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CAUSAS Y RESPONSABLES DEL ACCIDENTE EN BARAJAS

Existen maquinas desarrolladas por el hombre que han alcanzado un alto nivel de perfección.

Cuando de relojes se trata, de inmediato viene a la mente la marca Rolex, que por mucho tiempo ha sido considerada como sinónimo de calidad, excelencia, y precisión. Si una persona quiere significar que algo  funciona con un máximo de precisión,  dice que funciona como un Rolex.

Algo semejante ocurre cuando nos referimos a un automóvil. La marca Rolls Royce, por mucho tiempo ostentó la fama de ser un vehículo excepcional. En la actualidad varios fabricantes compiten para alcanzar ese nivel de aceptación: ser considerado como la mejor marca.

Un automóvil de la Fórmula Uno, utiliza la última tecnología disponible en los campos de la aerodinámica y de la mecánica. Se espera de un bólido que se desplace a velocidades superiores a 350 kilómetros por hora, que se desempeñe a la perfección. De ahí que las escuderías que compiten en tal categoría se esmeran en que sus monoplazas sean de los mejores, sin fallas, ni imperfecciones. Es que de ello depende, no solo la victoria, sino la vida del piloto.

Igual ocurre con cualquier otro dispositivo mecánico inventado por el hombre. La tendencia es alcanzar un alto nivel de perfección. Hace unos años se introdujo el lema de calidad y excelencia, cuando de productos se trata.

Su computadora, por ejemplo, es desechada generalmente por obsoleta; no por mal funcionamiento. Es posible que en su casa tenga todavía un “toca discos”. La marca RCA Víctor fue famosa; pues bien, es probable que tras cuarenta años de uso, el aparato aun funcione y deje oír su música, como en los mejores tiempos.

Si usted transita por una autopista y se le avería el automóvil; probablemente monte en cólera, y llegue tarde a la cita, de ahí no pasa la cosa; amen del costo de poner el auto a punto. Del mismo modo, en el caso que su computadora se “cuelgue”, o su reloj se atrase, pues los cambia simplemente, o los manda a reparar y asunto resuelto.

No sucede así con un avión. Este artefacto volador requiere, sin discusión ni controversias, que se desempeñe con una eficiencia, calidad y precisión, superior a la de un Rolex, por muy bueno que éste sea. Es que una falla en vuelo, por lo general culmina en una tragedia.

Es por lo tanto que los aviones se fabrican premeditadamente, con la intención de que su desempeño sea  perfecto, sin fallas. Y de igual modo se producen con un tiempo determinado de caducidad. Usted puede exhibirse por los alrededores de su casa en un automóvil antiguo, de colección. Los vecinos le envidiarán. Un automóvil, mientras más viejo y original sea, adquiere gran valor.

Un avión es diferente. Cuantas más horas de vuelo posee, mayor es la depreciación, tanto como el costo de su mantenimiento; puesto que hay que conservarle en óptimas condiciones de funcionamiento. Según los expertos, un avión con diez años de uso, es totalmente diferente al que salió de la fabrica, puesto que frecuentemente se desarma casi en su totalidad y se le cambian las piezas, según un programa de mantenimiento establecido por el fabricante.

El avión siniestrado en Barajas  un McDonnell Douglas MD-82, fue desarrollado específicamente para alcanzar las necesidades de operadores de rutas de corto y mediano alcance, que requirieran un avión de mayor capacidad,  su producción comenzó en el año 1980, y se dejó de fabricar en 1999.

El MD-82 accidentado, bautizado como Sunbreeze, tenía quince años de antigüedad. Se sabe que la vida media de un avión es de unos 30 años. El aparato, de matrícula EC-HFP se entregó para comenzar a volar en 1993, a la compañía Korean Air.

El avión tiene dos motores Pratt & Whitney JT8D-217A/C en la zona de la cola.

El el antes indicado MD-82, pasó la revisión anual el 24 de enero de este año, realizada por personal propio de la compañía;  desde entonces no ha registrado incidencias, informó el director comercial operativo de Spanair, quien no ha indicado las posibles causas del accidente.

El vicepresidente de la Asociación de Líneas Aéreas (ALA), aseguró que los aviones de la serie MD se están retirando de forma paulatina, por la gran cantidad de combustible que consumen, pero no porque tengan problemas.

Son “perfectamente útiles” para volar. En los Estados Unidos hay “montones” de MD, y en España hay operativos entre 70 y 80, añadió,  “todos están funcionando perfectamente en todo el mundo”. El antes señalado vicepresidente de ALA, descartó así que estos aviones sean demasiado viejos para volar, y que el accidente  haya podido deberse a este motivo.

El aparato tiene una longitud de 45,1 m y una envergadura de las alas de 32.8 m. La altura hasta el punto más alto del avión es de 9.05 m. Normalmente requiere nueve tripulantes, entre pilotos y personal de vuelo.

Spanair tiene en su flota, formada por 63 aviones, un total de 36 unidades de la serie MD, 17 Airbus A320 y 7 Boeing B717.

Según Boeing, los MD-80 son más seguros que el promedio de las aeronaves.

“La tasa de accidentes fatales por pérdida del casco, para los MD-80, es de 0,34 por ciento por cada millón de salidad”, dijo el portavoz de Boeing. Esto significa un accidente serio que involucre víctimas fatales por cada 3 millones de despegues.

En cuanto a la investigación sobre las causas del accidente, tres organismos, principalmente, están interesados en que el mismo se clarifique sin dejar duda alguna; para salvar sus responsabilidades:

La empresa fabricante, ya que su prestigio y buen nombre puede ser afectado, en caso que se compruebe fallas en el diseño, estructura y operatividad del mismo. La empresa propietaria, responsable del mantenimiento del aparato, y reposición de piezas y sistemas obsoletos. Los gremios de pilotos, para salvaguardar posibles responsabilidades de fallos humanos por parte de la tripulación.

Evidentemente la tragedia tiene una causa, y una responsabilidad. Llegar a las últimas consecuencias es necesario, en memoria de las víctimas inocentes de la tragedia, y en resguardo de los millones de pasajeros que confían sus vidas a las aerolíneas encargadas del transporte aéreo.

Los Gobiernos Nacionales no pueden evadir responsabilidad, puesto que a ellos les corresponde supervisar que las empresas que prestan servicios de transporte aéreo lo hagan superando los estándares de seguridad, puesto que se juega la vida de los pasajeros.

Las empresas de aviación comercial, y las aseguradoras responderán para reponer el avión, y pagar las indemnizaciones a los familiares de las víctimas; pero jamás podrán reponer las vidas de aquellos que fallecieron producto de un error, sea humano, o atribuible a la máquina.

Uno espera que en lo tocante a la aviación, el porcentaje de accidentes sea CERO por millones de despegues, o de horas de vuelos de las aeronaves.

Es decir, reducir a cero los errores humanos, o mecánicos. Ello es posible con un riguroso e inexorable programa de mantenimiento de los aviones; gracias a descontinuar los mismos a causa del tiempo de uso;  a un entrenamiento permanente para que la tripulación mantenga igualmente en cero su promedio de fallas; y que lo financiero no se anteponga ante los intereses de los pasajeros, que son quienes al final ponen el dinero y la vida en manos de las empresas de aviación comercial.

Una Voz en el Camino.

Fuente: elmundoes.

EL ACCIDENTE AEREO DE BARAJAS

Los diecinueve sobrevivientes del fatídico vuelo JK 5022, que partían desde Barajas rumbo a la Gran Canaria, a bordo de la aeronave MD-82 de la Compañía SPANAIR; jamás olvidarán la experiencia vivida aquel miércoles.

Ellos formaban parte de las 172 personas que se encontraban en el avión, que por causas desconocidas se precipitó a tierra cuando apenas su tren de aterrizaje se despegaba de la pista. Tras el impacto la aeronave explotó, por lo cual algunos de los pasajeros fueron despedidos violentamente, circunstancia que les salvó la vida.

El resto infortunado, quedó carbonizado en el interior del avión, y otros fueron esparcidos por el terreno circundante, quedando adheridos a las rocas o a la vegetación del mismo.

 

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Según los expertos, el piloto levantó el vuelo, entonces probablemente falló el motor, los pasajeros debieron escuchar un ruido parecido a “unas latas que se mueven con algo en su interior”, el comandante se dio cuenta y empezó a corregir, pero en ese momento algo pudo dañar la dirección, se quedó sin control y el avión cayó del ala derecha.

Un avión es una de las máquinas inventadas por el hombre, que se ha convertido en una de las más confiables y seguras del mundo. Es por ello que  la aviación forma parte de las actividades igualmente más seguras que realiza un ser humano. Si se contabiliza la cantidad de aviones que diariamente surcan los cielos, tanto de empresas públicas como privadas, y se verifica la cantidad de accidentes fatales; podrá concluirse que la proporción es mínima.

Estudios a este respecto señalan que los accidentes ocurridos por fallas mecánicas son aproximadamente el 20%; mientras que el 80% restante, corresponde a los humanos.

No ocurre así con el automóvil, que es una maquina mortal. Diariamente se suceden miles de accidentes automovilísticos fatales alrededor del mundo, pero ya ello dejó de ser noticia de primera plana.

Un accidente de avión es diferente, se constituye en una tragedia que ocupa la atención del mundo por lo inusual, dramático, y la cantidad de personas que perecen simultáneamente.

Tal es el caso del MD-82 fabricado por la compañía McDonnell Douglas, perteneciente a Boeing; con matrícula EC-HFP, bautizado ‘Sunbreeze’, que voló por primera vez en 1993, y que fue adquirido por Spanair a la compañía Korean Airlines hace nueve años.

Según las fuentes, todo apunta a que el fallo del motor izquierdo provocara su rotura interior y salieran piezas despedidas, que actuaron como “misiles”.

Estas pudieron dañar el timón de dirección de la parte izquierda del avión o el motor derecho, ya que en ese tipo de aeronave los motores se encuentran pegados al timón en la cola.

Las mismas fuentes han descartado el error humano en el accidente de Barajas porque “sólo se atribuye cuando no se ha seguido el procedimiento de emergencia” y “no cabe ninguno” si la explosión del motor es tan severa como para dejar el avión ingobernable, que es lo que parece que ocurrió.

Cuando se dice error humano, la generalidad de personas piensa en posibles fallos de los tripulantes de la aeronave. Tal como presuntamente ocurrió en el trágico vuelo de la compañía venezolana Santa Bárbara, que se estrelló poco después de despegar del aeropuerto de la ciudad de Mérida, Venezuela, en febrero de este año. Según se desprende de las evidencias obtenidas en las grabaciones de la caja negra del avión, cuyas copias circulan por la red.

El error humano puede ser definido  como una tarea, labor  o función realizada por debajo de los límites aceptables, o calificada  como menos que bueno.

Conforme este concepto, el error humano presuntamente estaría presente en la totalidad de accidentes, sea de un avión, o de cualquier otro dispositivo mecánico inventado y manipulado por el hombre.   

En este orden de ideas, el error puede ser cometido por la tripulación del avión, al incumplir los procedimientos establecidos; que por cierto, y de acuerdo con los informes preliminares, no es este caso. O tal vez, cometido por los mecánicos encargados del mantenimiento de la aeronave, al no realizar las tareas adecuadamente. O a los controladores del vuelo, que desde su torre fallan en sus directrices hacia la tripulación y demás aeronaves alrededor. Aun puede ocurrir fallas a causa de los administradores quienes al flexibilizar los controles y normas de seguridad y mantenimiento, por motivos económicos, ponen en riezgo el buen funcionamiento del avión. Y hasta deberse a la empresa propietaria del avión que le mantiene en servicio, aun cuando ya caducó su tiempo de vida útil.

Muchos conservan en su mente,  la dramática imagen de la bola de fuego resultante de la explosión del Challenger, cuando se elevaba raudo por los cielos. Posteriormente, en la película del despegue se veían nubes de humo que salían de las junturas del cohete impulsor SRB de estribor. 

La comisión encargada de  investigar el accidente llegó a la conclusión de que los aros de goma, que debían haber sellado la junta entre los segmento del cohete impulsor, habían fallado en el despegue.  Al parecer, el fallo se debió a un diseño defectuoso, vulnerable a diferentes factores.  Concluyeron que esos factores fueron: los efectos de la temperatura, las dimensiones físicas, las características de los materiales, lo efectos de la repetición del uso, el tratamiento, y la reacción a la carga dinámica.

Para 1986 se habían realizado 24 misiones de transbordadores; y el Challenger había viajado al espacio nueve veces.  Pero esa misión, la décima, tenía un objetivo particular.  Era un ejercicio de relaciones públicas. Iba a ser el primer cohete espacial estadounidense en el que viajaría un ciudadano de a pie.  La NASA (National Aeronautics and Space Administration) estaba deseando demostrar lo seguros que eran los viajes espaciales.

El resultado fue tan inesperado como trágico.

De acuerdo con fuentes ligadas a la investigación del accidente en Barajas, los resultados de la misma se obtendrán en aproximadamente un año. Tiempo en el que se analizarán concienzudamente todos los elementos y factores que posiblemente intervinieron en el fatal desenlace.

Mientras tanto, lamentamos con España esta tragedia. El mundo se conmueve y llora  esas muertes, y da gracias al Creador por los sobrevivientes.

Tiempo para reflexionar sobre la responsabilidad que tienen  los encargados de mantener en el aire a los aviones, para que no se precipiten más.

Una Voz en el Camino.

Fuente: elmundo.es España