VENEZUELA, DESPIERTA

Un día, a principios del año 66 después de Cristo, los judíos que habitaban la ciudad de Jerusalén se acostaron con una mezcla de inquietud, angustia, enojo, expectativa; estaban en rebeldía contra la autoridad imperial, debido a que los romanos habían profanado su templo. Ese hecho inspiró la determinación de sacudirse del yugo romano; al fin y al cabo eran el pueblo de Dios, y en otras oportunidades habían salido victoriosos en luchas semejantes.

Al siguiente día, vieron con asombro, angustia y temor que estaban completamente rodeados por el fiero ejercito romano, cuyos soldados ondeaban con orgullo estandartes con la imagen de un águila, emblema del Imperio.

Fue en este instante cuando las autoridades judías, y quienes tenían dominio de los escritos Sagrados, que tomaron conciencia de las palabras proféticas de uno de los más prominentes hombres de su historia, Moisés, quien 1400 años antes había declarado, como se lee en Deuteronomio 28:

“49 Jehová traerá contra ti una nación de lejos, del extremo de la tierra, que vuele como águila, nación cuya lengua no entiendas; 50 gente fiera de rostro, que no tendrá respeto al anciano, ni perdonará al niño; 51 y comerá el fruto de tu bestia y el fruto de tu tierra, hasta que perezcas; y no te dejará grano, ni mosto, ni aceite, ni la cría de tus vacas, ni los rebaños de tus ovejas, hasta destruirte.”

Los judíos se dieron cuenta de lo que ocurriría seguidamente, pero ya era demasiado tarde para evitar la catástrofe.

Hay momentos en la vida cuando ya es tarde para buscar a Dios, Isaías 55:6.

Los romanos comenzaron el asedio, y un 8 de septiembre del año 70, penetraron en la ciudad y arrasaron con todo. El acontecimiento más significativo fue la total destrucción del Templo, el orgullo nacional.

Tres años más tarde, luego de la captura del último foco de resistencia, Masada, en abril del 73;  los ejércitos romanos se retiraron, dejaron tras si una Jerusalén completamente en ruinas, puesto que  roturaron todas las edificaciones; y esta vez no llevaron esclavos, mataron a la mayoría de la población, y el resto fue dispersado por toda la tierra.

Ruinas de Jerusalén.

Cualquier sobreviviente de más de 50 años, observando las ruinas de la ciudad pudo recordar, además de las palabras de Moisés, las de Jesús, quien 40 años, poco antes de ser crucificado, profetizó:

“¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.” Mateo 24:2

Se dice que la actual Jerusalén está construida 20 metros por encima, de aquella ciudad destruida por los romanos.

El año 73, Israel desapareció como nación, fue borrado del mapa.

Pero la historia, y el cumplimiento de la Palabra no se detienen.

Nace la actual Nación de Israel.

Observemos el cumplimiento de la Palabra de Dios, respecto de la restauración de Jerusalén e Israel:

·         La primera gran ola de inmigración judía a Palestina, conocida como “aliyá”, se inició en 1881, como consecuencia de las persecuciones a que eran sometidos los judíos en Europa.

·         En 1917, el Ministro de Asuntos Exteriores británico, Arthur James Balfour, emitió una declaración en donde se promovía la idea del establecimiento de una patria en Palestina para el pueblo judío.

·         El 29 de noviembre de 1947 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó un plan que concedía un territorio para el Estado Judío, y otro proporcional para el Palestino.

·         El 14 de mayo de 1948 el Estado de Israel declaró su independencia.

Lo demás es historia conocida y documentada por la prensa.

Profecías sobre Israel.

Todos estos acontecimientos ocurrieron  conforme a lo anunciado por la mayoría de profetas de Israel, escritos en la Sagrada Escritura; Haremos referencia a uno, Ezequiel, este escribió:

“Y tú te acostarás sobre tu lado izquierdo y pondrás sobre él la maldad de la casa de Israel. El número de los días que duermas sobre él, llevarás sobre ti la maldad de ellos. Yo te he dado los años de su maldad por el número de los días, trescientos noventa días; y así llevarás tú la maldad de la casa de Israel. Cumplidos éstos, te acostarás sobre tu lado derecho segunda vez, y llevarás la maldad de la casa de Judá cuarenta días; día por año, día por año te lo he dado.” Ezequiel 4:4-6

Dios le ordena al profeta Ezequiel que hiciera un acto simbólico como “señal a la casa de Israel”. Debería diseñar en un adobe la ciudad de Jerusalén y “sitiarla”. Además debía recostarse sobre su lado izquierdo por 390 días y sobre su lado derecho 40 días para representar la duración del castigo por la maldad de Israel. Serían castigados perdiendo su territorio y siendo desparramos por el mundo. Cada día en esta profecía representaba un año; día por año. De esta manera, el castigo para las tribus del norte (Israel) sería de 390 años y para las tribus del sur (Judá) 40 años, conformando un total de 430 años de juicio sobre la nación de Israel.

Algunos escritores afirman que en esta profecía está indicada la fecha exacta de la declaración  de Israel como Nación independiente.

Más adelante Ezequiel declara:

12 Por tanto, profetiza, y diles: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel.

13 Y sabréis que yo soy Jehová, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío.

14 Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová. Ezequiel 37:12-14

Todo este recuento, para afirmar que las cosas que le ocurren al pueblo de Dios, no son aleatorias, casuales, o debido a los vaivenes del devenir histórico. Se desarrollan en acuerdo a la ley de causa y efecto, aplicada en el ámbito espiritua.

La actual Nación de Israel es testimonio de Dios es el motor de la História.l.

Dios hizo un Pacto con su pueblo, por lo tanto, obedecer el Pacto tendría sus bendiciones, y desobedecer al mismo, acarrearía sus consecuencias.

Esto se puede verificar en las palabras de Moisés, a las que se hizo alusión al comienzo de este escrito.

En las Llanura de Moab.

Llegado el fin de la jornada de 40 años por el desierto, cuando el pueblo iba a entrar en la Tierra Prometida, Moisés les reunió ne la llanura de Moab, para darle instrucciones sobre cómo proceder en la tierra a conquistar. Fue un largo discurso, en el mismo se advierte las bendiciones de la obediencia, tanto como las consecuencias de la desobediencia, el capítulo 28 de Deuteronomio, refiere estas palabras.

Es interesante que la historia de Israel, desde que ingreso a la tierra prometida, hasta el año 73 de nuestra era, se describe en los versículos 15 hasta el 68, de este notable capítulo. Lea las dos últimas palabras del versículo 51.

Jesús dijo en Mateo 24:34-35:

 “34 De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.

35 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.”

Estas palabras, para manifestarle al pueblo de Dios en Venezuela, que reflexionemos, no sea que  nos esté sucediendo lo mismo que al pueblo de Israel antiguo.

Revisemos nuestras actitudes, y consideremos la posibilidad que la crisis nacional sea debido a que tal vez se haya dado la espalda a Dios, e inadvertidamente estemos desobedeciendo su Palabra. Consideremos la necesidad de poner en acción Isaías 55:6-7:

“6 Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. 7 Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.”

Venezuela no es Israel.

Sabemos que Venezuela, no se puede comparar con el pueblo de Israel, debido a que son dos realidades bien diferenciadas.

El Dios de Israel es el Dios de Venezuela.

Mas hablo al pueblo de Dios, a quienes según Juan 1:12, son sus Hijos, y si hijos de Dios, entonces responsables de atender a su Palabra.

En el Nuevo Testamento, no se descarta el antiguo Pacto, al contrario se aclara, se hace más comprensible, cuando Jesús explica: “Oísteis que fue dicho, más yo os digo…” Estableciendo parámetros más elevados que los prescritos en la Ley y los Profetas.

¿Por qué no nos planteamos una solución, conforme a los lineamientos establecidos en la escritura?  2 Crónicas 7:14; Jeremías 33:3; 1 Juan 1:9; Efesios 6:10 al 18.

No desestimo con ello, el proceder para la solución de la crisis Nacional, accionar los recursos previstos en la Constitución.

Más recuerdo que Dios condujo al pueblo de Israel por el desierto, y muchas veces lo defendió, sin el uso de fuerzas armadas humanas; sino con sus ejércitos celestiales, y estrategias divinas. Recordemos las “avispas”, tal y como refiere Juan L. Guerra, en su canción, en referencia a Deuteronomio 7:20 y contexto.

O, tal vez esté preparando un medio de gracia, tal y como ocurrió con José en Egipto, Josías en Israel, Nehemías en la Cautividad, Martín Lutero en Europa, ¿El pueblo cristiano de Venezuela, en la actualidad?

Vamos a declarar a Venezuela  territorio libre da la influencia  maléfica del enemigo, conforme establece la Palabra en Efesios 6, y en 2 Corintios 10:

3 Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; 4 porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, 5 derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, 6 y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta.

Todo es posible “…si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra.”

Venezuela, despierta…

Dios desde los cielos miró sobre los hijos de los hombres,

Para ver si había algún entendido Que buscara a Dios.

Salmos 53:2

Alma Llanera, interpretada por Simón Diaz, el orgullo de ser Venezolano: http://www.youtube.com/watch?v=4bRWvupRaLE

FUENTE:

 

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TRES MUJERES DE FE

Hay momentos críticos en la vida, circunstancias dificile e inesperadas, complicando aquellas situaciones a veces no contamos con recursos para enfrentarlas y superarlas. ¿Qué hacer ante tales eventualidades? Tenemos una variedad de reacciones que ponemos en marcha, algunas a veces complican los problemas.

Vamos a considerar en este escrito una estrategia para cuando las cosas vayan mal y no encontremos salida, no es novedosa, pero sí muy poderosa cuando se parctica, se trata de la fe; y lo haremos con las experiencias de  Tres Mujeres de Fe, tal y como se relataran en la Biblia.

Encontramos los relatos de estas tres mujeres en los siguientes textos de la Biblia:

1 Reyes 17: 8-24. LA VIUDA DE SAREPTA

2 Reyes 4: 1-7. EL ACEITE DE LA VIUDA

2 Reyes 4: 8 – 17. LA MUJER SUNAMITA

La lectura de los mismos nos permite concluir que poseen elementos comunes:

Tres mujeres en situación de crisis,

Fe en la intervención Divina,

Presencia de un profeta, siervo de Dios,

Respuesta milagrosa,

La gracia de Dios, manifiesta en diversas formas

Dos de las mujeres son viudas, la otra “importante”, según el autor del relato.

Observemos desde tres ángulos la manifestación del amor, la gracia y la provisión de Dios.

Cuando Llegamos al Límite, 1ro de Reyes 17: 8-24. LA VIUDA DE SAREPTA:

Observemos el relato,

Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo:Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente.10 Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba.11 Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano.12 Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir.13 Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo. 14 Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra.15 Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días.16 Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías.

 ¿Te has sentido solo, sin alguien que le ayude en ese momento de crisis?

¿Alguna vez has estado en una situación en la que crees que no hay salida?

¿Has llegado al momento en que ves impotente como se te agotan los recursos?

¿Preparaste la última porción de alimento, sabiendo que no dispones de medios para adquirir otros?

O, ¿Te acostaste alguna vez sin saber que comerían tus hijos el día siguiente?

No eres la única persona en tales circunstancias, por lo tanto ya sabes entonces como se sentiría la viuda de sarepta.

Visualiza la escena: El profeta, enviado a ella por Dios, le pide comida, la respuesta es significativa, desgarradora:

El Profeta pide: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano. Ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo…para que lo comamos, y nos dejemos morir.

Desesperación, impotencia, angustia. Estas tres emociones están acabando con la vida de muchos en este mundo hoy día; y mantienen paralizados a otros.

Impotencia, desgano de vivir, desmotivación, falta de apetito, ganas de quedarse en la cama, sin ánimo para nada. Sin embargo, en esta alma atribulada había un rayito de esperanza, aun cuando no era consciente de ello. “Vive Jehová tu Dios…” le dijo al profeta. No era judía, del pueblo de Dios, era gentil, vivía en Sarepta de Sidón, una ciudad fenicia, cercana a Tiro; más Dios previamente se le había revelado, para darle instrucciones de alimentar al profeta. El asunto es que ella no sabia como.

El escritor narra:

Vino luego a él (al profeta Elías) palabra de Jehová, diciendo: Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente.

Ella tiene un encuentro personal con Dios, experiencia que transforma su vida.

Veamos la provisión de Dios:

Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra. Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días.

Observa como la viuda obedecie la instrucción del profeta. Prepara comida para ella y su hijo; más primero la del profeta. Seguidamente ve como en aquella tinaja de harina y en la vasija de aceite se produce el milagro de la provisión de pan, hasta que lloviese. Recuerda la expresión: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”. Así pues, cada día, de la tinaja de harina, y de la vasija de aceite; extraía el sustento divino. El maná diario.

Esta experiencia sucede hoy  en la vida de muchos hijos de Dios que carecen del sustento para cada día; y aun entre quienes no conocen a Dios. Es un asunto de fe. ¿Cuando hemos visto caer desde el cielo un paquete de harina de maíz precocida? Muchos,  en esta ciudad, y en el mundo en general han visto llegar a sus casas una “Cesta de amor” contentiva del maná para ese día, provisto por una persona o institución, que son instrumentos de Dios.

Te invito que compartas: un paquete de harina, un litro de aceite, un de arroz, o un kilo de amor. O algún otro alimento; para que Dios alimente al menos por un día a una familia.

Veamos el otro ángulo:

Cuando se Agotan los Recursos, 2do Reyes 4: 1-7. EL ACEITE DE LA VIUDA:

Visualicemos la escena:

1 Una mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido ha muerto; y tú sabes que tu siervo era temeroso de Jehová; y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos.Y Eliseo le dijo: ¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa. Y ella dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite.El le dijo: Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas.Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte.Y se fue la mujer, y cerró la puerta encerrándose ella y sus hijos; y ellos le traían las vasijas, y ella echaba del aceite.Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces cesó el aceite.Vino ella luego, y lo contó al varón de Dios, el cual dijo: Ve y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos vivid de lo que quede.

¿Has llegado al punto en que vas al cajero automático y la maquina te informa que no puede procesar la operación, porque tu cuenta no dispone de fondos?

O, solicitado un crédito y te es negado porque tus cuentas presentas saldos muy bajos.

Llegar a la quincena, y no cobrar, porque estas desempleado.

En esto tampoco eres el único. La viuda de un hijo de profeta, vivió semejante experiencia.

Una mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido ha muerto; y tú sabes que tu siervo era temeroso de Jehová; y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos.

Como apreciamos, en este caso el problema es financiero. Su esposo ha muerto y como herencia le deja la casa hipotecada. Vino el acreedor, y como ella no tenia como pagar; en lugar de quitarle la casa, lo cual estaba prohibido legalmente, como hoy igualmente lo esta; entonces, para cobrar la deuda, se iba a llevar a sus dos hijos.

Un doble problema:

Perder dos hijos de sus entrañas, las madres saben lo que ello significa,

Y, perder mano de obra. Los hijos eran trabajadores en las tareas domesticas, agrícolas, o pecuarias.

Temor, enojo, impotencia, ansiedad, afán; son las emociones de esta atribulada mujer. En su desesperación acude a Dios, a través del profeta.

Observen el argumento de la mujer: Tu siervo, mi marido muerto, era temeroso de Jehová; por eso acudo a ti, que también soy temerosa de Jehová. Como en el caso de la Viuda de Sarepta, la solución es milagrosa. El aceite copa la escena. El aceite en la Biblia se relaciona con el Espíritu Santo; y es utilizado para ungir a los siervos de Dios; como ungüento, o como antiséptico. El Salmo 23: “Unges mi cabeza con aceite…”

El profeta le indica una operación aparentemente absurda. Buscar muchas vasijas, la mayor cantidad que pudiera encontrar. Luego encerrarse en casa y llenar las vasijas con el poco aceite que tenía guardado.

El le dijo: Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas. Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte. Y se fue la mujer, y cerró la puerta encerrándose ella y sus hijos; y ellos le traían las vasijas, y ella echaba del aceite. Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces cesó el aceite.

La mujer, como la anterior,  obedecie la instrucción, por absurda que parezca. El resultado no se hizo esperar, obtuvo la cantidad de aceite necesario para pagar la hipoteca, y sostenerles el resto de sus vidas.

¿Esta usted atrapado en una situación en la que aparentemente no hay salida? Este es el momento de buscar a Dios.

Finalmente veamos el último ángulo de la provisión de Dios.

Una mujer “importante”, que lo tenía todo, menos lo que deseaba, 2do Reyes 4: 8 – 17. LA MUJER SUNAMITA

Leamos el relato:

Aconteció también que un día pasaba Eliseo por Sunem; y había allí una mujer importante, que le invitaba insistentemente a que comiese; y cuando él pasaba por allí, venía a la casa de ella a comer.Y ella dijo a su marido: He aquí ahora, yo entiendo que éste que siempre pasa por nuestra casa, es varón santo de Dios.10 Yo te ruego que hagamos un pequeño aposento de paredes, y pongamos allí cama, mesa, silla y candelero, para que cuando él viniere a nosotros, se quede en él.11 Y aconteció que un día vino él por allí, y se quedó en aquel aposento, y allí durmió. Entonces dijo a Giezi su criado: Llama a esta sunamita. Y cuando la llamó, vino ella delante de él. 13 Dijo él entonces a Giezi: Dile: He aquí tú has estado solícita por nosotros con todo este esmero; ¿qué quieres que haga por ti? ¿Necesitas que hable por ti al rey, o al general del ejército? Y ella respondió: Yo habito en medio de mi pueblo.14 Y él dijo: ¿Qué, pues, haremos por ella? Y Giezi respondió: He aquí que ella no tiene hijo, y su marido es viejo.15 Dijo entonces: Llámala. Y él la llamó, y ella se paró a la puerta.16 Y él le dijo: El año que viene, por este tiempo, abrazarás un hijo. Y ella dijo: No, señor mío, varón de Dios, no hagas burla de tu sierva.17 Mas la mujer concibió, y dio a luz un hijo el año siguiente, en el tiempo que Eliseo le había dicho.

En este caso el escenario es distinto. Se trata de una mujer acomodada. El escritor la describe como una mujer “importante”. Por el contexto nos damos cuenta de que no tenía necesidades, como las anteriores. Tenía marido, casa, alimento, y posibilidades hasta para construirle un apartamento al profeta; seguramente criados, y bienes materiales en general. Nada necesitaba. Al punto de que el profeta le pregunta si quiere que haga algo por ella; más su respuesta da a entender que lo tenía todo.

Más no era completamente feliz. Su problema es que no tenía hijos.

Y aconteció que un día vino él por allí, y se quedó en aquel aposento, y allí durmió. Entonces dijo a Giezi su criado: Llama a esta sunamita. Y cuando la llamó, vino ella delante de él. Dijo él entonces a Giezi: Dile: He aquí tú has estado solícita por nosotros con todo este esmero; ¿qué quieres que haga por ti? ¿Necesitas que hable por ti al rey, o al general del ejército? Y ella respondió: Yo habito en medio de mi pueblo. Y él dijo: ¿Qué, pues, haremos por ella? Y Giezi respondió: He aquí que ella no tiene hijo, y su marido es viejo.

Hay personas que lo tienen todo, mas esas posesiones no conceden la felicidad. Dan confort, comodidad, pero no la felicidad. Es el caso de la sunamita. Lo tenia todo, tanto que no era necesario pedirla a nadie, ni siquiera al Rey. Más carecía de algo. El profeta habla con su criado, y este le revela una necesidad: No tiene hijos. Y añade un probable diagnóstico, su esposo es viejo. El profeta, como un gesto de cortesía, inspirado posiblemente por Dios, llama a la mujer para darle una buena noticia: La promesa de un hijo.

Dijo entonces: Llámala. Y él la llamó, y ella se paró a la puerta. Y él le dijo: El año que viene, por este tiempo, abrazarás un hijo. Y ella dijo: No, señor mío, varón de Dios, no hagas burla de tu sierva. Mas la mujer concibió, y dio a luz un hijo el año siguiente, en el tiempo que Eliseo le había dicho.

La mujer, conocedora de su situación, no cree la promesa. Más la promesa se cumple, porque depende no de la expectativa de la mujer, sino de la gracia de Dios.

Observen este caso es diferente. La mujer no pide nada para si; es el profeta, quien en un gesto de gracia, amor y solidaridad promete el hijo. Aquí se cumple la expresión: “El que siembra abundantemente, abundantemente cosechará”

La mujer, como un gesto de respeto, devoción, de fe hacia Dios; atiende al profeta. Es decir, ella sirvió a Dios por intermedio del profeta.

Recuerdan la expresión: “Por cuanto lo hicisteis a uno de mis hermanos más pequeños, a mi lo hicisteis…”

Finalmente:

¿Tal vez sientes que has llegado al límite y no ves salida inmediata?

O, ¿Crees que se te agotaron los recursos y no puedes resolver tu vida?

O, ¿Tal vez tienes todo lo que has deseado en la vida, más aun falta algo para completar tu felicidad?

 

Te invito a que como estas tres mujeres, busca respuesta en quien solo puede darla. En Dios, nuestro Padre Celestial…

“Alzaré mis ojos a los montes, de donde vendrá mi socorro; Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la Tierra…” Salmo 121.

Acude a Él y presenta tu necesidad.

O ve a un siervo de Dios, el intercederá en tu favor.

Fuente: