EL PAPEL DEL PUEBLO CRISTIANO ANTE LA CRISIS DE VENEZUELA

La compleja y desafiante crisis venezolana ha llegado a un punto en el que se avizora un enfrentamiento definitivo entre los dos factores en pugna.

Por una parte el Ejecutivo ha convocado a elegir una Asamblea Constituyente con el objeto de aniquilar a la oposición y perpetuarse en el poder mediante una reforma a la Constitución Nacional que permita establecer un régimen comunista, matizado con las creencias  religiosas ancestrales que profesan.

En la posición opuesta, la ciudadanía, motivada por la sociedad civil, impulsada por jóvenes estudiantes, y seguida por los partidos políticos agrupados en la denominada Mesa de Unidad Democrática (MUD), conscientes de los propósitos del Presidente y de quienes le secundan, han arreciado sus estrategias al punto de ir hasta el sacrificio convencidos de que después del 30 de julio, en el caso de imponer aquella Asamblea, “no hay Patria”.

Entre tanto, y a medida que se acerca aquel día, surgen hechos inesperados. Uno, al que la oposición no le ha dado relevancia, es la posición institucional asumida por Luisa Ortega Díaz, quien contra todo pronóstico, e inesperadamente se pronuncia contra el Tribunal Supremo, calificándole de ilegal, y asume una firme oposición a la Constituyente, afirmando que es ilegal, y contra el legado del fallecido Hugo Chávez.

Este pronunciamiento, heroico, tratándose de una persona afecta a la Revolución, ha dado fuerza a los planteamientos de la oposición internamente, y a la lucha de Países amigos que desean paz y democracia para Venezuela.

Como una estrategia para desmoronar el propósito Constituyente del Gobierno, la oposición convoca a una Consulta Popular, para solicitar opinión de la ciudadanía acerca de su acuerdo o desacuerdo con la propuesta Constituyente, y sobre la conducta de la institución militar frente a las exigencias del pueblo de asumir su papel institucional. Esta consulta se realiza dos semanas antes del llamado a votar por la Constituyente.

Seguidamente, y para asombro del mundo, el Gobierno decide dar casa por cárcel a Leopoldo López, el heroico emblema de la lucha por la libertad en Venezuela.

Pero este hecho, además de causar gran alegría al mundo, ha generado suspicacia entre algunos observadores por la medida en sí misma, debido a que el Gobierno mantiene prisionero a Leopoldo acusándole de instigar la rebelión popular, es una especie de botín de guerra; y de igual modo las declaraciones de su atribulada esposa Lilian, quien manifestó su gratitud a dos representantes de quienes han mantenido a su marido tras la rejas en Ramo Verde, por la medida dictada en favor del prisionero, e indicó su disposición al diálogo para una salida de la terrible crisis que vive el País.

Tras bastidores, algunos notables de la oposición han mantenido una actitud discreta, ya que no aparecen frente a las manifestaciones populares que son reprimidas hasta con balas; ellos están a la espera de la salida del Presidente, y de la caída de la Revolución para arribar a Miraflores como héroes; héroes que usaron “dobles” cuando las acciones se calentaron en las calles.

Esta batalla va a dejar varias víctimas. Los heroicos jóvenes que sacrificaron sus vidas por la Patria, vilmente asesinados por quienes deberían ser los garantes de sus derechos; por el lado de la Revolución a la valiente Luisa Ortega Díaz, mujer que  ha dado un aporte inconmensurable para propiciar la salida Constitucional; y, Leopoldo quien tanto el gobierno como algunos sectores de la dirigencia política opositora  elegantemente quieren deslegitimar para impedir que sea el próximo Presidente de Venezuela.

Es probable que este mismo mes de julio la crisis se defina, a menos que el Gobierno haga una jugada magistral que le oxigene y permita mantenerse unos meses más en el poder.

Dada la salida de este régimen, el aporte de la juventud, la población venezolana, Luisa Ortega Díaz y de Leopoldo son incuestionables. Aquella se desmarco de sus compatriotas revolucionarios, cuando estos se apartaron del hilo constitucional; y Leopoldo prefirió la Cárcel de Ramo verde antes de vender sus convicciones a cambio  de las bondades, y beneficios personales que seguramente le fue ofrecido desde las altas esferas de poder nacional e internacional.

Sea cual sea el resultado de esta crisis, hay lecciones para no olvidar:

Que Chávez no llegó al poder mediante un golpe de Estado, sino con el apoyo de la gran mayoría de venezolanos, de los grandes canales de televisión, de las cadenas de radio y prensa, de emblemáticos comunicadores sociales, del mundo empresarial; y hasta sectores católicos y evangélicos contribuyeron al arribo de la Revolución Bolivariana a Miraflores.

Es decir quienes hoy están en la calle dispuestos a morir para impedir que el sistema Comunista se instale definitivamente en Venezuela, ayer coquetearon con tal ideología; es cierto que al principio no se mostró aquella faceta en forma diáfana, y el pueblo votó por Chávez, pero una vez declarada sus intenciones, es inaudito e inconcebible que un cristiano, sea católico o evangélico, siga siendo afecto a la Revolución. Aquí cabe aquello de que “ninguno puede servir a dos señores”.

He aquí un dato interesante. Según Datanálisis el respaldo popular al Presidente Maduro para octubre del 2016 era de 19%, y según el diario La Verdad, edición del 10 de julio del 2017, la popularidad del Primer Mandatario es del 10%; digamos que un 15% apoya al Presidente, hoy día. Esa es la proporción de venezolanos que históricamente han militado en los partidos de la izquierda venezolana, eso lo hemos analizado en entregas anteriores en este mismo blog.

Es decir las aguas están volviendo a su cauce.

Con esto que afirmamos no queremos culpar a nadie de lo que ocurre en Venezuela, sino es un llamado a reflexión.

El pueblo venezolano que dice creer en Dios, y que  acepta a la Biblia como su Palabra, necesita reflexionar sobre sus raíces históricas y sus creencias para evitar transitar por senderos ajenos a su naturaleza. Esto en el ámbito espiritual.

Hoy es urgente volver a la Biblia.

Y en la dimensión política, respecto de la dirigencia de la misma, hay que cuidar de no dejar al País en manos de quienes con sus erradas acciones enardecieron a la población, y entregaron el País en bandeja de plata.

Bien es cierto que hay que llamar a elecciones, pero un simple acto electoral, y el advenimiento de un notable como Presidente, no va a pacificar al País, ni a resolver la crisis humanitaria. En este momento se requiere un Gobierno de Transición que propicie la reconciliación nacional, curar las heridas y luego llamar  a elecciones.

Se requiere un estadista. Un instrumento de Dios, como José en Egipto; como Darío el persa, instrumentos de Dios en su momento.

Hemos indicado en artículos anteriores que Dios tiene preparado el personaje para su debido momento.

Hay que tomar en serio los pronunciamientos de algunos dirigentes revolucionarios en el sentido de que si cae la Revolución, ellos la defenderán con armas, y en eso no han mentido. Así pues es necesario algún tipo de diálogo antes de las elecciones que han sido pospuestas en aras de la pacificación.

Hay que dialogar para pacificar.

Esta Venezuela traumatizada y radicalizada, necesita un tiempo mínimo para comenzar a sanar heridas y  propiciar la convivencia pacífica que ha sido el estilo de vida de la democracia en esta gran Nación.

En este aspecto el pueblo cristiano tiene un papel protagónico, es llamado por su razón de existencia a propiciar la reconciliación y  la restauración.

Desde mi perspectiva, el pueblo cristiano tiene dos desafíos:

Primero: Concentrarse en los templos y clamar, pidiendo perdón a Dios y a Venezuela, conforme a 2 Crónicas 7:13-14:

13 Si yo cerrare los cielos para que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pueblo; 14 si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.

Segundo: Salir de los templos y proclamar las buenas nuevas de paz, reconciliación y restauración.

Dios bendiga a Venezuela.

Fuente:

  • Notas personales,
  • Prensa Nacional e Internacional,
  • Imágenes Google.
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