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MENTE SANADORA

Vamos a considerar el tema Mente Sanadora, con el objeto de analizar algunos aspectos de las denominadas enfermedades psicosomáticas; y algunas estrategias para prevenirlas.

Nuestra propuesta es “Si el cerebro, a través de la mente puede enfermar; es posible revertir el proceso y lograr que el cerebro, a través de la mente pueda sanar”.

Por lo extenso del tema, lo hemos dividido en secciones, las cuales publicaremos en sucesivas entregas.

He aquí, la primera parte.

La Ciencia Médica confirma la existencia de enfermedades psicosomáticas. Explica que en algunas ocasiones, la enfermedad es  resultado de un desequilibrio emocional persistente en el tiempo. Se denominan psicosomáticas, para designar la relación mente-cuerpo, de la enfermedad.

La expresión “Psicosomática”, es un neologismo propuesto por el médico alemán Johann Heiroth, en 1818, para referirse a malestares y angustias emocionales que se manifiestan en síntomas corporales; esta fue compuesta de las palabras griegas ψυχή, psiqué, “alma”, o “mente”;  σώμα, soma, “cuerpo”; y τικός, “ticos, relativo a”.

Se entiende por enfermedad psicosomática, aquella que produce “somatizaciones”  debido a emociones displacenteras;  contenidos mentales negativos no resueltos, como rencores, culpa, ansiedad, preocupación, entre otros; modificaciones del ciclo vital; o situaciones de alto impacto emocional. Es decir, son aquellas originadas por el estrés, que se manifiestan en forma de síntomas, o de enfermedades físicas.

 

Una “somatización”, es un proceso por el que una afección psíquica, mental,  se transforma en orgánica, definición de la  Real Academia de la Lengua Española; deriva de la palabra griega “somatikon”, que significa “propio, o relativo al cuerpo de un ser vivo.”

¿Hasta dónde pueden afectarnos las emociones?, ¿Las enfermedades psicosomáticas son un problema mental?, ¿Qué soluciones existen?, ¿Qué tanto perjudica reprimir las emociones, no hablar de los problemas, o qué tan perjudicial es no expresar los sentimientos?

Hay situaciones de tipo emocional, que desencadenan dolencias físicas; como la pérdida de un ser querido. El divorcio, por ejemplo, puede producir trastornos físicos a la pareja que no desea la separación, y mantiene afecto por la otra. O, el rencor originado en daños sufridos en la relación, igualmente pueden activar una reacción dolorosa en el cuerpo.

Existen diferencias individuales en el modo de enfrentar las situaciones; tanto a nivel psíquico como a nivel físico. En algunas personas cuya salud física es muy buena, el trastorno emocional puede persistir durante mucho tiempo, sin llegar a manifestarse de forma clara a nivel físico; por lo tanto resisten mas las “somatizaciones”; aun cuando emocionalmente están quebrantadas.

En cambio, tendrá mayor facilidad para contraer enfermedades comunes, como la gripe, dolores de cabeza, problemas digestivos, cansancio crónico, entre otros, quienes son afectados por la falta de defensas, las cuales bajan de nivel debido al estado anímico; por un estado de salud deficiente.

También puede darse el caso de personas quienes por haber alcanzado un alto desarrollo de madurez emocional, tienen la capacidad de canalizar y expresar adecuadamente las emociones, por lo cual sufren menos estrés, y desarrollan un beneficioso equilibrio mental; que les hace más saludable, y menos propenso a las somatizaciones.

Mantener el corazón saludable - Parte I

Freud sentenciaba que de las tres causas de sufrimiento humano: los desastres de la naturaleza, el propio cuerpo, o las relaciones con los otros seres humanos; esta última era la causa más frecuente e importante de los trastornos emocionales.

La falta de amor, algunas situaciones negativas, el estrés, y las presiones de las grandes ciudades son grandes generadores de tensión, los cuales, si no se canalizan apropiadamente, inciden negativamente sobre el bienestar general de las personas, su calidad de vida; y sobre la salud en general.

Según los estudiosos en el campo de la medicina, en muchas ocasiones la enfermedad física es el resultado de un desequilibrio emocional que persiste a través del tiempo. Estas enfermedades se denominan psicosomáticas.

Recordemos que la palabra psicosomática significa: “factores psicológicos con influencia sobre las enfermedades”

A veces acudimos al médico quejándonos de alguna enfermedad o dolencia, y tras hacernos un chequeo los resultados son negativos, no habiendo una justificación al malestar de la enfermedad que creemos tener. Esto causa cierto desconcierto, ya que es más cómodo encontrar una causa física y aplicar un tratamiento, que entender y aceptar que es nuestra mente la que puede estar originando o manteniendo la alteración.

Quienes han experimentado una perdida, primero comienzan a sentir ansiedad ante la situación, luego rabia, impotencia, y tristeza. Estas expresiones de la mente, pueden provocar trastornos físicos, como mareos, dolores de cabeza, dolores musculares, entre otros; hasta producir enfermedades graves, como cáncer, hipertensión. Esto ocurre generalmente a personas que se reprimen, no expresan sus emociones, no comentan   como se sienten, fingen que son fuertes, y evitan llorar

Muchos ni se imaginan que no expresar lo que se siente, reprimir las emociones, y no canalizarlas adecuadamente, pueda ser la causa de todos sus malestares físicos, además de psicológicos.

Las emociones no surgen de la nada, sino que están relacionadas con nuestro modo de interpretar lo que nos sucede. El inadecuado manejo de estas, puede dar lugar a síntomas como dolores de estómago o de cabeza, tensión muscular, enfermedades infecciosas o enfermedades respiratorias, tal y como han demostrado algunos estudios en los que se ha visto cómo pueden aparecer estos síntomas tras un acontecimiento estresante.

Nuestra forma de ver el mundo, influye sobre nuestra salud, y calidad de vida. Las personas con sentimientos y pensamientos de desesperanza, desamparo y depresión que, además, tienen poca capacidad para enfrentarse a los acontecimientos estresantes o resolver los problemas de sus vidas, tienen más probabilidades de tener enfermedades psicosomáticas.

Todo lo expuesto hasta acá, sobre lo cual hay acuerdo general es que: Hay ciertas enfermedades en que los factores psicológicos influyen sobre el cuerpo.

Ahora vamos al corazón de lo que deseamos expresar.

Si la mente, influida por emociones y pensamientos negativos, a través del cerebro, puede enfermar; entonces la mente, influida por pensamiento, emociones y actitudes positivas, a través del cerebro, puede sanar.

Es decir, podemos revertir las enfermedades psicosomáticas; revirtiendo las causas que las originan.

No en vano los romanos propusieron esta sentencia:

“Mente sana en cuerpo sano.”

Lo que queremos expresar es que la salud mental, ejerce gran influencia sobre la salud física.

Sanando la mente, podemos propiciar condiciones para sanar el cuerpo.

Ya mencionamos antes, algunos factores que ocasionan desequilibrios en la mente; no “enfermedades mentales”, que es otra cosa. Tales desequilibrios son producidos, como indicamos antes por la expresión, o manejo inadecuado de duelos, rabia, miedo, rencor, culpa, ansiedad, preocupación, amargura.

En este momento, es bueno aclarar que ninguna emoción es negativa. Hemos sido dotados de ellas, como mecanismos de adaptación al mundo que nos rodea.

El miedo, por ejemplo, no es negativo. Es un mecanismo de egodefensa, que nos permite evitar los peligros, o enfrentarlos. Si a usted se le acerca una serpiente, va a experimentar temor, miedo; por el peligro que representa la serpiente. Ante esa situación, usted tiene dos alternativas: escapar, para evitar el peligro; o, en su defecto, enfrentar a la víbora. El miedo le prepara para esas reacciones; si se queda inmóvil, paralizado, estamos ante una reacción inadecuada. Ahora, si usted ve un ratón, y reacciona de la misma forma como si viera una serpiente, entonces estamos frente a una patología, una  fobia; o una falsa creencia. Los ratones no producen miedo; tal vez asco, repulsión, pero no miedo.

Ninguna emoción es negativa. Lo malo es la forma inadecuada de expresarlas.

El duelo originado por una perdida, no es negativo. Es el mecanismo natural de la mente, para resolverlo, para superar la pérdida. No vivirlo, acarrea consecuencias negativas.

Dicho todo esto, vamos a considerar algunas estrategias para el desarrollo de una mente sana, emocionalmente; y así evitar las somatizaciones.

Continúa…

Fuente: Wikipedia, la Enciclopedia Libre

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Material usado con fines de orientación; sin propósitos de lucro.

MENTE SANADORA

Dando continuidad al tema Mente Sanadora, vamos a considerar algunas estrategias para el desarrollo de una mente sana.

En primer lugar, consideremos la influencia de los pensamientos.

El mecanismo de pensamiento es así: Primero piensas, motivado por un estímulo interno o externo, componente intelectual; luego, sientes, componente emocional; finalmente, reaccionas, componente conductual.

Tomemos como ejemplo el rubor, conocido coloquialmente como sonrojo, el enrojecimiento de la piel de la cara; es  una respuesta emocional, ante ciertas situaciones  que producen ansiedad, vergüenza, culpa, nerviosismo o modestia. El ruborizarse puede también estar asociado a estados de enamoramiento.

Mecanismo del rubor.

Ante una situación de emergencia, el organismo reacciona instantáneamente. Gracias a mecanismos bien establecido, el sistema circulatorio comprime los vasos sanguíneos, para aumentar la velocidad de circulación de la sangre, permitiendo un mayor flujo de nutrientes y oxigeno a las células del cuerpo.  De ese modo el cuerpo, más alimentado y oxigenado, puede iniciar una acción de emergencia.

Las acciones de emergencia son aquellas reacciones que tenemos ante situaciones extremas de peligro.

De forma natural, ante la detección de un peligro, encendemos los motores para una posible acción de emergencia. Es cuando se acelera nuestro corazón, y aumenta nuestra frecuencia respiratoria. A la vez, y sin que lo sintamos, se activan otros procesos en el interior de nuestro organismo, como es la liberación de adrenalina por la cápsulas suprarrenales, la secreción de jugos en el estómago, y la constricción de los vasos sanguíneos; para proveer a nuestros músculos de una ración extra de nutrientes y oxígeno, por si acaso;  y provocando, como efecto colateral, la aparición del rubor.

Este es un ejemplo de cómo influyen los pensamientos, la mente, sobre el cuerpo.

Ahora puede ocurrir, que mediante el mismo mecanismo, en lugar de rubor, se manifiesten las emociones en forma de migraña, alergias, ulceras, afecciones bronquiales, y hasta cardíacas.

Manejo de los pensamientos.

Sabemos que es difícil manejar los pensamientos, debido a que existen diversos factores que los generan. Si escribo: piensa en una “rosa roja”; de inmediato surge la imagen de la flor en tu mente. Ahora te indicó, elimina la rosa roja de tu mente; es imposible borrar de la mente ese objeto, debido a que lo estoy sugiriendo, cada vez; insisto, elimina la rosa roja. ¿Te das cuenta? Ahora si te pido: NO pienses en una manzana. ¿Qué ocurre? Te di una instrucción negativa, que el cerebro procesa como positiva. Ahora bien, la manzana sustituyó en tu mente a la “rosa roja”, la cual apareció de nuevo cuando leíste la palabra.

¿Me estoy explicando bien?

Hay recuerdos, cuya evocación te producen dolor. Mientras están en la memoria a largo plazo, no ejercen influencia sobre ti; mas cuando las evocas, traes al presente los recuerdos; entonces ejercen gran influencia.

¿Qué hacer en estas circunstancias? De ello hablaremos a continuación.

Vamos a considerar una estrategia para controlar, o manejar, los pensamientos. Ya lo sugerimos con el ejemplo de la rosa y de la manzana. Se trata de cambiar el pensamiento, y en su lugar colocar otro.

Por ejemplo, imagina que tu mente es una pantalla blanca. Coloca en esa pantalla un limón. Visualízalo de color verde, con su olor característico, su textura porosa, suave; imagina su sabor. ¿Qué está pasando? Tienes un limón en la mente; y saliva en tu boca. Así trabaja el cerebro. Parecido al rubor.

Ahora imagina que disminuyes el limón hasta desaparecer; coloca ahora en la pantalla un vaso de limonada; has que del  centro de la pantalla surja ese vaso con una fría, helada y refrescante limonada. ¿Qué ha pasado? Tienes en tu mente una limonada. ¿Quieres seguir experimentando con tu mente? Ahora coloca un reóstato. La mayoría de personas no saben que es un reóstato, así que tienes la mente en blanco. Tienes la palabra, más no la imagen. ¿Por qué? Porque en el almacén que se llama memoria, no tienes una imagen para ese dispositivo.

No te preocupes por la imagen de ese dispositivo. Lo que importa es que no puedes recordar lo que no existe en la mente, o ha sido eliminado. ¿Te das cuenta?

Ahora, es cierto que no es fácil evitar que surjan los pensamientos en la mente. Más si podemos reinterpretarles; darles nuevo significado.

Por ejemplo: Supón que a una persona la despidieron del trabajo. ¿Come se sentirá? El solo pensar en esta circunstancia, genera sentimientos de derrota, rabia, frustración, impotencia, incertidumbre, vergüenza. ¿Qué hacer para enfrentar positivamente la circunstancia? Cambiar el significado de los pensamientos, generando nuevas expectativas y actitudes positivas. Ante el despido pensar: Es una oportunidad para iniciar nuevos proyectos; un aprendizaje para la vida; es decir, transformar una desgracia, en una oportunidad. Es lo que la PNL se denomina Reencuadre.

Reencuadre es cambiar el significado de lo que nos pasa, por otro mejor, optimista; para actuar de una manera asertiva, creativa, optimista,  más constructiva.

¿Tu pareja te abandonó y se buscó otra? En lugar de sentirte miserable, sufrir depresión, y mantener rabia, rencor, dolor. Cambia tus pensamientos; piensa que se definió una situación que no era conveniente mantener; que tienes libertad para explorar nuevas experiencias; que la vida tiene un nuevo significado; que la persona quien te dejó, se perdió algo maravilloso de la vida, tú mismo(a); no a  la inversa.

Cada vez que un estímulo traiga a la mente un pensamiento doloroso, cámbialo; o, haz un reencuadre, reinterprétalo, dale un nuevo significado. No tienes que quedarte sumido en melancolía, o peor aún, deprimido.

Por qué vas a optar por la enfermedad, si tienes inmensas posibilidades para seguir viviendo saludablemente, usando creativamente el pensamiento, la mente, el cerebro.

Pensemos en otra estrategia: el perdón.

¿Qué ocurre cuando alguien te hace daño? Sientes enojo, rencor, decepción, dolor. Si cultivas tales emociones, vas a mantener en tu mente, agentes patógenos de gran poder. Así pues, cada vez que observas a la persona que te hizo daño, experimentas la mezcla de las emociones antes citadas. ¿Cuál es la alternativa? Perdonar a esa persona que te hizo deño; y comenzar a experimentar una vida libre de las emociones negativas que sentías  al ver a tu ofensor.

Una pregunta, ¿A quién beneficia la práctica del perdón? Ya tienes la respuesta en tu mente, a ti mismo; y como valor agregado, posibilita la reconciliación.

El perdón consiste en que quien ha sufrido una ofensa, decide, a petición del ofensor, o espontáneamente, no sentir resentimiento hacia el ofensor, hacer cesar la ira, e indignación; renunciando a vengarse,  reclamar un justo castigo o restitución; y decidiendo no tener en cuenta la ofensa en el futuro; de modo que las relaciones entre ofensor perdonado, y ofendido perdonante no queden afectadas. El que perdona no “hace justicia” en su concesión del perdón, sino que renuncia a la justicia, al renunciar a la venganza, al justo castigo, o compensación, en aras de intereses superiores.

Por este motivo es que el Padre nuestro expresa: “Y perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden.” Perdón significa, erradicar los sentimientos y actitudes negativas, para obtener paz en el corazón.

Continúa…

Fuente: Wikipedia, la Enciclopedia Libre

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