POR QUÉ CELEBRAR AÑO NUEVO EL 1 DE ENERO

¿Sabes por qué celebramos el año nuevo el 1 de enero?

Al menos en Occidente.

Es una larga historia.

El tiempo es una magnitud física asociada a la mecánica celeste. Debido al incesante movimiento de los cuerpos en el Universo se producen algunos fenómenos relacionados con el tiempo. Es que el cielo contiene en su estructura y mecánica un preciso reloj, del cual se deriva la división del tiempo tal y como lo conocemos.

En tiempos remotos nuestros antepasados miraron el cielo, observaron el movimiento de los cuerpos celestes, su regularidad, y su relación con fenómenos terrestres. Especialmente con las estaciones y la agricultura.

El día de 24 horas está asociado al tiempo que tarda la tierra en girar sobre sí misma; es decir en su movimiento de rotación. De este lapso surgen las horas, los minutos y los segundos, fracciones de las 24 horas del día.

La semana de siete días nace del tiempo en que transcurren las fases de la Luna. Cada fase tiene una duración de siete días.

El mes se determina a partir del tiempo que tarda la Luna en dar una vuelta alrededor de la Tierra, 28 días. Luego este concepto se perfecciona al descubrirse el tiempo que tarda la Tierra en su órbita alrededor del Sol, para dar lugar a meses de 31, 30, o 28 días, 29 en los años bisiestos, tal y como los conocemos.

Los egipcios observaron la regularidad en que la estrella Sirio aparecía, en un lapso fijo de aproximadamente 365 días. Tal fenómeno les impactó debido a que coincidía con las crecidas del rio Nilo. De esa observación se descubre que un año es el tiempo que tarda la tierra en su órbita alrededor del Sol.

También observaron que en determinados días ocurrían hechos notorios relacionados con el Sol, justamente al comienzo de períodos regulares, coincidiendo con los cambios de las estaciones.

En el hemisferio norte, al final de la época de invierno, y comienzo de la primavera hay un día en que el tiempo de luz solar y de oscuridad son iguales; lo mismo ocurre a finales de otoño y comienzo del invierno; a estos días se les denomina equinoccios de primavera y de otoño respectivamente. A fines de primavera y comienzos de verano, el día es más largo; al contrario al fin del otoño y comienzos de invierno es la noche que se alarga con respecto al tiempo de luz solar; así pues se tiene la noción los solsticios de verano, y el de invierno.

El hombre de la antigüedad, en razón de su pensamiento mágico atribuía aquellos fenómenos a la acción de sus dioses. Recordemos que para aquellos remotos tiempos el Sol, la Luna, los planetas Marte, y Venus eran Dioses; tanto como algunas estrellas, como Sirio, para los egipcios.

Lo asombroso de todo esto es que aquellos hombres sin instrumentos de medición, tan solo con paciente y directa observación del cielo nocturno pudieron establecer divisiones del tiempo, cercanas en precisión a las calculadas por el hombre de ciencia actual con sofisticados instrumentos de observación.

Es más, se dice que los Mayas descubrieron el tiempo que tarda el Sol, y el sistema solar; en dar una vuelta alrededor del centro de la Galaxia Vía Láctea, denominado Año Cósmico, calculado en 250 millones de años terrestres. Los cosmólogos afirman que desde el nacimiento del Sol, hasta el presente han transcurrido solo 20 años Cósmicos.

Hoy se ha comprobado que las estaciones, y sus correspondientes solsticios y equinoccios tienen lugar debido al movimiento de traslación de la tierra alrededor del Sol. El 21 de marzo corresponde al solsticio de primavera, el 21 de junio es el equinoccio de verano; el 21 de septiembre se da el equinoccio de otoño, y el 21 de diciembre el solsticio de invierno. Estas fechas son aproximadas.

Esta división del tiempo en estaciones, no es invención humana, es producto de la observación de fenómenos relacionados con la agricultura.

¿Por qué celebramos el Año Nuevo el 1 de enero? Este es un aporte de los romanos.

Tradicionalmente, el calendario romano comenzaba el primer día del mes de marzo. Sin embargo, era en el mes de enero cuando los cónsules de la Antigua Roma asumían el gobierno, por lo que Julio César, en el año 47 a. C., modificó el sistema, y creó el calendario juliano.

Los romanos dedicaron el 1 de enero día a Jano, el dios “de las entradas, las puertas y los comienzos”. El mes de enero recibió nombre en honor a Jano, que tenía dos caras, una que miraba hacia adelante y una que miraba hacia atrás. El calendario gregoriano ha mantenido en los siglos posteriores la costumbre.

Hay que reconocer que el actual calendario utilizado en Occidente, tiene su origen el calendario romano, definido con una mezcla de superstición religiosa y acontecimientos de su imperio. Posteriormente se define el calendario gregoriano, así denominado por ser su promotor el papa Gregorio XIII, vino a sustituir en 1582 al calendario juliano, utilizado desde que Julio César lo instaurara en el año 46 a. C. El papa promulgó el uso de este calendario por medio de la bula Inter Gravissimas.

Este calendario Gregoriano posee como trasfondo las festividades paganas de los romanos, que fueron adecuadas a las festividades de la Iglesia Católica, por lo que no es estrictamente cristiano.

Ahora bien, como un año es el tiempo que tarda la tierra en dar una vuelta alrededor del Sol, en un punto dado de la misma, tu ciudad por ejemplo, quiere decir que cada día comienza un nuevo año para ti. Por lo tanto no tienes que esperar hasta el 1 de enero para festejar año nuevo. Celébralo día tras día.

Mira lo que dice la Biblia sobre el tiempo, la medida del mismo, y el valor que debe tener:

Origen del tiempo, medición de las estaciones y de los días, Génesis 1:14-15.

14 Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años, 15 y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así.

Valorar el tiempo, Salmo 90:12.

Enséñanos de tal modo a contar nuestros días,
Que traigamos al corazón sabiduría.

Todo ocurre en su momento, Eclesiastés, 3:1-9.

Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.

Dios renueva cada día su misericordia, Lamentaciones 3:21-24.

21Esto recapacitaré en mi corazón, por lo tanto esperaré. 22 Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. 23 Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. 24 Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré.

Hacía el futuro, todo es nuevo, para quien está en Cristo, 2 Corintios 5:17.

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

Hoy, en el momento que lees esta nota, comienzan 365 oportunidades para crear, producir, vivir; no las desperdicies.

Feliz año cada día de tu maravillosa vida.

Fuente:

Datos astonónicos y referencias a los calendarios: Wikipedia.

Textos bíblicos: Biblia RVR60, tomada de http://www.biblegateway.org

Imágenes: Google

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POR QUÉ EL AÑO NUEVO ES EL 1 DE ENERO

Alguna vez te has preguntado: ¿Por qué celebramos el inicio del año el 1 de enero, y no en otra fecha? O, si el calendario es solar, ¿Por qué no comienza en un solsticio, o en un equinoccio? Por ejemplo, el 21 de diciembre en nuestro calendario, que ocurre el solsticio de invierno.

Los solsticios son: 21 de marzo, primavera, 21 de diciembre, invierno; los equinoccios: 21 de junio, verano, 21 de septiembre otoño. Técnicamente, el año solar debería comenzar en cualquiera de esos cuatro puntos de la órbita terrestre.

Movimiento de la Tierra alrededor del Sol, que da origen a las estaciones. Tomado de Proyecto Biosfera.

Y originalmente fue así.

Evolución de la fiesta de inicio de año.

Calendario Egipcio.

Fueron los egipcios quienes descubrieron que el año es un ciclo de 365 días. Ellos observaron que entre cada crecida del rio Nilo, transcurrían precisamente esa cantidad de días, por lo que definieron un calendario civil de 365 días, dividido en doce meses de treinta días cada uno, organizados en tres períodos de 10 días.

Como la crecida del Nilo ocurría alrededor del solsticio de verano, día 21 de junio en nuestro calendario, establecieron ese día como inicio del año. Tal día ocurría otro fenómeno astronómico, el orto de Sirio, la aparición en el cielo de dicha estrella. Por lo tanto asociaron las crecidas del Nilo con la estrella Sirio, que convirtieron en la diosa Sotis.

Estrella Sirio, inferior izquierda, alineada con las tres estrellas del Cinturón de Orión.

Imagen tomada del blog de Ana Vazquez Hoys.

Calendario Romano.

Los romanos establecieron un calendario basado en las fases de la luna, el año tenía diez meses, y comenzaba el primer día, calendas, de Marzo, en honor a Marte, dios guerrero. La fecha está asociada al equinoccio de primavera, 21 de marzo, al ciclo sinódico de Marte, y a la luna nueva. El mes de marzo, de marte dios de la guerra, marcaba el inicio de las campañas militares, con la designación de los cónsules.

Ciclo de Marte, tomado de Astromía.

Los meses comenzaban con la luna nueva, algo que era difícil de determinar porque en esa fase la luna no es visible.

Los meses romanos son:

  1. Martius (dedicado a Marte),
  2. Aprilis (del latín aperire, abrir, por los brotes vegetales),
  3. Maius (por la diosa Maia),
  4. Junius (por Juno),
  5. Quintilis (el mes quinto),
  6. Sextilis (sexto),
  7. September (séptimo),
  8. October (octavo),
  9. November (noveno), y
  10. December (décimo).

Además, como el año era más corto de 365 días, su inicio iba cambiando de estación, lo que creaba inconvenientes en las campañas militares, que comenzaban por lo general en la primavera. Para evitar este problema, se intercalaban meses adicionales cada cierto tiempo. Esta situación se prestaba a un gran desorden.

Numa Pompilius para adecuar el calendario romano a las estaciones añadió de manera permanente dos meses después del décimo, december: Janarius, dedicado a Jano, mes 11; y Februarius, de februare, purificación, mes 12.

A mediados del siglo II AC., hubo necesidad de iniciar anticipadamente las campañas militares lejos de Roma, concretamente en Hispania; y era requisito nombrar a los cónsules con dos meses de antelación al comienzo de las actividades; por lo que en el año 153 AC., se fijó el principio del año en el día 1 de janarus, en lugar del 1 de Martius, fecha en que se pasó a realizar el nombramiento de los cónsules, esto es, dos meses antes del comienzo de las campañas militares, en el mes de marzo.

Gracias a los dos meses adicionales introducidos por Numa Pompilius, el año había pasado a tener unos 355 días, pero aun así era demasiado corto respecto del año de las estaciones. Ocasionalmente se introducía un decimotercer mes, algo también propicio a manipulaciones por intereses políticos o económicos. En el año 46 AC. el año del calendario se encontraba desfasado unos tres meses respecto de las estaciones, y seguía reinando el desorden.

Calendario Juliano.

Fue Julio César (102 – 44 AC.) quien en el 45 AC. (año 708 de Roma) decidió realizar una reforma definitiva del calendario. Encargó el trabajo al prestigioso astrónomo griego Sosígenes que estaba establecido en Alejandría. Sosígenes se despreocupó de la Luna y ajustó la duración de los meses para fijar la duración total del año en 365,25 días por término medio, es decir, unos 11 minutos más cortos que el año trópico (el de las estaciones, que dura 365,2422 días), transformando así el calendario de lunar a solar.

Como resultaba conveniente que el año tuviese un número entero de días, se fijó el año ordinario en 365 días, como el de los egipcios, y para que no se acumulase un decalaje con las estaciones se decidió intercalar un día extra cada cuatro años.

Posteriormente, el mes Quintilus fue renombrado Julius (en honor de Julio César) y el Sextius pasó a llamarse Augustus (por Augusto) pero los meses September, October, November y December han conservado sus nombres que, desde el punto de vista semántico, resultan aparentemente absurdos, y que son, obviamente, inadecuados.

Calendario Gregoriano.

Los romanos contaban los años desde la fundación de Roma, es decir, ab urbe condita, abreviadamente a.u.c.

En la era cristiana, con el papa Bonifacio IV en 607, el origen de la escala pasó a ser el nacimiento de Cristo. Un monje rumano, Dionisio el Exiguo, matemático, basándose en la Biblia y otras fuentes históricas, entre los años 526 y 530, había fechado el nacimiento de Cristo el día 25 de diciembre del año 753 a.u.c. Dicho año pasó a ser el año 1 A. D., Anno Domini, año 1 del Señor, pero los años anteriores a éste seguían siendo años a.u.c. Finalmente en el siglo XVII se nombran los años anteriores al 1 A. D. como años antes de Cristo, AC., y los posteriores son años después de Cristo, DC.

Cuando empieza la cuenta de la era cristiana, no existía el concepto matemático de cero, y los años se contaban ordinalmente, esto es: primer año, segundo, etc.

El inicio del calendario gregoriano, es pues el 1 de enero del primer año, año 1 AC., correspondiente al 754 a.u.c., que da comienzo a la primera década, el primer siglo (s. I) y el primer milenio. El año anterior fue el primero antes de Cristo (año 1 AC.). No hay año 0.

Establecido así el origen del calendario, el primer milenio, primeros 1000 años, transcurrió entre el 1 de enero del año 1 hasta el 31 de diciembre del año 1000. De la misma forma, el primer siglo transcurrió entre el 1 de enero del año 1 hasta el 31 de diciembre del año 100.

Por este motivo, cuando celebremos el inicio del nuevo año, lo hacemos siguiendo la tradición romana, inspirada en las guerras de primavera. Mas nosotros no tomamos en cuenta tal detalle, pues hasta lo ignoramos. Solo estamos conscientes de que ese día se inicia un nuevo periodo de 365 días, un año, pleno de oportunidades para crear y disfrutar.

Feliz inicio del 2015

Fuente:

  • Wikipedia
  • Astromia
  • ProyectoBiosfera
  • Imágenes: Google