis personal resuelta con la intervención Divina.

Se trata de Ana, una mujer que no podía tener hijos debido a que era estéril. Por esta circunstancia sufría mucho.

En cierta ocasión, estando en Siló, Ana después de la comida se fue al templo. El sacerdote Elí estaba sentado en un sillón, cerca de la puerta de entrada del templo del Señor. Y Ana, llorando y con el alma llena de amargura, se puso a orar al Señor y le hizo esta promesa: “Señor todopoderoso: Si te dignas contemplar la aflicción de esta sierva tuya, y te acuerdas de mí y me concedes un hijo, yo lo dedicaré toda su vida a tu servicio, y en señal de esa dedicación no se le cortará el pelo.”

Como Ana estuvo orando largo rato ante el Señor, Elí se fijó en su boca; pero ella oraba mentalmente. No se escuchaba su voz; sólo se movían sus labios. Elí creyó entonces que estaba borracha, y le dijo: ¿Hasta cuándo vas a estar borracha? ¡Deja ya el vino! No es eso, señor, contestó Ana. No es que haya bebido vino ni ninguna bebida fuerte, sino que me siento angustiada y estoy desahogando mi pena delante del Señor. No piense usted que soy una mala mujer, sino que he estado orando todo este tiempo porque estoy preocupada y afligida.

Vete en paz, le contestó Elí, y que el Dios de Israel te conceda lo que le has pedido.

Muchísimas gracias, contestó ella. A la mañana siguiente madrugaron y, después de adorar al Señor, regresaron a su casa en Ramá. Después Elcaná se unió con su esposa Ana, y el Señor tuvo presente la petición que ella le había hecho. Así Ana quedó embarazada, y cuando se cumplió el tiempo dio a luz un hijo y le puso por nombre Samuel, porque se lo había pedido al Señor. El relato lo puedes leer en 1 Samuel 1:1-27.

Revisemos un caso más.

Había hambre en Israel por una larga sequía, entonces el Señor le dijo a Elías: “Vete a la ciudad de Sarepta, en Sidón, y quédate a vivir allá. Ya le he ordenado a una viuda que allí vive, que te dé de comer”. Elías se fue a Sarepta. Al llegar a la entrada de la ciudad, vio a una viuda que estaba recogiendo leña. La llamó y le dijo: Por favor, tráeme agua para beber. Iba ella a traérselo, cuando Elías le dijo: Por favor, tráeme también un pedazo de pan.

Ella le contestó: No tengo más que un puñado de harina en una tinaja y un poco de aceite en una jarra, y ahora estaba recogiendo leña para ir a cocinarlo para mi hijo y para mí. Comeremos, y después nos moriremos de hambre.

Elías le respondió: No temas. Prepara lo que has dicho. Pero primero, hazme una torta pequeña y tráemela, y haz después otras para ti y para tu hijo. Porque el Señor, Dios de Israel, ha dicho que no se acabará la harina de la tinaja ni el aceite de la jarra hasta el día en que el Señor haga llover sobre la tierra.

La viuda hizo lo que Elías le había ordenado. Y ella y su hijo y Elías tuvieron comida para muchos días. No se acabó la harina de la tinaja ni el aceite de la jarra, tal como el Señor lo había dicho por medio de Elías. Lee la historia en 1 Reyes 17:8-16.

Como has notado, en estos relatos hay elementos comunes:

  • Una necesidad, cuya satisfacción esta fuera de la capacidad humana para resolver,
  • Confianza en el poder de Dios,
  • Búsqueda de intervención divina,
  • Obediencia a la instrucción recibida.

Puedes notar otros elementos como el uso de medios de gracia: la muchacha esclava, los profetas, el sacerdote.

Ahora, reflexiona en los tres relatos, medita en la aplicación de los mismos; luego visualiza tu situación personal, y actúa conforme lo que estas sintiendo, analizando, creyendo, confiando.

No te invito a soluciones mágicas, sino a buscar a Dios, tu Dios en el cual confías, y presentar tu situación. Él te va a revelar lo que tienes que hacer, y hazlo. Tal vez te parecerá algo demasiado simple y absurdo, como pensó Naamán el sirio; algunos dirán que estas “borracho”, ¿Qué eres iluso?; o como la viuda de Sarepta pensarás que ya no hay remedio.

Sin embargo allí, en la Sagrada Escritura,  se afirma que tienes un Dios que te ama, y está atento a tus peticiones. Medita en este  texto:

Al contemplar las montañas me pregunto:
«¿De dónde vendrá mi ayuda?»
Mi ayuda vendrá del Señor,
creador del cielo y de la tierra.

¡Nunca permitirá que resbales!
¡Nunca se dormirá el que te cuida!
No, él nunca duerme;
nunca duerme el que cuida de Israel.
El Señor es quien te cuida;
el Señor es quien te protege,
quien está junto a ti para ayudarte.
El sol no te hará daño de día,
ni la luna de noche.

El Señor te protege de todo peligro;
él protege tu vida.
El Señor te protege en todos tus caminos,
ahora y siempre. Salmos 121

¿Estás pasando momentos difíciles? ¿Crees que tu situación ha llegado el límite?

¿Te sientes impotente ante esta enorme crisis nacional? ¿Crees que no hay salida?

Si es así, es tiempo buscar ayuda:

Escucha el consejo de personas que te aprecian, como Naaman el sirio y ve a buscar ayuda casa de un siervo de Dios; o,

Acude a Dios personalmente, como Ana, quien fue al Templo a derramar sus lágrimas y clamar a Dios; o también,

Recibe con agrado la ayuda que se te pide, como la viuda de Sarepta, quien acogió con humildad y fe, la visita del profeta que venía a su casa para convertirla en medio de gracia para alimentar a su familia y al profeta.

Sobre todo, ten en cuenta que Dios está cerca de ti, atento a tus necesidades y dispuesto a actuar cuando decidas buscarle y solicitar su intervención.

Recuerda, tu fe activa el poder de Dios.

“…todo es posible para el que cree. Marcos 9:23

Bendiciones.

Fuente:

EL CAMBIO HA COMENZADO EN VENEZUELA

La mujer recolecta trozos de madera para utilizarles como leña, en su mente una idea perturbadora genera gran angustia; estaba desesperada, y se sentía impotente. Era viuda, tenía un hijo, y la provisión de alimentos llegaba a su fin. Solo contaba con un puñado de harina y una porción de aceite suficiente como para cocer un pan para los dos, luego esperar la muerte por inanición puesto que se les había agotado la reserva de comida.

¿Haz pasado por la angustia de tomar la última porción de comida para alimentar a tus hijos, sabiendo que ya no tienes reservas, y que en los expendios tampoco hay suministros porque se encuentran agotados?

En la región circunvecina al pueblo de la viuda persiste una terrible escasez debido a que por casi tres años no llueve, y la producción de alimentos esta paralizada.

Ante una circunstancia como esta, los menos favorecidos sufren peores consecuencias.

Ella no debate sobre las causas de su tragedia, resignadamente acepta su situación.

Un día las cosas comienzan a cambar.

A la entrada de la ciudad, en momentos que recolectaba la leña tiene un encuentro con un hombre que cambia su vida y destino. El desconocido le solicita agua y comida; ella explica que tiene provisión solo para un bocado que comerá con su hijo, para luego esperar lo inevitable. Sin embargo, a pesar de su escasez comparte el pan con aquel hombre.

En conscuencia a su generosidad, el personaje le formula una promesa: “La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra”.

Estamos ante el caso de Elías y la viuda de Sarepta, narrado en 1 Reyes 17:8-16.

Las circunstancias que propician la escasez es porque el profeta Elías, siguiendo instrucciones divinas anuncia que por tres años no lloverá sobre Israel, 1 Reyes 17:1. Hecho que determina aquella pavorosa falta de alimentos.

En este punto nos preguntamos ¿Por qué Dios interviene de esa manera?

Hay que leer el contexto para interpretar correctamente lo que ocurre.

Asume el poder un rey que según la historia bíblica conduce al pueblo a la ruina. Lea 1 Reyes 16:29-34 donde se describe las causas de la sequía que propicia el hambre que tuvo efectos sobre aquella pobre viuda; y sobre toda la nación de Israel.

Hemos insistido en escritos anteriores que Dios ejerce dominio sobre los pueblos, y que en ocasiones actúa de forma prevista en su Palabra para llamar la atención de sus hijos, no para castigarles sino para instarles a cambios de actitud.

Pocos días después del incidente con la viuda de Sarepta, el profeta predice que en breve, por mandato divino, volverá la lluvia, y con ella una nota de esperanza para la Nación, 1 Reyes 18:1. La historia que sigue revela una renovación espiritual del pueblo, tanto como el inicio de tiempos de abundancia.

Dios está en control.

La Biblia afirma que desobedecer los designios de Dios trae consecuencias indeseables, lee Deuteronomio 28:15-68. Esa es una descripción de las consecuencias para quienes desatienden las demandas Divinas.

Ahora, en Venezuela se ha iniciado un proceso de cambio, que ya se nota,  pero el cambio no es debido a la oferta de los factores reunidos en agrupaciones opositoras, ni de los afectos al Gobierno, sino que se fundamenta en las rodillas de cientos de hombres y mujeres de todas las edades que conscientes de lo que pasa en Venezuela están orando sin cesar para este cambio; un cambio que se inicie con el despertar espiritual y que inspire a buscar a Dios, para que se produzcan las rectificaciones en el marco de la Biblia y de la Constitución Nacional.

Sabemos de los llamados a orar por Venezuela, de las cadenas que se propician en ese sentido, de los ayunos, vigilias y demás devociones espirituales dedicadas a rogar por este proceso de cambio. Y el cambio ha comenzado, hay que sostenerle orando, clamando. Recuerda Mateo 7:7.

Dios siempre responde al clamor de su pueblo.

Se conoce que hay grupos de oración tanto en Venezuela como fuera de nuestras fronteras, intercediendo para que se opere el cambio. Algunos según la estrategia 639, de acuerdo con la cual se unen grupos fervorosos de hombres y mujeres para clamar a Dios así:

  •    6 am por los líderes y pastores de la obra a nivel nacional.
  •    3 pm por Venezuela y sus gobernantes.
  •    9 pm por la familia.

Para más información “googlea” Plan de Oración 639.

Únete a un grupo de oración, forma parte del proceso de cambio.

Vamos a seguir clamando a Dios, para que se materialice el cambio que todos esperamos, deseamos, y necesitamos.

Un punto digno de mencionar. ¿Recuerdas la frase “El pan nuestro de cada día dánoslo hoy?

Aquella viuda pudo vivir intensamente esa promesa, por la fe puesta en el Dios del Profeta.

La Biblia afirma: Joven fui, y he envejecido, Y no he visto justo desamparado, Ni su descendencia que mendigue pan. Salmos 37:25.

Dios bendiga a Venezuela.

Fuente:

TRES MUJERES DE FE

Hay momentos críticos en la vida, circunstancias dificile e inesperadas, complicando aquellas situaciones a veces no contamos con recursos para enfrentarlas y superarlas. ¿Qué hacer ante tales eventualidades? Tenemos una variedad de reacciones que ponemos en marcha, algunas a veces complican los problemas.

Vamos a considerar en este escrito una estrategia para cuando las cosas vayan mal y no encontremos salida, no es novedosa, pero sí muy poderosa cuando se parctica, se trata de la fe; y lo haremos con las experiencias de  Tres Mujeres de Fe, tal y como se relataran en la Biblia.

Encontramos los relatos de estas tres mujeres en los siguientes textos de la Biblia:

1 Reyes 17: 8-24. LA VIUDA DE SAREPTA

2 Reyes 4: 1-7. EL ACEITE DE LA VIUDA

2 Reyes 4: 8 – 17. LA MUJER SUNAMITA

La lectura de los mismos nos permite concluir que poseen elementos comunes:

Tres mujeres en situación de crisis,

Fe en la intervención Divina,

Presencia de un profeta, siervo de Dios,

Respuesta milagrosa,

La gracia de Dios, manifiesta en diversas formas

Dos de las mujeres son viudas, la otra “importante”, según el autor del relato.

Observemos desde tres ángulos la manifestación del amor, la gracia y la provisión de Dios.

Cuando Llegamos al Límite, 1ro de Reyes 17: 8-24. LA VIUDA DE SAREPTA:

Observemos el relato,

Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo:Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente.10 Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba.11 Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano.12 Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir.13 Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo. 14 Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra.15 Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días.16 Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías.

 ¿Te has sentido solo, sin alguien que le ayude en ese momento de crisis?

¿Alguna vez has estado en una situación en la que crees que no hay salida?

¿Has llegado al momento en que ves impotente como se te agotan los recursos?

¿Preparaste la última porción de alimento, sabiendo que no dispones de medios para adquirir otros?

O, ¿Te acostaste alguna vez sin saber que comerían tus hijos el día siguiente?

No eres la única persona en tales circunstancias, por lo tanto ya sabes entonces como se sentiría la viuda de sarepta.

Visualiza la escena: El profeta, enviado a ella por Dios, le pide comida, la respuesta es significativa, desgarradora:

El Profeta pide: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano. Ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo…para que lo comamos, y nos dejemos morir.

Desesperación, impotencia, angustia. Estas tres emociones están acabando con la vida de muchos en este mundo hoy día; y mantienen paralizados a otros.

Impotencia, desgano de vivir, desmotivación, falta de apetito, ganas de quedarse en la cama, sin ánimo para nada. Sin embargo, en esta alma atribulada había un rayito de esperanza, aun cuando no era consciente de ello. “Vive Jehová tu Dios…” le dijo al profeta. No era judía, del pueblo de Dios, era gentil, vivía en Sarepta de Sidón, una ciudad fenicia, cercana a Tiro; más Dios previamente se le había revelado, para darle instrucciones de alimentar al profeta. El asunto es que ella no sabia como.

El escritor narra:

Vino luego a él (al profeta Elías) palabra de Jehová, diciendo: Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente.

Ella tiene un encuentro personal con Dios, experiencia que transforma su vida.

Veamos la provisión de Dios:

Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra. Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días.

Observa como la viuda obedecie la instrucción del profeta. Prepara comida para ella y su hijo; más primero la del profeta. Seguidamente ve como en aquella tinaja de harina y en la vasija de aceite se produce el milagro de la provisión de pan, hasta que lloviese. Recuerda la expresión: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”. Así pues, cada día, de la tinaja de harina, y de la vasija de aceite; extraía el sustento divino. El maná diario.

Esta experiencia sucede hoy  en la vida de muchos hijos de Dios que carecen del sustento para cada día; y aun entre quienes no conocen a Dios. Es un asunto de fe. ¿Cuando hemos visto caer desde el cielo un paquete de harina de maíz precocida? Muchos,  en esta ciudad, y en el mundo en general han visto llegar a sus casas una “Cesta de amor” contentiva del maná para ese día, provisto por una persona o institución, que son instrumentos de Dios.

Te invito que compartas: un paquete de harina, un litro de aceite, un de arroz, o un kilo de amor. O algún otro alimento; para que Dios alimente al menos por un día a una familia.

Veamos el otro ángulo:

Cuando se Agotan los Recursos, 2do Reyes 4: 1-7. EL ACEITE DE LA VIUDA:

Visualicemos la escena:

1 Una mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido ha muerto; y tú sabes que tu siervo era temeroso de Jehová; y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos.Y Eliseo le dijo: ¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa. Y ella dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite.El le dijo: Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas.Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte.Y se fue la mujer, y cerró la puerta encerrándose ella y sus hijos; y ellos le traían las vasijas, y ella echaba del aceite.Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces cesó el aceite.Vino ella luego, y lo contó al varón de Dios, el cual dijo: Ve y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos vivid de lo que quede.

¿Has llegado al punto en que vas al cajero automático y la maquina te informa que no puede procesar la operación, porque tu cuenta no dispone de fondos?

O, solicitado un crédito y te es negado porque tus cuentas presentas saldos muy bajos.

Llegar a la quincena, y no cobrar, porque estas desempleado.

En esto tampoco eres el único. La viuda de un hijo de profeta, vivió semejante experiencia.

Una mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido ha muerto; y tú sabes que tu siervo era temeroso de Jehová; y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos.

Como apreciamos, en este caso el problema es financiero. Su esposo ha muerto y como herencia le deja la casa hipotecada. Vino el acreedor, y como ella no tenia como pagar; en lugar de quitarle la casa, lo cual estaba prohibido legalmente, como hoy igualmente lo esta; entonces, para cobrar la deuda, se iba a llevar a sus dos hijos.

Un doble problema:

Perder dos hijos de sus entrañas, las madres saben lo que ello significa,

Y, perder mano de obra. Los hijos eran trabajadores en las tareas domesticas, agrícolas, o pecuarias.

Temor, enojo, impotencia, ansiedad, afán; son las emociones de esta atribulada mujer. En su desesperación acude a Dios, a través del profeta.

Observen el argumento de la mujer: Tu siervo, mi marido muerto, era temeroso de Jehová; por eso acudo a ti, que también soy temerosa de Jehová. Como en el caso de la Viuda de Sarepta, la solución es milagrosa. El aceite copa la escena. El aceite en la Biblia se relaciona con el Espíritu Santo; y es utilizado para ungir a los siervos de Dios; como ungüento, o como antiséptico. El Salmo 23: “Unges mi cabeza con aceite…”

El profeta le indica una operación aparentemente absurda. Buscar muchas vasijas, la mayor cantidad que pudiera encontrar. Luego encerrarse en casa y llenar las vasijas con el poco aceite que tenía guardado.

El le dijo: Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas. Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte. Y se fue la mujer, y cerró la puerta encerrándose ella y sus hijos; y ellos le traían las vasijas, y ella echaba del aceite. Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces cesó el aceite.

La mujer, como la anterior,  obedecie la instrucción, por absurda que parezca. El resultado no se hizo esperar, obtuvo la cantidad de aceite necesario para pagar la hipoteca, y sostenerles el resto de sus vidas.

¿Esta usted atrapado en una situación en la que aparentemente no hay salida? Este es el momento de buscar a Dios.

Finalmente veamos el último ángulo de la provisión de Dios.

Una mujer “importante”, que lo tenía todo, menos lo que deseaba, 2do Reyes 4: 8 – 17. LA MUJER SUNAMITA

Leamos el relato:

Aconteció también que un día pasaba Eliseo por Sunem; y había allí una mujer importante, que le invitaba insistentemente a que comiese; y cuando él pasaba por allí, venía a la casa de ella a comer.Y ella dijo a su marido: He aquí ahora, yo entiendo que éste que siempre pasa por nuestra casa, es varón santo de Dios.10 Yo te ruego que hagamos un pequeño aposento de paredes, y pongamos allí cama, mesa, silla y candelero, para que cuando él viniere a nosotros, se quede en él.11 Y aconteció que un día vino él por allí, y se quedó en aquel aposento, y allí durmió. Entonces dijo a Giezi su criado: Llama a esta sunamita. Y cuando la llamó, vino ella delante de él. 13 Dijo él entonces a Giezi: Dile: He aquí tú has estado solícita por nosotros con todo este esmero; ¿qué quieres que haga por ti? ¿Necesitas que hable por ti al rey, o al general del ejército? Y ella respondió: Yo habito en medio de mi pueblo.14 Y él dijo: ¿Qué, pues, haremos por ella? Y Giezi respondió: He aquí que ella no tiene hijo, y su marido es viejo.15 Dijo entonces: Llámala. Y él la llamó, y ella se paró a la puerta.16 Y él le dijo: El año que viene, por este tiempo, abrazarás un hijo. Y ella dijo: No, señor mío, varón de Dios, no hagas burla de tu sierva.17 Mas la mujer concibió, y dio a luz un hijo el año siguiente, en el tiempo que Eliseo le había dicho.

En este caso el escenario es distinto. Se trata de una mujer acomodada. El escritor la describe como una mujer “importante”. Por el contexto nos damos cuenta de que no tenía necesidades, como las anteriores. Tenía marido, casa, alimento, y posibilidades hasta para construirle un apartamento al profeta; seguramente criados, y bienes materiales en general. Nada necesitaba. Al punto de que el profeta le pregunta si quiere que haga algo por ella; más su respuesta da a entender que lo tenía todo.

Más no era completamente feliz. Su problema es que no tenía hijos.

Y aconteció que un día vino él por allí, y se quedó en aquel aposento, y allí durmió. Entonces dijo a Giezi su criado: Llama a esta sunamita. Y cuando la llamó, vino ella delante de él. Dijo él entonces a Giezi: Dile: He aquí tú has estado solícita por nosotros con todo este esmero; ¿qué quieres que haga por ti? ¿Necesitas que hable por ti al rey, o al general del ejército? Y ella respondió: Yo habito en medio de mi pueblo. Y él dijo: ¿Qué, pues, haremos por ella? Y Giezi respondió: He aquí que ella no tiene hijo, y su marido es viejo.

Hay personas que lo tienen todo, mas esas posesiones no conceden la felicidad. Dan confort, comodidad, pero no la felicidad. Es el caso de la sunamita. Lo tenia todo, tanto que no era necesario pedirla a nadie, ni siquiera al Rey. Más carecía de algo. El profeta habla con su criado, y este le revela una necesidad: No tiene hijos. Y añade un probable diagnóstico, su esposo es viejo. El profeta, como un gesto de cortesía, inspirado posiblemente por Dios, llama a la mujer para darle una buena noticia: La promesa de un hijo.

Dijo entonces: Llámala. Y él la llamó, y ella se paró a la puerta. Y él le dijo: El año que viene, por este tiempo, abrazarás un hijo. Y ella dijo: No, señor mío, varón de Dios, no hagas burla de tu sierva. Mas la mujer concibió, y dio a luz un hijo el año siguiente, en el tiempo que Eliseo le había dicho.

La mujer, conocedora de su situación, no cree la promesa. Más la promesa se cumple, porque depende no de la expectativa de la mujer, sino de la gracia de Dios.

Observen este caso es diferente. La mujer no pide nada para si; es el profeta, quien en un gesto de gracia, amor y solidaridad promete el hijo. Aquí se cumple la expresión: “El que siembra abundantemente, abundantemente cosechará”

La mujer, como un gesto de respeto, devoción, de fe hacia Dios; atiende al profeta. Es decir, ella sirvió a Dios por intermedio del profeta.

Recuerdan la expresión: “Por cuanto lo hicisteis a uno de mis hermanos más pequeños, a mi lo hicisteis…”

Finalmente:

¿Tal vez sientes que has llegado al límite y no ves salida inmediata?

O, ¿Crees que se te agotaron los recursos y no puedes resolver tu vida?

O, ¿Tal vez tienes todo lo que has deseado en la vida, más aun falta algo para completar tu felicidad?

 

Te invito a que como estas tres mujeres, busca respuesta en quien solo puede darla. En Dios, nuestro Padre Celestial…

“Alzaré mis ojos a los montes, de donde vendrá mi socorro; Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la Tierra…” Salmo 121.

Acude a Él y presenta tu necesidad.

O ve a un siervo de Dios, el intercederá en tu favor.

Fuente: