LA ORACIÓN QUE HIZO ARREPENTIR A DIOS

La crisis que atravesamos en Venezuela y que en estos días se agudiza ha inspirado al pueblo de Dios a intensificar su clamor por Venezuela consciente de que Dios tiene la respuesta.

Ante esta realidad es conveniente saber que hay oraciones las cuales pueden hacer que Dios se arrepienta y cambie una determinación; veamos.

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Después de tres meses de haber salido de Egipto, el pueblo de Israel llega al desierto de Sin, frente al Monte Sinaí, Éxodo 19:1-2; allí acampa y Dios convoca a Moisés para un encuentro en la cumbre de aquel monte con el objeto de instruirle sobre los principios en que se basaría su relación con el pueblo de Israel.

Allá en la cumbre del Sinaí Moisés recibe las normas de convivencia del pueblo, que son los principios de la Constitución de Israel; se dictan los Diez Mandamientos, una serie de leyes relacionadas la justicia, así como algunas advertencias acerca de cómo conducirse en la tierra prometida.

Uno de aquellos encuentros entre Dios y Moisés es por cuarenta días, Éxodo  24:18, en dicho encuentro Moisés recibe instrucciones acerca del  culto, la construcción del Tabernáculo, los sacerdotes; y otros aspectos relacionados con la devoción de Israel.

Como Moisés tarda en bajar del monte, el pueblo entra en crisis, se acercan a Aarón, el hermano de Moisés, a quien le exponen que se sienten desamparados y sin quien les guíe, así que le piden les “haga” unos dioses para que les conduzca. Éxodo 32:1.

Ante tal solicitud, Aarón procede a complacerles y determina una estrategia que culmina en la adoración a un becerro de oro, Éxodo 32:2-6.

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Dios que es consciente de todo cuanto ocurre en el campamento de Israel mientras habla con Moisés, se dirige al Caudillo, le hace saber su indignación por la actitud del pueblo y le formula una honrosa promesa:

7 Entonces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido. 8 Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. 9 Dijo más Jehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz. 10 Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma; y de ti yo haré una nación grande. Éxodo 32:7-10.

Ten en cuenta lo siguiente para comprender la postura Divina:

No había trascurrido seis meses desde que Dios libera al pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto. Ellos son testigos presenciales de los innumerables milagros Divinos que se activaron para propiciar su libertad: diez plagas, el paso por el Mar Rojo; en el desierto recibieron agua provista milagrosamente, e incluso el “pan del cielo”, el maná que comieron hasta llegar a la tierra prometida.

Desde su salida de Egipto una nube va delante de ellos para guiarles por el desierto, nube que les ilumina y abriga con su calor en las heladas noches de aquel inhóspito paraje, Éxodo 13:21, nube que colocándose entre el pueblo y el ejército egipcio impide que les alcance, 14:19; nube que era la manifestación de Divina en su recorrido, Éxodo 16:10.

Lo que los israelitas vieron y vivieron en carne propia no fueron estrategias militares convencionales para derrotar a un enemigo, ellos sabían que un ser humano como Moisés, a pesar de los prodigios que protagonizó, no tenía el poder para hacerlo, sino que era emisario e instrumento Divino en aquella guerra no convencional.

Además Moisés reiteradamente insistió en que actuaba como emisario de Dios, él nunca se atribuyó algún poder especial y personal en todo cuanto hizo.

Así pues que es incomprensible que aquella gente, ante la ausencia del Patriarca olvidase la acción protectora y salvadora de Dios, y decidiera optar por “construirse” un becerro de oro y declarar que aquella creación suya era el dios que iría delante de ellos.

Es decir, un pedazo de oro convertido en la figura de becerro era su dios, olvidando que pocos meses antes precisamente una de las diez plagas, la quinta fue contra el ganado egipcio, Éxodo 9:1-7, con lo cual derrota al dios egipcio “Apis”, una deidad con figura de toro, el dios de la fertilidad.

La idolatría es la actitud más reprobada y rechazada por Dios porque insensatamente el hombre pone en lugar de Dios a un objeto, desafiando la lógica tanto como los dos primeros Mandamientos, Éxodo 20:1-6.

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Culto a la diosa semiramis.

Por ese motivo, y por la insistente rebeldía del pueblo Dios propone un castigo ejemplar: exterminarles; y una honrosa propuesta: hacer de la descendencia de Moisés  una nación grande, Éxodo 32:10.

¿Cuál fue la reacción de Moisés? Una reacción consecuente a su persona, y a la responsabilidad que le había sido concedida, eleva: una oración al Cielo la cual hizo que Dios se arrepintiera.

Veamos la oración de Moisés:

11 Entonces Moisés oró en presencia de Jehová su Dios, y dijo: Oh Jehová, ¿por qué se encenderá tu furor contra tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte? 12 ¿Por qué han de hablar los egipcios, diciendo: Para mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de sobre la faz de la tierra? Vuélvete del ardor de tu ira, y arrepiéntete de este mal contra tu pueblo. 13 Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel tus siervos, a los cuales has jurado por ti mismo, y les has dicho: Yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo; y daré a vuestra descendencia toda esta tierra de que he hablado, y la tomarán por heredad para siempre.

Observa detenidamente esta oración, analiza el argumento de Moisés, fíjate que ni siquiera se refiere a la oferta Divina de hacer una nación grande de su descendencia.

¿En que basa Moisés su oración? En Dios mismo, en su soberanía, en su poder, en las promesas dadas a sus ancestros.

Luego en tono respetuoso ruega a Dios que cese su ira contra el pueblo, y que se arrepienta del mal que estaba dispuesto a ocasionar entre los idólatras hebreos.

¿Recuerdas el primer encuentro de Moisés con Dios en el desierto? Aquel encuentro es narrado en el capítulo tres de Éxodo, desde una zarza ardiendo Dios se revela al errante pastor de ovejas. Que diferente es Moisés, como ha cambiado. El roce con el Dios de Israel ha propiciado aquella metamorfosis. Una vez más el hombre es probado y resulta airoso; siglos más tarde Santiago declara: “Bienaventurado el varón que soporta la prueba…”, Santiago 1:12.

Aquella fervorosa oración obra un milagro sin precedente, determina que Dios “se arrepienta” de su propuesta inicial, cambia su actitud.

14 Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo.

Es importante destacar que “arrepentimiento” significa cambio de actitud, cambio de dirección, cambio en la manera de pensar.  Dios no se arrepiente al estilo que se pide al hombre, porque Dios no peca.

En varios momentos descritos en la Sagrada Escritura vemos a Dios cambiando alguna determinación suya propiciada por el proceder humano.

En el caso que no ocupa, Dios cambia su determinación a petición de Moisés. En el relato que sigue a este incidente, vemos a Moisés descender del Sinaí, vive la escena del “becerro de oro”, igualmente se conmueve y llena de ira, procede a destruir el becerro, y narra al pueblo lo que Dios se proponía por su actitud. Una vez el pueblo entra en conocimiento de lo que estuvieron a punto de vivir se llenan de temor, y se comprometen a obedecer las demandas divinas.

De todos modos la consecuencia es inevitable; todo acto de rebeldía, desobediencia, acarrea su costo, y aquel no se hizo esperar, Éxodo 32-30-35.

Este relato nos ilustra como una persona puede lograr que Dios cambie el curso de los acontecimientos, aún más que cambie una sentencia, una determinación suya. La metodología es sencilla, Él la reitera en la Biblia, es ampliamente conocida y repetida entre el pueblo de Dios:

Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces. Jeremías 33:3.

Cuando evaluamos la condición de Venezuela, notamos que no es un “becerro de oro”, un ídolo, al que se le rinde culto; se han “construido” varios, desplazando a Dios del corazón de los venezolanos. La imagen de alguna deidad, un líder carismático a quien se concibe como “eterno”, una ideología, una organización religiosa.

Haz una revisión introspectiva, sinceramente reconoce qué está en primer lugar, antes de Dios, y así ya sabes cuál es tu “becerro de oro” que tienes que erradicar de tu corazón.

Por otra parte, Venezuela necesita intercesores que como Moisés puedan cambiar el curso de la historia.

Es decir personas que reconozcan la soberanía y el poder de Dios, así como que conozcan sus promesas, contenidas en la Sagrada Escritura; pero que aquello no sea una postura religiosa, ni una formula ritual; sino la vivencia de una persona que camina con Dios día tras día, y que con frecuencia asciende a “la cumbre” para hablar personalmente con Dios.

Una persona humilde, modesta, sincera, sensata, mansa, sin ambiciones de poder.

Dios está cambiando el curso errado por el que se ha encauzado al País en el ámbito político, socioeconómico, religioso, y fundamentalmente el espiritual.

Ya veremos un despertar espiritual, es algo que se comienza a sentir.

Sigamos orando por Venezuela, ya veremos la respuesta.

Dios bendiga a Venezuela.

Fuente:

  • Biblia: VersiónRVR60, tomada de biblegateway.com
  • Notas personales,
  • Imágenes: Google.

 

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MI PUEBLO FUE DESTRUIDO PORQUE LE FALTÓ CONOCIMIENTO

“Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento…” Estas palabras fueron pronunciadas por Jehová y dirigidas al pueblo de Israel, y más concretamente a sus dirigentes, en momentos que la Nación atravesaba una de sus peores crisis. Las mismas son aplicables a Venezuela en los actuales momentos.

Veamos las escenas y hagamos las comparaciones. Los textos que preceden a esta declaración revelan el estado de cosas, sus causas, y consecuencias.

Veamos el panorama:

1 Oíd palabra de Jehová, hijos de Israel, porque Jehová contiende con los moradores de la tierra; porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra. 2 Perjurar, mentir, matar, hurtar y adulterar prevalecen, y homicidio tras homicidio se suceden. 3 Por lo cual se enlutará la tierra, y se extenuará todo morador de ella, con las bestias del campo y las aves del cielo; y aun los peces del mar morirán.  Oseas 4:1-3.

  • ¿Cuál es la condición de los “moradores de la tierra”? No hay verdad, ni misericordia; perjurar, mentir, matar, hurtar y adulterar prevalecen, y homicidio tras homicidio se suceden.
  • ¿La causa de este estado de cosas? No hay conocimiento de Dios en la tierra.
  • Y, ¿Las consecuencias? Se enlutará la tierra, y se extenuará todo morador de ella, con las bestias del campo y las aves del cielo; y aun los peces del mar morirán. 

Vamos a intentar una interpretación de este texto, y aplicarlo a la realidad venezolana.

Antes de proceder al análisis del texto, aclaremos que somos conscientes de que Venezuela no es Israel, el pueblo de Dios. Pero como el mensaje de la Biblia es de aplicación universal, extraeremos de la misma algunas enseñanzas, y haremos comparaciones a partir de ella.

¿En qué son diferentes Israel y Venezuela? Al momento de escribir Oseas su libro, Israel es una Estado Teocrático; como Nación gobernada políticamente por la Monarquía Hebrea, establecida por Jehová al elegir a David como Monarca, y a su descendencia como herederos del trono; Constitucionalmente bajo la Ley de Moisés, Pentateuco, dictada por Dios, la cual rige la vida del pueblo en todas sus facetas y dimensiones: civil, moral, religiosa, legal.

Venezuela es un Estado seglar; políticamente constituida como un Estado federal democrático, social, de derecho y de justicia, autónomo y soberano, cuya soberanía está consagrada en su Acta de Independencia firmada en 1811.

Establezcamos las comparaciones:

La situación de Israel.

El profeta Oseas declara que el estado deplorable en que vive la Nación tiene su origen en que “no hay conocimiento de Dios”.

¿A qué se refiere el profeta con esta expresión? ¿Qué tipo de conocimiento? ¿Cuál es la causa de esta carencia? La expresión “no hay conocimiento de Dios” se refiere a que el pueblo vive ajeno a los principios establecidos en La Ley de Moisés, contenida en el Pentateuco, que era su “constitución nacional”, la norma política, moral, civil y religiosa de Israel.

Al ignorar los principios establecidos en su “estado de derecho”, ocurre el desastre nacional, reflejado en: “…no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra. Perjurar, mentir, matar, hurtar y adulterar prevalecen, y homicidio tras homicidio se suceden.”

Y esta ignorancia trae consigo consecuencias inexorables: “Por lo cual se enlutará la tierra, y se extenuará todo morador de ella, con las bestias del campo y las aves del cielo; y aun los peces del mar morirán.” Un panorama aterrador. La Nación atraviesa uno de sus peores momentos en toda su historia.

¿Es Dios quien propicia este estado de cosas?  No, Dios nunca desea, ni propicia males a su pueblo que tanto ama. Es el hombre con su conducta desaforada, sin cumplir las leyes, haciendo caso omiso a los principios que rigen la vida, quien activa las consecuencias. Cuando un juez, actuando de conformidad al procedimiento establecido en los códigos, condena a una persona, lo hace porque aquella persona dio motivo para tal sentencia.

¿Quién es responsable de la ignorancia del pueblo? El profeta acusa a los dirigentes de la Nación, especialmente los religiosos, por no dar a conocer el mensaje divino.

La decadencia de Israel fue progresiva. La primera institución que fracasa es la monarquía. Los reyes ungidos como instrumentos divinos para conducir al pueblo política, militar y civilmente, se desviaron en sus caminos abrazando la idolatría, culto a dioses paganos, y haciendo alianzas políticas, olvidándose de Jehová, Dios de la Nación.

De igual modo se pervierte el sacerdocio. Los sacerdotes son responsables del estado de derecho, así como de la vida espiritual del pueblo, ya que como estado teocrático-monárquico, el marco jurídico, legal, lo define la Ley de Moisés, el Pentateuco, que también marca la pauta en lo religioso y espiritual. Una actitud temeraria e irresponsable del sacerdocio es consentir las desviaciones del Monarca y erigir estatuas de ídolos en el propio Templo, tanto como permitir la prostitución como acto religioso.

Así pues, ante el fracaso de los reyes como guías morales, civiles, políticos; y del sacerdocio como garantes de la justicia, la legalidad y la vida espiritual del pueblo, Dios levanta a los profetas para advertir a los reyes, a los sacerdotes, y al pueblo en general las consecuencias por su perversa conducta. Todo el capítulo cuatro de Oseas, tanto como el libro en su totalidad, son un llamado, desatendido, para un cambio de actitud, al arrepentimiento.

La línea de trabajo de un profeta, como emisario de Dios, es sencilla. Responde al siguiente esquema:

  1. Denuncia del pecado, 8:1-6,
  2. Advertencia de las consecuencias por el pecado, 9:1-7
  3. Llamado al arrepentimiento, cambio de actitud, 14:1-3,
  4. Promesa de perdón y reconciliación, 14:4-9.

Como sabemos Israel no atendió el llamado de Dios a través de Oseas, como tampoco lo hizo con los demás profetas, y fue llevado al cautiverio como consecuencia de su mal proceder.

Enseñanzas y comparaciones aplicables a Venezuela.

Recordemos que nuestro análisis gira en torno a la frase “Mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento”.

Respecto de que “fue destruido” hay poco que decir puesto que la realidad grita por sí misma. Hay suficientes análisis que explican la decadencia moral, económica, política y social de Venezuela. En algunos aspectos se encuentra igual a Israel en sus peores momentos.

¿El motivo? La falta de conocimiento. En el caso de la Nación de Israel, desconocimiento de la Ley de Moisés, el Pentateuco, que reglamentaba la vida del pueblo. En el caso de Venezuela un desconocimiento generalizado de la Constitución Nacional que rige la vida ciudadana en todos sus aspectos, así como a los principios y normas morales que caracterizan la cultura venezolana.

Venezuela como estado seglar no está obligada a regirse por la Biblia, la Palabra de Dios, ya que Jehová no es el Dios de Venezuela, lo es de muchos venezolanos, no de la Nación. Pero si está obligada a ceñirse a la Constitución y a las Leyes.

Otro aspecto en el que resalta la falta de conocimiento, es en el verdadero origen de la crisis venezolana. La misma tiene sus raíces en que se está imponiendo un modelo económico y político fracasado en toda Nación donde quiso imponerse,  además teñido de prácticas paganas, ocultistas; como lo es el Socialismo del Siglo XXI, impulsado por la Revolución Bolivariana. Pero sobre esto se guarda silencio. Pocas personas han alertado sobre este particular a la población.

En el ámbito espiritual, igualmente se nota un impresionante desconocimiento de las demandas divinas, entre quienes profesan el cristianismo como religión, o como devoción. Se ha reiterado en anteriores escritos, es una inconsistencia lógica, y bíblica que un cristiano adopte la filosofía del Socialismo del Siglo XXI como estilo de vida.

Esta inconsistencia es debido a una doble falta de conocimiento. Por una parte la mayoría de la población desconoce la esencia de los principios que sustentan el Socialismo del Siglo XXI, y se es displicente respecto a las prácticas ocultistas, de religiones paganas que promueven. El común cree que el desabastecimiento y la escasez e es producto de una supuesta guerra económica, y a la caída de los precios del petróleo; cuando en realidad es un esquema de control de la población a través de los productos de primera necesidad, y de los servicios públicos.

Como también hay un desconocimiento generalizado a lo que establece la Palabra de Dios para quienes dicen profesar el cristianismo. Por ello se afirma que la crisis venezolana es peor que la de Israel en sus peores épocas. ¿Por qué? Porque en sus peores crisis Israel tuvo profetas que hablaron en nombre de Dios, alertando a la población sobre su errada conducta, los males porvenir, y llamaron al arrepentimiento. Quienes se acogieron a las demandas divinas escaparon de las consecuencias, al contrario de quienes persistieron en su ignorancia.

Hoy falta la voz del profeta en Venezuela, uno que desenmascare las pretensiones del personaje que tras bastidores dirige la escena, Satanás y sus huestes de maldad; que denuncie el pecado, y advierta las consecuencias de la ignorancia a la Palabra de Dios; que haga un llamado al arrepentimiento a quienes profesan la fe de Cristo.

Hace falta en Venezuela que se lea detenidamente 2 Crónicas 7:13-14, y que cada Cristiano ponga en práctica las palabras de ese imponente texto, una por una. Que no lo pronuncie más, sino proceda de una vez como allí se le pide:

13 Si yo cerrare los cielos para que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pueblo; 14 si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.

Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones…

Fuente.

  • Conceptos y datos: Wikipedia,
  • Biblia: RVR60, tomada de biblegateway.com
  • Notas personales,
  • Imágenes: Google.

VENEZUELA ¿HASTA CUANDO CLAUDICARÉIS ENTRE DOS PENSAMIENTOS?

El doble juego, la carencia de decisiones firmes y determinantes, los acuerdos ocultos, son las causas fundamentales por las que no se ha resuelto la crisis venezolana.

Un descarnado análisis de la realidad nacional, y de los factores que la determinan deja bien claro que el problema como todos sabemos es de orden político, porque quienes tienen la capacidad de decisión, lo hacen pero en función de sus intereses.

Como en anteriores oportunidades reiteramos, los promotores de la Revolución Bolivariana y del Socialismo del Siglo XXI han sido claros, diáfanos y sinceros al declarar sus intenciones y estrategias; no esconden las ideologías que sustentan, ni sus inclinaciones religiosas. A viva voz pregonan ser seguidores de la teoría marxistas, y exhiben los íconos, los símbolos, de la religión que profesan.

En el lado opuesto tenemos a una población “desamparada y dispersa, como oveja que no tiene pastor”. Afirmo esto con los siguientes argumentos.

La sociedad civil que reúne a la mayor parte de la población venezolana,  posee la capacidad, motivación, y valores para gestionar soluciones, pero no posee un instrumento que la canalice, agrupe, organice y dirija. Hasta ahora ha delegado esta tarea en los partidos. Se requiere de una persona, o de un grupo de personas que la integre, coordine y dirija. Para las próximas elecciones la sociedad civil debe asumir un rol protagónico y encausar representantes suyos para que se nominen a cargos de elección popular.

Inmersas en la sociedad civil se encuentran las instituciones religiosas, que en Venezuela son mayoritariamente afectas al cristianismo. En este ámbito sucede algo parecido al comportamiento de la sociedad civil en general.

La población cristiana venezolana está dividida en tres tendencias: Una afecta a la Revolución Bolivariana, otra alineada con la oposición, y quienes no se inclinan hacia ninguna. Un análisis profundo de la realidad del cristianismo en Venezuela, nos lleva a considerar seriamente en la pregunta que sirve de título a este escrito.

¿Hasta cuándo claudicaréis entre dos pensamientos?

Esto nos retrotrae a la época en la que Acab reinaba en Israel, el reino del Norte cuya capital era Samaria; eran tiempos de crisis en la Nación, una prolongada sequía generaba escases de alimentos, los países vecinos les asediaban continuamente, y el pueblo estaba inclinado a la idolatría rindiendo culto a Baal y a Asera. Hambre, escases, inseguridad, y culto a dioses paganos era la cotidianidad en Israel.

En un momento dado, Dios comisiona al profeta Elías para convocar al pueblo y llamarle a tomar una decisión. El hombre obedece el mandato divino, convoca al pueblo y formula la siguiente pregunta:

¿Hasta cuándo van a continuar ustedes con este doble juego? 1 Reyes 18:21 DHH.

En la versión Reina Valera Revisada 60, se lee: ¿Hasta cuando claudicaréis vosotros entre dos pensamientos?

Pregunta que cobra vigencia hoy, en momentos que hay que decidir. Para el relato completo, lee el capítulo 18 de 1 de Reyes.

Bien sabemos que Venezuela no es la Nación de Israel, hay una gran diferencia entre ambas naciones por motivos ampliamente conocidos. Pero igualmente sabemos que el Dios de Israel es el mismo Dios que actúa en Venezuela, y es Soberano en todo el mundo, tal como se declara en 1 Crónicas 29:11:

11 Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos.

Ese Dios, el Dios de Israel, el Dios que se nos revela en la Biblia como el Dios de dioses, y Señor de señores, Deuteronomio 10:17, demanda en este momento histórico, crucial, que su pueblo tome una decisión, que deje el doble juego. El demanda:

Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él.

Con Dios las reglas son claras, no hay ambivalencias, bipolaridades, doble ánimo. O sigues a Dios y sus demandas, o sigues a los dioses ajenos y sus artimañas. Como en la lógica, hemos aprendido lo que es una disyuntiva: una relación excluyente entre dos elementos, que tiene la capacidad de desunir, separar.

Es la lógica de Jesucristo en Mateo 6:24:

Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.

Esta es la lógica que necesitas aplicar a partir de este instante. En realidad es sencillo, no se te demanda grandes sacrificios, o que emprendas una cruzada para salvar a Venezuela.

¿Sabes lo que necesitas hacer? Relee este familiar texto, medita lo que te revela en el contexto de lo que estamos considerando, y decide que hacer:

13 Si yo cerrare los cielos para que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pueblo; 14 si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. 2 Crónicas 7:13-14.

La demanda es sencilla, reflexiona y actúa. Tu sabes que hacer,

¿Qué crees, sinceramente, que hará Dios? Mira lo que dice su Palabra, ante una situación parecida:

7 Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias, 8 y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo. 9 El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen. 10 Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel. Éxodo 3:7-10.

La respuesta es clara. Ante el clamor del pueblo de Dios, Él envía un hombre para que les libere.

Aplicando el texto a Venezuela, es evidente que no vendrá un libertador para “sacarnos” del País, sino para propiciar los cambios políticos, sociales, morales y espirituales para recomponer a Venezuela. Ese es el proceder de Dios que hemos aprendido en el Sagrado Libro, la Biblia. Josué en Egipto, Daniel en la cautividad en Babilonia, Esdras y Nehemías en Jerusalén luego de retornar del exilio.

Cuando todos los cristianos venezolanos dejen de “claudicar entre dos pensamientos” y decidan buscar a Dios sinceramente, y se unan como “un solo pueblo” para clamar conforme a 2 Crónicas 7:14, entonces Dios oirá el clamor y revelará el procedimiento a seguir.

Dios tiene preparado a una persona, y a un grupo de hijos suyos, de Dios,  que le respalde para acometer la gran tarea de recomponer a Venezuela.

¿Cuándo es el momento?

Depende del pueblo cristiano, cuando deje de claudicar, del doble juego, y se humille ante Dios.

Seguimos a la espera del momento, y de la persona que se levantará en nombre y por inspiración de Dios.

Fuente:

  • Biblia: Versión RVR60, tomada de biblegateway.com
  • Definiciones: Wikipedia,
  • Imágenes: Google,
  • Notas personales.