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TODO ES PARA BIEN

Muchas personas conciben la vida como una sucesión de acontecimientos ingratos; se sienten inmersos en un ambiente hostil.  Pues bien, es momento de comenzar a ver la vida desde otra perspectiva.  Tal vez te enfocas demasiado en los aspectos negativos. Te animamos a que veas la otra cara de la moneda, el lado positivo de esa maravillosa vida tuya…

Se nos ha acostumbrado a destacar lo negativo. La frase favorita de los adultos significativos fue NO; por ello leemos las páginas rojas de los diarios, la de sucesos; donde se resaltan las muertes, tragedias, y miserias humanas.

Escuchamos los noticieros radiales, para verificar que las cosas van de mal en peor. Nos gustan las películas de terror, de guerras.

Cuando éramos niños nos dijeron: “EL que nace barrigón… ni que lo fajen chiquito…” o… “Árbol que nace torcido… nunca su rama endereza…” Y vamos cultivando desde temprana edad una actitud negativa hacia las personas y las cosas. Armados con esa actitud negativa, percibimos el mundo como algo hostil, y la vida como una secuencia de desventuras…

Sin embargo podemos cambiar esa perspectiva, y asumir que en cada experiencia de vida hay aprendizaje… que nos fortalece para soportar la adversidad y salir victoriosos… En resumen… que la vida es bella.

Hay tanta belleza en la sonrisa de un recién nacido, como en aquella florecilla del jardín, así como en la dulce mirada del anciano,  tanto como en el trabajo creador,  en el resplandeciente rostro juvenil.  Un mundo hermoso te rodea.  Para percibirlo, necesitas cambiar tu perspectiva. Comenzar a pensar positivamente,  ver lo bueno en cada aspecto de la vida; aun en aquellos que no lo parecen.

¿Has escuchado la frase… a los que a Dios aman… todo es para bien? Esas palabras las escribió San Pablo, quiso transmitirnos que cada cosa que nos sucede, tiene un lado positivo  que necesitamos buscar,  recordar, entender.

Veámoslo de esta manera. ¿Cómo reaccionas ante el dolor? Antes de concebir el dolor como algo maligno,  piensa: “El dolor es un síntoma… no la enfermedad…” Si sientes dolor, es porque algo en tu organismo, o en tu mente no anda bien. Necesitas un diagnóstico para conocer la causa… y tratamiento para eliminarlo. Solo mediante medicamentos… cirugía… o descanso… se elimina la enfermedad que ocasiona dolor…

La próxima vez que sientas dolor,  no te enojes,  entiende que el cuerpo,  mediante el dolor te está avisando que necesitas tratamiento y sanidad.

Perdiste un amor, un familiar, un trabajo, una amistad, un bien material. Antes de reaccionar negativamente, considera el aprendizaje que puedes obtener de esa circunstancia adversa.

Ante esa perdida, innumerables y maravillosas oportunidades están ante ti; lo que tienes es que sosegarte y comenzar a disfrutar la nueva realidad; explorar las nuevas oportunidades; descubrir ese mundo inexplorado que se tiende ante ti.

El nacimiento a  la vida es doloroso, tanto para la madre durante el parto, como para la criatura que ve luz por primera vez. Por un breve tiempo se soporta un indescriptible dolor, una inconmensurable angustia; pasado aquel instante, que intensas emociones se experimentan, que placer  aquella carita sonriente para la madre; que confort aquel cálido abrazo que transmite seguridad, amor y ternura al bebe.

Adopta una nueva perspectiva, observa la vida con una mente positiva, optimista.

Asume, internaliza, practica el consejo de Pablo: “…todo es para bien”.

Te aseguro que la vida tendrá un nuevo sentido para ti.

Imagen: Google

SERENIDAD, CUANDO LLEGUE LA TORMENTA

Vivimos en un mundo dinámico.

Hay momentos y circunstancias en las que pareciera navegamos en un mar tormentoso; situaciones problemáticas que demandan soluciones asertivas.

Para esos momentos difíciles necesitamos echar mano de un valioso recurso, que nos permitirá enfrentar esas dificultades y superarlas creativamente.

Se trata de la serenidad.

Esta virtud está relacionada con calma, tranquilidad, apacibilidad. A veces la confundimos con inmovilidad.

Cuando imaginamos la serenidad, traemos a la mente la visión de un mar en calma, quieto, inmóvil. O de un paisaje tranquilo, estático.

Son representaciones de inmovilidad, mas no de serenidad.

Porque estar quieto, puede ser producto de reprimir lo que se siente, o se desea expresar. Que a la larga resulta en explosiones destructivas, para quien las expresa, y para quienes les rodean.

Visualiza una escena de tu vida en la que experimentaste esa virtud, la serenidad.

Obsérvate en esa situación en la que actuaste serenamente. Revívala.

¿Con que palabras puede describir esa escena de tu vida?

Sensación de bienestar, sosiego, paz, tranquilidad, placidez, mansedumbre; físicamente relajado, músculos distendidos.

Es que la serenidad tiene que ver con un estado de ánimo tranquilo, en calma, y tiene gran valor cuando llega la tormenta, y mientras se navega a través de ella.

La serenidad nos permite enfocar lo que nos sucede desde una perspectiva más objetiva.

Una persona serena piensa antes de actuar o decidir, y no se siente asustada, preocupada o ansiosa por lo que va a ocurrir. Tampoco vive en el pasado, sufriendo por los errores cometidos.

Esto no significa esperar que las cosas se resuelvan solas, o mejoren espontáneamente; de lo que se trata es actuar conforme a lo que se cree mejor para sí mismo, y para lo que debe enfrentar.

La persona serena es dueña de sus emociones, con fortaleza no sólo para dominarse, sino para soportar y afrontar la adversidad sin afectar el trato y las relaciones con sus semejantes.

Esta virtud se adquiere con incesante trabajo. No existe una receta que podamos aplicar para obtener una dosis de ella.

Visualiza de nuevo aquel momento de serenidad, que evocamos anteriormente.

Toma nota de tus pensamientos, emociones, reacciones; así como de los estímulos exteriores, personas, palabras, tonos de voz, sonidos, colores, olores.

¿Qué recursos internos tuyos activaste en ese momento?

¿Cuáles fueron las decisiones que asumiste para vivir ese tiempo de serenidad?

¿Qué emociones experimentaste?

¿Cuál fue tu objetivo para vivir esa experiencia?

¿Qué resultado obtuviste?

Si observas cuidadosamente, te darás cuenta de que posee los recursos para vivir serenamente.

Ahora, cuando estés en una situación difícil, en medio de una tormenta, revive aquella escena y visualiza tu actuación serena.

Tú lo puedes, porque la serenidad esta dentro de ti, no fuera.

Actívala.

Imágenes: Google

PARA TENER EXITO, FRACASAR

Como muy bien nos han enseñado, y el diccionario de la Real Academia Española lo define, el fracaso es la “falta de éxito, o resultado adverso”.

Es decir, el fracaso es el opuesto del éxito, lo contrario a “logro”. En un mundo competitivo, donde se exalta a los triunfadores, el fracaso es distintivo de los perdedores. Mal visto.

De manera que fracaso y frustración, son opuestos a éxito, a triunfo, victoria. En este orden de ideas, nadie quiere fracasar, porque se nos ha enseñado que lo importante no es competir, sino ganar. Esta manera de ver la vida, es generadora de grandes frustraciones; y propicia estados tensión, que mal canalizados atentan contra el bienestar general de las personas.

Un análisis de ambos conceptos nos va a revelar interesantes realidades.

El éxito se define como “resultado feliz de algo, actuación, negocio.”

Es decir, el éxito es el logro de una meta. Lo que significa que se obtiene “una sola vez en la vida”, respecto a la meta trazada. Si alguien se traza la meta de  obtener un título universitario en medicina; una vez logrado el titulo, lograda la meta, tuvo éxito, y ya. La alegría de ese momento no es perdurable, es transitoria; porque ahora se traza otra meta: Ejercer la medicina, con la esperanza de otros éxitos subsiguientes.

Así pues, el éxito no es un punto de culminación; sino un impulsor para seguir avanzando en la vida.

Ahora consideremos la otra perspectiva, el fracaso.

¿Qué es el fracaso? Como señalamos anteriormente, el fracaso es no tener éxito, fallar en el logro de una meta.

¿Es que los que alcanzan el éxito no fracasan? Claro que fracasan, y muchas veces; lo que ocurre es que usan el fracaso como una forma de corregir las desviaciones hacia el logro de la meta, y les impulsa a continuar hacia la meta trazada.

Fracasar, no significa que se es un fracasado. Simplemente significa que se esta avanzando en el camino del éxito, corrigiendo las imperfecciones. Tomas Alba Edison, como sabemos, es considerado un hombre de mucho éxito. Entre la infinidad de invenciones, una que utilizamos con frecuencia es la lámpara incandescente, que nos ilumina durante las noches. Se dice que antes de perfeccionar el invento, fracaso una y otra vez; refieren que como mil veces.

En cierta oportunidad, en una entrevista, se le preguntó al gran inventor exitoso: ¿Que se siente al fracasar mil veces? A lo que este respondió: “Aprendí mil maneras de no fabricar una lámpara”. De manera que si tomamos el fracaso como un aprendizaje, estaremos transformando nuestra cosmovisión, nuestra manera de ver el mundo, de forma constructiva.

Consideraremos el fracaso como un impulsor para seguir avanzando, en la busca de hacer las cosas bien; es decir de tener éxito. No te dejes engañar, esa persona que se muestra como triunfadora, como ganadora, como paradigma de éxito, es un ser humano, como tu.

La única diferencia es que te lo muestran en su mejor momento, en el día del éxito, en la cúspide de la fama. No le desmerecemos, ni le quitamos méritos; mas la realidad es que para llegar a la cima, le fue necesario luchar, vencer las adversidades, corregir los fracasos, superar los obstáculos; sufrir, llorar, padecer.

Es conveniente que entiendas que el fracaso es un impulsor del éxito, del triunfo, de victoria.

Ahora bien, una cosa es fracasar, otra cosa es sentirse fracasado.

Lee de nuevo las dos últimas palabras del párrafo anterior: “sentirse fracasado”.

El fracaso es una circunstancia normal, y hasta esperada; que sirve para corregir las fallas, las debilidades, las imperfecciones. Toma nota de la siguiente afirmación: “El fracaso, como el éxito, ocurre una sola vez, respecto de la meta no alcanzada.” Si corriste los cien metros planos, y perdiste. Ocurrió “una vez”, ya habrá otras opciones para llegar primero.

Sentirse fracasado, es un estado de animo negativo, que te induce pesimismo, desesperanza, desconfianza en ti mismo, desanimo, deseo de “tirar la toalla”, de desistir.

Toma nota del dispositivo que usas para leer este artículo. Antes de salir al mercado fue sometido a innumerables pruebas y controles, a los fines de que funcione sin fallas. Cada vez que en la prueba, el dispositivo fallaba, era sometido a revisión y modificaciones. Así sucesivamente, hasta que llegó al punto denominado calidad de uso. En ese momento fue autorizada su producción, puesta en el mercado; debido a lo cual pediste adquirirlo, y usarlo, como lo estas haciendo.

No le temas al fracaso, enfréntale, estúdialo, analízalo; y obtén los aprendizajes útiles, para seguir teniendo éxito en la vida.

Felices fracasos, y muchos éxitos.