Archivo de la etiqueta: milagros

SEÑOR, ABRE LOS OJOS DE LOS VENEZOLANOS PARA QUE VEAN

El hombre esta aterrado, lo que observa le produce  una mezcla de temor, impotencia y espanto; en su cuerpo se manifestaban aquellas emociones con los familiares síntomas, siente que aumenta la presión arterial, su sangre fluye hacia los músculos mayores, especialmente a las extremidades inferiores, se prepara para huir; el corazón bombea sangre a gran velocidad para llevar hormonas a las células, la adrenalina hace su trabajo. Se agrandan sus ojos, dilata la pupila, arruga su frente, tensa los labios y levemente tiemblan sus manos.

Lo que produce terror a aquel hombre es verse rodeado de un poderoso ejército enemigo, constituido de un destacamento de caballería, carros de combate, y mucha infantería, que llegaron de noche.  Ante aquel panorama, y producto del natural mecanismo de defensa, gira hacia su maestro en busca de apoyo, y exclama: “Y ahora, maestro, ¿qué vamos a hacer?”

Desde el interior de la casa, el maestro con voz pausada y firme le responde:

“No tengas miedo, porque son más los que están con nosotros que los que están con ellos.”

Una vez que el maestro transmite seguridad a su siervo, eleva una plegaria:

“Te ruego, Señor, que abras sus ojos, para que vea.

El Señor abrió entonces los ojos del criado, y éste vio que la montaña estaba llena de caballería y de carros de fuego alrededor del maestro. Se trata del siervo del profeta Eliseo al verse rodeado por el ejército sirio en Dotan, como refiere 2 Reyes 6:1-23.

De este interesante relato extraído de la Palabra de Dios, podemos obtener algunas conclusiones y aplicaciones a propósito de la actual situación por la que atraviesa Venezuela.

La mayor parte de la población venezolana se encuentra en igualdad de condiciones que el siervo del profeta Eliseo. Se siente rodeada, amenazada, impotente, sin salida; observa los personajes que le tienen sitiada, y conoce que detrás de ese “ejercito”, está un poder temible. En el caso del relato, el ejército sirio era temible, porque no era solo la caballería, los carros de combate y la infantería que estaba a la puerta, sino la potencia Siria.  

Desde la perspectiva del siervo, sin salida.

Otra es la perspectiva del hombre de Dios.

En las palabras del profeta se nota la fe de una persona que conoce a Dios en persona, que sabe quién es, y lo que es capaz de hacer; no por testimonio de sus familiares y amigos, ni por haber leído sobre El en las Sagradas Escrituras, ni estudiado en tratados de teología. Su confianza en Dios viene de haber caminado con Él y haber sido instrumento, medio de gracia, para mostrar ese poder.

Eliseo guarda en su mente el recuerdo vivo de que hace poco tiempo vio a Dios haciendo lo “imposible” para la mente humana, racional, objetiva.

Vio flota un hacha desde las profundidades del rio Jordán, contraviniendo las leyes de la física; percibió la sanidad de la lepra que afectaba a Naamán el sirio; fue testigo de cómo una mujer estéril puede concebir un hijo, por la gracia divina, y posteriormente ver como ese muchacho es resucitado luego de haber muerto en el regazo de la madre. Puedes leer estos relatos en los textos que anteceden la historia de Eliseo y el ejército sirio en el capítulo seis del libro Segundo de Reyes.

El profeta vio aquellos milagros propiciados por Dios, lo notable en toda la historia es que Eliseo es el instrumento de Dios para la ejecución de aquellos milagros. Él en persona, Eliseo, cortó un palo e hizo flotar el hacha, léelo en 2 Reyes 6:1-7. Todos los avances relacionados con la atracción de la gravedad sobre los objetos, las leyes de Newton, y demás conocimientos acerca de esta materia fueron violados por este hombre de Dios al atraer aquel cuerpo metálico con un trozo de madera.

Por ese motivo, cuando el atribulado siervo a las puertas de su casa ve al poderoso enemigo que viene en busca de su maestro, el profeta se asoma y ve al ejército rodeándole, pero ve algo más, algo que solo un hombre de fe puede ver. Por eso el profeta se dirige a Dios y ora: “Abre sus ojos para que vea”, lo que el temor y la falta de conocimiento de Dios le impedía ver:

Inmediatamente Dios responde al profeta, y esto es lo que sucede:

“El Señor abrió entonces los ojos del criado, y éste vio que la montaña estaba llena de caballería y de carros de fuego alrededor de Eliseo.”

Cuando uno lee las cadenas que circulan en los medios cristianos,  escucha las plegarias en las reuniones de oración, y lee los “muros” y titulares en las redes sociales, es fácil entender que el pueblo cristiano no está viendo lo que los hombres de Dios están mirando.

Quienes hemos visto el poder de Dios, hemos comprobado que una oración de fe cura una enfermedad “incurable”, que Dios provee y multiplica el “aceite y la harina”, y hemos experimentado en carne propia lo que es el poder de Dios, quienes hemos visto “flotar el hacha” de las profundidades insondables; estamos viendo que Venezuela está rodeada de la “caballería y los carros de fuego” del ejercito del Dios de Israel, listo para entrar en batalla y poner el orden en este caos que vivimos.

Hay que entender, y eso tener bien claro cristiano venezolano:

“No tengas miedo, porque son más los que están con nosotros que los que están con ellos.”

Ahora, cristiano venezolano, tienes que ordenar tu vida para que “veas”. Dios no te va a mostrar su poder, y manifestarte sus propósitos a menos que hagas los ajustes, que tú sabes que tienes que hacer; y si no tienes conciencia de cuáles son, pide que te sean revelado, o busca en la Palabra.

En Moisés tienes un buen modelo. Se encontró con Dios en el desierto, y comenzó a “caminar con Él, a creerle, y a dejar que le utilizara. En su travesía por el desierto tuvo un encuentro cumbre con Dios, en la cima del Monte Sinaí, donde le revela su gloria y magnificencia.

Luego del encuentro personal con Dios, las cosas comenzaron a cambiar para Moisés, para el Faraón, y para el pueblo de Israel. Cuando esto ocurra en Venezuela, las cosas comenzarán a cambiar también.

Tu dirás, eso es algo que está en la Biblia y es característico de los hombres de Dios en la antiguedad; la Biblia dice:

“Si puedes creer, al que cree todo le es posible. Marcos 9:23.

“La oración fervorosa del justo tiene mucho poder. 17 El profeta Elías era un hombre como nosotros, y cuando oró con fervor pidiendo que no lloviera, dejó de llover sobre la tierra durante tres años y medio. 18 Después, cuando oró otra vez, volvió a llover, y la tierra dio su cosecha.” Santiago 16b-18.

Dejo contigo las palabras de Dios dirigidas a Josué, sucesor de Moisés:

“7 Lo único que te pido es que tengas mucho valor y firmeza, y que cumplas toda la ley que mi siervo Moisés te dio. Cúmplela al pie de la letra para que te vaya bien en todo lo que hagas. 8 Repite siempre lo que dice el libro de la ley de Dios, y medita en él de día y de noche, para que hagas siempre lo que éste ordena. Así todo lo que hagas te saldrá bien. 9 Yo soy quien te manda que tengas valor y firmeza. No tengas miedo ni te desanimes porque yo, tu Señor y Dios, estaré contigo dondequiera que vayas.” Josué 1:7-9.

La petición a Dios sigue vigente, “abre los ojos de los cristianos venezolanos, y del mundo, para que vean”.

Dios bendiga a Venezuela.

Fuente:

TRES MUJERES DE FE

Hay momentos críticos en la vida, circunstancias dificile e inesperadas, complicando aquellas situaciones a veces no contamos con recursos para enfrentarlas y superarlas. ¿Qué hacer ante tales eventualidades? Tenemos una variedad de reacciones que ponemos en marcha, algunas a veces complican los problemas.

Vamos a considerar en este escrito una estrategia para cuando las cosas vayan mal y no encontremos salida, no es novedosa, pero sí muy poderosa cuando se parctica, se trata de la fe; y lo haremos con las experiencias de  Tres Mujeres de Fe, tal y como se relataran en la Biblia.

Encontramos los relatos de estas tres mujeres en los siguientes textos de la Biblia:

1 Reyes 17: 8-24. LA VIUDA DE SAREPTA

2 Reyes 4: 1-7. EL ACEITE DE LA VIUDA

2 Reyes 4: 8 – 17. LA MUJER SUNAMITA

La lectura de los mismos nos permite concluir que poseen elementos comunes:

Tres mujeres en situación de crisis,

Fe en la intervención Divina,

Presencia de un profeta, siervo de Dios,

Respuesta milagrosa,

La gracia de Dios, manifiesta en diversas formas

Dos de las mujeres son viudas, la otra “importante”, según el autor del relato.

Observemos desde tres ángulos la manifestación del amor, la gracia y la provisión de Dios.

Cuando Llegamos al Límite, 1ro de Reyes 17: 8-24. LA VIUDA DE SAREPTA:

Observemos el relato,

Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo:Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente.10 Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba.11 Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano.12 Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir.13 Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo. 14 Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra.15 Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días.16 Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías.

 ¿Te has sentido solo, sin alguien que le ayude en ese momento de crisis?

¿Alguna vez has estado en una situación en la que crees que no hay salida?

¿Has llegado al momento en que ves impotente como se te agotan los recursos?

¿Preparaste la última porción de alimento, sabiendo que no dispones de medios para adquirir otros?

O, ¿Te acostaste alguna vez sin saber que comerían tus hijos el día siguiente?

No eres la única persona en tales circunstancias, por lo tanto ya sabes entonces como se sentiría la viuda de sarepta.

Visualiza la escena: El profeta, enviado a ella por Dios, le pide comida, la respuesta es significativa, desgarradora:

El Profeta pide: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano. Ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo…para que lo comamos, y nos dejemos morir.

Desesperación, impotencia, angustia. Estas tres emociones están acabando con la vida de muchos en este mundo hoy día; y mantienen paralizados a otros.

Impotencia, desgano de vivir, desmotivación, falta de apetito, ganas de quedarse en la cama, sin ánimo para nada. Sin embargo, en esta alma atribulada había un rayito de esperanza, aun cuando no era consciente de ello. “Vive Jehová tu Dios…” le dijo al profeta. No era judía, del pueblo de Dios, era gentil, vivía en Sarepta de Sidón, una ciudad fenicia, cercana a Tiro; más Dios previamente se le había revelado, para darle instrucciones de alimentar al profeta. El asunto es que ella no sabia como.

El escritor narra:

Vino luego a él (al profeta Elías) palabra de Jehová, diciendo: Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente.

Ella tiene un encuentro personal con Dios, experiencia que transforma su vida.

Veamos la provisión de Dios:

Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra. Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días.

Observa como la viuda obedecie la instrucción del profeta. Prepara comida para ella y su hijo; más primero la del profeta. Seguidamente ve como en aquella tinaja de harina y en la vasija de aceite se produce el milagro de la provisión de pan, hasta que lloviese. Recuerda la expresión: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”. Así pues, cada día, de la tinaja de harina, y de la vasija de aceite; extraía el sustento divino. El maná diario.

Esta experiencia sucede hoy  en la vida de muchos hijos de Dios que carecen del sustento para cada día; y aun entre quienes no conocen a Dios. Es un asunto de fe. ¿Cuando hemos visto caer desde el cielo un paquete de harina de maíz precocida? Muchos,  en esta ciudad, y en el mundo en general han visto llegar a sus casas una “Cesta de amor” contentiva del maná para ese día, provisto por una persona o institución, que son instrumentos de Dios.

Te invito que compartas: un paquete de harina, un litro de aceite, un de arroz, o un kilo de amor. O algún otro alimento; para que Dios alimente al menos por un día a una familia.

Veamos el otro ángulo:

Cuando se Agotan los Recursos, 2do Reyes 4: 1-7. EL ACEITE DE LA VIUDA:

Visualicemos la escena:

1 Una mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido ha muerto; y tú sabes que tu siervo era temeroso de Jehová; y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos.Y Eliseo le dijo: ¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa. Y ella dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite.El le dijo: Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas.Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte.Y se fue la mujer, y cerró la puerta encerrándose ella y sus hijos; y ellos le traían las vasijas, y ella echaba del aceite.Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces cesó el aceite.Vino ella luego, y lo contó al varón de Dios, el cual dijo: Ve y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos vivid de lo que quede.

¿Has llegado al punto en que vas al cajero automático y la maquina te informa que no puede procesar la operación, porque tu cuenta no dispone de fondos?

O, solicitado un crédito y te es negado porque tus cuentas presentas saldos muy bajos.

Llegar a la quincena, y no cobrar, porque estas desempleado.

En esto tampoco eres el único. La viuda de un hijo de profeta, vivió semejante experiencia.

Una mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido ha muerto; y tú sabes que tu siervo era temeroso de Jehová; y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos.

Como apreciamos, en este caso el problema es financiero. Su esposo ha muerto y como herencia le deja la casa hipotecada. Vino el acreedor, y como ella no tenia como pagar; en lugar de quitarle la casa, lo cual estaba prohibido legalmente, como hoy igualmente lo esta; entonces, para cobrar la deuda, se iba a llevar a sus dos hijos.

Un doble problema:

Perder dos hijos de sus entrañas, las madres saben lo que ello significa,

Y, perder mano de obra. Los hijos eran trabajadores en las tareas domesticas, agrícolas, o pecuarias.

Temor, enojo, impotencia, ansiedad, afán; son las emociones de esta atribulada mujer. En su desesperación acude a Dios, a través del profeta.

Observen el argumento de la mujer: Tu siervo, mi marido muerto, era temeroso de Jehová; por eso acudo a ti, que también soy temerosa de Jehová. Como en el caso de la Viuda de Sarepta, la solución es milagrosa. El aceite copa la escena. El aceite en la Biblia se relaciona con el Espíritu Santo; y es utilizado para ungir a los siervos de Dios; como ungüento, o como antiséptico. El Salmo 23: “Unges mi cabeza con aceite…”

El profeta le indica una operación aparentemente absurda. Buscar muchas vasijas, la mayor cantidad que pudiera encontrar. Luego encerrarse en casa y llenar las vasijas con el poco aceite que tenía guardado.

El le dijo: Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas. Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte. Y se fue la mujer, y cerró la puerta encerrándose ella y sus hijos; y ellos le traían las vasijas, y ella echaba del aceite. Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces cesó el aceite.

La mujer, como la anterior,  obedecie la instrucción, por absurda que parezca. El resultado no se hizo esperar, obtuvo la cantidad de aceite necesario para pagar la hipoteca, y sostenerles el resto de sus vidas.

¿Esta usted atrapado en una situación en la que aparentemente no hay salida? Este es el momento de buscar a Dios.

Finalmente veamos el último ángulo de la provisión de Dios.

Una mujer “importante”, que lo tenía todo, menos lo que deseaba, 2do Reyes 4: 8 – 17. LA MUJER SUNAMITA

Leamos el relato:

Aconteció también que un día pasaba Eliseo por Sunem; y había allí una mujer importante, que le invitaba insistentemente a que comiese; y cuando él pasaba por allí, venía a la casa de ella a comer.Y ella dijo a su marido: He aquí ahora, yo entiendo que éste que siempre pasa por nuestra casa, es varón santo de Dios.10 Yo te ruego que hagamos un pequeño aposento de paredes, y pongamos allí cama, mesa, silla y candelero, para que cuando él viniere a nosotros, se quede en él.11 Y aconteció que un día vino él por allí, y se quedó en aquel aposento, y allí durmió. Entonces dijo a Giezi su criado: Llama a esta sunamita. Y cuando la llamó, vino ella delante de él. 13 Dijo él entonces a Giezi: Dile: He aquí tú has estado solícita por nosotros con todo este esmero; ¿qué quieres que haga por ti? ¿Necesitas que hable por ti al rey, o al general del ejército? Y ella respondió: Yo habito en medio de mi pueblo.14 Y él dijo: ¿Qué, pues, haremos por ella? Y Giezi respondió: He aquí que ella no tiene hijo, y su marido es viejo.15 Dijo entonces: Llámala. Y él la llamó, y ella se paró a la puerta.16 Y él le dijo: El año que viene, por este tiempo, abrazarás un hijo. Y ella dijo: No, señor mío, varón de Dios, no hagas burla de tu sierva.17 Mas la mujer concibió, y dio a luz un hijo el año siguiente, en el tiempo que Eliseo le había dicho.

En este caso el escenario es distinto. Se trata de una mujer acomodada. El escritor la describe como una mujer “importante”. Por el contexto nos damos cuenta de que no tenía necesidades, como las anteriores. Tenía marido, casa, alimento, y posibilidades hasta para construirle un apartamento al profeta; seguramente criados, y bienes materiales en general. Nada necesitaba. Al punto de que el profeta le pregunta si quiere que haga algo por ella; más su respuesta da a entender que lo tenía todo.

Más no era completamente feliz. Su problema es que no tenía hijos.

Y aconteció que un día vino él por allí, y se quedó en aquel aposento, y allí durmió. Entonces dijo a Giezi su criado: Llama a esta sunamita. Y cuando la llamó, vino ella delante de él. Dijo él entonces a Giezi: Dile: He aquí tú has estado solícita por nosotros con todo este esmero; ¿qué quieres que haga por ti? ¿Necesitas que hable por ti al rey, o al general del ejército? Y ella respondió: Yo habito en medio de mi pueblo. Y él dijo: ¿Qué, pues, haremos por ella? Y Giezi respondió: He aquí que ella no tiene hijo, y su marido es viejo.

Hay personas que lo tienen todo, mas esas posesiones no conceden la felicidad. Dan confort, comodidad, pero no la felicidad. Es el caso de la sunamita. Lo tenia todo, tanto que no era necesario pedirla a nadie, ni siquiera al Rey. Más carecía de algo. El profeta habla con su criado, y este le revela una necesidad: No tiene hijos. Y añade un probable diagnóstico, su esposo es viejo. El profeta, como un gesto de cortesía, inspirado posiblemente por Dios, llama a la mujer para darle una buena noticia: La promesa de un hijo.

Dijo entonces: Llámala. Y él la llamó, y ella se paró a la puerta. Y él le dijo: El año que viene, por este tiempo, abrazarás un hijo. Y ella dijo: No, señor mío, varón de Dios, no hagas burla de tu sierva. Mas la mujer concibió, y dio a luz un hijo el año siguiente, en el tiempo que Eliseo le había dicho.

La mujer, conocedora de su situación, no cree la promesa. Más la promesa se cumple, porque depende no de la expectativa de la mujer, sino de la gracia de Dios.

Observen este caso es diferente. La mujer no pide nada para si; es el profeta, quien en un gesto de gracia, amor y solidaridad promete el hijo. Aquí se cumple la expresión: “El que siembra abundantemente, abundantemente cosechará”

La mujer, como un gesto de respeto, devoción, de fe hacia Dios; atiende al profeta. Es decir, ella sirvió a Dios por intermedio del profeta.

Recuerdan la expresión: “Por cuanto lo hicisteis a uno de mis hermanos más pequeños, a mi lo hicisteis…”

Finalmente:

¿Tal vez sientes que has llegado al límite y no ves salida inmediata?

O, ¿Crees que se te agotaron los recursos y no puedes resolver tu vida?

O, ¿Tal vez tienes todo lo que has deseado en la vida, más aun falta algo para completar tu felicidad?

 

Te invito a que como estas tres mujeres, busca respuesta en quien solo puede darla. En Dios, nuestro Padre Celestial…

“Alzaré mis ojos a los montes, de donde vendrá mi socorro; Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la Tierra…” Salmo 121.

Acude a Él y presenta tu necesidad.

O ve a un siervo de Dios, el intercederá en tu favor.

Fuente: