ANAVERO, QUE PASEN PRONTO LOS DÍAS PARA VOLVERNOS A ENCONTRAR

Con una sonrisa tierna que iluminaba su infantil carita, ojos radiantes desbordando alegría se despidió Anavero, un cálido abrazo y el ritual “Bendición tío” fueron su palabras en aquel emotivo momento. Dio la espalda se aferró a la mano de su madre y muy contenta con la dulce esperanza del reencuentro con el padre en un lejano destino, más allá de las fronteras patrias inició la marcha.

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Al verla alejarse encontradas emociones fluyeron dentro de mí porque Anavero al partir se lleva un pedazo de mi alma, una porción inmensa de una gran familia, un trozo de Venezuela.

Es que Ana Verónica, Anavero, o “#MiAnaVeroBella” se ausenta de la Patria ya que sus padres decidieron buscar otros horizontes porque el suyo en el suelo que les vio nacer, se ha ido estrechando inexorablemente al punto de no encontrar otra salida sino aquella dolorosa de emigrar.

Y ella no es la única en vivir tal desafiante experiencia, son miles de venezolanos que diariamente asumen aquella determinación, conformando una diáspora que va a nutrir a los países que les dan abrigo.

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En mi niñez vi una circunstancia inversa, eran miles de extranjeros que arribaban a este gran País en busca de lograr aquellos sueños conculcados en sus terruños de origen. Como hoy, desde hace varios años, he tenido la conmovedora experiencia de ver como amigos de toda la vida, personas con las que he compartido por muchos años en la comunidad de fe a la pertenezco, incluso de mi propia familia han decidido partir llevándose con ellos un trozo de nuestros corazones, como también un pedazo de Venezuela.

Los motivos para emigrar son múltiples y bien conocidos por todos, lo doloroso es que ocurra y ponga en el fiel de la balanza una decisión trascendental: permanecer en su Patria o partir a otros rumbos. A pesar del inmenso reto que significa partir, muchos lo asumen como una determinación de sobrevivencia.

A quienes quedamos viendo impotentes como se nos alejan los nuestros y sin nada que argumentar para que se queden, no nos queda otro recurso que mitigar las lágrimas con un “Dios te bendiga”, allá te irá mejor, que fue lo único que pude hacer al ver como con paso veloz y juguetón se me iba Anavero.

Apenas tiene unos cuatro años, y su padres están lejos de los cuarenta, allá donde va se hará una gran mujer, logrará los sueños que aún no ha gestado, pero que sus padres prevén, y hasta tal vez mezcle su sangre venezolana con la del País que le cobija, y contribuirá a su progreso, como muchos que vinieron a nuestro suelo y mezclaron su sangre con la nuestra.

La experiencia por los muchos años vividos, y la fe que nuestros padres nos inculcaron y un día abrazamos fervorosamente nos permite parafrasear las palabras del Apóstol Pablo: “Todo es para bien”, sabemos que así es con “los que a Dios aman”.

Hay mucho dolor en Venezuela porque alguien de su entorno familiar ha partido, dolor que se puede vislumbra en las conmovedora palabras de esta atribulada tía:

No estoy preparada psicológicamente ni emocionalmente para separarme de ti… #MiAnaVeroBella… Estos días no han sido fáciles, TE AMO con mi vida y duele mucho. Pido a Dios las cuide, proteja y provea todo lo necesario en esta nueva etapa. Que puedas asimilarla sin ningún problema y que puedas adaptarte fácilmente. Dios te pido pasen volando los días para volvernos a encontrar… Las amoooo #MiAnaVeroBella @veronica_rojas14.

Esta circunstancia debe tener algún provecho. Necesitamos ver la vida afinando nuestra perspectiva; superar ese dolor que nos embarga, transformando aquella emoción en fe y esperanza, virtudes que sin lugar a dudas mitigarán la pena, trayéndonos gozo y paz.

Estamos convencidos que esta hora amarga  pasará, todo tiene su tiempo y en el reloj Divino está macada la fecha, la hora exacta del inicio de una nueva realidad.

Anavero ya se reunió con su padre, allá lejos de nuestras fronteras hay gozo por el reencuentro. Ahora feliz junto a sus amorosos padres proseguirá su recorrido, quienes acá permanecemos gemimos como aquella conmovida tía “que pasen volando los días para volvernos a encontrar…”

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Como dijimos anteriormente, en todo esto hay una enseñanza que si somos sabios va a enriquecernos, cada uno sacará sus propias conclusiones, obtendrá su aprendizaje. Ahora de algo estamos seguros, y es que la distancia, ni las circunstancias, nada nos separará de Anavero porque hay lazos indestructibles que siempre nos mantendrán atados.

Confiadamente exclamamos:

1  Alzaré mis ojos a los montes: ¿De dónde vendrá mi socorro?

2 Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra.

3 No dará tu pie al resbaladero, Ni se dormirá el que te guarda.

4 He aquí, no se adormecerá ni dormirá El que guarda a Israel.

5 Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha.

6 El sol no te fatigará de día, Ni la luna de noche.

7 Jehová te guardará de todo mal; El guardará tu alma.

8 Jehová guardará tu salida y tu entrada Desde ahora y para siempre.

Una vez oí esta plegaria en labios de un abuelo sabio y piadoso, aquel día cuando junto a Abigail tuve que partir del hogar en mi terruño

Dios te bendiga Anavero, hasta pronto…

Fuente:

  • Biblia: Versión RVR60, tomada de www.biblegateway.org,
  • Notas personales,
  • Imágenes: Tomadas de redes familiares.
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