¿CUANDO FUE LA ULTIMA VEZ QUE LLORASTE AMARGAMENTE?

Todos en algún momento de la vida hemos llorado, por lo cual conocemos la mecánica del llanto.

Según algunas estadísticas referidas al estudio sobre el llanto, se afirma que un hombre llora en promedio una vez al mes, y que las mujeres lo hacen, unas cinco veces. Por lo tanto este tema nos es muy familiar.

Como vamos a considerar esta reflexión desde una perspectiva bíblica, revisemos, a modo de marco de referencia, algunos personajes que según la Escritura, vivieron circunstancias que les hicieron llorar.

  • Ana: 1 Samuel 1:11, clamando a Dios por un hijo, en virtud de que era estéril; y esa circunstancia le producía dolor, vergüenza, frustración, culpa.
  • Samuel, 1 Samuel 15:35, cuando su amigo Saúl fue desechado como Rey de Israel, como consecuencia de su conducta irreverente.
  • Ezequías, 2 Reyes 20:3, ante el anuncio del profeta Isaías de que su enfermedad era mortal.
  • Jesús, Juan 11:35, ante la tumba de su amigo Lázaro.

Estos relatos nos ilustran que llorar es una reacción natural ante el dolor y el sufrimiento. Digamos que es un mecanismo que ayuda a aliviar el dolor, porque libera tensiones.

Es decir, tiene efectos terapéuticos.

Cuando una persona experimenta dolor, físico o afectivo, el sistema nervioso envía señales al cerebro, quien, entre las muchas reacciones fisiológicas, manda una orden a las glándulas lagrimales para que segreguen una mayor cantidad de lágrimas; entonces se produce lo que conocemos como llanto, o llorar.

Es decir, la reacción del llanto es producida por un factor emocional, como una pérdida, o uno físico como un golpe.

Llorar de alegría, es una reacción inadecuada, puesto que lo propio de la alegría es la risa. Los estudiosos de la psicología, con  el enfoque de la teoría del Análisis Transaccional, denominan a esta reacción “tebusque”, o emoción sustituta.

Otro aspecto relacionado con el llanto, es que reprimirle es contraproducente.

Sobre este tema escribí un artículo titulado: “Cuando reprimo el llanto me da asma”, https://orientador.wordpress.com/2013/07/18/cuando-reprimo-el-llanto-me-da-asma/; Algunos expertos en la materia afirman, que algunos tipos se alergia, e incluso el estornudo, es un llanto reprimido.

Es que llorar, como hemos insistido, es una reacción natural ante el dolor.

Vamos a analizar la causa, efecto, y beneficios del llanto, utilizando la experiencia de un personaje bíblico que lloró amargamente.

Leamos el relato sobre este hombre, Pedro, para extraer algunas interesantes lecciones y aplicaciones. Lucas 22:54-62:

54 Y prendiéndole, le llevaron, y le condujeron a casa del sumo sacerdote. Y Pedro le seguía de lejos.

55 Y habiendo ellos encendido fuego en medio del patio, se sentaron alrededor; y Pedro se sentó también entre ellos.

56 Pero una criada, al verle sentado al fuego, se fijó en él, y dijo: También éste estaba con él.

57 Pero él lo negó, diciendo: Mujer, no lo conozco.

58 Un poco después, viéndole otro, dijo: Tú también eres de ellos. Y Pedro dijo: Hombre, no lo soy.

59 Como una hora después, otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente también éste estaba con él, porque es galileo.

60 Y Pedro dijo: Hombre, no sé lo que dices. Y en seguida, mientras él todavía hablaba, el gallo cantó.

61 Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces.

62 Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente.

LA VIVENCIA DEL LLANTO

Fijemos nuestra atención en el versículo 62:

“Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente.”

Seis expresiones, cada una cargada de intenso significado.

Y: nos conecta con la secuencia de hechos en desarrollo,

Pedro: uno de los primeros discípulos, del círculo íntimo de Jesús, impulsivo, de carácter fuerte,

Saliendo fuera: apartarse de la gente, buscar un lugar privado, aislado, sentirse en la intimidad,

Lloró: descargar emociones. Amargamente: metáfora para significar la mezcla de emociones sentidas: dolor, vergüenza, culpa, remordimiento.

El llanto, y las emociones que lo generan, hay que expresarlo. Reprimirles no es una práctica saludable.

Cuando se reprimen las emociones, el organismo busca alternativas para expresarlas, liberarlas; entonces aparecen la ya conocidas enfermedades psicosomáticas.

Se piensa erróneamente, y así se lee en algunos textos sobre la materia, que hay emociones negativas, por lo cual es necesario cuidarse de ellas. La verdad es que no hay emociones negativas, fuimos dotados de cada una de ellas, con fines bien determinados. El miedo, el dolor, o la rabia, no son emociones negativas, cada una tiene tiene su función específica, incluso para la supervivencia. El miedo, por ejemplo, activa mecanismos que nos impulsan a escapar ante un peligro. Inhibir el miedo, hasta puede conducir a riesgos suicidas.

Lo negativo, respecto de una emoción, es la manera inadecuada como puedan expresarse. Una rabia mal canalizada genera agresiones físicas, y daños a terceros. La violencia es una forma condenada de expresar la ira.

En cambio, el llanto es una forma constructiva de drenar el enojo.

¿Qué sucede luego de pasar tiempo llorando? Sabes que vives una sensación de sosiego, calma, paz, tranquilidad. Esto ocurre porque has liberado tensiones, drenado, expresado asertivamente las emociones. Lo cual es una maravillosa y apropiada terapia natural.

Más aun, al llorar segregas no solamente lágrimas, sino algunas hormonas que te ayudan a superar el dolor. Cierta cantidad de esas hormonas son expulsadas a través de las lágrimas, y otras van al torrente sanguíneo, con efectos medicinales, analgésicos.

Es por ello que se insiste que el llanto es un mecanismo natural ante el dolor, y tiene el objeto de aliviarlo.

MOTIVOS PARA EL LLANTO

¿Qué activa la reacción de llorar?

Para el caso que estamos considerando, observemos el versículo anterior, el 61:

Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces.

Aquí detectamos el motivo del amargo llanto de Pedro: “Una mirada, y un recuerdo”.

Veamos la escena completa.

Jesús, su maestro, es apresado, y conducido a la casa del Sumo Sacerdote, se está en el proceso de eliminarle, mediante la crucifixión; Pedro le sigue, mezclado entre la gente.

En tres oportunidades se le identifica como seguidor de Jesús, a lo cual niega con énfasis. En el instante que por tercera vez Pedro niega ser discípulo de Jesús, un gallo, en un corral cercano emite su clásico canto matutino, tras lo cual Jesús se vuelva hacia Pedro, y le mira.

LA MIRADA:

¿Qué transmitiría aquella mirada?

Hay un poder en la mirada, con ella transmitimos mensajes que pueden impactar sobre quienes la reciben. La mirada de una madre hacia su hijo, comunica mucho, lo sabemos por experiencia propia. Muchos recordamos aun aquellas miradas.

No podemos especular sobre el contenido de la mirada de Jesús, más conociéndole, así como recordando sus actuaciones anteriores, inferimos que no fue una mirada de reproche, acusadora, o con el mensaje “te lo dije. En los evangelios se describe la forma como Jesús miraba a la gente, “compasión”, “misericordia”, “amor”; son las expresiones  características. Recordemos la frase: “Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. ”Mateo 9:36

Seguramente Jesús en una mirada  expresa a su amigo Pedo, comprensión, empatía, consuelo, y hasta ternura. En una palabra una mirada de amor.  Una mirada que le transmitía un elocuente mensaje: “te entiendo, se por lo que estás pasando, ten calma, no te condeno porque te amo…” De otro modo no habría conmovido a este rudo pescador, impulsivo, de fuerte temperamento.

UN RECUERDO

Aquella mirada  activo un recuerdo. Pedro evocó una escena. Pocos momentos antes, en una conversación  había manifestado plena solidaridad hacia su Maestro,  al punto de estar dispuesto a dar la vida por El. Jesús le manifestó: “Antes que el gallo cante tres veces, me negarás.”

Y aquel recuerdo hizo que tomara conciencia de sus temores, su inseguridad, desconfianza, decepción, angustia, dolor, de su impotencia, su flaqueza; en una palabra, su realidad.

Y esa es la reacción apropiada, para superar el llanto: identificar las causas.

SUPERAR EL LLANTO

No conviene mantener el llanto, por un mismo motivo por supuesto; hay que superarlo.

Para ello no hay que trabajar sobre el efecto, sino sobre las causas.

Tal vez un buen somnífero, o un ansiolítico, sean medidas momentáneas, para mitigar el llanto; quizás es conveniente distraerse, oir música alegre, realizar ejercicios; que son paliativos. Lo conveniente y aconsejable,  es actuar sobre el motivo que hace llorar, la causa.

Comenzamos con esta pregunta: ¿Cuándo fue la última vez que lloraste amargamente?

Ahora avanzamos al preguntar:

¿Qué motivó tu llanto, la última vez que lloraste amargamente?

Hay muchos motivos: Una enfermedad, una traición, un pecado.

Sea cual fuere, no te quedes paralizado, inmóvil llorando. Reacciona, llora, y al mismo tiempo:

Si es una enfermedad, llora, clama a Dios, y ve al médico; si es una traición, llora, perdona, y ama; si es un pecado, llora, confiésalo y pide perdón.

No vale la pena seguir llorando, sin actuar.

Pedro no se quedó llorando. Luego de este amargo incidente, le vemos correr hacia la tumba de Jesús, el día de Resurrección; y en el libro de Hechos asume el liderazgo de los discípulos; y el día de Pentecostés, a pocos días de haber negado a su Maestro,  lleno del Espíritu Santo pronuncia un elocuente discurso, luego del cual 3 mil personas confesaron creer en Cristo.

Aun Juan, el Apóstol, no había escrito su carta en la que se lee, “Si confesares tus pecados, él es fiel y justo para perdonar tus pecados, y limpiarte de toda maldad. 1 Juan 1:9. Más Pedro lo sabía, y activó.

Al final de sus días, según la tradición, cuando fue sentenciado a muerte por dar testimonio de Jesús; manifestó no ser digno de morir como su Señor, por lo cual pidió ser crucificado con la cabeza hacia la parte inferior de la cruz.

Qué manera de mostrar al mundo que se ha superado aquel llanto, y los motivos que lo indujeron.

No te quedes llorando amargamente, supera tu llanto en forma constructiva.

Fue lo que Dios le dijo a Samuel en su primer libro 16:1. Deja de llorar por tu amigo, que no tiene remedio ya. Seguidamente le comisionó para ir a ungir al próximo rey de Israel, David, un hombre conforme al corazón de Dios; de quien Jesús dijo ser orgulloso descendiente.

Recuerda que Jesús dijo: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.” Mateo 5:4.

¿Cómo es posible que una persona sea feliz cuando llora?

Al llorar se liberan las tensiones internas, se expresa las emociones que incitan el llanto, y se propicia la búsqueda de alternativas para superar el dolor. Eso enjugará las lágrimas  tendrás alivio, y consuelo.

Lora pues y recibe el consuelo de Jesucristo.

28 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; 30 porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.

Fuente: Wikipedia: El llanto

Biblia: Versión RV-60

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SERENIDAD, CUANDO LLEGUE LA TORMENTA

Vivimos en un mundo dinámico.

Hay momentos y circunstancias en las que pareciera navegamos en un mar tormentoso; situaciones problemáticas que demandan soluciones asertivas.

Para esos momentos difíciles necesitamos echar mano de un valioso recurso, que nos permitirá enfrentar esas dificultades y superarlas creativamente.

Se trata de la serenidad.

Esta virtud está relacionada con calma, tranquilidad, apacibilidad. A veces la confundimos con inmovilidad.

Cuando imaginamos la serenidad, traemos a la mente la visión de un mar en calma, quieto, inmóvil. O de un paisaje tranquilo, estático.

Son representaciones de inmovilidad, mas no de serenidad.

Porque estar quieto, puede ser producto de reprimir lo que se siente, o se desea expresar. Que a la larga resulta en explosiones destructivas, para quien las expresa, y para quienes les rodean.

Visualiza una escena de tu vida en la que experimentaste esa virtud, la serenidad.

Obsérvate en esa situación en la que actuaste serenamente. Revívala.

¿Con que palabras puede describir esa escena de tu vida?

Sensación de bienestar, sosiego, paz, tranquilidad, placidez, mansedumbre; físicamente relajado, músculos distendidos.

Es que la serenidad tiene que ver con un estado de ánimo tranquilo, en calma, y tiene gran valor cuando llega la tormenta, y mientras se navega a través de ella.

La serenidad nos permite enfocar lo que nos sucede desde una perspectiva más objetiva.

Una persona serena piensa antes de actuar o decidir, y no se siente asustada, preocupada o ansiosa por lo que va a ocurrir. Tampoco vive en el pasado, sufriendo por los errores cometidos.

Esto no significa esperar que las cosas se resuelvan solas, o mejoren espontáneamente; de lo que se trata es actuar conforme a lo que se cree mejor para sí mismo, y para lo que debe enfrentar.

La persona serena es dueña de sus emociones, con fortaleza no sólo para dominarse, sino para soportar y afrontar la adversidad sin afectar el trato y las relaciones con sus semejantes.

Esta virtud se adquiere con incesante trabajo. No existe una receta que podamos aplicar para obtener una dosis de ella.

Visualiza de nuevo aquel momento de serenidad, que evocamos anteriormente.

Toma nota de tus pensamientos, emociones, reacciones; así como de los estímulos exteriores, personas, palabras, tonos de voz, sonidos, colores, olores.

¿Qué recursos internos tuyos activaste en ese momento?

¿Cuáles fueron las decisiones que asumiste para vivir ese tiempo de serenidad?

¿Qué emociones experimentaste?

¿Cuál fue tu objetivo para vivir esa experiencia?

¿Qué resultado obtuviste?

Si observas cuidadosamente, te darás cuenta de que posee los recursos para vivir serenamente.

Ahora, cuando estés en una situación difícil, en medio de una tormenta, revive aquella escena y visualiza tu actuación serena.

Tú lo puedes, porque la serenidad esta dentro de ti, no fuera.

Actívala.

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CUANDO REPRIMO EL LLANTO, ME DA ASMA

Las emociones son mecanismos naturales internos de los que hemos sido dotados para adaptarnos al ambiente que nos rodea. La adecuada expresión de estos mecanismos adaptativos, contribuye a nuestra calidad de vida, bienestar general, y especialmente a disfrutar la vida en forma natural y plena.

Una buena dosis de sonrisas, por ejemplo,  va a generar reacciones placenteras en el organismo, a propiciar una sensación de felicidad, de plenitud, y a enriquecer las relaciones interpersonales.

De donde creen Uds que salieron mis tres muñecas___

De alguna manera hemos asumido la falsa creencia de que existen emociones buenas, y otras negativas. En realidad ninguna emoción es negativa, porque son mecanismos de respuestas naturales ante las diversas situaciones de la vida.

La ira, por ejemplo, es una reacción natural de defensa del yo; que hay que expresar y canalizar adecuadamente. Si se reprime, no se reconoce, y se acumula, va a ejercer presión buscando siempre una salida. Cuando no se puede manifestar abiertamente el enojo con la persona que corresponde, lo mejor es  descargar físicamente esa tensión.

Salir a trotar, darle golpes a una almohada, respirar profundamente,  o llorar, son conductas que no tienen consecuencias graves, ni agreden a nadie; lo importante expresar el disgusto, y canalizar la reacción negativa que nos provoca.

Es que toda emoción que no se expresa, va a buscar salida de alguna manera; y en algún momento, cuando se produce una situación similar que la origina, va a explotar.

Se ha dicho que en Japón, las grandes corporaciones han dispuestos lugares apropiados, para que los ejecutivos descarguen sus tensiones acumuladas, dando  garrotazos, rompiendo vidrios, o dando golpes a maniquíes, con el objeto de liberar tensiones, relajarse y poder así continuar trabajando normalmente.

Según los expertos en ciencias de la salud, la ira reprimida se manifiesta en el cuerpo a través  abscesos,  granos, fiebre, e inflamaciones diversas.

Una declaración asombrosa es que el asma representa un llanto reprimido. Cuando una persona  evita llorar, tiende a faltarle la respiración, se ahoga. De igual modo nos ahogan los afectos que no nos dejan respirar. 

Se dice que probablemente los niños asmáticos tienden a sentirse culpables por los problemas familiares, por lo que algunos se castigan con un ataque de asma. Ese tipo de asma, por lo general se cura cuando crecen y se van del hogar.

En el caso de la anorexia y la bulimia representan el rechazo extremo a sí mismo; en esta circunstancia, se concentra el rechazo en el propio cuerpo, que no se acepta, ni se aprueba, pudiendo llegar hasta  morir de hambre.

Otro aspecto digno de consideración, se refiere a los accidentes; muchos de éstos  parecen casuales, cosas del destino según algunos, fatalidad opinan otros; más según Freud la causa de los accidentes son inconscientes. Se afirma que atraemos a los accidentes con nuestra forma de pensar.

Los estudios sobre este fenómeno revelan que hay mucha gente que es propensa a tener accidentes; que han sido enyesadas varias veces, han sufrido quemaduras, cortes, ataques en la calle, mientras que otros en las mismas circunstancias, y áreas de acción, nunca han sufrido accidente  alguno.

El pensamiento negativo generalizado puede llegar a producir una vida catastrófica, en tanto las  personas con actitudes optimistas, que poseen alta la autoestima, y defienden sus valores, se revelan como exitosas y prósperas.

Sabemos que la piel es la frontera entre nosotros y el mundo circundante. Si vivimos a la defensiva nos llenaremos de todo tipo de alteraciones dérmicas para protegernos.

Un dato de interés lo representa saber que el dolor de rodillas indica una personalidad obstinada, poco propensa a la humildad, o a dar la razón, y los problemas en la espalda son comunes en las personas cargadas con responsabilidades que las superan.

Por lo general es difícil aceptar la importancia que tiene el pensamiento sobre el buen funcionamiento del cuerpo, y la calidad de vida; sin embargo es increíble, por lo sencillo,  que es fácil evitar dolores y enfermedades, con sólo cambiar los patrones de pensamiento.

La clave está en cambiar nuestro modo de ver el mundo y atreverse a pensar  en positivo, siendo optimista, esperando siempre lo mejor, y evitando hacer pronósticos desfavorables en cualquier orden de la vida.

Razón tenía el apóstol Pablo cuando expreso en una de sus cartas:

4 Alégrense siempre en el Señor. Repito: ¡Alégrense! 5 Que todos los conozcan a ustedes como personas bondadosas. El Señor está cerca.

6 No se aflijan por nada, sino preséntenselo todo a Dios en oración; pídanle, y denle gracias también. 7 Así Dios les dará su paz, que es más grande de lo que el hombre puede entender; y esta paz cuidará sus corazones y sus pensamientos por medio de Cristo Jesús.

8 Por último, hermanos, piensen en todo lo verdadero, en todo lo que es digno de respeto, en todo lo recto, en todo lo puro, en todo lo agradable, en todo lo que tiene buena fama. Piensen en toda clase de virtudes, en todo lo que merece alabanza.

9 Sigan practicando lo que les enseñé y las instrucciones que les di, lo que me oyeron decir y lo que me vieron hacer: háganlo así y el Dios de paz estará con ustedes.

Filipenses 4:4-9

Fuente: Psicología, la Guía 2000

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Versión de la Biblia: La Biblia al Día.

MENTE SANADORA

Vamos a considerar el tema Mente Sanadora, con el objeto de analizar algunos aspectos de las denominadas enfermedades psicosomáticas; y algunas estrategias para prevenirlas.

Nuestra propuesta es “Si el cerebro, a través de la mente puede enfermar; es posible revertir el proceso y lograr que el cerebro, a través de la mente pueda sanar”.

Por lo extenso del tema, lo hemos dividido en secciones, las cuales publicaremos en sucesivas entregas.

He aquí, la primera parte.

La Ciencia Médica confirma la existencia de enfermedades psicosomáticas. Explica que en algunas ocasiones, la enfermedad es  resultado de un desequilibrio emocional persistente en el tiempo. Se denominan psicosomáticas, para designar la relación mente-cuerpo, de la enfermedad.

La expresión “Psicosomática”, es un neologismo propuesto por el médico alemán Johann Heiroth, en 1818, para referirse a malestares y angustias emocionales que se manifiestan en síntomas corporales; esta fue compuesta de las palabras griegas ψυχή, psiqué, “alma”, o “mente”;  σώμα, soma, “cuerpo”; y τικός, “ticos, relativo a”.

Se entiende por enfermedad psicosomática, aquella que produce “somatizaciones”  debido a emociones displacenteras;  contenidos mentales negativos no resueltos, como rencores, culpa, ansiedad, preocupación, entre otros; modificaciones del ciclo vital; o situaciones de alto impacto emocional. Es decir, son aquellas originadas por el estrés, que se manifiestan en forma de síntomas, o de enfermedades físicas.

 

Una “somatización”, es un proceso por el que una afección psíquica, mental,  se transforma en orgánica, definición de la  Real Academia de la Lengua Española; deriva de la palabra griega “somatikon”, que significa “propio, o relativo al cuerpo de un ser vivo.”

¿Hasta dónde pueden afectarnos las emociones?, ¿Las enfermedades psicosomáticas son un problema mental?, ¿Qué soluciones existen?, ¿Qué tanto perjudica reprimir las emociones, no hablar de los problemas, o qué tan perjudicial es no expresar los sentimientos?

Hay situaciones de tipo emocional, que desencadenan dolencias físicas; como la pérdida de un ser querido. El divorcio, por ejemplo, puede producir trastornos físicos a la pareja que no desea la separación, y mantiene afecto por la otra. O, el rencor originado en daños sufridos en la relación, igualmente pueden activar una reacción dolorosa en el cuerpo.

Existen diferencias individuales en el modo de enfrentar las situaciones; tanto a nivel psíquico como a nivel físico. En algunas personas cuya salud física es muy buena, el trastorno emocional puede persistir durante mucho tiempo, sin llegar a manifestarse de forma clara a nivel físico; por lo tanto resisten mas las “somatizaciones”; aun cuando emocionalmente están quebrantadas.

En cambio, tendrá mayor facilidad para contraer enfermedades comunes, como la gripe, dolores de cabeza, problemas digestivos, cansancio crónico, entre otros, quienes son afectados por la falta de defensas, las cuales bajan de nivel debido al estado anímico; por un estado de salud deficiente.

También puede darse el caso de personas quienes por haber alcanzado un alto desarrollo de madurez emocional, tienen la capacidad de canalizar y expresar adecuadamente las emociones, por lo cual sufren menos estrés, y desarrollan un beneficioso equilibrio mental; que les hace más saludable, y menos propenso a las somatizaciones.

Mantener el corazón saludable - Parte I

Freud sentenciaba que de las tres causas de sufrimiento humano: los desastres de la naturaleza, el propio cuerpo, o las relaciones con los otros seres humanos; esta última era la causa más frecuente e importante de los trastornos emocionales.

La falta de amor, algunas situaciones negativas, el estrés, y las presiones de las grandes ciudades son grandes generadores de tensión, los cuales, si no se canalizan apropiadamente, inciden negativamente sobre el bienestar general de las personas, su calidad de vida; y sobre la salud en general.

Según los estudiosos en el campo de la medicina, en muchas ocasiones la enfermedad física es el resultado de un desequilibrio emocional que persiste a través del tiempo. Estas enfermedades se denominan psicosomáticas.

Recordemos que la palabra psicosomática significa: “factores psicológicos con influencia sobre las enfermedades”

A veces acudimos al médico quejándonos de alguna enfermedad o dolencia, y tras hacernos un chequeo los resultados son negativos, no habiendo una justificación al malestar de la enfermedad que creemos tener. Esto causa cierto desconcierto, ya que es más cómodo encontrar una causa física y aplicar un tratamiento, que entender y aceptar que es nuestra mente la que puede estar originando o manteniendo la alteración.

Quienes han experimentado una perdida, primero comienzan a sentir ansiedad ante la situación, luego rabia, impotencia, y tristeza. Estas expresiones de la mente, pueden provocar trastornos físicos, como mareos, dolores de cabeza, dolores musculares, entre otros; hasta producir enfermedades graves, como cáncer, hipertensión. Esto ocurre generalmente a personas que se reprimen, no expresan sus emociones, no comentan   como se sienten, fingen que son fuertes, y evitan llorar

Muchos ni se imaginan que no expresar lo que se siente, reprimir las emociones, y no canalizarlas adecuadamente, pueda ser la causa de todos sus malestares físicos, además de psicológicos.

Las emociones no surgen de la nada, sino que están relacionadas con nuestro modo de interpretar lo que nos sucede. El inadecuado manejo de estas, puede dar lugar a síntomas como dolores de estómago o de cabeza, tensión muscular, enfermedades infecciosas o enfermedades respiratorias, tal y como han demostrado algunos estudios en los que se ha visto cómo pueden aparecer estos síntomas tras un acontecimiento estresante.

Nuestra forma de ver el mundo, influye sobre nuestra salud, y calidad de vida. Las personas con sentimientos y pensamientos de desesperanza, desamparo y depresión que, además, tienen poca capacidad para enfrentarse a los acontecimientos estresantes o resolver los problemas de sus vidas, tienen más probabilidades de tener enfermedades psicosomáticas.

Todo lo expuesto hasta acá, sobre lo cual hay acuerdo general es que: Hay ciertas enfermedades en que los factores psicológicos influyen sobre el cuerpo.

Ahora vamos al corazón de lo que deseamos expresar.

Si la mente, influida por emociones y pensamientos negativos, a través del cerebro, puede enfermar; entonces la mente, influida por pensamiento, emociones y actitudes positivas, a través del cerebro, puede sanar.

Es decir, podemos revertir las enfermedades psicosomáticas; revirtiendo las causas que las originan.

No en vano los romanos propusieron esta sentencia:

“Mente sana en cuerpo sano.”

Lo que queremos expresar es que la salud mental, ejerce gran influencia sobre la salud física.

Sanando la mente, podemos propiciar condiciones para sanar el cuerpo.

Ya mencionamos antes, algunos factores que ocasionan desequilibrios en la mente; no “enfermedades mentales”, que es otra cosa. Tales desequilibrios son producidos, como indicamos antes por la expresión, o manejo inadecuado de duelos, rabia, miedo, rencor, culpa, ansiedad, preocupación, amargura.

En este momento, es bueno aclarar que ninguna emoción es negativa. Hemos sido dotados de ellas, como mecanismos de adaptación al mundo que nos rodea.

El miedo, por ejemplo, no es negativo. Es un mecanismo de egodefensa, que nos permite evitar los peligros, o enfrentarlos. Si a usted se le acerca una serpiente, va a experimentar temor, miedo; por el peligro que representa la serpiente. Ante esa situación, usted tiene dos alternativas: escapar, para evitar el peligro; o, en su defecto, enfrentar a la víbora. El miedo le prepara para esas reacciones; si se queda inmóvil, paralizado, estamos ante una reacción inadecuada. Ahora, si usted ve un ratón, y reacciona de la misma forma como si viera una serpiente, entonces estamos frente a una patología, una  fobia; o una falsa creencia. Los ratones no producen miedo; tal vez asco, repulsión, pero no miedo.

Ninguna emoción es negativa. Lo malo es la forma inadecuada de expresarlas.

El duelo originado por una perdida, no es negativo. Es el mecanismo natural de la mente, para resolverlo, para superar la pérdida. No vivirlo, acarrea consecuencias negativas.

Dicho todo esto, vamos a considerar algunas estrategias para el desarrollo de una mente sana, emocionalmente; y así evitar las somatizaciones.

Continúa…

Fuente: Wikipedia, la Enciclopedia Libre

Imágenes Googles

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OLVIDAR

La mente es un valioso recurso con que contamos. Se dice que el cerebro es el asiento de la mente.

Algunos expertos afirman que el cerebro tiene la capacidad de registrar y almacenar todo cuanto nos ocurre. Desde la concepción hasta el momento actual, esa maravilla de la creación  lleva un registro pormenorizado de todo instante vivido. Una especie de “caja negra” humana, que guarda toda la historia de nuestra vida. En ella  se encuentran datos desde que hemos nacido, incluso algunos recuerdos del vientre de la madre, del momento del parto, momento determinante en el desarrollo posterior del niño o futuro adulto.

Por esa propiedad del cerebro, oyes una música y viene a tu memoria una escena relacionada con aquella melodía. Percibes una aroma y evocas una experiencia asociada a ese perfume; es más, hasta eres capaz de identificar el tipo de fragancia y la marca de la casa que la fábrica.

Esta condición humana, trae como consecuencia que vivamos prácticamente en dos dimensiones. El presente, que es lo actual; y el pasado que surge en la mente en forma de recuerdos. También podemos proyectarnos al futuro, pero la mayoría se enfoca hacia el pasado, pues allí esta lo vivido, experimentado, sentido.

Por esta razón, olvidar es prácticamente imposible. Lo que ha sido fijado en las neuronas, o en el cerebro propiamente dicho; no se puede borrar. No puedes presionar el dispositivo suprimir, y enviar a la papelera de reciclaje los recuerdos que no quieres evocar, pues dejaron de ser útiles, o no te gustan.

Lo que puede hacer el cerebro, y de hecho es una función de la mente, es reprimir; represar, aquellos contenidos que son dolorosos, o traumáticos. O también reprimir aquellos pensamientos o impulsos a actuar de forma indebida.

Algunas veces nos proponemos olvidar, reprimir,  un recuerdo; alguna situación dolorosa. Tarea no tan fácil. Mejor dicho imposible.

Hagamos un sencillo ejercicio:

Imagina en tu mente una pantalla blanca, como en el cine.

Visualiza que desde el centro de esa pantalla va surgiendo un limón. Dicha fruta crece hasta ocupar gran parte de la pantalla mental. Tienes en tu mente un limón, jugoso; con ese olor ácido característico.

Ahora trata de poner tu mente en blanco; saca de la mente la imagen del limón. Bórralo totalmente. Haz la operación contraria, disminúyalo hasta que desaparezca el limón.

Concéntrese, si quiere cierra los ojos,  eli mina totalmente el limón.

¿Pudiste borrar el limón?  Respira profundo. Sabes que no fue posible. La razón es simple. Cada vez que suprimías el limón, y veías la pantalla en blanco, te decía: “elimina el limón”. Es decir, te estaba induciendo el efecto contrario a tu deseo. Querías eliminar el limón; pero yo te lo recordaba, por lo cual nuevamente aparecía en la pantalla de tu mente. El cerebro no procesa el NO. Si te digo: NO pienses en una manzana. Ya sabes lo que hace tu cerebro, contrariando tu orden.

Esto es lo que ocurre cuando queremos olvidar. Cuando te propones olvidar algo, lo que estas es simplemente afirmando el recuerdo. Puedes pensar: NO  quiero recordar a esa persona de cabello castaño, ojos pardos, tez morena, labios sonrosados… Una detallada descripción muy interesante para NO olvidar.

¿Qué hacer? Más que olvidar, lo que necesitas es ejercer dominio sobre los recuerdos. Es aprender a a dar un sentido nuevo y provechoso a todo lo que nos ha ocurrido. Tanto a lo que nos ha hecho daño, como a las cosas buenas vividas.

En todo ello hay un aprendizaje. Podemos sacarle partido.

Necesitamos educar el pensamiento. No dejarlo divagar estérilmente. Sobre todo es prudente no alimentar recuerdos negativos; ni pensamientos impropios, deseos morbosos, por ejemplo; y recrearse en ellos. Otra medida saludable es hacer catarsis, drenar esos pensamientos negativos; hablar con personas de confianza, o expertos que puedan ayudarte. No solo para descargarlos; sino buscando luz para superarlos.

Por otra parte, aprender a perdonar; tal como lo propone el Padre Nuestro, es buena medida. Perdonar a otros, así como nosotros deseamos se nos perdone. No es asunto de perdonar y olvidar. Es perdonar y amar. Cuando aprendemos a amar, entonces tenemos ganada la batalla y seremos felices.

Volviendo al ejemplo del limón. Imagina de nuevo el limón en la pantalla de tu mente. Ahora toma un cuchillo, ábral o en dos mitades. Busca un vaso. Prepara una limonada. Ahora tienes en la pantalla de tu mente un  vaso con una refrescante y deliciosa limonada.

Solamente tú puedes ejercer control sobre lo que piensas. Sea desde el exterior, o internamente que se activen tus recuerdos; no tienes que olvidarlos; solo canalizarlos, transformarlos creativamente y hacer que actúen a tu favor.

Hay un sabio consejo de San Pablo:

Todo lo verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, Todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Filipenses 4:

Piensa en cosas constructivas… No te afanesen olvidar.

Usa la creatividad…

Fuente:

  • Definiciones y Conceptos: Wikipedia
  • Biblia: Versión RVR60, tomada de biblegateway.com
  • Notas personales,
  • Imágenes: Google