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EL PERDÓN DEL DIPUTADO


Una jueza militar venezolana conmueve nuevamente al mundo con su abrupta salida del País, y sus posteriores declaraciones.

La dama solicitó refugio en Colombia, desde donde pidió perdón a un diputado opositor por haber ordenado su encarcelamiento en 2017 cumpliendo órdenes de sus superiores, según dijo.

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“Le pedí perdón a Gilber Caro. Era una orden que debía cumplir y en ese momento estaba el riesgo de… caer en desobediencia”, dijo la mayor de la Fuerza Armada, a la prensa.

Aseguró que recibió órdenes de encarcelar a opositores sin suficientes pruebas, en medio de las protestas contra el gobierno de Nicolás Maduro que dejaron unos 125 muertos entre abril y julio de 2017.

El ejercicio de esta jueza militar, su huida, y solicitud de perdón ponen sobre el la mesa un tema candente, que necesariamente hay que tratar y resolver.

Es lo relativo a las medidas necesarias de optar para recomponer al País.

En este dramático caso, hay una víctima y un victimario; por circunstancias de la vida interactuando en una realidad conmovedora: un ser humano arrepentido, solicita el perdón por el daño ocasionado a un semejante.

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Arrepentimiento y solicitud de perdón.

La Biblia establece la necesidad de perdonar, incluso forma parte de la oración modelo, el Padre Nuestro, Mateo 6:12:

“Y perdónanos nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores”.

Como se ha destacado en los medios de información, el diputado agredido concedió públicamente el perdón, en aras de reconstruir a Venezuela. Él expresó:

 “Hace cuatro días recibí un mensaje de la juez en el que me pedía perdón, yo le respondí que la perdonaba porque siempre me he caracterizado por responder con respeto, y considero que lo cortés no quita lo valiente.”

Ahora bien, al ser otorgado el perdón, a pedido del mismo, ¿Queda cancelada la deuda? En parte si, la del diputado injustamente encarcelado. Pero hay otros casos pendientes de perdón, algunos imposibles debido a que las víctimas murieron.

La jueza militar en su defensa argumenta que cumplía órdenes superiores, acogiéndose a la “Obediencia debida”.

También llamada obediencia jerárquica, es el cumplimiento de mandatos antijurídicos o cumplimiento de órdenes antijurídicas.

En Derecho penal es una causa que exime de responsabilidad penal por delitos cometidos en el cumplimiento de una orden impartida por un superior jerárquico; el subordinado, autor material de los hechos, se beneficia de esta norma, dejando la sanción penal a su superior.

Esta obediencia jerárquica, es habitual en el ámbito castrense, debido a la subordinación que los miembros de una jerarquía militar deben rendir a sus superiores en las acciones que competen al servicio prestado. No obstante, puede presentarse en otras actividades de Derecho público, como la Administración.

¿Quedan impunes los delitos cometidos por obediencia jerárquica?

Se tomaron medidas para evitarlo.

Al  juzgar los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la Segunda Guerra Mundial, los aliados se percataron del riesgo de que estos actos quedaran impunes, al diluirse la responsabilidad dentro de la jerarquía nazi. Por ello, con el fin de impedir tal resultado, en el Estatuto del Tribunal Militar Internacional que creó el Tribunal de Núremberg se estableció que: “El hecho de que el acusado haya obrado según instrucciones de su gobierno o de un superior jerárquico no le eximirá de responsabilidad, pero podrá ser determinante de disminución de la pena si el Tribunal lo estima justo”.

A partir de ese importante precedente, en el Derecho internacional no se reconoce a la obediencia debida como causa para eximir la responsabilidad penal.

En el caso de la jueza militar, ya obtuvo la primera absolución, la impartida por el diputado víctima; seguramente Dios, si en Él ella cree, y le solicita el perdón, también se lo concede, indudablemente. Falta ahora la determinación de la justicia, en manos de autoridades competentes.

Pero también ella necesita un acto de genuino arrepentimiento por las ilícitas acciones cometidas, y perdonarse a sí misma,  para poder superar la acusación de su conciencia, que es implacable.

A los tribunales penales irán los responsables de hechos punibles, independiente de ello hay que reconocer la responsable y valerosa actitud de esta mujer quien solicita perdón por el daño ocasionado; así como la del Diputado víctima quien honrosamente otorga el perdón.

Ojala este caso conmueva a quienes abusan del poder, y comprendan que hay un acusador implacable, imposible de callar, que es la propia conciencia, ella no deja en paz.

Necesitan arrepentirse, y pedir perdón. También recordar que hay una justicia humana, a la cual un día habrá que responder.

Y a las víctimas prepararse para perdonar, reconciliarse unos con otros, y comenzar a reconstruir este País.

La Biblia tiene una palabra para los que en ella creen, y tienen a Jesucristo como Señor:

Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios, Mateo 6:9.

17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 18 Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; 2 Corintios 5:17-18.

Fuente:

Biblia: RVR60, tomada de www.biblegateway.org

Prensa Nacional

Conceptos y datos: Wikipedia

Notas personales

Imágenes: Google.

EL DESAFÍO DE LA LEY DE AMNISTÍA Y RECONCILIACIÓN

Tal y como se ha prometido, la bancada de la oposición avanza en el proyecto de ley para propiciar una amnistía general a los presos y perseguidos políticos, tanto como reconciliar a la radicalizada sociedad venezolana.

La intención es loable, y responde a una promesa formulada durante la campaña electoral por los movimientos opositores aglutinados en la MUD.

Reconociendo el alto valor de dicha ley, la urgencia de la misma, y los positivos efectos buscados, es innegable que tal instrumento no resuelve el problema de fondo que ha generado este insoportable clima que se vive en Venezuela.

Es que como muchas veces se ha afirmado en forma repetitiva, la crisis venezolana no es por falta de leyes, recursos financieros, o talento humano.

Hemos llegado a este estado de cosas por las posiciones radicales de los actores políticos, quienes son secundados por sus seguidores. Basta observar los comentarios ofensivos, expresiones peyorativas, y gestos ofensivos de cada oponente contra los afectos al otro bando.

El impacto del discurso ofensivo, descalificador, peyorativo que desde cada bando se incita, hace más de diecisiete años ha calado en la conciencia de la población. Se ha instalado en el venezolano una actitud discriminatoria jamás vista desde la época de la independencia.

En estos últimos años se ha acentuado la profunda brecha entre los “escuálidos” y los “revolucionarios”; entre los ricos “burgueses” y los pobres “desposeídos”; entre los empresarios “explotadores” y los obreros “explotados”.

Este grado de división, de fractura, de rechazo se evidencia en los acalorados discursos que se pronuncian en los debates propios de la Asamblea Nacional. Por lo tanto el proceso de amnistía y reconciliación nacional debe comenzar en el seno de dicho Órgano del Poder Público Nacional. No tiene sentido imponer una ley tan importante y trascendental por poseer la mayoría requerida, manteniendo una herida, una brecha con el otro sector.

De repente los presos políticos se convierten en trofeos de guerra, de una guerra sin sentido entre hermanos. Unos se aferran a la idea de mantenerles entre rejas, por motivos de poder, de castigo a quienes piensan diferente; otros porque es una promesa electoral, y es un acto de justicia.

Seguramente la ley sea aprobada ya que se cuenta con suficientes votos para ella.

Mas, ¿Propiciará realmente la reconciliación nacional?

Una vez que se apruebe el instrumento legal, ¿Habrá borrón y cuenta nueva? ¿Se abrazarán de nuevo los vecinos chavistas con los escuálidos? ¿Cesarán las ofensas contra el presidente Maduro, y contra los líderes emblemáticos de la oposición?

La amnistía se decreta, más la reconciliación es un proceso que implica respeto al adversario, tanto en lo personal, como en su derecho a pensar distinto; que significa aceptar sin prejuicios a la otra persona; y va más allá, porque tiene que ver con perdonar el agravio, la ofensa, el daño infringido.

La reconciliación tiene que ver con perdonar y superar.

¿Es posible que los líderes revolucionarios sean capaces de superar los agravios cometidos contra ellos por la Cuarta República?

¿Es posible que los agraviados por la famosa lista perversa y discriminatoria, sean capaces de pasar la página? Y quienes han sido privados de sus bienes por vía de las expropiaciones, ¿Podrán avanzar en este proceso?

Habrá una verdadera reconciliación nacional mientras desde las cárceles se coordine el delito en Venezuela, los jueces nieguen la justicia, los empresarios sean coartados en sus derechos; y al ciudadano de a pie se le niegue calidad de vida.

La reconciliación va más allá de un apretón de manos.

El proceso de reconciliar al país se ha de dar en el marco de la Constitución Nacional que rige el estado de derecho, y los altos valores espirituales característicos de la sociedad venezolana.

Como se afirma anteriormente, la reconciliación nacional necesariamente debe iniciarse en el seno de la Asamblea Nacional, proponente de la ley; luego trascender a los integrantes de los Poderes Públicos Nacionales, evidentemente irreconciliados; e ir descendiendo progresivamente a todas las instituciones, hasta alcanzar a la totalidad de la Población.

En virtud de lo cual, y como entidad proponente del proyecto de reconciliación, la Asamblea Nacional tiene que convertirse en motor de la misma. Mas no solamente desde la perspectiva legal, sino comunicacional, social, personal, moral; en una palabra, integral.

Los venezolanos de veras queremos ver al joven y prometedor jefe de la Fracción Parlamentaria Oficialista, Héctor Rodríguez, sentado junto al jefe de la Fracción Parlamentaria del cambio, Julio Borges, evaluando las distintas opciones para resolver esta horrible crisis; es deseable, en el mismo orden de ideas que el máximo exponente del Poder Ejecutivo, actúe codo a codo con el Presidente de la Asamblea nacional, buscando alternativas de solución. Que Ministros, Empresarios y Trabajadores propicien un dialogo tan fecundo que restituya la producción de todo cuanto este paralizado, quebrado, ineficiente del aparato productivo nacional.

Mas ello no se decreta, se motiva, se inspira, se acuerda.

Este es el reto de la oposición.

De nada sirve sacar a los presos políticos de sus encierros, que todos deseamos, si ello va a suponer un recrudecimiento de la radicalización, del odio, de la retaliación.

El paso previo para una Amnistía fecunda es la reconciliación Nacional.

Sin entrar en el debate religioso, es conveniente afirmar, y recordar que la sociedad venezolana, cuyos valores morales, espirituales y culturales están enraizados en la Biblia, que precisamente en ese Sagrado Libro se muestra el proceso lógico que conduce a la reconciliación entre personas en conflicto, enemistadas.

Ese libro contiene los principios para la resolución pacífica de conflictos, y la reconciliación entre prójimos enemistados.

Por cierto, si tú apreciado lector quieres la reconciliación nacional, te doy un dato: Comienza tú, da un gigantesco paso reconciliándote con tu prójimo, cualquiera que sea el motivo de la ruptura. Si eres revolucionario bolivariano, baja la guardia y reconcíliate con tu adversario político escuálido. Caso contrario, tu amigo escuálido, respeta y acepta a tu oponente bolivariano.

Que tal si le damos vigencia plena a aquello de “perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden…

La paz sea con tu espíritu…

Imágenes: Google

DECLARACIÓN DE LA BIBLIA PARA VENEZUELA FRENTE A LAS ELECCIONES DEL 2015

Desde hace mucho tiempo el Pueblo de Dios está clamando por Venezuela; dentro y fuera del País, se elevan plegarias rogando al Todo Poderoso que intervenga ante la crisis Nacional que vivimos. Lo sabemos por las publicaciones en los distintos medios de comunicación e información, redes sociales, los sitios de las distintas Iglesias y Organizaciones Cristianas; y el testimonio sobre cadenas de oración, vigilias, entre otros.

Afiches de organizaciónes cristianas invitando a orar por Venezuela.

Y tal vez algunos de quienes leen estas líneas, hoy, al despuntar el alba, seguramente oraron por Venezuela. ¿Cuál ha sido la respuesta? No me atrevo a pronunciarme si Dios ha respondido las plegarias. Cada quien dará testimonio al respecto.

Sin embargo, la Biblia, la Palabra de Dios, nos ofrece una respuesta anticipada, que a continuación describo. Dios siempre responde al clamor de su pueblo, previo el cumplimiento los siguientes parámetros indicados en la Biblia:

Primero: Que el Pueblo de Dios este unido, y de acuerdo en la plegaria que eleva al Padre Celestial, Mateo 18:18-20; 2 Crónicas 7:14:

Mateo 18:18-20:

18 De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. 19 Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. 20 Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

2 Crónicas 7:14:

14 si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.

Segundo: Orar, conforme a la voluntad de Dios, 1 Juan 5:14-15:

14 Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. 15 Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.

Tercero, Actuar, la fe se perfecciona en las obras, Santiago 2:14, 20-22:

14 Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?… 20 ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? 21 ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? 22 ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?

Respecto del primer parámetro, un pueblo unido clamando, no hay mucho que explicar. Es evidente la necesidad de estar unidos, como Pueblo de Dios, para acordar una plegaria común, en un solo sentido. Resulta ilógico que el pueblo de Dios esté dividido al clamar, que un grupo de venezolanos eleve plegarias para un cambio de quienes están en funciones de Gobierno; y otro, pida que éste sea fortalecido; adoptando posiciones radicales, controversiales y sectarias.

Ambos grupos deben reconocer la necesidad de un cambio de actitud, pedirse perdón mutuamente, reconciliarse, asumir el mandato de Jesucristo de amarse como Él nos mandó a amarnos; y acordar un clamor común ante Dios para que se manifieste como Él solo sabe hacer, conforme a su voluntad, y a los intereses Nacionales.

El dsafío de Cristo a los Cristianos VenezolanosNuevo Mandamiento, Juan 13:34:

34 Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.

Dios escucha el clamor de su pueblo.

Así ocurrió en Egipto, cuando Dios oyó el clamor de su pueblo, y usando a Moisés, les liberó de la esclavitud, Éxodo 3:9-10; tanto como uso a Ciro, rey de Persia, para repatriar a los israelitas cautivos por Babilonia, 2 Crónicas 36:22-23.

Éxodo 3:9-10:

El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen. 10 Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel.

2 Crónicas 36:22-23:

22 Mas al primer año de Ciro rey de los persas, para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, Jehová despertó el espíritu de Ciro rey de los persas, el cual hizo pregonar de palabra y también por escrito, por todo su reino, diciendo: 23 Así dice Ciro, rey de los persas: Jehová, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra; y él me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá. Quien haya entre vosotros de todo su pueblo, sea Jehová su Dios con él, y suba.

Necesitamos reconocer que Dios tiene el control, y sabe lo que le conviene a Venezuela.

He reiterado, en oportunidades anteriores, que la oración “no” debe ser que Dios “tumbe” el Gobierno Bolivariano; y coloque en su lugar a los dirigentes de la Mesa de la Unidad. O, que se fortalezca la Revolución Bolivariana, derrotando a los opositores de la misma.

La oración agradable a Dios, es que El proceda según su voluntad, manifestando la determinación de aceptar esa voluntad Suprema incondicionalmente; acudiendo ante El, conforme establece Jesucristo en Mateo 5:23-24.

23 Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, 24 deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.

A este respecto es conveniente destacar la necesidad de propiciar una Reconciliación Nacional, que comience dentro del mismo Pueblo de Dios, y se extienda a toda la Nación. Es un imperativo lograr un País unido, reconciliado, en comunión; en el que quienes estén en funciones de gobierno, y la oposición, no sean enemigo, ni pretendan el exterminio del otro. Un país civilizado, en el que Gobierno y Oposición se sienten a planificar su Reconstrucción, y trabajar juntos en ello. Porque todos somos venezolanos, herederos de los ideales de Bolívar.

Conviene recordar el valor del respeto a quienes no profesen nuestros ideales; así como el valor de la condición humana debe prevalecer. Igualmente activar los procedimientos establecidos en la resolución pacífica de conflictos, y que desde la perspectiva de Jesús, se describe en Mateo 18:15-17.

En segundo lugar, hay que clamar según la voluntad de Dios, y luego aceptarla. Convencidos de que Él se deleita en misericordia, Miqueas 7:18. Es necesario reconocer que Dios está en control. Nada de lo que ocurre en Venezuela transcurre por determinación humana, o maligna. Ningún poder humano, o potestad espiritual va a sesgar la determinación de Dios.

Ocurre que a veces, El permite determinadas circunstancias para alertar, corregir, y hasta para castigar a su Pueblo. En la Biblia abundan ejemplos sobre este particular. Babilonia, por ejemplo, tomó a Jerusalén, destruyó el Templo, y llevó cautivo a gran parte del pueblo, porque Dios lo permitió, con propósitos bien definidos. Leer Daniel 1:1-2, y el capítulo 21 del libro de Jeremías, en cual se afirma que no es de Nabucodonosor la victoria, sino que es Dios mismo quien pelea contra Israel, por su desobediencia.

Daniel 1:1-2:

En el año tercero del reinado de Joacim rey de Judá, vino Nabucodonosor rey de Babilonia a Jerusalén, y la sitió. Y el Señor entregó en sus manos a Joacim rey de Judá, y parte de los utensilios de la casa de Dios; y los trajo a tierra de Sinar, a la casa de su dios, y colocó los utensilios en la casa del tesoro de su dios.

Dios es un fiel protector de su Pueblo, más cuanto éste tercamente le desobedece, Dios es un adversario inclemente.

Cuando Pilato interrogaba a Jesús, en un momento dado, Jesús determinó no responder más; por lo que Pilato le increpó: “¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltare? Jesús, en control de la situación, respondió: “ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba…” Juan 19:10-11.

Y esto sigue siendo así, ningún poder puede actuar sobre cualquier parte del Mundo, por su determinación, dominio, o autoridad propia. Para que ello ocurra, se necesita que Dios lo permita. En el Padre Nuestro oramos: “Hágase tu voluntad…” Consecuente con ello, oremos conforme a la voluntad de Dios, que es buena, agradable y perfecta, Roamos 12:2.

Por otra parte, es cierto que en la Biblia se declara que Dios revela sus propósitos.

Es la realidad planteada por Jeremías, en su famoso y siempre repetido 33:3: “Clama a mí, y yo te responderé, y te mostraré cosas grandes y ocultas que tu no conoces”.

Y la declaración formulada al profeta Amós en 3:7: “Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas”.

Así pues, Dios está revelando lo que quiere y puede hacer por Venezuela, si su Pueblo actúa conforme a su Palabra.

En tercer lugar, se requiere actuar. Este aspecto es más complejo. No es fácil definir cómo actuar ante situaciones tan complicadas como las que vive Venezuela. Sin embargo hay algunos indicios en la Biblia.

Cuando Moisés a la salida de Egipto, iba delante del pueblo, se topó con el Mar Rojo; ante tal obstáculo, el pueblo reclamó a Moisés por llevarles a aquella encerrona; ante lo cual el Caudillo clamó a Dios, quien le respondió: ¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen.”, seguidamente le instruyó: “extiende tu vara sobre el mar, y divídelo, y entren los hijos del Israel por en medio del mar, en seco.” Lo demás es historia conocida.

En la época de los Jueces de Israel, los Madianitas perturbaban al Pueblo de Dios, y continuamente lo saqueaban, “…de modo que empobrecía a Israel en gran manera por causa de Madián; y los hijos de Israel clamaron a Jehová.” Jueces 6:6. En respuesta al clamor, Dios levantó un libertador, Gedeón. Éste Caudillo, con 300 hombres, utilizando una estrategia completamente ajena a la práctica militar, con astucia y fe, derrotó al ejército enemigo, que era “como langostas en multitud, y sus camellos eran innumerables como la arena que está a la ribera del mar”, Jueces 7:12.

El ejército de Gedeón, en franca minoría, apenas 300 combatientes, utilizando como arma de combate, una antorcha, una trompeta, y un grito de guerra: “Por la espada de Jehová y de Gedeón”, liberaron a Israel; el resto es conocido. La historia completa se puede leer en Jueces 6:1-8:35.

Muchos años después, cuando el poderoso e innumerable ejército Asirio tomó a Samaria, seguidamente fue contra Judá, se plantó en las inmediaciones de Jerusalén, y el General del ejército enemigo a grandes voces retó al Rey de Israel, y a Jehová de los Ejércitos. Ante tal peligro, el rey Ezequías consciente de su situación, se fue al Templo y clamó a Dios. La respuesta no se hizo esperar, Dios, por intermedio del profeta Isaías, le envió este mensaje: “Así ha dicho Jehová: No temas por las palabras que has oído, con las cuales me han blasfemado los siervos del rey de Asiria.” 2 Reyes 19:6. Lo que sigue narra la liberación de Jerusalén, por el poder de Dios, activado gracias al clamor de un pueblo, y de un hombre temeroso de Dios, el rey Ezequías.

Reconocemos que Venezuela, no es Israel, más Jehová de los Ejércitos si es el mismo ayer, hoy y siempre, de modo que podemos afirmar y confiar, que Dios va a intervenir en Venezuela, según sus Planes, Propósitos, Voluntad, y Estrategia, considerando el clamor, y las actitudes del pueblo venezolano.

Reitero esto, Dios va a levantar a una persona, o grupo de personas para conducir el País, conforme a su voluntad, y al clamor de un pueblo unido, ferviente, temeroso, y obediente.

Tal como se constata en la Sagrada Escritura, Dios siempre utiliza el elemento humano para cumplir su voluntad; y ese elemento humano está entre nosotros, me refiero a que está en Venezuela, sin descartar a ninguna persona, puesto que Dios conoce los corazones, y sabe a quién elegir. Así ocurrió con la elección de David, para ser rey de Israel. Jehová comunicó al profeta Samuel su determinación, para transmitírsela a Saul: 14 Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó.

Utilizó a Nabucodonosor, y a Ciro, quienes no eran parte de su Pueblo para cumplir su Soberana Voluntad; lo puede hacer en Venezuela, sin dudas.

Por lo tanto, necesitamos seguir clamando, y consecuente con ese clamor, actuar siguiendo la pauta marcada en la Palabra.

Como explica Santiago en su carta, se puede orar con fe, y actuar, accionar, consecuentes con la súplica. Abraham desarrolló una gran fe en Jehová, y se movilizó conforme a esa fe que profesaba.

Como Actuar:

  1. Clamar a Dios, como Pueblo Unido; Propiciar la Reconciliación del Pueblo Cristiano en Venezuela, derribando barreras políticas, sociales, denominacionales; y propiciar igualmente la Reconciliación y Reconstrucción Nacional.
  2. Orar según la voluntad de Dios, acogerse a la Constitución y a las Leyes Venezolanas.
  3. Actuar. En las elecciones, votar por candidatos que tengan un mínimo de compromiso con los principios bíblicos, y se responsabilicen en respetar fielmente la Constitución y las Leyes; o promover candidatos cristianos a la Asamblea Nacional. Todo enmarcado en la dirección de Dios.

Este 2015, es un año electoral, quiere decir que vamos a ser llamados a votar por personas que nos representen en la Asamblea Nacional. Ante este escenario, el pueblo Venezolano, consecuente con su clamor a Dios, no puede, ni debe votar por candidatos que representes intereses ajenos a los valores establecidos en la Palabra de Dios.

Respetamos el derecho de toda persona para profesar su fe religiosa como la conciba, y adoptar la filosofía de su preferencia; ese es un derecho humano, y Bíblico, pues Dios nos creó con libre albedrío. Ahora el hecho de que respetemos su libre albedrío, no significa que debamos por ello apoyarle, si somos conscientes de que representa una ideología contraria a nuestra fe.

A ese respecto, necesitamos adoptar un criterio bien definido. Hasta ahora, los cristianos venezolanos han sufragado, considerando sus preferencias político-partidistas; ya es tiempo del voto consciente. Del voto consecuente con nuestros principios.

Esto representa un desafío, en primer lugar porque los posibles candidatos de los distintos sectores políticos, en su mayoría responden a su cosmovisión personal, a los grupos que les postulan, y a su propia conciencia. Pocos tienen la convicción de que pueden ser instrumentos de Dios en el ejercicio de sus funciones, lo cual se explica porque el pueblo cristiano poco ministra sobre ellos.

En segundo lugar, porque el Pueblo de Dios, se ha mantenido prudentemente ajeno al acontecer político, evadiendo ejercen funciones en los distintos Órganos del Poder Público de Estado, por razones suficientemente discutidas y aceptadas.

La separación de la Iglesia y el Estado, es un gran acierto. La Iglesia no debe tener injerencia, ni compromiso con el Gobierno. Pero está en la obligación, la Iglesia, de interceder para que quienes lo ejerzan lo hagan según los principios establecidos en la Constitución, “para que vivamos quieta y reposadamente”, como expresa 2 Timoteo 2:2.

Sin embargo, es recomendable explorar la posibilidad de conversar con los potenciales candidatos, a la Asamblea Nacional, orar por ellos, explicarles que pueden ser instrumentos de Dios en el ejercicio de sus funciones, y orientarles sobre las demandas de la Palabra de Dios respecto de sus responsabilidades. Ese es un imperativo Bíblico, porque como toda persona, necesitan escuchar lo que Dios puedo hacer por su intermedio. Y fundamentalmente, que conozcan a Jesucristo, porque ellos están incluidos en Mateo 28:19-20.

Otra opción es motivar a cristianos de reconocida trayectoria pública; o cristianos con inclinaciones políticas, para que asuman el desafío de proponer sus nombres, como candidatos a la Asamblea Nacional  por Iniciativa Propia, con el apoyo de la Sociedad Civil, y del Pueblo de Dios, en sus circunscripciones electorales.

Dios tiene caminos inescrutables para hacer su voluntad, y cumplir sus propósitos; quien sabe si algunos de quienes leen estas líneas, están en el Plan de Dios para la Reconciliación, y la Reconstrucción Nacional. Estamos orando por ello.

En Conclusión: Vamos a seguir clamando, y comencemos a actuar.

Recuerda, si apoyas a personas que tengan temor de Dios, ya sabes cuál es el futuro de la Nación; caso contrario, también lo conoces, Dios en su Palabra te lo ha revelado.

Venezuela espera por la acción asertiva del Pueblo de Dios.

Fuente:

RECONCILIACIÓN

Considerando el panorama mundial, observamos la existencia de graves conflictos externos entre diversos países; tanto como crisis internas en otros, que igualmente han desembocado en tensiones y conflictos. En virtud de lo cual, se requiere de intensos esfuerzos para lograr la reconciliación externa, e interna de los países en crisis.

El término reconciliación es la unión del prefijo “re” y el verbo “conciliar”, que significa volver a un estado de conciliación. Este último término, según el diccionario de la RAE, es “la acción de componer y ajustar los ánimos de los que estaban opuestos entre sí”. Por tanto, es un proceso que resulta en una situación de concordia, o de acuerdo, entre diferentes partes que por diversas circunstancias se había fracturado.

La reconciliación es el acto amistoso entre oponentes, que restaura una relación social alterada por un conflicto. Es decir, la reconciliación es un mecanismo de resolución de conflictos.

Son muchos los autores que han escrito sobre lo que puede significar reconciliación.

En Berlín, entre los días 31 de enero y 2 de febrero de 2005, más de 60 expertos de cinco regiones distintas del mundo debatieron sobre los procesos de reconciliación, y compararon sus experiencias regionales específicas. El consenso fue claro: no existe una definición unívoca del término reconciliación. La conferencia se desarrollo bajo el título: “De la asunción del pasado a una cooperación futura”, Desafíos regionales y globales de la reconciliación. Berlín 2005.

En la mayoría de los idiomas participantes en el debate ni siquiera existe traducción literal del término como tal. Ante esta situación plantearon una clara advertencia a la comunidad internacional: utilizar el término reconciliación podría despertar rechazo en un país determinado por esta causa. Si no existe una palabra propia para el término reconciliación, las personas podrían percibir la cuestión como un intento de imponer una ideología, o una perspectiva, de factura occidental que no tiene sentido en su realidad cotidiana.

Los expertos estuvieron de acuerdo en lo siguiente:

  • La reconciliación no incluye necesariamente el “olvido”, y sin duda no incluye el “perdón”;
  • Es un proceso de largo plazo que no sigue pasos concretos, sino más bien una dinámica altamente dependiente del contexto específico;
  • Debe provenir del interior de la sociedad, y no puede ser impuesta desde fuera;
  • No cabe esperar una reconciliación individual: en enfoque debe centrarse más bien en una reconciliación social;
  • La reconciliación tiene que ser un proceso colectivo e incluyente, y demanda un cambio profundo a nivel social y político.

Mediante el proceso de reconciliación las partes involucradas en un conflicto inician una relación que les lleva a una comprensión mutua de lo sucedido, superan sentimientos de odio y rencor desarrollados durante el enfrentamiento, inician un mutuo reconocimiento y sientan las bases para un pacto tácito, espontáneo y voluntario de amistad.

La reconciliación como un proceso sociopolítico

La reconciliación está íntimamente ligada con la disculpa, la justificación y el perdón.

El perdón se define como: “Disposición de abandonar el derecho de uno mismo al resentimiento, al juicio negativo o al comportamiento indiferente hacia el que nos ha herido de forma injusta, al mismo tiempo que se promueven cualidades inmerecidas como la compasión, la generosidad e incluso el amor hacia aquella persona.

Es importante distinguir entre perdón y reconciliación puesto que los matices son muy sutiles y la finalidad de cada uno también.

El perdón es un proceso individual, que requiere de un trabajo psicológico y moral, donde se superan sentimientos como el resentimiento, el juicio negativo o la indiferencia hacia quienes nos han hecho daño; y afloran sentimientos como la compasión, la generosidad y el amor hacia el victimario. A diferencia de la reconciliación, el perdón apela a la empatía, a la capacidad de ponerse en el lugar del otro para propiciar conductas proactivas y disminuyan las agresivas.

La reconciliación supone restituir las relaciones, de manera que ya no es un proceso individual, implica un acercamiento voluntario de las partes en conflicto, que buscan conectarse de nuevo, sin tener que obligatoriamente perdonar al otro.

Desde un enfoque socio-político, la Reconciliación es un proceso continuo de reconstrucción de “tejido social” y de instituciones legítimas y legales constituidas bajo un orden democrático estable. Es entrar en un diálogo abierto, para hacer frente a la violencia que se hizo presente en una parte de la historia de un pueblo o una nación, y proyectar con bases sólidas un futuro viable para todos los actores que intervienen en el conflicto. Maria A. Bueno Cipagauta,2006; «La reconciliación como un proceso socio- político. Aproximaciones teóricas».

Concepción democrática de la reconciliación

Se basa en el ejercicio activo de la ciudadanía y en la reciprocidad democrática como requisitos fundamentales para una paz duradera.

Esta concepción de reconciliación exige el reconocimiento de todos como ciudadanos, con derecho a participar activamente en las discusiones políticas, y también con derecho a disentir. Esta concepción implica que todos los actores sociales participen activamente en la toma de decisiones sobre el futuro de la sociedad, y que lo hagan a pesar de tener visiones distintas o antagónicas. Con esta forma de comprender la reconciliación, los sentimientos de los distintos actores sociales se posicionan en el centro de la discusión.

La reconciliación es necesaria, para que haya paz en el mundo.

Fuente: Wikipedia. La Enciclopedia Libre

AÑO INTERNACIONAL DE LA RECONCILIACION

La Organización de las Naciones Unidas ha declarado el 2009 como el “Año Internacional de la Reconciliación”.

Al observar el panorama mundial, uno se da cuenta de que tal iniciativa es de urgente aplicación. Personas, vecinos, familias y naciones se encuentran enfrentando  diversos tipos de conflictos.

Existe una Guerra Mundial no declarada. No es solo el conflicto en torno a la Franja de Gaza, que en la actualidad tiene la más amplia cobertura. Observe estos datos:

En la actualidad existen más de 40 conflictos armados en el mundo.

A finales del siglo XX el escenario de las guerras ha sido el Sur, así, desde 1945 ha habido 120 conflictos con 20 millones de personas asesinadas, más que en la 2ª guerra mundial.

La segunda industria más importante después del petróleo es el armamentismo.

Resultado de  la “Operación tormenta del desierto”: Niños nacidos sin ojos, órganos adheridos al estómago o a la espalda, sin extremidades, incluso sin cabeza son las víctimas de la guerra.

En los últimos 3 años, 16 países africanos, con unos 150 millones de personas, se han convertido en escenario de guerras.

En los últimos 10 años la guerra ha provocado en los niños 2 millones de muertos, 6 millones gravemente heridos o permanentemente discapacitados, 1 millón de huérfanos o separados de sus familias, y 15 millones de refugiados y desplazados.

Dos mil niños desaparecidos en Sierra Leona, se les usa como porteadores y las niñas se convierten en esclavas sexuales.

Medio millón de niños son utilizados como soldados en 87 países de todo el mundo. Niños que aprenden que la violencia es la primordial forma que adoptan las relaciones humanas.

Más de 80 estados tienen legalizada la pena de muerte.

153 países practican la tortura.

Por ello, la Resolución de la ONU es de urgente aplicación.

He aquí un resumen de la misma:

Consciente de que el diálogo desde posiciones de respeto y tolerancia entre los oponentes es un elemento esencial de la paz y la reconciliación,

Consciente también de que la verdad y la justicia son elementos indispensables para lograr la reconciliación y la paz duradera,

Teniendo en cuenta el rol que deben asumir los medios de comunicación en relación con los procesos de reconciliación,

Convencida de que la proclamación de un año internacional de la reconciliación a fines del primer decenio del nuevo milenio proporcionará a la comunidad internacional la oportunidad de impulsar, con la participación activa de todos los interesados, los esfuerzos por abordar procesos de reconciliación, que constituyen una necesidad y condición para la construcción de una paz firme y duradera,

1. Expresa su firme determinación de impulsar procesos de reconciliación en aquellas sociedades que se encuentran enfrentadas y/o escindidas por conflictos;

2. Decide proclamar el año 2009 Año Internacional de la Reconciliación;

3. Invita a los gobiernos y organizaciones internacionales y no gubernamentales interesadas a que apoyen los procesos de reconciliación entre sociedades enfrentadas y/o escindidas y a que planifiquen y lleven a cabo programas culturales, educacionales y sociales adecuados para promover el concepto de reconciliación, incluso mediante la celebración de conferencias y seminarios y la difusión de información sobre el tema.

56ª sesión plenaria, 20 de noviembre de 2006

La RECONCILIACION es un proceso mediante el cual se alcanza la armonía entre las partes enfrentadas, a través del dialogo, admisión de responsabilidad, y perdón.

Para alcanzarla, las partes involucradas en un conflicto inician una relación que les lleva a una comprensión mutua de lo sucedido, superan sentimientos de odio y rencor desarrollados durante el enfrentamiento, inician un mutuo reconocimiento y sientan las bases para un pacto tácito, espontáneo y voluntario de amistad.

La reconciliación recupera las capacidades derivadas del perdón y la comprensión de los hechos, y restaura las capacidades afectivas.

Como se observa el término reconciliación deriva de la unión de dos palabras. El prefijo “re”, y la palabra “conciliación”.

Es decir: volver a conciliar.

Para que ello ocurra, se requiere que una de las partes admita su responsabilidad; justifique su conducta, de cuenta de ella; y, obtenga el perdón.

De ahí que este proceso es muy difícil porque se requiere madurez, humildad, equidad y sentido común para iniciarle. No es tan fácil dar el primer paso, admitir la responsabilidad de los hechos. La tendencia es culpar a los demás.

Si alguien me agrede. Ese acto tuvo un origen, algo que desencadenó la reacción agresiva. Mi actitud aprendida es culpar al otro por semejante conducta. Pero, ¿Qué del estimulo que generó la agresión?, ese es de mi propia cosecha. Toda acción genera una reacción.

A la par de declarar el Año Internacional de la Reconciliación, necesitamos promover en el hombre una actitud de compromiso con el otro, de perdón, de aceptación, de convivencia.

Es verdad que el trasfondo de los conflictos es económico, político, racial, religioso. Pero en esencia, es el ansia de dominio, la arrogancia, el egoísmo que subyace en el corazón del hombre.

Para lograr la reconciliación, el hombre necesita reconciliarse consigo mismo. Amarse a si mismo, perdonarse a si mismo, aceptarse a si mismo; reconocer los errores y ofensas contra los demás. Y, requiere la capacidad de pedir perdón. Ello no es tan fácil.

Desde la perspectiva espiritual, la Reconciliación comprende: el examen de conciencia, admitir la responsabilidad por el hecho cometido; el arrepentimiento, dolor por la falta cometida, y propósito de enmienda; confesar ante el Padre Celestial la culpa; y obtener el perdón.

Conforme al pensamiento de San Pablo, la reconciliación se logra a través de la fe en Jesucristo, quien reconcilia con el Padre y con el resto de los hombres.

Uno piensa en la RECONCILIACION entre los países enfrentados por conflictos y guerras. Pero qué de los conflictos generados en pequeña escala entre parejas, familias, vecinos, amigos. Estos, aunque no tengan la relevancia de una conflagración internacional, son tan graves y nocivos como aquellos, o quizá más; porque se generan en nuestro entorno íntimo.

A estos tenemos que atender con mayor cuidado y dedicación.

Vamos a propiciar la RECONCILIACION mundial en este año 2009, y los subsiguientes; comenzando con los más cercanos a nosotros.

Recomiendo difundir este mensaje por todo el mundo.

Para leer Resolución de la ONU A/RES/61/17: A Asamblea General

Fuente:

Planeta Sedna

Wikipedia

Imágenes: Google