Archivo de la etiqueta: fe

EL 11 DE SEPTIEMBRE

El once de septiembre se cumple otro año del aquel acontecimiento devastador que conmovió al mundo en general; el ataque suicida a las Torre Gemelas, situadas en Nueva York, el corazón económico de los Estados Unidos, y tal vez de Occidente. Este acontecimiento marca un hito en la historia contemporánea. Algunos hablan del mundo antes del 11-Sep; y la historia después del fatídico ataque.

Resultado de imagen para 11 septiembre

Mucho de lo que en la actualidad ocurre en los países del oriente medio, y del Norte de África, tienen su antecedente en los ataques al Centro Mundial del Comercio (World Trade Center, WTC).

Las personas que están en medio de estos acontecimientos son el desaparecido Osama Bin Laden, líder de la Organización Al-Qaeda, a quien se le acusa de ser el artífice de los ataques, por un lado; por el otro el presidente, en aquel entonces de los Estados Unidos, George W. Bush; responsable de desatar una feroz persecución contra personas y organizaciones vinculadas con el terrorismo.

De este histórico acontecimiento han surgido diversas interpretaciones. Algunos acusan a los extremistas islámicos de ser autores de los atentados, y justifican la persecución desatada contra ellos. Otros afirman la complicidad interna (en los Estados Unidos) para facilitar o propiciar la tragedia, con el fin de asegurar su dominio sobre el petróleo de aquellos países.

David Ray Griffin, profesor de filosofía de las religiones en la Universidad de Claremont (California),  Presenta un análisis del informe de la “comisión investigadora” presidencial, en trabajo titulado “115 Mentiras sobre los Atentados del 11 septiembre.”

Los ataques del 11-Sep, además de las inocentes víctimas atrapadas en el interior de las Torres y sus alrededores, se suman otros, de los cuales se duda inocencia, tales como Saddam Husein, líder iraquí, tanto como Osama Bin Laden; así como los miles de muertes ocasionadas en los enfrentamientos en países de oriente medio, tanto como al Norte de África, como ocurre en la actualidad en Irak.

De ser cierta la versión que acusa a los extremistas islámicos de los atentados; los ataques a las Torres Gemelas, representan dos formas de ver la vida y su desarrollo. Dos cosmovisiones radicalmente opuestas.

Por un lado la visión de Occidente, enraizada en la cultura greco-latina. Es decir en el legado de Roma, quien fue influida por Atenas. El legado del Imperio Romano, empapado de la Cultura Griega. Y esta condimentada con los principios del Cristianismo.

Por el otro, la perspectiva Islámica, que cultiva principios y prácticas totalmente diferentes al cristianismo y a la cultura occidental en general.

Algunas versiones sobre los últimos segundos, antes de que los aviones impactaran sobre las estructuras de acero y concreto; los pilotos de las aeronaves, exclamaron: “Ala es grande”. De ser cierta esta afirmación, estamos ante un acto heroico, desde la perspectiva Islámica. El fervoroso hombre, iba feliz al martirio, convencido de que sacrificaba su vida por una noble causa.

Para los occidentales, debido a su formación, esto no es heroísmo, es suicidio, terrorismo; acto de una persona a quien se le ha lavado el cerebro. Para entender esta conducta, hay que situarse en la perspectiva del protagonista. Un cristiano lee el relato de Esteban, cuando era apedreado por confesar a Jesucristo, según nos lo relata el libro de Hechos, en el capítulo  7, expresó: “He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que esta sentado a diestra de Dios”, versículo 56. Estas palabras generaron una reacción violenta entre quienes le oían, lo cual le condujo a ser apedreado. Al momento de ser apedreado, el escritor bíblico narra lo ocurrido así: “Y apedreaban a Estaban, mientras el invocaba y decía: Señor Jesús recibe mi  espíritu. Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto durmió” (versículos 59 y 60). Esa imagen quedo grabada en la conciencia de Pablo, confundido entre los perseguidores del mártir, quien posteriormente se convirtió al cristianismo, siendo uno de los grandes defensores y propagadores del mismo en el siglo primero.

El, Esteban, fue el segundo mártir del Cristianismo. Cristo fue el primero. Para los cristianos es así; para quien no profesan el cristianismo, es un acto repudiable por haberle apedreado; más no implica heroísmo alguno.

Esto para los cristianos es heroísmo. Lo mismo que para una persona formada en la fe islámica, e impulsado a defender sus creencias, la conducta que le dirigió hacia las torres; es fervor religioso.

Para entender las motivaciones de los protagonistas, hay que situarse “en sus zapatos”, ver el mundo desde su cosmovisión.

Para los norteamericanos, la actitud del presidente Busch, es heroica; para los integrantes de Al-Qaeda, es criminal.

Como se señala anteriormente, sobre los hechos ocurridos el 11-Sep., se tejen especulaciones, semejantes a las propuestas alrededor del primer viaje a la luna, sobre el cual se habla de conspiración, de que no se fue a la luna, sino que fue un montaje; semejante a la aparición de Ovnis, de los cuales se niega su autenticidad por motivos estratégicos.

Tal vez nunca sabremos cual es la realidad, si hubo conspiración interna, o la otra parte actuó sigilosa y sorprendentemente. Las causas, para algunos, son inciertas, mas el hecho es verdadero, fuimos testigos del mismo.

El once de septiembre se observa en un primer plano, la imagen de las torres derrumbándose, rodeadas del espeso polvo de sus estructuras hecha añico. Más como telón de fondo, se puede apreciar la lucha por la subsistencia de la economía occidental, la defensa de la materia prima de los países petroleros, el capitalismo en su máxima expresión, el subdesarrollo en su deplorable condición. Y aun más lejano, en forma muy tenue, se percibe una lucha entre hermanos descendientes de Abraham. Quienes, aun teniendo un tronco común, los descendientes de Isaac e Ismael, no han podido limar sus asperezas.

Uno, testigo imparcial de esta lucha, espera que un día no lejano, la paz siente sus bases en el medio oriente. Esa paz irá cobrando espacio en aquel histórico territorio, y se irá extendiendo a todo el Planeta.

Fin de la guerra fría, fin de la amenaza guerra entre naciones de Oriente y de Occidente. Fin de las guerras en África. Fin de la miseria, la pobreza, el hambre; del enfrentamiento entre hermanos.

Para muchos un deseo imposible, para los cristianos una certeza próxima.

Lo estamos esperando: Maranatha.

Un fervoroso deseo del mundo que quiere la paz.

Fuente:

TRES MUJERES DE FE

Hay momentos críticos en la vida, circunstancias dificile e inesperadas, complicando aquellas situaciones a veces no contamos con recursos para enfrentarlas y superarlas. ¿Qué hacer ante tales eventualidades? Tenemos una variedad de reacciones que ponemos en marcha, algunas a veces complican los problemas.

Vamos a considerar en este escrito una estrategia para cuando las cosas vayan mal y no encontremos salida, no es novedosa, pero sí muy poderosa cuando se parctica, se trata de la fe; y lo haremos con las experiencias de  Tres Mujeres de Fe, tal y como se relataran en la Biblia.

Encontramos los relatos de estas tres mujeres en los siguientes textos de la Biblia:

1 Reyes 17: 8-24. LA VIUDA DE SAREPTA

2 Reyes 4: 1-7. EL ACEITE DE LA VIUDA

2 Reyes 4: 8 – 17. LA MUJER SUNAMITA

La lectura de los mismos nos permite concluir que poseen elementos comunes:

Tres mujeres en situación de crisis,

Fe en la intervención Divina,

Presencia de un profeta, siervo de Dios,

Respuesta milagrosa,

La gracia de Dios, manifiesta en diversas formas

Dos de las mujeres son viudas, la otra “importante”, según el autor del relato.

Observemos desde tres ángulos la manifestación del amor, la gracia y la provisión de Dios.

Cuando Llegamos al Límite, 1ro de Reyes 17: 8-24. LA VIUDA DE SAREPTA:

Observemos el relato,

Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo:Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente.10 Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba.11 Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano.12 Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir.13 Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo. 14 Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra.15 Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días.16 Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías.

 ¿Te has sentido solo, sin alguien que le ayude en ese momento de crisis?

¿Alguna vez has estado en una situación en la que crees que no hay salida?

¿Has llegado al momento en que ves impotente como se te agotan los recursos?

¿Preparaste la última porción de alimento, sabiendo que no dispones de medios para adquirir otros?

O, ¿Te acostaste alguna vez sin saber que comerían tus hijos el día siguiente?

No eres la única persona en tales circunstancias, por lo tanto ya sabes entonces como se sentiría la viuda de sarepta.

Visualiza la escena: El profeta, enviado a ella por Dios, le pide comida, la respuesta es significativa, desgarradora:

El Profeta pide: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano. Ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo…para que lo comamos, y nos dejemos morir.

Desesperación, impotencia, angustia. Estas tres emociones están acabando con la vida de muchos en este mundo hoy día; y mantienen paralizados a otros.

Impotencia, desgano de vivir, desmotivación, falta de apetito, ganas de quedarse en la cama, sin ánimo para nada. Sin embargo, en esta alma atribulada había un rayito de esperanza, aun cuando no era consciente de ello. “Vive Jehová tu Dios…” le dijo al profeta. No era judía, del pueblo de Dios, era gentil, vivía en Sarepta de Sidón, una ciudad fenicia, cercana a Tiro; más Dios previamente se le había revelado, para darle instrucciones de alimentar al profeta. El asunto es que ella no sabia como.

El escritor narra:

Vino luego a él (al profeta Elías) palabra de Jehová, diciendo: Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente.

Ella tiene un encuentro personal con Dios, experiencia que transforma su vida.

Veamos la provisión de Dios:

Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra. Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días.

Observa como la viuda obedecie la instrucción del profeta. Prepara comida para ella y su hijo; más primero la del profeta. Seguidamente ve como en aquella tinaja de harina y en la vasija de aceite se produce el milagro de la provisión de pan, hasta que lloviese. Recuerda la expresión: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”. Así pues, cada día, de la tinaja de harina, y de la vasija de aceite; extraía el sustento divino. El maná diario.

Esta experiencia sucede hoy  en la vida de muchos hijos de Dios que carecen del sustento para cada día; y aun entre quienes no conocen a Dios. Es un asunto de fe. ¿Cuando hemos visto caer desde el cielo un paquete de harina de maíz precocida? Muchos,  en esta ciudad, y en el mundo en general han visto llegar a sus casas una “Cesta de amor” contentiva del maná para ese día, provisto por una persona o institución, que son instrumentos de Dios.

Te invito que compartas: un paquete de harina, un litro de aceite, un de arroz, o un kilo de amor. O algún otro alimento; para que Dios alimente al menos por un día a una familia.

Veamos el otro ángulo:

Cuando se Agotan los Recursos, 2do Reyes 4: 1-7. EL ACEITE DE LA VIUDA:

Visualicemos la escena:

1 Una mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido ha muerto; y tú sabes que tu siervo era temeroso de Jehová; y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos.Y Eliseo le dijo: ¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa. Y ella dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite.El le dijo: Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas.Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte.Y se fue la mujer, y cerró la puerta encerrándose ella y sus hijos; y ellos le traían las vasijas, y ella echaba del aceite.Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces cesó el aceite.Vino ella luego, y lo contó al varón de Dios, el cual dijo: Ve y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos vivid de lo que quede.

¿Has llegado al punto en que vas al cajero automático y la maquina te informa que no puede procesar la operación, porque tu cuenta no dispone de fondos?

O, solicitado un crédito y te es negado porque tus cuentas presentas saldos muy bajos.

Llegar a la quincena, y no cobrar, porque estas desempleado.

En esto tampoco eres el único. La viuda de un hijo de profeta, vivió semejante experiencia.

Una mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido ha muerto; y tú sabes que tu siervo era temeroso de Jehová; y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos.

Como apreciamos, en este caso el problema es financiero. Su esposo ha muerto y como herencia le deja la casa hipotecada. Vino el acreedor, y como ella no tenia como pagar; en lugar de quitarle la casa, lo cual estaba prohibido legalmente, como hoy igualmente lo esta; entonces, para cobrar la deuda, se iba a llevar a sus dos hijos.

Un doble problema:

Perder dos hijos de sus entrañas, las madres saben lo que ello significa,

Y, perder mano de obra. Los hijos eran trabajadores en las tareas domesticas, agrícolas, o pecuarias.

Temor, enojo, impotencia, ansiedad, afán; son las emociones de esta atribulada mujer. En su desesperación acude a Dios, a través del profeta.

Observen el argumento de la mujer: Tu siervo, mi marido muerto, era temeroso de Jehová; por eso acudo a ti, que también soy temerosa de Jehová. Como en el caso de la Viuda de Sarepta, la solución es milagrosa. El aceite copa la escena. El aceite en la Biblia se relaciona con el Espíritu Santo; y es utilizado para ungir a los siervos de Dios; como ungüento, o como antiséptico. El Salmo 23: “Unges mi cabeza con aceite…”

El profeta le indica una operación aparentemente absurda. Buscar muchas vasijas, la mayor cantidad que pudiera encontrar. Luego encerrarse en casa y llenar las vasijas con el poco aceite que tenía guardado.

El le dijo: Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas. Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte. Y se fue la mujer, y cerró la puerta encerrándose ella y sus hijos; y ellos le traían las vasijas, y ella echaba del aceite. Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces cesó el aceite.

La mujer, como la anterior,  obedecie la instrucción, por absurda que parezca. El resultado no se hizo esperar, obtuvo la cantidad de aceite necesario para pagar la hipoteca, y sostenerles el resto de sus vidas.

¿Esta usted atrapado en una situación en la que aparentemente no hay salida? Este es el momento de buscar a Dios.

Finalmente veamos el último ángulo de la provisión de Dios.

Una mujer “importante”, que lo tenía todo, menos lo que deseaba, 2do Reyes 4: 8 – 17. LA MUJER SUNAMITA

Leamos el relato:

Aconteció también que un día pasaba Eliseo por Sunem; y había allí una mujer importante, que le invitaba insistentemente a que comiese; y cuando él pasaba por allí, venía a la casa de ella a comer.Y ella dijo a su marido: He aquí ahora, yo entiendo que éste que siempre pasa por nuestra casa, es varón santo de Dios.10 Yo te ruego que hagamos un pequeño aposento de paredes, y pongamos allí cama, mesa, silla y candelero, para que cuando él viniere a nosotros, se quede en él.11 Y aconteció que un día vino él por allí, y se quedó en aquel aposento, y allí durmió. Entonces dijo a Giezi su criado: Llama a esta sunamita. Y cuando la llamó, vino ella delante de él. 13 Dijo él entonces a Giezi: Dile: He aquí tú has estado solícita por nosotros con todo este esmero; ¿qué quieres que haga por ti? ¿Necesitas que hable por ti al rey, o al general del ejército? Y ella respondió: Yo habito en medio de mi pueblo.14 Y él dijo: ¿Qué, pues, haremos por ella? Y Giezi respondió: He aquí que ella no tiene hijo, y su marido es viejo.15 Dijo entonces: Llámala. Y él la llamó, y ella se paró a la puerta.16 Y él le dijo: El año que viene, por este tiempo, abrazarás un hijo. Y ella dijo: No, señor mío, varón de Dios, no hagas burla de tu sierva.17 Mas la mujer concibió, y dio a luz un hijo el año siguiente, en el tiempo que Eliseo le había dicho.

En este caso el escenario es distinto. Se trata de una mujer acomodada. El escritor la describe como una mujer “importante”. Por el contexto nos damos cuenta de que no tenía necesidades, como las anteriores. Tenía marido, casa, alimento, y posibilidades hasta para construirle un apartamento al profeta; seguramente criados, y bienes materiales en general. Nada necesitaba. Al punto de que el profeta le pregunta si quiere que haga algo por ella; más su respuesta da a entender que lo tenía todo.

Más no era completamente feliz. Su problema es que no tenía hijos.

Y aconteció que un día vino él por allí, y se quedó en aquel aposento, y allí durmió. Entonces dijo a Giezi su criado: Llama a esta sunamita. Y cuando la llamó, vino ella delante de él. Dijo él entonces a Giezi: Dile: He aquí tú has estado solícita por nosotros con todo este esmero; ¿qué quieres que haga por ti? ¿Necesitas que hable por ti al rey, o al general del ejército? Y ella respondió: Yo habito en medio de mi pueblo. Y él dijo: ¿Qué, pues, haremos por ella? Y Giezi respondió: He aquí que ella no tiene hijo, y su marido es viejo.

Hay personas que lo tienen todo, mas esas posesiones no conceden la felicidad. Dan confort, comodidad, pero no la felicidad. Es el caso de la sunamita. Lo tenia todo, tanto que no era necesario pedirla a nadie, ni siquiera al Rey. Más carecía de algo. El profeta habla con su criado, y este le revela una necesidad: No tiene hijos. Y añade un probable diagnóstico, su esposo es viejo. El profeta, como un gesto de cortesía, inspirado posiblemente por Dios, llama a la mujer para darle una buena noticia: La promesa de un hijo.

Dijo entonces: Llámala. Y él la llamó, y ella se paró a la puerta. Y él le dijo: El año que viene, por este tiempo, abrazarás un hijo. Y ella dijo: No, señor mío, varón de Dios, no hagas burla de tu sierva. Mas la mujer concibió, y dio a luz un hijo el año siguiente, en el tiempo que Eliseo le había dicho.

La mujer, conocedora de su situación, no cree la promesa. Más la promesa se cumple, porque depende no de la expectativa de la mujer, sino de la gracia de Dios.

Observen este caso es diferente. La mujer no pide nada para si; es el profeta, quien en un gesto de gracia, amor y solidaridad promete el hijo. Aquí se cumple la expresión: “El que siembra abundantemente, abundantemente cosechará”

La mujer, como un gesto de respeto, devoción, de fe hacia Dios; atiende al profeta. Es decir, ella sirvió a Dios por intermedio del profeta.

Recuerdan la expresión: “Por cuanto lo hicisteis a uno de mis hermanos más pequeños, a mi lo hicisteis…”

Finalmente:

¿Tal vez sientes que has llegado al límite y no ves salida inmediata?

O, ¿Crees que se te agotaron los recursos y no puedes resolver tu vida?

O, ¿Tal vez tienes todo lo que has deseado en la vida, más aun falta algo para completar tu felicidad?

 

Te invito a que como estas tres mujeres, busca respuesta en quien solo puede darla. En Dios, nuestro Padre Celestial…

“Alzaré mis ojos a los montes, de donde vendrá mi socorro; Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la Tierra…” Salmo 121.

Acude a Él y presenta tu necesidad.

O ve a un siervo de Dios, el intercederá en tu favor.

Fuente:

LA CELEBRACION DEL DIA DOMINGO

Hay días que poseen un gran significado para las personas, y constituyen oportunidad para festejar, o conmemorar. Tal es el caso de los cumpleaños, en cuyas fechas acostumbramos festejar el advenimiento a este maravilloso mundo. O de las fechas de independencia de las naciones, que se conmemora con vistosos actos y fiestas populares.

Así sucesivamente, acostumbramos dedicar un día para el trabajador, otro para la navidad, el fin de año, el carnaval, nacimiento de próceres nacionales, para la tierra, los niños, la mujer, la madre; entre otros muchos días dedicados a recordar algo que tiene especial significado para cada quien.

Entre ese innumerable conjunto de días en el que celebramos algo significativo, se encuentra el domingo.

El domingo se ha establecido como día de descanso y conmemoración por un motivo muy importante.

El domingo es el día de la semana entre el sábado y lunes. Es el primer día de la semana en la fe cristiana, y también lo es en otras tradiciones culturales. El domingo es considerado un día feriado en la mayoría de los países del mundo. Solamente países influenciados por la cultura judía o islámica tienen el sábado o el viernes como el día feriado semanal.

El calendario gregoriano se repite cada 400 años, y ningún siglo comienza en domingo. El año nuevo judío jamás cae en día domingo. Cualquier mes que comience en domingo tendrá un viernes 13.

El nombre “domingo” proviene del latín dies Dominicus (día del Señor), debido a la celebración cristiana de la Resurrección de Jesús. En la antigua Roma se llamó a este día dies solis (día del Sol).

Desde los primeros años del cristianismo en Roma existían diferencias de opinión acerca de si el día del señor debía celebrarse el sábado, según la tradición judía; o el domingo, día de la resurrección de Cristo. En el siglo II un número creciente de cristianos conservaba la costumbre de reunirse los domingos, aunque algunos continuaron la práctica de hacerlo los sábados.

El  7 de marzo de321, Constantino I el Grande decretó que el domingo sería observado como el día romano de descanso:

En el venerable día del Sol, que los magistrados y las gentes residentes en las ciudades descansen, y que todos los talleres estén cerrados. En el campo sin embargo, que las personas ocupadas en la agricultura puedan libremente y legalmente continuar sus quehaceres porque suele acontecer que otro día no sea apto para la plantación o de viñas o de semillas; no sea que por descuidar el momento propicio para tales operaciones la liberalidad del cielo se pierda.

Al inicio esta ley era sólo de carácter civil, y no desplazaba al sábado, sino que se adoraba a Dios en ambos días, siendo prominente el sábado aún sobre el domingo. Pero después de ser dictada la segunda ley del Canon, ley eclesiástica, 28 del tercer Concilio de Orleans, en Francia, en el año 538 DC, es cuando se proclama el domingo con leyes más severas.

Los “cristianos” actualmente consideran al domingo como el día del descanso, un día  que habitualmente se dedica a reuniones para comunión, estudio de la Biblia, celebración y proclamación del evangelio de Jesucristo.

Cuando celebramos el domingo, estamos recordando la resurrección de Cristo. Este hecho marcó la vida de los primeros discípulos. En el Nuevo Testamento se afirma que Jesús se levantó de la tumba el primer día de la semana, y se presentó a varias mujeres tanto como a los once apóstoles, quienes desde ese instante comenzaron a proclamar que Jesús, el Maestro y Señor había resucitado, tal como había predicho.

Ese testimonio fue transmitido de generación a generación durante más de 20 siglos, y hoy día, millones de cristianos se reúnen cada domingo para recordar que Cristo resucito, hecho que según san Pablo, constituye la piedra angular de nuestra fe cristiana; ya que si cristo no resucito, vana es nuestra fe y nuestra esperanza.

Celebremos, recordemos y aceptemos a Jesucristo en este día domingo.