SEGÚN LA BIBLIA: EL DÍA DEL SEÑOR NO ES EL DOMINGO, NI DÍA DE RESURRECCIÓN

El domingo primero de abril, la cristiandad celebra la resurrección de Jesucristo, lo cual, como registra el Nuevo Testamento, ocurrió el primer día de una semana que comenzó el 10 de nisán, de un año del primer siglo. La fecha exacta es desconocida, mas hay certeza de la ocurrencia del hecho.

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A partir de ese gran día, la naciente población de creyentes comenzó a reunirse el primer día de la semana, como memorial de aquel singular acontecimiento, Hechos 20:7; 1 Corintios 16:1-2.

Posteriormente el primer día de la semana es denominado domingo, del latín “día del Señor”. El 7 de marzo del año 321, Constantino I el Grande decretó que el “día del sol” (actual domingo) sería observado como el día de reposo civil obligatorio, y aunque tradicionalmente se ha querido ver en esta ley una muestra del cristianismo del emperador, la ley no beneficiaba específicamente a la Iglesia,​ dado que el “día del sol” era referido al Sol Invictus, una divinidad pagana que había cobrado especial importancia en el culto imperial.

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En la actualidad al domingo se le denomina “el día del Señor”, el argumento es que así era llamado por los creyentes en el Nuevo Testamento, y para reforzar la idea se menciona  Apocalipsis 1:10:

Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

Ahora bien, es incorrecto afirmar que los discípulos se refiriesen al domingo como “día del Señor”, porque ellos como conocedores del Antiguo Testamento, tenían claro el significado de aquella expresión.

Cada vez que los escritores del Nuevo Testamento se referían al día cuando Cristo resucitó, escribían en griego μιᾷ τῶν σαββάτων, mia ton sabbatón, que los eruditos traducen como “primer día de la semana”: Mateo 28:1; Marcos 16:2,9; Lucas 24:1; Juan 20:1,19; Hechos 20:7; 1 Corintios 16:2.

Para referirse al día de la resurrección, los escritores nunca usaron “día del Señor”, sino “primer día de la semana”.

¿Qué significa la expresión “día del Señor?

La frase “el día del Señor” se menciona diecinueve veces en el Antiguo Testamento, usando su equivalente “día de Jehová”: Isaías 2:12; 13:6, 9: Ezequiel 13:5, 30:3; Joel 1:15, 2:1, 11, 31, 3:14; Amos 5:18, 20; Abdías 15; Sofonías 1:7, 14; Zacarías 14:1; Malaquías 4:5; y cuatro veces en el Nuevo Testamento: Hechos 2:20; 2 Tesalonicenses 5:2; 2 Pedro 3:10; Apocalipsis 1:10. También es aludido en otros pasajes (Apocalipsis 6:17; 16:14).

La frase “el día del Señor” generalmente se refiere a eventos que tendrán lugar al final de la historia, Isaías 7:18-25, y con frecuencia se asocia con la frase “en aquel día.” Un dato para comprender estas expresiones es observar que ellas siempre identifican un período de tiempo durante el cual Dios interviene personalmente en la historia para cumplir un aspecto específico de su plan.

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En la Sagrada Escritura “el día del Señor” es un período de tiempo especial que ocurrirá al final de los tiempos, cuando la voluntad de Dios y sus propósitos para la humanidad serán consumados. El evento cuando Cristo regrese a la tierra a redimir a sus fieles creyentes y a enviar a los incrédulos a la eterna condenación, Mateo 25:31-46.

En el nuevo Testamento, el “día del Señor” se refiere a la Segunda Venida de Cristo, y los escritores usaron la expresión griega ἡμέρα Κυρίου, hemera kiriou, para referirse a tal acontecimiento por venir. Esto se puede comprobar al leer 1 Tesalonicenses 4:13-5:11, en donde Pablo advierte sobre la Segunda Venida del Señor, y utiliza ἡμέρα Κυρίου, en 5:2, para referirse a aquel magno evento.

Desde la perspectiva bíblica, y a partir de una apropiada interpretación del texto y su contexto, es incorrecto afirmar que el domingo es el “día del Señor”, o ἡμέρα Κυρίου; la expresión adecuada en todo caso es “primer día de la semana”, o más apropiadamente: “día de resurrección”.

Tomando en cuenta el sentido de la expresión en el Antiguo Testamento, y el uso en el Nuevo Testamento, afirmar que Jesús resucito el “día del Señor”, es proponer una contradicción: Que Jesús resucitó el mismo día de su Segunda Venida; que ambos hechos ocurrieron simultáneamente.

Esta consideración semántica, relacionada con el significado de las palabras, parece insustancial, irrelevante. El asunto es que al deformar, desvalorizar, y banalizar las grandes figuras del Antiguo Testamento le quitamos la fuerza de lo que aquellas representan en el Nuevo Testamento.

Por ejemplo, la cena de Pascua hebrea, tiene un significado prominente, apunta, escenifica el sacrificio del Cordero de Dios que quita los pecados del mundo; el mismo sentido que le damos a la Cena del Señor. Ambas apuntan hacia el mismo hecho real: el sacrificio de Jesucristo, y su esperada venida.

Cuando la iglesia imperial comenzó a denominar el domingo como “día del Señor”, le quitó la fuerza del significado original de tal expresión.

Para un hebreo, un judío, un erudito; para alguien que conoce la Sagrada Escritura, el “día del Señor” es un evento de gran significado, es el momento cuando Dios interviene para poner fin a una realidad, como lo sucedido a Israel, en tiempo de Sedequias, 2 Crónicas 36:17;  el descrito en Malaquías 4:1; o el referido por Pablo en 2 Tesalonicenses 5:2; para un creyente hoy, es un buen día para ir a la playa.

Recordemos que el “domingo”, o día del señor de los romanos se estableció para conmemorar a su dios sol.

Dicho lo anterior, insisto en la necesidad de hacer teología bíblica, iluminados por el Espíritu Santo.

Hoy, los teólogos deben ir directamente a la Sagrada Escritura para interpretar la revelación Divina,  después acudir a las obras de los grandes teólogos y de ese modo comprobar aquellas interpretaciones. Así se previene el peligro de que si el autor del libro interpreta erradamente la Escritura, el teólogo basado en el Sagrado Libro evita repetir aquel error.

De ese modo mantenemos y enseñamos la sana doctrina; y evitamos copiar y repetir errores.

Como cuando un teólogo leyó Apocalipsis 1:10, y sin considerar el contexto afirmó que Juan recibe aquella magnifica revelación un domingo; argumenta que es así porque allí dice “día del Señor”, y el día del Señor es el domingo, ya que así lo denominaban los romanos.

En esa cita de Apocalipsis, día del Señor es ἡμέρα Κυρίου, con significado explicado anteriormente en este escrito; no escribió Juan: μιᾷ τῶν σαββάτων, primer día de la semana; ni tampoco uso el vocablo “domingo”.

Considerando lo anterior, ¿Es correcto afirmar que el domingo es el día del Señor? ¿Es apropiado decir que la Iglesia se reúne el día del Señor para alabarle? De acuerdo al significado de tal expresión, que se refiere a la Segunda Venida de Jesucristo, ¿Nos congregamos el día del Señor?

Es claro que NO, cuando Jesucristo nos reúna “el día del Señor” será con un propósito bien claro, y Él mismo lo describe  en la ya mencionada cita de Mateo 25:31-46.

¿Tenemos que dejar de usar la expresión “día del Señor”, para referirnos al domingo? Es imposible que después de casi dos milenios utilizando dicha expresión con el significado de “domingo”, que hoy se cambie por otra.

En lo que si debemos estar claros es que necesitamos seguir proclamando el evangelio de Jesucristo, insistentemente, y extendiendo el Reino de los Cielos hasta lo último de la tierra; para que nadie se pierda sino que todos procedan al arrepentimiento; porque el día del Señor viene, y no es precisamente el próximo domingo.

Fuente:

Biblia: Versión RVR60, tomada de www.biblegateway.com

Conceptos: Wikipedia

Día del Señor: https://www.gotquestions.org/Espanol/

Notas personales

Imágenes: Google

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SEMANA SANTA DESDE LA PERSPECTIVA DEL ANTIGUO TESTAMENTO

El domingo 25 de marzo, la cristiandad comienza la conmemoración de la denominada Semana Santa, o semana de la pasión de Cristo, que tiene como punto de referencia la pascua hebrea, día en que Jesucristo fue sacrificado y muerto en el calvario como Cordero de Dios.

Pero la cronología usual de la conmemoración cristiana, se aparta de la establecida en la Sagrada Escritura, concretamente en el libro de Éxodo. Hay que puntualizar que las celebraciones establecidas en el Pentateuco, tenían por objeto ejemplificar la obra de Jesucristo, su sacrificio en el calvario, y eran ensayos de lo que en su momento le habría de acontecer.

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El libro de Éxodo presenta la cronología de la semana santa, hasta el día de Pascua, el 14 de nisán;  en tanto que en los profetas, y las afirmaciones de Jesucristo, se establece lo que ocurre después de aquel día, el 14, día de la muerte de Cristo.

En Éxodo 12:1-6, se marca la pauta para la mitad de la semana, veamos:

1 Habló Jehová a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo: 2 Este mes os será principio de los meses; para vosotros será éste el primero en los meses del año. 3 Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia. 4 Mas si la familia fuere tan pequeña que no baste para comer el cordero, entonces él y su vecino inmediato a su casa tomarán uno según el número de las personas; conforme al comer de cada hombre, haréis la cuenta sobre el cordero. 5 El animal será sin defecto, macho de un año; lo tomaréis de las ovejas o de las cabras. 6 Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes. 7 Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer. 8 Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán.

La instrucción de dios a Moisés, es:

Día 10 del mes, selección del cordero

Día 13, por la tarde, sacrificio del cordero, marcar la casa con su sangre

Día 14, en la noche, cena de Pascua

Respecto de su resurrección, se deja entrever en Isaías 53:10-12, sin embargo el mismo Jesucristo declaró este hecho, Mateo 17:22-23:

22 Estando ellos en Galilea, Jesús les dijo: El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, 23 y le matarán; mas al tercer día resucitará. Y ellos se entristecieron en gran manera.

De estos textos obtenemos la cronología de la semana de la pasión, en el mes de nisán:

Día 10, selección del cordero, primer día de la semana al atardecer; domingo para nosotros, Marcos 11:1-11

Día 14, sacrificio del cordero, cena pascual, jueves al anochecer, Marcos 14:12-25: al amanecer de ese día es sentenciado, sacrificado, y sepultado al atardecer. Recuerda que el día hebreo comienza al anochecer.

Día 17, tres días después de morir Jesucristo, resurrección. Primer día de la semana, Mateo 28:1

Es fascinante lo que ocurre aquella inolvidable semana, veamos el relato:

El día 10, al anochecer corresponde la selección del cordero a ser sacrificado para el día de Pascua. Los hechos son así:

El día 9, el Sumo Sacerdote acudía a los establos de Belén para seleccionar el cordero sin mancha para el sacrificio pascual, pues sabían que en Belén nacería el Mesías, Miqueas 5.2. Recuerda que el Señor nació en un establo de Belén, Lucas 2:11-12.

Una vez escogido el cordero, el Sumo Sacerdote se dirige hacia Jerusalén para que a la puesta de sol, al comienzo del día 10 de, quedara apartado para su sacrificio, el 14 de ese mismo mes.

Durante el trayecto de regreso con el cordero, se apostaban a los lados del camino los sacerdotes y la gente que había concurrido a celebrar la fiesta; omaban ramas de palmera y clamaban: “¡Hosanna!, ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!”. De esta manera habían estado realizando por años, al celebrar cada Pascua, el ensayo de la entrada del Mesías a Jerusalén, que esperaban ocurriera en ese tiempo, como estaba profetizado, Daniel 9:24-26.

El año en que Jesús muere en la cruz, se cumple el hecho tantas veces ejemplificado: el Señor se anticipa al Sumo Sacerdote y entra por el camino a Jerusalén, Lucas 19:35-40.

35 Y lo trajeron a Jesús; y habiendo echado sus mantos sobre el pollino, subieron a Jesús encima. 36 Y a su paso tendían sus mantos por el camino. 37 Cuando llegaban ya cerca de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto, 38 diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas! 39 Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. 40 Él, respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían.

Jesús es aclamado por la multitud como “el rey que viene en el nombre del Señor. De esta manera se cumple lo anunciado con mucha anticipación respecto de Jesucristo. Aquel día es seleccionado como el cordero a ser sacrificado cuatro días más tarde; y que resucitaría tres días después.

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Es de hacer notar que la conmemoración nuestra de aquellos eventos, es diferente a como ocurrieron. Por las referencias de los evangelistas, los hechos ocurren así:

Domingo al anochecer: Entrada a Jerusalén, día 10 al anochecer, primer día de la semana, Marcos 11:7-11. Es decir el sábado por la noche, para nosotros en occidente. Lee el versículo 11: “…se fue a Betania con los doce discípulos, porque ya era tarde.” Nosotros celebramos “La Entrada Triunfal” en domingo por la mañana.

Lunes en la mañana: Maldición de la higuera estéril, Marcos 11:12-14.

Martes en la noche: Es ungido en Betania, Marcos 14:1.

Jueves al anochecer: Cena de Pascua, día 14, miércoles en la noche para nosotros en occidente, Marcos 14:12; de conformidad con Éxodo 12:6, 8.

Jueves en la mañana: Crucifixión de Jesucristo, día 14, jueves a la hora tercera (9 de la mañana), Marcos 15:25. Muerte de Jesucristo, hora novena (3 de la tarde), Marcos 15:34-37. Sepultura, Jueves al atardecer, Marcos 15:42-43.

Primer día de la semana: Resurrección, tres días después, primer día de la semana, domingo, Marcos 16:1-8.

Es probable se presente cierta confusión en cuanto a los días. Recuerda que el día hebreo comienza al atardecer. Por ejemplo: El lunes comienza el domingo a las 6 de la tarde y transcurre hasta las 6 de la tarde del lunes. A esa misma hora, seis de la tarde, comienza el día martes. Consecuentemente, el miércoles comienza el martes a las seis de la tarde, y así sucesivamente.

Los hebreos miden el día a partir de las seis de la tarde.

Por ese motivo, Jesús celebra la cena de Pascua el jueves en la noche, y muere el jueves en la mañana; eso para un hebreo. Según el calendario gregoriano Jesús celebra la cena el miércoles en la noche y muere el jueves en la mañana.

¿Por qué la pascua cristiana no coincide con la judía? Al comienzo, durante los primeros años de nuestra era, la muerte de Cristo se celebraba el mismo día de la Pascua Judía, es decir el 14 de nisán; y la cronología de las festividades coincidían, de modo que el 10 de nisán se iniciaba la fiesta de la libertad, para los judíos, y la semana santa para los cristianos.

Pero para que no se confundieran las tradiciones, se discutió un cambio de fechas en el Concilio de Nicea del 325, convocado por el emperador Constantino. Ahí se decidió que el Domingo de Resurrección se festejara el domingo siguiente de la primera luna llena, después de la llegada de la primavera.

Entonces, como el equinoccio de primavera es el 20 de marzo, y la primera luna llena no todos los años llega en la misma fecha, la llegada de la Semana Santa es móvil. Puede caer entre el 22 de marzo y el 25 de abril, dependiendo de la coincidencia entre el calendario solar y el lunar.

Se hizo de este modo para que siempre la semana santa comenzase un domingo, el de ramos, y culminara el domingo de resurrección.

Entre algunos cristianos, y notables teólogos, existe la tendencia a desligar el cristianismo de la fe hebrea, enraizada en la Ley, o Pentateuco, lo cual es indebido porque aquella ley apunta a Jesucristo; en forma de rito anticipaba, escenificaba el sacrificio de Cristo, su resurrección, tanto como la venida del Espíritu Santo.

En otras palabras, la fiesta que comenzaba el 10 de nisán, con la elección del cordero pascual, y culminaba cincuenta días después de la pascua, pentecostés, se estableció como actos que escenificaban eventos cruciales y determinantes en el plan de salvación.

La elección del cordero en Belén y su traída a los establos del templo, para ser observado hasta su sacrificio, hecho que ocurría el 10 del primer mes, escenificaba la elección de Jesús como el Cordero de Dios; por eso entra a Jerusalén aquel inolvidable día, es aclamado como el “bendito que viene en el nombre del Señor”, y una vez en la ciudad, entra al templo, a donde había sido llevado el cordero pascual, Marcos 11:11.

La muerte de aquel cordero, la sangre derramada el día 14, el día de la Pascua, escenificaba la muerte del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

El día de Pentecostés, que se celebraba cincuenta días después de la Pascua, la fiesta de las primicias, anticipaba año tras año, la venida del Espíritu Santo, como una primicia que da poder para testificar de Jesucristo.

Visualicemos lo que ocurría un día de Pascua en el Templo.

Un levita sacrificaba el cordero, que previamente había sido elegido el día 10; seguidamente vertía la sangre en un recipiente diseñado para aquel propósito, y la entregaba al Sumo Sacerdote. El cordero sacrificado se colocaba en el altar del sacrificio y era quemado. El Sumo Sacerdote se dirigía al Lugar Santísimo a verter la sangre sobre el propiciatorio colocado en la parte superior del Arca del Pacto, lo cual hacía solemnemente. Una vez cumplido aquel rito, y aceptada la ofrenda, el pueblo quedaba libre, expiado de pecado.

¿Por qué se llevaba a cabo año tras año aquel rito? Para simbolizar el sacrificio de Jesucristo en la cruz, el derramamiento de su sangre para el perdón de pecados; y su entrada al Lugar Santísimo, donde es acepto su sacrificio, y se sienta a la diestra del Padre.

No es correcto desvincular al pueblo de Dios – y los elementos, símbolos, principios, normas, ritos de la ley, tal y como se describen en el Antiguo Testamento – con la nueva realidad a causa del sacrificio de Cristo, y lo establecido en el Nuevo Testamento. Una realidad es símbolo de la otra, una se proyecta sobre la otra.

¿Qué relación existe entre el pueblo de Israel y la Iglesia? El pueblo de Israel representa a la Iglesia y su obra misionera.

¿Cuál era la misión de Israel? Bendecir a todas las naciones con la simiente de Abraham, Jesucristo, Génesis 12:1-3, 22:18, ¿Cuál es la misión de la Iglesia? Bendecir a todas las naciones de la tierra difundiendo el mensaje del evangelio de Jesucristo, Mateo 28:19-20; Hechos 1:8.

Israel cumple su misión, lo cual se evidencia en el nacimiento y obra de Jesucristo, el nuevo Adán, a través del cual somos libres de la condenación eterna. La Iglesia la cumple en la medida que se aboca a testificar de Jesucristo, y hacer discípulos, hasta lo último de la tierra.

¿Qué relación tienen la ley los ritos de la ley con el cristianismo? En otras palabras: ¿Qué relación tiene el Antiguo Testamento con el Nuevo Testamento? Una relación total, que en lógica matemática se define como una relación bicondicional, bidireccional, la cual se expresa en estos términos:

El valor de verdad de dos proposiciones es bicondicional, definida “p si y solo si q”, es verdad cuando ambas proposiciones (p y q) tienen el mismo valor de verdad, es decir, ambas son verdaderas simultáneamente; de lo contrario, es falso.

Se tiene así que la afirmación “p si y solo si q” es lógicamente equivalente a las dos afirmaciones: “si p, entonces q”, y “si q, entonces p”. Escrito utilizando conectivas lógicas:

p ↔ q ≡ (p → q) ∧ (q → p)

Es decir, ante la afirmación si “p” es Antiguo Testamento, y “q” es Nuevo Testamento, ambas son verdaderas, si lo que afirma el AT se cumple en el NT; y lo se cumplió en el NT es lo predicho en el AT, escrito así:

AT↔ NT ≡ (AT→ NT) ∧ (NT→ AT)

Diagrama de la equivalencia A↔B:

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Imagen tomada de Wikipedia.

A es AT, B es NT, la intersección, rojo entre los círculos blancos es la semana de Pascua, de domingo de ramos a domingo de resurrección.

Si cristo no resucitó, vana es nuestra esperanza.

Podemos hacer notar algunas equivalencias entre el AT y el NT:

-Paso del mar rojo, nacimiento de la Nación de Israel – Nuevo nacimiento del creyente

-Éxodo hacia la tierra prometida – Recorrido de la Iglesia hacia la Nueva Jerusalén

-Sacrificio del cordero por la expiación del pueblo – Sacrificio de Cristo en la cruz, para redención de todo el que en Él cree.

-Pascua hebrea – Muerte de Cristo en la cruz, y rito de la Cena del Señor

Pentecostés, fiesta de las primicias – Advenimiento del Espíritu santo, primicia que determina el nacimiento de la Iglesia

Templo de Jerusalén – Cuerpo del creyente, donde mora el Espíritu Santo

Lámpara de siete candeleros – La Iglesia iluminando al mundo

-Fiesta de los panes sin levadura – Purificación del creyente y de la Iglesia de la levadura del pecado

Entre otras muchas equivalencias.

Por tal motivo considero un grave error el que el emperador Constantino, apoyado por la iglesia imperial romana, decidieran en el Concilio de Nicea, cambiar las fechas de las celebraciones establecidas en el Pentateuco, para ajustarlas a celebraciones paganas, en las que los romanos conmemoraban sus deidades. De ese modo trastocaron la equivalencia cronológica, pues por ejemplo el 25 de diciembre se establece como día para conmemorar el nacimiento de Jesucristo, pero aquel día se celebraba el nacimiento del dios sol; una equivalencia blasfema, inaceptable.

Pero la cristiandad en general acoge aquellas fechas para recordar eventos narrados en la Sagrada Escrituras, muchas de las cuales no corresponden a las establecidas en el Antiguo Testamento; sin embargo tal circunstancia es irrelevante ya que nosotros no celebramos cumpleaños, aniversarios o efemérides; sino la realidad de la ocurrencia de los hechos narrados en el Sagrado Libro.

Por ejemplo, Pentecostés, fiesta poco celebrada en el mundo evangélico, de gran trascendencia en el Nuevo Testamento de acuerdo a Hechos capítulo dos, se celebra en fecha del calendario gregoriano que no corresponde a la festividad bíblica que es 50 días después de la Pascua.

Como sabemos la pascua se celebra el 14 de nisán, de acuerdo al  calendario hebreo; y ese día este año 2018 corresponde en el calendario gregoriano al venidero 30 de este mes de marzo, día viernes. Pentecostés se celebra 50 días después de la Pascua, por lo tanto corresponde al día 20 de mayo de 2018.

La celebración establecida por la Iglesia Católica tiene una inconsistencia bíblica, ya que pentecostés se celebra 50 días después de la Pascua hebrea, 14 de nisán, de conformidad con Éxodo 12, como reseñamos antes; sin embargo los católicos cuentan a partir del domingo de resurrección, para hacerlo coincidir con la verdadera fecha de pentecostés del calendario judío, un invento producto del Concilio de Nicea.

Insistimos esto no tiene relevancia, ni afecta la doctrina bíblica tocante a la equivalencia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.

Lo importante es que un día del primer siglo de la era cristiana Resucita Jesucristo, después de haber sido sacrificado en la cruz, y este hecho sí que es vital, pues es el fundamento de nuestra fe, y la esencia del testimonio de los discípulos durante el primer siglo: Jesucristo resucitó.

Gloria a Dios. Proclamamos esta realidad, esperando su Segunda venida.

Fuente:

Biblia: Versión RVR60, tomada de http://www.biblegateway.org

Datos: Wikipedia, Imágenes: Google

Notas personales

DONALD TRUMP, LAS PROFECIAS Y EL RAPTO

Lo que sucede políticamente en los Estados Unidos siempre ha suscitado grandes expectativas a nivel mundial. El hecho de ser una potencia concentra atención internacionalmente.

Por ello el triunfo de Trump, su investidura como Presidente, tanto como sus declaraciones han generado un sinfín de apreciaciones, incluso en el ámbito teológico ya que han surgido algunos predicadores asociando aquellos eventos como señales de la Segunda Venida de Jesucristo.

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En las redes sociales y en Internet circulan mensajes y disertaciones en las que se pregona que es inminente la restauración de Israel, la aparición del Anticristo, el auge del Imperio Mundial y su asociación con la Gran Ramera, así como el advenimiento del Milenio, y el Rapto de la Iglesia.

La asociación entre Trumpo el Rapto de la Iglesia y la inminencia del milenio, en algunos causa asombro, temor en otros. El tema del rapto y del milenio merecen capítulo aparte, sin embargo hagamos algunas consideraciones.

Primero sobre el rapto. En los libros de teología se dice una cosa sobre este tema, en la Biblia otra muy distinta.

Lo que dicen los libros: No hay acuerdo cuando será el rapto. Hay una variedad de interpretaciones, algunas contradicen a las otras. No hay espacio para describir las variadas creencias sobre el rapto. Lo que si afirmo es que una de ellas es correcta, las demás erradas.

Que dice la Biblia sobre el rapto:

En Apocalipsis no aparece la palabra rapto, ni un evento que se le parezca según las reglas de interpretación. Lo más parecido a un “rapto” es el llamado que se le hace a “los dos testigos” para ascender al cielo, Apocalipsis 11:12; o el que se le hace a Juan para presenciar “el día del Señor, Apocalipsis 4:1. Aparte de esos hechos no hay otros similares para asociarles a un “rapto”.

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¿Dónde nace el concepto de “rapto”? De los escritos de Pablo, concretamente en 1 Tesalonicenses 4:16-17:

16 Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. 17 Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

Observa la secuencia:

Primero: El Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo,

Segundo: Los muertos en Cristo resucitarán primero,

Tercero: Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire,

Cuarto: Y así estaremos siempre con el Señor.

¿Cuándo es el arrebatamiento o rapto? Después que Cristo venga.

¿Qué dice Cristo al respecto? Leamos Mateo 24:30-31.

30 Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. 31 Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.

Observa:

Primero: El Hijo del Hombre (Jesucristo) viene sobre las nubes,

Segundo: Se envía a los ángeles al sonido de la trompeta,

Tercero: Los ángeles juntan a los escogidos de cualquier lugar del mundo.

En palabras de Jesucristo “juntar” equivale a “arrebatar”. Y son los ángeles encargados de reunir a los escogidos.

Esta idea se repite en Mateo 25:31-32 al referirse al juicio final. En este texto se reitera que Jesucristo viene primero y luego “apartará” a las ovejas de los cabritos.

Pablo lo que hace es describir la secuencia que Cristo establece, usando sus propias palabras. Entonces Pablo usa el término “arrebatar”, en lugar de “juntar”, o “apartar” que Jesucristo utiliza en sus explicaciones sobre el tiempo del fin. Así pues arrebatar, juntar o apartar se refieren al mismo hecho que ocurrirá después de la Segunda Venida de Cristo.

Eso es lo que la Escritura afirma sobre el “rapto”, los libros de teología ofrecen una variedad de interpretaciones, en las que unas contradicen a otras. Cualquiera es libre de adoptar una posición, más las cosas ocurrirán como afirma la Escritura y no como quieren los grandes teólogos.

Si tienes tiempo y ganas, sigamos con el Milenio.

La expresión “milenio” o “reino milenial” no aparece en la Biblia. Tan solo se menciona una vez en la Escritura la realidad de un período de mil años, es en Apocalipsis 20:1-3. Sin embargo es en el verso cuatro de donde se extrae la idea de un reino milenial. Leamos el texto:

4 Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Apocalipsis 20:4.

Analicemos el texto:

Primero: Vi tronos,

Segundo: Se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar,

Tercero: Vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos,

Cuarto: Vivieron y reinaron con Cristo mil años.

Interpretación:

Primero: Vi tronos, ¿Qué significa? En Apocalipsis la palabra “trono” aparece 36 veces (versión RVR60), de las cuales solo tres se refieren a tronos relacionados con Satanás o la Bestia (2:13, 13:2, 16:10), el resto, 33 veces, cada vez que se usa la palabra “trono”, éste se encuentra en el Cielo, no en la tierra. Ya esto es una clave de interpretación.

Segundo: Se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar. ¿Quién o quienes juzgarán a los hombres? Aun cuando en algunos textos se menciona que los cristianos van a juzgar, la Biblia afirma categóricamente cuando y quien juzga a los hombres: El hombre es juzgado mientras vive, Juan 3:18; ¿Quién le juzga? La Palabra de Cristo, Juan 12:18. ¿Qué ocurrirá el día del Juicio Final? No hay juicio como tal, solo se dicta la sentencia, Apocalipsis 20:11-15.

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¿Tienen los creyentes facultad de juzgar? Los creyentes en la medida que confrontan a la humanidad con la Palabra propician el juicio, pues cada uno acepta o rechaza a Jesucristo. Esto define el destino del hombre.

Tercero: Vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús… ¿A dónde van las almas de los seguidores de Jesús cuando mueren? Desde Génesis 25:7 cada vez que se menciona la muerte de un justo se afirma que es reunido con su pueblo, es decir en el cielo. Jesús mismo luego de resucitar “asciende al cielo”.

Cuarto: Vivieron y reinaron con Cristo mil años. ¿Qué significa? Observa que se afirma “vivieron” porque mueren en la tierra decapitados pero viven en el cielo. Es un mensaje de consuelo y esperanza para quienes padecen tribulaciones en la tierra: “NO van a morir” aunque sean martirizados.

Reinaron con Cristo mil años, ¿Cómo interpretar estas palabras? Que quienes mueren reinan en el cielo con Cristo eternamente. ¿Cómo llegar a esta interpretación? Si fuese un reinado en la tierra el autor habría escrito: “resucitaron y reinaron con Cristo mil años”. Se resucita en la tierra, no en el cielo. Al cielo se va “arrebatado”, “llamado”, “transportado”.

¿Por qué afirmar que no es mil años sino eternamente? Porque el reino mesiánico tal como se prometió a David es eterno, 2 Samuel 7:12-17, en esta promesa se refiere en primer lugar a su hijo Salomón como heredero del trono, pero también al reinado eterno del Mesías, descendiente de David. Por otro lado Jesús estableció en la tierra el reinado que ya poseía “desde el principio”, Marcos 1:14-15. Cuando Jesús regrese no va a establecer un reino en la tierra, lo va a consumar en “cielo nuevo y tierra nueva”.

¿Qué significa mil años? Es una cifra simbólica para identificar un número infinito. Mil es tres veces diez, y el número diez se refiere a algo completo humanamente hablando. Entonces 10x10x10 significa algo infinito. Como cuando Jesús dijo que hay que perdonar setenta veces siete (10x7x7), infinitas veces. Jesús usa dos cifras simbólicas el diez y el siete.

¿Qué significa el reinado de Cristo de mil años con los mártires) Se refiere a su reinado eterno. El reina desde antes de la fundación del mundo.

El milenio, tal y como se enseña en los libros de teología,  es una interpretación de algunos eruditos que reproducen la esperanza de los judíos de la venida del Mesías libertador para restablecer la Monarquía Hebrea con un sucesor de David en el trono. Pero aquello no sucederá ya que el Mesías vino y “los suyos no le recibieron…”, Juan 1:11.

Por otro lado Jesús ya reina y gobierna desde el Cielo, y rige nuestras vidas con su Palabra. En realidad estamos viviendo el milenio que corre hasta su Segunda Venida, momento en que “consumara el reino”.

Estos temas los trato en mi libro Misterios Revelados del Apocalipsis, pronto a aparecer.

Volviendo al tema de los predicadores y su asociación de las últimas cosas con la presidencia de Donald Trump, es conveniente significar cuanto sigue.

Cuando oyes aquellas predicaciones proféticas y lees los pronunciamientos de tales predicadores, se aprecia que poseen un profundo conocimiento de los planteamientos de los grandes teólogos que en el pasado hicieron sus interpretaciones de lo que propusieron los padres de la Iglesia acerca de los tiempos del fin; y poca exegesis y hermenéutica bíblicas.

La idea de un reino milenial es ancestral. Ya en el Segundo Siglo de nuestra era se hablaba de tal doctrina. Justino Mártir, uno de los padres de la Iglesia, a mediados del segundo siglo escribió: 

Hubo un cierto hombre con nosotros, cuyo nombre era Juan, uno de los apóstoles de Cristo, quien profetizó, con una revelación que le fue dada, que los que creyeron en nuestro Cristo morarían mil años en Jerusalén; y que de allí en adelante tendría lugar la resurrección general y eterna y el juicio final de todos los hombres. Cita que se lee en “Dialogo con Trifón”.  Capítulo 81.

Justino añadió algo de su cosecha, o repitió lo que alguien añadió a Apocalipsis 20:4: que los creyentes en Cristo morarían mil años “en Jerusalén”. Ciudad que no se menciona en el texto de Apocalipsis, pero es una esperanza de los judíos y de muchos cristianos.

Es decir los predicadores del presente fundamentan su teología en lo que dicen otros teólogos en sus libros, y no van a los escritos sagrados. Es lo que se denomina teología libresca, la cual lo que hace es repetir lo que algún erudito dijo; y como aquel erudito hace muchas referencias en sus escritos a otros autores se cree que posee autoridad. La debilidad de este método de hacer teología es que si aquel erudito erró en su interpretación, los subsiguientes que se fundamentan en sus ponencias repiten el error porque no van a la Biblia.

El verdadero teólogo va primero a la fuente, se entrevista con el autor, Dios; y luego acude a la Biblia que es la revelación dada por el Autor. Es el método de Moisés, primero tiene un encuentro personal con Dios, luego oye lo que Dios le instruye que posteriormente plasma en un escrito.

Además de la teología libresca, hay otra metodología al tratar los temas escatológicos. La denomino escritores de bibliaficción porque plantean acontecimientos que trascienden la lógica bíblica y la razón humana.

Temas como “los dos testigos”, “el anticristo”, “la gran ramera”, “el rapto”, y “el milenio”, el “seis seiscientos sesenta y seis” son tratados como las grandes producciones cinematográficas de ciencia ficción, impregnada además con la mitología griega.

Y lo más grave es que se deja correr la idea de que algunos libros de revelaciones son difíciles de interpretar; o se les da un tono de obras terroríficas que alejan al creyente de un estudio sistemático de aquella preciosa y fascinante literatura.

No estoy negando el valor de los libros, ni de los aportes de los grandes hombres de Dios que hicieron interpretaciones enmarcadas en su momento histórico, en su realidad; que por cierto es muy diferente a la nuestra. De aquellos grandes escritores he obtenido confirmación de que mi interpretación de cierto texto es correcta, porque primero voy al texto luego a los libros; otras veces he descubierto errores de interpretación en algunos autores. En ambos casos hay una satisfacción íntima de encontrarte personalmente con la verdad.

¿Qué viene a tu mente cuando lees que Jesús vivió en Palestina? ¿Qué piensas cuando alguien afirma que luego de la ascensión de Jesús los Apóstoles practicaban el judaísmo? ¿Cómo recibes aquello de que moisés fue judío?

Con todo respeto y consideración les digo: “Erráis ignorando las escrituras…”

Es tiempo de volver a la Biblia para hacer teología y ponerla en practica, fundamentalmente.

Fuente:

  • Misterio Revelados del Apocalipsis,
  • Conceptos y datos históricos: Wikipedia,
  • Biblia: Versión RVR60, tomada de http://www.biblegateway.org,
  • Imágenes: Google.

UN MILAGRO EN EL QUIRÓFANO

Quien ha estado en un quirófano, o en consulta médica, sabe de las intensas emociones que se siente. Allí convergen la ciencia, la técnica, la tecnología, y la fe para obrar el milagro de la recuperación de la salud.

Los médicos, tanto como quienes han estado gravemente enfermos, y han sido sanados, saben que hay momentos en el curso de la enfermedad en que la ciencia, la medicina, el conocimiento, la tecnología llegan a un límite; después del cual se depende de “un milagro”. Milagro que como asumimos quienes profesamos la doctrina cristiana, sabemos que depende de la fe en Jesucristo, y su poder para sanar.

Como narra la Sagrada Escritura, ayer, el Señor Jesucristo exclamaba “levántate”, y el enfermo de parálisis era sanado; o tocando al enfermo, expresaba “Quiero, sé limpio”’, y el leproso quedaba completamente sano; de muchas formas Jesucristo sanó a enfermos. El Nuevo Testamento refiere las múltiples sanidades de enfermedades incurables, que fueron posibles gracias a la fe de los enfermos y del poder del Señor.

Un caso notable lo narra Juan en el capítulo ocho de su evangelio; refiere el escritor el caso de un hombre ciego de nacimiento, al cual sanó de una manera poco convencional: “escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: Vé a lavarte en el estanque de Siloé. Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo.”

Tal vez con esta acción, Jesús quiso sugerir la importancia de las medicinas en el proceso de restablecimiento de la salud. Untar con lodo la parte afectada, lavarse con agua fresca, nos insinúa el elemento físico de la sanidad; que aunado al elemento espiritual, el poder de Jesús para sanar, obran el milagro de sanidad.

Hoy el cirujano en el quirófano, acompañado de su equipo asistente; tanto como el médico especialista en su consultorio; ministran para prevenir, tratar, y curar las enfermedades; al igual que Jesucristo en su ministerio terrenal.

Independientemente de sus convicciones religiosas, son instrumentos de Dios para obrar en la sanidad de sus pacientes. Y siempre, en el consultorio, o el quirófano, el Señor está presente, atento a las Plegarias de Sus Hijos.

Quienes han optado por dedicarse a una de las disciplinas de las Ciencias de la Salud, operan en un campo donde la fe es crucial. Su pericia, conocimientos, técnica, sensibilidad humana y fe, se unen para propiciar uno de los bienes más preciados del hombre, la salud.

Un médico, en su desarrollo personal, científico, y profesional, necesita incluir la fe, como un valor agregado, para que un ministerio fructífero.

Damos gracias al Padre por todos los hombres y mujeres que han optado por las Ciencias de la Salud; su invalorable trabajo nos mantiene vitales. Les bendecimos.

Imagen tomada de Imágenes Google