EDMUNDO CHIRINOS, EL PESO DE LA CULPA

En el sonado caso de Roxana Vargas, asesinada por su terapeuta, el doctor Edmundo Chirinos, ,  se destaca un factor de la naturaleza humana muy importante para la convivencia y adaptación social: el sentimiento de culpa.

El sentimiento de culpa surge de la creencia, o sensación, de haber traspasado las normas éticas personales o sociales, especialmente si se ha perjudicado a alguien. Es una emoción necesaria para la correcta adaptación a nuestro mundo.

La culpabilidad, por tanto, surge ante una falta que hemos cometido; o si así lo creemos. Su función es hacernos consciente que hemos hecho algo malo, para facilitar las posibilidades de reparación. Su origen tiene que ver con el desarrollo de la conciencia moral, que se inicia en nuestra infancia y que se ve influida por las creencias que se adquieren en la niñez, y las pautas educativas.

Hay personas que confunden la culpa con la vergüenza, incrementando su malestar emocional, ya que al mezclar ambos sentimientos se retroalimentan entre sí. El sentimiento de culpa aparece cuando se es consciente de haber causado un daño a alguien, la vergüenza se experimenta cuando nos damos cuenta de que carecemos de una habilidad o destreza, que se presume deberíamos tener.

El sentimiento de culpa se supera reparando el daño cometido, recibiendo el perdón por parte de la persona lesionada, y perdonándonos nosotros mismos.

En el caso del doctor Edmundo Chirinos, pareciera no superó el sentimiento de culpa, a pesar de su conocimiento sobre la salud mental.

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Observemos los hechos:

En el juicio que se le siguió por la muerte de Roxana Vargas, el Ministerio Público presentó alrededor de ochenta elementos de prueba que le señalaban como autor material del hecho.

De acuerdo con la investigación, el día en que desapareció Roxana, el psiquiatra realizó seis llamadas a la joven, prueba que, junto con el testimonio de los familiares, permitieron determinar que el principal sospechoso del homicidio era el doctor Chirinos.

En un allanamiento a su consultorio, localizaron rastros de sangre en la pared; en la alfombra; así como en el diván, sitio en el que fue encontrado uno de los zarcillos de la víctima.
Después de realizar el análisis de ADN, se llegó a la conclusión de que la sangre localizada en el consultorio, pertenecía a Roxana Vargas.

En otro allanamiento realizado a su residencia, localizaron 1.200 fotos de pacientes mujeres desnudas, mientras el psiquiatra abusaba de ellas, valiéndose de sedantes. Entre las fotos se halló una de Rozana, totalmente desnuda.

Otro de los elementos determinantes para establecer la responsabilidad del doctor Chirinos, fueron las notas que tenía en su blog personal la estudiante, quien en un mensaje enviado a través de esa vía, advertía a las personas no acudir a las citas médicas con el psiquiatra, pues abusaba sexualmente de sus pacientes.

Declaración de Inocencia.

Durante las audiencias de juicio, Edmundo Chirinos negó ser responsable del delito por el cual iba a ser condenado, reiteró en varias oportunidades, que la sangre, el zarcillo y las fotografías encontradas por los funcionarios en los allanamientos, se las sembraron.

Hasta el final, el doctor Chirinos aseguró ser inocente.

Cronología de los Hechos:

El 12 de julio de 2008, Chirinos y Roxana se citan en el consultorio del Médico.

El 14 de julio de 2008, aparece el cadáver de Roxana, abandonado en un paraje conocido como Parque Caiza.

El 1 de agosto de 2008, el psiquiatra fue detenido sospechoso de la muerte de la estudiante.

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En septiembre de 2010, el Tribunal 5.º de Juicio de Caracas sentenció a Chirinos a 20 años de cárcel por homicidio. Chirinos fue recluido en la prisión de Yare III. Durante su permanencia, sufrió un accidente cerebrovascular que le generó un edema sudural. Como consecuencia, quedó afectado con grandes problemas para hablar y debía desplazarse en silla de ruedas.

En marzo de 2012 se le otorgó la medida cautelar de casa por cárcel por su edad avanzada.

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Últimos Días:

En silla de ruedas, con grandes dificultades para hablar y totalmente aislado vivió su reclusión el prominente siquiatra. Lejos quedó la imagen del hombre rozagante, sonreído, que atendía de manera amable y segura a los medios de comunicación y se defendía de las acusaciones en su contra por la muerte de la estudiante Roxana Vargas.

Su penthouse, en Caracas, su lugar de reclusión, fue testigo mudo de la soledad de quien llegó a dirigir la universidad más importante del país, ser candidato presidencial y miembro de la Asamblea Nacional Constituyente, donde presidió la comisión de Educación, Cultura, Ciencia, Tecnología, Deportes y Recreación.

Ya no recibía a los asiduos visitantes para charlas políticas, filosóficas, románticas tertulias; era custodiado por dos funcionarios de la Policía Municipal de Caracas y los únicos invitados son los familiares y amigos más íntimos del fundador de la escuela de Psicología de la Universidad Central de Venezuela.

El especialista y abogado Elio Gómez Grillo quien formó parte del círculo más cercano del siquiatra explicó que durante su estadía en el internado judicial de Yare 3 sufrió un accidente cerebro vascular que le generó un edema sudural, afectándole de manera considerable su motricidad y el habla.

De manera categórica, Gómez Grillo señala: “la cárcel no perdona y el que pasa por ella sufre una huella para toda la vida… porque la cárcel es implacable, chupa, destroza, aliena, extermina, el pobre vivió un infierno, a raíz de la imputable sentencia de la juez Fabiola Gerdell de condenarlo a 20 años de prisión”.

El 6 de agosto de 2013, Edmundo Chirinos había sido trasladado a una clínica por una neumonía severa.

El 24 de agosto de 2013 fue hallado sin vida en su residencia de Caracas.

Edmundo Chirinos, un hombre que tuvo una apasionada y deslumbrante vida, fua lentamente opacado por el peso de la culpa.

Fuentes:
Wikipedia
Diario “El Universal”, Caracas
Diario “Panorama”, Maracaibo. El Preso de la Culpa.
Informe21.com
Sentencia del TSJ
Imágenes Google

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EL TERAPEUTA DE ROXANA VARGAS

Quienes han seguido el caso de ROXANA VARGAS, intuían el desenlace del mismo, las evidencias que señalaban al culpable de su muerte eran numerosas y contundentes.

Ya es algo cotidiano, dolorosamente, que aparezca en los titulares de la prensa el asesinato de una persona. Las páginas de sucesos reseñan los cientos de miles de vidas perdidas, mundialmente, en manos de la delincuencia común..

Igualmente se reseña la creciente violencia contra la mujer, así como su utilización para propósitos viles. Algo trágicamente común en los países del orbe.

Los victimarios, la delincuencia, como los agresores contra la mujer,  tienen sus orígenes en ese proceso de socialización de los seres humanos, que van asumiendo actitudes y conductas, modeladas por los adultos con quienes conviven; o marcados por traumas no resueltos, maltrato, abuso sexual, o promiscuidad.

Mas el caso de Roxana Vargas, es poco usual, o tal vez poco denunciado; porque en el drama de esta fatal víctima, el agresor y asesino es su propio terapeuta, de quien se esperaba le ayudara a resolver la situación que la llevó a su consultorio.

Se podría suavizar la situación del abusador, agresor y homicida, argumentando que debido a su avanzada edad, 83 años, la “demencia senil” hizo de las suyas; pero las evidencias mostradas, en sus miles de imágenes apareciendo como violador en serie, tanto como los videos donde igualmente revela sus dotes de villano, no dejan duda de que el personaje estaba enfermo, y que necesitaba tratamiento psiquiátrico.

No reunía condiciones mentales, éticas y sociales para ejercer esa delicada disciplina. Es como colocar un “lobo a resguardar a ovejas”; o como dice el adagio popular: “zamuro cuidando carne”.

Ya el personaje ha sido diagnosticado. El psicólogo social Axel Capriles afirma que “en el caso de Chirinos estamos frente a una psicopatía que llamamos el psicópata adaptado: personas triunfadoras y hasta carismáticas, con gran capacidad de seducción, pero no tienen nada dentro, carecen de moral y tienen un defecto en la capacidad de relacionarse con el otro”.

El “psicópata adaptado” tiene un trastorno de carácter, pero mantiene una fachada. Parece empático y mimetiza las emociones de los demás, simula ser caluroso y encanta a sus interlocutores; pero lo que busca es manipular, aprovecharse y dominar. Puede estar acompañado de impulsos sadistas, trastornos y perversiones sexuales. No siente culpa ni vergüenza, y no aprende de la experiencia. Para Capriles esta condición llevó a Chirinos a desechar una vida de prestigio.

Por su parte el psiquiatra Robert Lespinasse explica que en su profesión no hay testigos por la importancia de la privacidad del paciente, eso coloca al especialista, y también al paciente en una posición muy vulnerable.

Alex Capriles admite que las profesiones de ayuda son bastante sensibles a problemas, porque tratan con personas en situaciones de mucha debilidad, que pueden ser fácilmente manipuladas. Por ello es sumamente importante que para poder ejercer la práctica psiquiátrica y clínica el especialista sea sometido a muchos años de psicoterapia y análisis, y que su práctica haya sido pasada por un largo proceso de supervisión.

El prestigio de Edmundo Chirinos acalló las vocecitas que denunciaban sus abusos y atropellos contra la dignidad de sus pacientes; era un secreto a voces sus correrías, de manera que un mundo de complicidad se tejió alrededor del terapeuta famoso.

Pero mal servicio le hicieron al acallar las denuncias, hacerse de la vista gorda, disimular el problema o simplemente apoyar sus fechorías. Quienes le conocían y sabían su condición patológica, le habrían evitado esto 20 años de cárcel, que por su edad no cumplirá; y habrían salvado a ROXANA VARGAS; si hubiesen puesto en tratamiento al “mago de las terapias”.

Irá a la cárcel, pero ello no nos devolverá a Roxana, ni borrará las heridas de miles de mujeres abusadas en su consultorio.

En su sitio de Reclusión EDMUNDO CHIRINOS, con su sonrisita característica, evocará con nostalgia sus aventuras, y lamentará no poder continuarlas; porque los psicópatas, solo infringen sus propios códigos, y no sienten dolor ni remordimiento por el daño causado a sus victimas. Extrañado de que se le encarcele, puesto que el es inocente.

Fuente: El Universal