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HOMOSEXUALIDAD, PERSPECTIVA BÍBLICA

La problemática alrededor de la homosexualidad cobra nuevo impulso a raíz de la lamentable controversia en el seno del Vaticano.

Asuntos como: ¿Condena la Biblia la homosexualidad? ¿Es un pecado la homosexualidad? ¿Puede ser salvo un homosexual?

Es que dicho tema es complejo, y entre los cristianos genera innumerables debates de tal magnitud que hasta ha ocasionado cismas.

¿Cuál es el gran problema en las consideraciones sobre el mismo? Es el prejuicio adoptado respecto de la homosexualidad, los prejuicios son actitudes negativas sobre algo.

La Biblia trata natural y sencillamente esta problemática sin matices, ni prejuicios; objetivamente.

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En el Antiguo Testamento, este asunto no es prominente porque no se practicaba en Israel, era considerada abominación, y debido a la pena impuesta a quienes se atrevían a manifestar aquella conducta, Levítico 18:22; 20:13.

En el Nuevo Testamento el tema se trata sin prejuicios. Lo primero que se observa es que Jesús no abordó aquel tema en sus enseñanzas y denuncias, ¿Por qué? Sencillamente porque no era un problema significativo entre los judíos, ellos adolecían otros defectos de carácter.

Es Pablo quien introduce la homosexualidad como tema de discusión, ¿Por qué motivo? ¿Tenía Pablo prejuicios contra los homosexuales? Es porque el evangelio avanza a través del mundo gentil, y a donde llega las personas son impactadas y desafiadas a cambiar radicalmente, a nacer de nuevo, Romanos 12:1-2.

Visualiza el cumplimiento de Hechos 1:8; los discípulos impactan a Jerusalén, Hechos 5:28, a Samaria, Hechos 8:4-5, a todo el Imperio Romanos, hasta llegar a la capital, Romanos 1:7.

Aquel mundo gentil, tenía otra perspectiva de la homosexualidad; para ellos era natural, parte de su cultura, no objetable. Se dice que Alejandro Magno, aun cuando era heterosexual, se hacía acompañar de jóvenes varones con quienes mantenía relaciones sexuales; lo mismo se afirma de los cesares romanos, quienes mantenían relaciones con damas y caballeros.

Es decir, en el Imperio Griego, como en el Romano, la homosexualidad no era repudiada, considerada pecado, ni contranatura; simplemente una práctica cultural aceptada. Por tal motivo Pablo, el apóstol de los gentiles, tiene la tarea de establecer la posición cristiana sobre la homosexualidad.

Y la posición de Pablo se basa en la Palabra de Dios, veamos. El hombre fue creado con sexo diferenciado, y orientación sexual definida, Génesis 1:26.27, de donde deriva el sexo y el género: mujer – hombre, femenino –masculino. Aunque no hubiese sido revelado en la Escritura, el cuerpo humano lo establece, definitivamente.

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La anatomía, el funcionamiento, la estructura genética es quien determina, define el sexo, la sexualidad y el género; no la cultura, ni la ideología.

Veamos el enfoque de Pablo, se observa en Romanos 1:18-32. Si leíste el texto, observarás que Pablo dedica dos versículos al tema de la homosexualidad, 26 y 27, los restantes a otras impiedades de los hombres.

Otro texto en el que Pablo se pronuncia sobre el tema es 1 Corintios 6:9-11, en el mismo cita diez agravios, de los cuales dos se refieren al asunto que tratamos.

Es notable que Pablo afirma: “Y esto erais algunos”, 6:11. El énfasis de Pablo es: “…ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios. 6:11.

Debido a lo cual es necesario vivir conforme a aquella nueva realidad: “Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.” 6:20.

En Gálatas 5:19-21, Pablo menciona las manifestaciones de la carne, no se refiere a la homosexualidad; pero toca el problema de la fornicación, inmundicia, lascivia; las que transmiten la idea de: Libertinaje, ausencia de dominio propio, conducta desenfrenada, dar rienda suelta a los impulsos y pasiones carnales, conducta muy vergonzosa.

Para Pablo, la homosexualidad es una manifestación de la carne, como cualquier otra; no tiene mayor peso frente a las demás que menciona.

Como escribimos al principio, este tema es prominente hoy, más por el prejuicio sobre el mismo, que por su gravedad. En la mente de un cristiano la homosexualidad es más relevante que la idolatría, la avaricia o el alcoholismo.

Iniciamos este escrito con tres preguntas: ¿Condena la Biblia la homosexualidad? ¿Es un pecado la homosexualidad? ¿Puede ser salvo un homosexual?

Cambiemos el contenido de la pregunta en estos términos: Pensemos en la disensión. Disensión: Falta de acuerdo entre dos o más personas o falta de aceptación de una situación, una decisión o una opinión. La disensión es catalogada por Pablo como “manifestación de la carne”

¿Condena la Biblia la disensión? ¿Es un pecado disentir? ¿Puede ser salvo un pastor que disienta y divida a una Iglesia? Tres si, enfáticos. Como dijimos anteriormente, el prejuicio determina la magnitud de la “manifestación de la carne”.

La generalidad de personas acepta una clasificación de pecados que no es Bíblica: graves, y menos graves. Adulterio es grave, mentir es leve. Eso es falso; desde un enfoque bíblico, ambos son actos de desobediencia a la norma Divina.

La Sagrada Escritura establece solo dos tipos de pecados: perdonables, e imperdonables, Marcos 3:28-29. En esa cita Jesús afirma que todos los pecados de los hombres pueden ser perdonados, excepto la blasfemia contra el Espíritu santo. Como en los creyentes mora el Espíritu Santo, es inconcebible que un cristiano cometa aquel horrendo pecado.

¿Cuál es la condición para que un pecado sea perdonado? Lee Hechos 3:19:Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,

La pregunta: ¿Puede un homosexual ser perdonado? Contiene un matiz de prejuicio, de homofobia, necesario corregir.

Homofobia es la aversión, fobia (del griego  φόβος, Fobos, pánico) obsesiva​ contra hombres o mujeres homosexuales, aunque generalmente también se incluye a las demás personas que integran a la diversidad sexual, como es el caso de las personas bisexuales o transexuales, y las que mantienen actitudes o hábitos comúnmente asociados al otro sexo, como los metrosexuales y los hombres con ademanes tenidos por femeniles o las mujeres con ademanes tenidos por varoniles.

Y tal manifestación de la carne, la homofobia, como se sabe, es repudiable en el contexto bíblico.

Con esto en mente, necesitamos valorar la actitud de Jesús hacia los pecadores en general: amor, aceptación, respeto, tolerancia, motivar al cambio prudentemente. Cero homofobia, cero prejuicio, cero condena.

La ley condenaba a muerte a aquella mujer encontrada en el acto mismo del adulterio, Juan 8:3-5; pero el prejuicio judío consideraba adultera y digna de muerte a la mujer, solamente; y el hombre ¿No adulteró con aquella mujer?, los judíos exoneraban al hombre; la ley, no. Lee Levítico 20:10. Ambos merecían el ejemplar castigo. Jesús tuvo una actitud diferente, que te animo a evaluar e imitar.

Mucho se ha discutido sobre el problema del pecado, su origen, su esencia, su naturaleza, y es más complejo de lo que a simple vista observamos.

El alcoholismo, más que pecado, es una enfermedad; que como tal hay que tratar; por lo cual hay muchos alcohólicos cristianos que gracias a métodos como el de Alcohólicos Anónimos, viven el resto de sus vidas sin probar una gota de licor.

Mentir, llega a convertirse en un trastorno de conducta conocido como “mitomanía”; quien tiene ese trastorno puede ser perdonado; pero su trastorno necesita tratamiento médico, a menos que Jesucristo haga el milagro de sanidad.

Y que con los adictos a la pornografía, ludopatía, ¿pueden ser salvos? Pregunta insustancial.

¿Para qué vino Cristo? Lee Mateo 9:12-13: 12 Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. 13 Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.

Según los eruditos, Mateo describe su vivencia, el cómo se sintió en aquel primer encuentro con Jesús: aceptado, respetado, integrado, amado, lo mismo que experimentó la mujer adúltera, el leproso sanado; y es lo que habría percibido un homosexual si arrastras lo hubiesen llevado ante Jesús.

No estamos proponiendo que la homosexualidad es una enfermedad, el punto es que la Biblia no la trata diferente que a otro “defecto de carácter” del hombre.

Esta problemática sería sencilla, y su resolución simple, si no es porque se trata con tanto prejuicio. Quienes tienen esta orientación sexual se sienten rechazados, menospreciados, marginados, se les trata como indignos, por lo que debido a una reacción natural, humana, reclaman sus derechos; y por esa vía nos vamos radicalizando.

¿Quién es más pecador?

  • Un homosexual o un idólatra, lee Oseas 1:2; 3:1; 5:2; en los que adulterio e idolatría son equivalentes.
  • Una lesbiana o un asesino, lee Éxodo 20:13, también Mateo 5:21-22
  • Un transexual o un adultero, lee Éxodo 20:15; Mateo 5:27-28

Hay más idólatras y adúlteros en el mundo que todos los homosexuales, lesbianas y transexuales juntos.

Haciendo abstracción de las discusiones sobre el origen, factores, y efectos de la homosexualidad, veamos en quienes tienen esta orientación un ser humano que merece respeto, aceptación, tolerancia, amor. Ellos no eligieron conscientemente aquella orientación sexual; y viven un estado de frustración sin posibilidad de resolver, porque anatómicamente poseen un sexo, y mentalmente otro.

¿Cómo podemos testificarles del amor transformador de Jesucristo, si tenemos prejuicios contra ellos?

Sobre estos prójimos, Jesús nos enseña: 34 Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. 35 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros. Juan 13:34-35.

¿Cómo nos ama Jesús? Incondicionalmente, sin pedir nada a cambio, sacrificialmente.

Así necesitamos amar al prójimo.

Fuente:

  • Biblia: Versión RVR60, tomada de www.biblegateway.com
  • Conceptos y datos: Wikipedia
  • Notas personales
  • Imágenes: Google

LA OTRA CARA DE LA VIOLENCIA

La violencia es una forma de comportamiento humano que de manera intencional, aprendida o imitada ocasionan daño físico, psicológico o sexual, a otra persona o colectividad.

En la antigüedad fue asociada a la fuerza física. Los romanos la denominaron “vigor”, que es la fuerza que permite que una persona se imponga sobre otra. Dicha expresión dio origen a vocablos tales como “violento”, “impetuoso”, “furioso”, “incontenible”, aplicado a cosas, como un rio; y cuando se refiere a personas, como fuerte”, “violento”, “irascible”.

La violencia también está asociada a “maltratar”, “arruinar”, “dañar”; y transmite la idea de “ardor” “rigor”, así como “ferocidad”, “rudeza” y “saña”.

Es interesante destacar que la palabra latina “vis”, que dio lugar a esta familia de palabras, proviene de la raíz indoeuropea “wei” que transmite la idea de “fuerza vital”.

En resumen, el elemento esencial en la violencia es hacer daño, tanto físico como psicológico.

Ahora bien, ¿Qué impulso de la naturaleza humana es capaz de producir esta reacción?

¿Qué fuerza interna es capaz de activar el deseo de agredir a otro ser humano, con el propósito de hacerle daño?

En lugar de echar mano de la psicología, u otra ciencia de la conducta, vamos a revisar el origen de éste fenómeno humano, desde nuestra internalidad.

Desde ésta perspectiva, redefinamos las preguntas anteriores:

¿Qué impulso de “mi” naturaleza humana es capaz de producir esta reacción?

¿Qué fuerza interna es capaz de activar “en mi” el deseo de agredir a otro ser humano, con el propósito de hacerle daño?

Las respuestas a estas interrogantes están allí en la mente, aunque no son fácil de digerir, como tampoco de asumir.

Evoque una situación en la que usted ha protagonizado un acto de violencia, o ha sido testigo de otro.

Vamos a ayudar a su imaginación. En cierta oportunidad un padre observó que su hijo, preadolescente, hizo una travesura propia de su edad. El padre tomó una correa y comenzó a castigar al muchacho; azotándole con la correa. Alzó una y otra vez su mano contra su hijo, al punto que éste este cayó al suelo, y aun allí, siguió golpeándole hasta que se le agotaron las lágrimas y gemidos, a la víctima.

¿Qué fuerza vital, impetuosa, incontenible, propicia que un ser humano actué de manera violenta?

Podemos responder que el origen de la violencia, de la agresión, tiene que ver con frustraciones, resentimientos, odio acumulado o inculcado, aprendizaje, imitación,

O en el culto que inconscientemente se le rinde a la violencia.

Para darle una idea de cómo funciona el culto que se le da a la violencia, observe los siguientes hechos:

Revise el trasfondo de los dibujos animados, “Tom y Jerry”, por ejemplo. Observe el argumento de los cuentos de hadas, “Caperucita Roja”, “Blanca Nieves y los Siete Enanitos”

,

Analice alguna de las grandes obras de Teatro, “Romeo y Julieta”.

Ni que decir de las grandes producciones de Hollywood, o de las Series de Televisión.

Cientos de estudios sobre los efectos de la violencia en la televisión en los niños y los adolescentes han encontrado que los niños pueden:

  •  Volverse “inmunes” al horror de la violencia,
  •  Gradualmente aceptar la violencia como un modo de resolver problemas
  •  Imitar la violencia que observan en la televisión
  • Identificarse con ciertos caracteres, ya sean víctimas o agresores.

Si esto fuere poco, acuda a la Historia Universal, Un Imperio sucumbe ante otro más fuerte.

Observe que la violencia no es un mecanismo de defensa, lo es de agresión, de intimidación. Por lo tanto, no se puede acusar de violento a quien actúa en defensa propia, a menos que se exceda en su respuesta.

Podemos entonces concluir que la violencia es inducida por factores internos, como las frustraciones; o por otros externos, como la cultura, o la imitación.

Esta es una verdad a medias.

Porque en realidad la violencia opera, cuando el individuo no ejerce control, o autocontrol sobre la misma; sobre las causas que la originan.

El ser humano no actúa siempre de manera impulsiva; reactiva, si así fuese la vida en sociedad sería inviable.

En la generalidad de los casos, la conducta es proactiva, o reflexiva; no impulsiva. Insistimos, en la generalidad de los casos.

La mayoría de personas no se atreverían salir desnudas a la calle, porque hay mucho calor; ni negar el paso a un anciano que cruza la esquina, porque tiene prisa. Como tampoco una dama sería capaz de ir con un traje de baño de dos piezas a un servicio religioso; ni con un vestido de fiesta a la playa.

Poseemos fuerzas internas que activamos cuando sabemos que algo va contra los principios de convivencia ciudadana establecidos; o que nos afectan personalmente.

 Es probable que algún lector tenga gran inclinación a degustar cierto delicioso manjar, seguido de su postre preferido; pues bien, si su médico le indica abstenerse de tales deleites, para prevenir una enfermedad potencial, o en proceso; usted sabe cómo reacciona, generalmente. Activa una fuerza interna que le induce a abstenerse, y opta por otra comida. Esa fuerza se denomina: autocontrol.

Dicho lo anterior, podemos establecer que la violencia se produce en personas que no ejercen autocontrol de sus emociones; porque no saben cómo hacerlo, o no quieren.

La virtud capital que surte efecto antídoto contra la violencia, se denomina “dominio propio”.

Ahora, esa virtud no viene “de paquete”, hay que cultivarla.

Estamos conscientes de que en una sociedad que rinde culto a la violencia, que propicia desinhibir los frenos aprendidos para dominarla, hay que cultivar los valores, virtudes y estrategias que sirvan para controlarla, canalizarla.

Entonces el hombre de este Siglo XX, necesita cultivar los valores, recursos,  y estrategias para frenar la violencia en cualquiera de sus manifestaciones. Los mismos son: respeto, solidaridad, tolerancia, autoestima, amor al prójimo, y sobre todo dominio propio.

En el libro de Proverbios se lee:

“Como ciudad derribada y sin muro, Es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda.” 25:28

“Sin leña se apaga el fuego, Y donde no hay chismoso, cesa la contienda.”  26:20

“El necio da rienda suelta a toda su ira, Mas el sabio al fin la sosiega.” 29:11

Tal vez necesitas aprender como canalizar la violencia, y cultivar el dominio propio. Hazlo, te será de gran provecho, y contribuirás a un mundo sin violencia.

Fuente:

Wikipedia: La Violencia; Los Niños y la Televisión.

Imágenes: Google.

Biblia: Versión RV-60