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SIN SACRIFICIO NO HAY NAVIDAD

Los días decembrinos se caracterizan por el  sonar de las rítmicas melodías acostumbradas para la fecha, las titilantes lucecitas de los coloridos árboles de navidad, adquisición de ropa para estrenar el día 24, las amenas reuniones para aderezar la exquisitas hallacas, hornear el pernil, y la jubilosa cena navideña en la que se degusta las exquisiteces cuidadosamente elaboradas, y en algunos hogares libar un licor añejo y el tradicional ponchecrema.

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Mas estos días decembrinos a diferencia de otros años la celebración tradicional navideña de los venezolanos se ha empañado por una diversidad de circunstancias.

En muchos hogares ya no resuenan las rítmicas melodías navideñas, ni titilan las coloridas luces en los árboles de navidad, no se han adquirido los estrenos, como tampoco se reúnen las familias alrededor de las mesas en alegres faenas para aderezar las ricas hallacas, y los deliciosos dulces para degustarles en la cena del 24.

La alegría desbordante del venezolano que se multiplica en diciembre por la celebración navideña ha sido menguada. Estas navidades son diferentes porque la crisis ha arrebatado la alegría de la tradicional festividad.

Más la coyuntura aciaga por la que atraviesa el país deja inolvidables lecciones a quienes poseen la sensibilidad para obtener aprendizajes de las circunstancias.

Algo para meditar en estos días tan sombríos para muchos, es que mientras una parte de los venezolanos disfrutaban los embriagantes festejos decembrinos, otra gran porción de hermanos nuestros carecieron de aquellos festejos y sus aderezos porque no contaban con los recursos que  les permitieran añadirse al jolgorio; o la celebraban hasta donde alcanzaban los pírricos recursos que poseían.

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Lo que a muchos les duele haber perdido hoy, es la realidad de millones de hogares sumidos en la pobreza, y aun su situación es más dolorosa porque padecen aquella circunstancia en su ranchito construido en una zona carente de los mínimos servicios que le permitan sobrevivir con dignidad.

Eso por un lado, por el otro la terrible crisis que padecemos y lo que ella nos ha arrebatado, deja otro aprendizaje a los cristianos y es que esa celebración acostumbrada en diciembre no festeja la esencia de la navidad sino el poder adquisitivo, la posibilidad de adquirir bienes, dar regalos, y degustar manjares, hechos tan efímeros como la misma celebración, ya que pasada la jarana, la fiesta alegre y bulliciosa, solo quedan los envoltorios de los regalos dispersos por el suelo, el gusto de haber saboreado un rico platillo navideño, y la tarea de “desmontar” la navidad.

Eso que se celebra en diciembre en muchos hogares no es navidad, es una fiesta en honor  a la prosperidad, al deleite de libar un aromático licor, o la banalidad de vestir a la moda. Navidad es otra casa muy diferente,

Para comprender el verdadero significado de la celebración necesitamos revisar su origen y el hecho que ha determinado su trascendencia.

En navidad recordamos el nacimiento de Jesucristo, por eso los pesebres, las estrellas, los ángeles, los pastores, la música; aquello no es una invención humana para regocijarse en diciembre, tiene su origen en que los evangelios relatan que todo aquello tuvo lugar en la ciudad de Belén de Judea un día del primer siglo de nuestra era.  Es que la navidad celebra, conmemora, recuerda a Jesucristo.

Pero ese evento del nacimiento de Jesucristo no tiene gran significado ajeno a otro hecho singular, su muerte en la cruz, su sacrificio. Entonces se recuerda el nacimiento de Jesús porque en la cruz se inmortaliza, y luego al resucitar al tercer día confirma su enseñanza de que es el Mesías Salvador, el Verbo Divino, el Dios hecho hombre, por quien tenemos salvación y vida eterna.

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Entonces la crisis venezolana, o quienes la han creado, nos han apagado las luces, quitado los estrenos de ropa, el degustar los manjares típicos de la época, minimizado la jarana, el bullicio; sin embargo nunca, jamás, de ninguna manera podrán quitarnos la esencia de la celebración, el gozo de que Jesucristo es real no una tradición, que en Él tenemos salvación, vida eterna, y  que nos ha dotado del Espíritu Santo para que disfrutemos la vida ejercitando su fruto.

Si estas melancólico porque no puedes celebrar las navidades este año como los anteriores, o si estas triste, enojado, frustrado o desesperanzado por tal motivo, te recuerdo el siguiente mensaje:

14 Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. 15 Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos.16 Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo[a] entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. 17 Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito:

18 El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; 19 A predicar el año agradable del Señor.

20 Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.

Enfoca tu pensamiento en los versículos 18 y 19, relee y medita en la verdad allí contenida. Jesús, quien celebramos en diciembre su nacimiento, dice:

18 El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; 19 A predicar el año agradable del Señor.

Jesús fue ungido, consagrado, dedicado para traer buenas noticias, a sanar a los quebrantados, dar libertad, a predicar la buena voluntad de Dios para con los hombres.

Necesitas apropiarte, internalizar, esa gran verdad para mitigar tu dolor; también necesitas recordar que junto a ti hay tantas personas que sufren ellos necesitan oír de tus labios este mensaje de esperanza.

Esta navidad celebra la fiesta consciente de su significado, que es Jesucristo, quien vino a buscar y salvar lo que se había perdido. Regocíjate por esta verdad y campártela con otros.

Feliz Navidad.

Fuente:

Biblia: Versión RVR60, tomada de http://www.biblegateway.com

Imágenes: Google

Notas personales

EL CARNAVAL, DEL PLACER A LA PENITENCIA

El carnaval es una festividad  anual,  que se realiza en los dos días que preceden al Miércoles de Ceniza y, por lo tanto, antes de la a la Cuaresma.

La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia Católica como preparación para la fiesta de la Pascua. Es tiempo para el arrepentimiento de los pecados, y de cambiar, para poder vivir más cerca de Cristo.

Según la tradición católica, la Cuaresma dura 40 días; comienza el Miércoles de Ceniza y termina antes de la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo. El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa luto y penitencia. Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual.

El origen del Carnaval se remonta a las fiestas paganas, como las que se realizaban en honor a Baco, el dios del vino; las saturnales y las lupercales romanas, o las que se realizaban en honor del toro Apis en Egipto.

Según algunos historiadores, esta festividad  se originó en Sumeria y Egipto, hace más de 5.000 años; luego se realizaron celebraciones muy parecidas en la época del Imperio Romano, desde donde se expandió la costumbre por Europa, siendo llevado a América por los navegantes españoles y portugueses a partir del siglo XV.

La expresión carnaval deriva del latín carne-levare, que significa “abandonar la carne”, que es la prescripción obligatoria para todo el pueblo católico durante todos los viernes de la Cuaresma, el ayuno.

Por lo tanto, el carnaval es una fiesta en la que se puede “comer carne”, y disfrutar los placeres carnales, puesto que los próximos cuarenta días son de abstención, recogimiento y penitencia.

El carnaval está asociado principalmente con el catolicismo, y en menor medida con los cristianos ortodoxos orientales; las culturas protestantes y evangélicas usualmente no celebran el carnaval por considerarla una festividad pagana.

Según el libro Guinness de los récords, la celebración del carnaval más grande del mundo es la de Río de Janeiro; y la mayor agrupación carnavalesca, comparsa,  Galo da Madrugada de la ciudad de Recife, sitio de otro carnaval muy importante.

El Carnaval más largo es el de Gualeguaychú en Entre Ríos, Argentina, ya que dura desde el primer fin de semana de enero hasta el primer fin de semana de marzo.

El carnaval se caracteriza por las máscaras, las comparsas y murgas, los bailes de disfraces y los desfiles de carrozas. Como se ha dicho antes, al Carnaval le sigue la Cuaresma, que comienza el miércoles de ceniza. El miércoles de ceniza es el primer día de cuaresma en el catolicismo.

Este día, que es para los católicos día de ayuno y abstinencia, igual que el Viernes Santo, se realiza la imposición de la ceniza a los fieles que asisten a misa.

Las cenizas se elaboran a partir de la quema de los ramos del Domingo de Ramos del año anterior, y son bendecidas y colocadas sobre la cabeza o la frente de los fieles como símbolo de perdón de los pecados cometidos en año anterior; es signo de conversión, que debe ser la nota dominante durante toda la Cuaresma.

En el rito católico la imposición de la ceniza es realizada por el sacerdote sobre los fieles. El sacerdote puede hacer una cruz con la ceniza en la frente de los fieles o dejar caer un poco de ceniza en su cabeza. Mientras lo hace puede emplear una de las siguientes frases extraídas de las Escrituras:

  1. Concédenos, Señor, el perdón y haznos pasar del pecado a la gracia y de la muerte a la vida, Génesis. 3:19)
  2. Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás, Génesis. 3:19)
  3. Arrepiéntete y cree en el Evangelio, Marcos. 1:14-15)

Es costumbre dejar y no lavar la ceniza hasta que esta desaparezca por sí misma.

 La duración de cuarenta días proviene de varias referencias bíblicas, y simboliza la prueba de Jesús al vivir durante 40 días en el desierto previos a su misión pública.

Durante estos cuarenta días,  los fieles católicos son llamados a reforzar su fe mediante diversos actos de penitencia y reflexión. Cada viernes de este período se dedican al ayuno, con tales fines.

Los católicos purifican sus pecados por medio de privaciones, desde ese primer día de Cuaresma hasta el viernes Santo, día de la muerte de Cristo.

Durante 40 días que preceden a la fiesta del Domingo de Pascua, en que se celebra la resurrección de Cristo, los católicos hacen penitencia. Así pues, en muchos países de occidente se dedicará dos días a disfrutar a los placeres de la carne, antes de los cuarenta días de recogimiento y penitencia.

En carnaval, como son días de asueto, aprovecha para descansar, comparte con tu familia, y acércate a Dios; no te dediques a disfrutar los placeres de la carne.

Fuente:

  • El Carnaval: Wikipedia, La Enciclopedia Libre
  • La Cuaresma: Wikipedia
  • Notas personales
  • Imágenes: Google