LA DECISIÓN DEL PRESIDENTE TRUMP SOBRE JERUSALÉN Y LA SEÑAL DE LA HIGUERA

La decisión del presidente Norteamericano Donald Trump de reconocer a Jerusalén como capital de Israel, y trasladar a esa ciudad la embajada de los Estados Unidos marca otro importante evento de trascendencia histórica, política, y escatológica.

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Jerusalén no es solo la capital de Israel, es escenario de acontecimientos trascendentales para la humanidad, cuna del judaísmo, de la fe cristiana, y de la devoción musulmana. Además es idealizada como el destino final de los hijos de Dios, paradigma del cielo, que en los capítulos 21 y 22 de Apocalipsis se muestra renovada y en su máximo esplendor, la “nueva Jerusalén”.

En aquella antigua ciudad están los restos del segundo templo sobre los cuales los judíos esperan construir el tercero; destaca el Calvario, emblema de la fe cristiana, y el  Domo de la Roca un santuario islámico.

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Muro de los Lamentos y Domo de la Roca.

Es pues la capital espiritual de la humanidad.

De acuerdo a la reseña bíblica contenida en 1 Samuel 5:6-10, David, rey de Israel alrededor del año 1004 a. C. conquista Jerusalén a los jebuseos, y la convierte en capital del reino. A partir de ese evento es la “Ciudad de David”.

Luego de la división del reino unificado, Jerusalén es la capital del reino del Sur, o de Judá, y Saquen capital del reino del Norte, 1 Reyes 12:1-24.

Ese estatus de Jerusalén como capital de Judá y luego de Israel se mantiene hasta el año 70 después de Jesucristo, tiempo en que el General Tito al frente del ejército romano toma Jerusalén, la destruye, inclusive el templo, mata gran cantidad de judíos, y destierra a los restantes.

Viajar sola. Jerusalén. Las ocho puertas. Vía Dolorosa. Piscina Probática.

Ruinas de una Basílica Bizantina construida sobre ruinas en Jerusalén.

A partir de aquel doloroso instante, Israel desaparece como Nación, su territorio queda abandonado, y Jerusalén en ruinas.

El historiador Flavio Josefo describe la destrucción de Jerusalén afirmando que:

“la ciudad fue tan metódicamente arrasada por aquellos que la demolieron hasta sus cimientos que nada quedó en ella que pudiese persuadir al visitante de que aquello había sido alguna vez un lugar habitado”.

Para hacer desaparecer a Israel definitivamente el emperador Adriano traza un proyecto de reconstrucción de Jerusalén como una ciudad completamente romana, Aelia Capitolina, lo cual desencadena la rebelión de Bar Kojba entre los años 132 y 135, que es aplastada y da inicio a la diáspora judía.

Seguido a aquella victoria, Adriano unifica la Provincia de Judea con varios territorios vecinos y la rebautiza como Provincia Siria Palestina. La ciudad de Jerusalén es renombrada Aelia Capitolina y reconstruida al estilo romano,  a los judíos se les prohibió el acceso a la ciudad so pena de muerte.

Son los romanos quienes denominan al territorio de Israel como Palestina, lo cual induce confusión en historiadores e incluso teólogos quienes equivocadamente afirman que Jesús vivió en Palestina.

Hasta aproximadamente el 135 d.C, el escenario donde Jesús realiza su ministerio se denomina Judea, Samaria y Galilea. Y como se sabe Jesús nace en Belén de Judea, Lucas 2:4-7, crece en Nazaret de Galilea, Lucas 2:39-40,  inicia su ministerio en Capernaún de Galilea, Mateo 4:12-16, y muere en Jerusalén. Todo predicho por los profetas de Israel.

Así pues, desde el 135 d.C., hasta el año 1947, Israel no existe como Nación, sino como un sentimiento en la diáspora.

El 29 de noviembre de 1947 la Asamblea General de las Naciones Unidas, aprobó la Resolución 181, que proponía un plan para resolver el conflicto entre judíos y árabes en la región de Palestina, que se encontraba en esos momentos bajo administración británica. El plan de la ONU contemplaba dividir la parte occidental del territorio en dos Estados, uno judío y otro árabe-palestino, con un área, que incluía Jerusalén y Belén, bajo control internacional.

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Blanco, Israel; gris, Palestina.

Aquella decisión tuvo como consecuencia una guerra civil en el territorio de  Palestina que estalló al día siguiente de la votación del Plan, seguida de la guerra árabe-israelí de 1948 y los sucesivos enfrentamientos entre árabes y judíos que se mantienen hasta la actualidad.

El 14 de mayo de 1948, el ejército británico abandonó Palestina y los judíos, liderados por David Ben-Gurión, declararon en Tel Aviv la creación del Estado de Israel, de acuerdo al plan previsto por las Naciones Unidas.

El 5 de diciembre de 1949, el primer ministro de Israel, David Ben-Gurión proclama a Jerusalén capital de Israel, y desde ese día todos los poderes del Gobierno, ejecutivo, legislativo y judicial, allí son ubicados; entre los cuales están la residencia del presidente y del primer ministro, el Knéset, la Corte Suprema y otras instituciones gubernamentales.

Tras la Guerra de Independencia de Israel, la ciudad quedó dividida entre Israel y Jordania;  la parte occidental de la ciudad era administrada por Israel; Jordania anexó formalmente Jerusalén Oriental y Cisjordania al resto de su reino en 1950.​

En la Guerra de los Seis Días de 1967, Israel conquista el sector oriental de la ciudad, Jerusalén Este, que estaba bajo el gobierno de Jordania. El 30 de julio de 1980, Israel unifica en su legislación ambas partes, oriental y occidental, proclamándola como su “capital eterna e indivisible”.

Las Naciones del mundo, adoptando el principio establecido en la Resolución 101 de la Asamblea de Naciones Unidas que establece que Jerusalén queda bajo jurisdicción Internacional, optan por mantener sus Embajadas en Tel Aviv.

Hasta la determinación del presidente Norteamericano quien decide reconocer oficialmente a Jerusalén como capital de Israel, y por lo tanto trasladar la Embajada de los estados Unidos de Norteamérica a la ciudad de Jerusalén.

Esta determinación por razones históricas tiene connotaciones políticas y religiosas.

En lo político este hecho fortalece la posición israelí sobre sus derechos históricos relacionados con el territorio ocupado por ellos hasta el año 70, cuando cae Jerusalén bajo el asedio del ejército romano.

Derechos no reconocidos por el resto de las Naciones Árabes del oriente medio, y de otras Naciones, quienes ven a Israel como usurpador, y a Jerusalén capital de Palestina, un Estado Islámico.

Desde la óptica religiosa, se trata de una pelea ancestral entre hermanos descendientes de Abraham, quienes se consideran herederos del Patriarca Hebreo. Unos por vía de Ismael, los árabes, y otros por la de Isaac, los judíos.

Como sabemos al patriarca hebreo le fue prometido un territorio que abarca la denominada media luna fértil; una franja de terreno comprendida entre la ribera del Éufrates, el mar Mediterráneo y el Nilo, Génesis 15:18-21, que más tarde se delimita en Josué 1:4, como el territorio a conquistar.

El rio Nilo, la costa del Mediterraneo y el Eufrates son los puntos de referencia.

Como los descendientes de Ismael afirman ser herederos de Abraham, reclaman su derecho sobre aquel vasto territorio; por su lado los hebreos igualmente se consideran los legítimos descendientes del Patriarca y herederos de la promesa ancestral.

Ambos pueblos han asumido posiciones irreconciliables, lo que dificulta la conciliación y paz entre los hermanos aunque se vislumbra una época en que cederán aspiraciones para integrarse mediante una alianza ecuménica propiciada por un carismático líder descendiente de Abraham.

Desde una óptica escatológica, el anuncio de Trump sobre Jerusalén enciende la imaginación de muchos que siguen de cerca el desenvolvimiento de Israel, a quien consideran un reloj profético.

Ahora bien, es evidente que el fortalecimiento de Israel, así como la determinación de construir el tercer templo en Jerusalén son hechos predichos, que anuncian eventos descritos por Jesús en Mateo 24, y por Juan en su libro de  Apocalipsis.

Israel va a construir su tercer templo. Ese es un plan determinado, incuestionable de los judíos. Cuando ello ocurra comenzará la cuenta regresiva de la Segunda Venida de Jesucristo.

Veremos la abominación desoladora visualizada por Daniel, 9:27,  ratificada por Jesucristo Mateo 24:15; la muerte de los dos testigos, capítulo once de Apocalipsis, y luego el retorno glorioso de Jesucristo. Este tema lo abordo en mi libro “Misterios Revelados del Apocalipsis”.

Previo a estos eventos, un líder carismático, descendiente de Abraham, va a lograr importantes acuerdos de paz,  unificar a los hermanos enfrentados por la posesión de Jerusalén, y propiciar una alianza mundial para la paz, generadora de prosperidad y bienestar.

Recuerda que el pueblo hebreo está disperso en todo el mundo, que algunos líderes mundiales son ciudadanos de sus países por nacimiento, más hebreos por su ascendencia.

32 De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. 33 Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. Mateo 24:32-33.

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Con la prensa mundial en una mano y la Biblia en la otra, el creyente va comprobando la Revelación, y preparándose para “aquel día”.

Fuente.

Biblia: Versión RVR60, tomada de www.biblegateway.com

Datos históricos: Wikipedia

Notas personales;  Misterios Revelados del Apocalipsis

Imágenes: Google

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