NO ES SUFICIENTE ORAR PARA SALIR DE LA CRISIS VENEZOLANA

A medida que se agrava la crisis venezolana, igualmente se intensifica el llamado a orar por Venezuela, convencidos del poder de esta devoción espiritual, y porque en la Biblia se reitera la necesidad de hacerlo. Así leemos en Jeremías 33:3: “Clama a mí, y te responderé…”. Un clamor que active el poder de Dios, como refiere la segunda parte del texto antes mencionado: “y te mostraré cosas grandes y ocultas que tu no conoces.”

¿Cómo se activa el poder de Dios? La Biblia nos enseña cómo. Un texto que por lo general se usa para orar por Venezuela es 2 Crónicas 7:14:

14 si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.

El texto destaca como se activa el poder perdonador y sanador de Dios: convertirse de los malos caminos. Pero al utilizar estas palabras para clamar por Venezuela, es conveniente interpretarlas correctamente.

En primer lugar revisemos las circunstancias en las cuales fue pronunciado. Es un momento de gran entusiasmo en Jerusalén, Salomón acaba de culminar la construcción del Templo, que inaugura con una gran celebración la cual dura siete días. El octavo le dedica con gran solemnidad, elevando a Jehová una fervorosa y conmovedora oración, contenida en 2 Crónicas 6:1-42; oída la cual, Dios responde a través de un sueño y le comunica tales palabras, que forman parte del Pacto de Dios con Salomón, pero las mismas están acompañadas de otros conceptos, leamos:

12 Y apareció Jehová a Salomón de noche, y le dijo: Yo he oído tu oración, y he elegido para mí este lugar por casa de sacrificio. 13 Si yo cerrare los cielos para que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pueblo; 14 si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. 15 Ahora estarán abiertos mis ojos y atentos mis oídos a la oración en este lugar; 16 porque ahora he elegido y santificado esta casa, para que esté en ella mi nombre para siempre; y mis ojos y mi corazón estarán ahí para siempre. 17 Y si tú anduvieres delante de mí como anduvo David tu padre, e hicieres todas las cosas que yo te he mandado, y guardares mis estatutos y mis decretos, 18 yo confirmaré el trono de tu reino, como pacté con David tu padre, diciendo: No te faltará varón que gobierne en Israel.

Como puedes notar, es Dios quien habla con Salomón mediante un sueño, en el que revela su agrado por el gesto del recordado Monarca, y declara algunas maravillosas promesas. Entre las muchas allí contenidas, consideremos la referida al clamor del pueblo:

13 Si yo cerrare los cielos para que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pueblo; 14 si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.

Algo que resalta, se destaca en el texto, es que las crisis futuras de la Nación de Israel, indicada en la figura de sequía y plagas, es la consecuencia por el pecado del pueblo. Y que para erradicar aquellos males, no solo es necesario orar, clamar, y humillarse; la clave es “se convirtieren de sus malos caminos”.

Para aplicar este texto a Venezuela, o a cualquier país del mundo, es necesario tener presente algunas realidades. He aquí alguna de ellas.

El texto es dirigido directamente a la Nación de Israel, destacado en la expresión “Mi Pueblo”. En el universo, la única Nación que puede ostentar este título es Israel, reiteramos como Nación, ya que “pueblo de Dios” hay regado por todo el mundo, y muchas Naciones poseen una población mayoritaria de hijos de Dios, más no pueden asumir tal designación.

Entonces, la expresión “mi pueblo”, cuando se trata de un país como Venezuela, se refiere a la parte de la población que es pueblo de Dios por ser descendientes directos de Abraham, por vía de Isaac, y a los prosélitos que han abrazado la Ley de Moisés; o a los “adoptados”, por vía de la fe en  Cristo, tal y como expresa Juan 1:12.

A este pueblo, a los israelitas y sus prosélitos, y a los cristianos venezolanos es que se pide “convertirse de sus malos caminos”. ¿Cuáles son los malos caminos a que se refiere el texto? Se refiere a los pecados que como pueblo se practican, desatendiendo las demandas divinas. En  artículo anterior, de este mismo sitio: “Mi pueblo pereció porque le faltó conocimiento” se aborda este aspecto, comentando las palabras del profeta Oseas, he aquí un resumen:

1 Oíd palabra de Jehová, hijos de Israel, porque Jehová contiende con los moradores de la tierra; porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra. 2 Perjurar, mentir, matar, hurtar y adulterar prevalecen, y homicidio tras homicidio se suceden. 3 Por lo cual se enlutará la tierra, y se extenuará todo morador de ella, con las bestias del campo y las aves del cielo; y aun los peces del mar morirán.  Oseas 4:1-3.

Y por si esto fuera poco, añade:

11 Fornicación, vino y mosto quitan el juicio. 12 Mi pueblo a su ídolo de madera pregunta, y el leño le responde; porque espíritu de fornicaciones lo hizo errar, y dejaron a su Dios para fornicar. 13 Sobre las cimas de los montes sacrificaron, e incensaron sobre los collados, debajo de las encinas, álamos y olmos que tuviesen buena sombra; por tanto, vuestras hijas fornicarán, y adulterarán vuestras nueras.

En resumen los males de la Nación, de los que hay que arrepentirse son: Conducta inmoral, Injusticia, idolatría, hechicería, cultos de religiones paganas. Y esto se exige “al pueblo de Dios” no a Venezuela, por quien Dios tiene misericordia pero no es su pueblo estrictamente hablando.

Es decir, lo que Dios demanda para sanar la tierra, lo exige a su pueblo, no al Presidente de la República, ni a los demás representantes de los Órganos Poderes Públicos, ni a la Sociedad Civil Organizada, ni a las cámaras que representan a los empresarios, como tampoco a las organizaciones sindicales obreras. La demanda es para su pueblo, aquella porción de venezolanos que son sus hijos.

Entonces el llamado es para los cristianos venezolanos, y para los israelitas que viven en Venezuela. Sin ser sectarios, porque quienes no creen en Dios, ni le reconocen como Soberano, no están obligados a obedecerle, en el marco de 2 Crónicas 7:14. Para ellos el llamado está contenido en Isaías 55:6-7.

Para visualizar la situación venezolana, hagamos un paneo a lo que ocurre en el Continente. Revisemos la condición socioeconómica de los países de Norte, Centro y Suramérica; excluyamos a los Estados Unidos y a Canadá, que son naciones desarrolladas. Pasemos la mirada desde México, las Antillas, Centroamérica hasta el cono sur. ¿Cuáles son los países que resaltan por escases de alimentos, medicinas, y de servicios públicos, al borde de una crisis humanitaria? Solo tres, uno de los cuales es Venezuela, y hoy día va a la cabeza. El resto de países viven sus crisis pero no al extremo de Venezuela, Colombia por ejemplo, sufre como consecuencia de un conflicto generado por la guerrilla izquierdista y el auge del narcotráfico, pero en aquel País no existe el nivel de desabastecimiento, hambre, falta de medicinas, e ineficacia de servicios públicos, como en Venezuela.

¿Qué motiva esa crisis? Lo explica 2 Crónicas 7:14, apartarse del camino, transitar por veredas que van contra las demandas divinas. ¿Cuáles son esos caminos? Aquellos que alejan de Dios, que son repudiados en la Palabra: injusticia, idolatría, hechicería, cultos paganos, un conjunto que es abominable a Dios.

Es explicable que una persona que no sea “pueblo de Dios” practique religiones paganas, rinda culto a ídolos, y practique cultos abominables; aunque aquello es reprobado, es inaudito, inexplicable, e injustificable que quienes presumen ser hijo de Dios abracen aquellas prácticas, y además “se complacen con los que las practican.”, Romanos 1:12.

En Venezuela hay libertad de cultos, tal y como lo establece la Constitución Nacional, y cualquier persona tiene el derecho de rendir culto según su preferencia y determinación. Artículo 59 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela establece:

Artículo 59. El Estado garantizará la libertad de religión y de culto. Toda persona tiene derecho a profesar su fe religiosa y cultos y a manifestar sus creencias en privado o en público, mediante la enseñanza u otras prácticas, siempre que no se opongan a la moral, a las buenas costumbres y al orden público. Se garantiza, así mismo, la independencia y la autonomía de las iglesias y confesiones religiosas, sin más limitaciones que las derivadas de esta Constitución y la ley. El padre y la madre tienen derecho a que sus hijos o hijas reciban la educación religiosa que esté de acuerdo con sus convicciones. El padre y la madre tienen derecho a que sus hijos o hijas reciban la educación religiosa, que esté de acuerdo a sus convicciones. Nadie podrá invocar creencias o disciplinas religiosas para eludir al cumplimiento de la ley ni para impedir a otro u otra el ejercicio de sus derechos.

Pero este artículo no es aplicable al pueblo de Dios, quien está llamado a rendir culto a Dios, y solamente a Él, tal y como se establece en Éxodo 20:1-7. Aunque si está llamado a respetar el derecho de los demás de practicar la religión de su preferencia.

Entonces el pueblo de Dios que habita en Venezuela, cristianos e israelitas, no pueden rendir culto a dioses ajenos, ni practicar cultos paganos, ni adoptar filosofías que contradigan la Palabra, que es abominable, ni complacerse con los que lo hacen, es decir apoyarles.

En este orden de ideas, es legítimo Constitucionalmente que un grupo de venezolanos decida establecer en la Nación el Socialismo del Siglo XXI, promover la Revolución Bolivariana, practicar cultos según sus creencias, y erigir al expresidente como su comandante eterno. Eso no es reprochable en el marco del Estado de Derecho, y según la libertad de cultos imperante en Venezuela. Es el mismo derecho que tenemos los cristianos de proclamar que Jesucristo es nuestro Señor, y los israelitas de indicar que son pueblo de Dios, descendientes de Abraham.

Pero esa libertad constitucional no le da derecho a un venezolano, que se considere pueblo de Dios, de apoyar un sistema ajeno a los principios que sustentan la fe del Nuevo Testamento, y de la Ley de Moisés. Hacerlo, trae consecuencias.

A la luz de lo anteriormente expuesto, releamos 2 Crónicas 7:13-14:

13 Si yo cerrare los cielos para que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pueblo; 14 si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.

La enseñanza es clara, hay que “convertirse de los malos caminos”, para que sean perdonados los pecados, y se resuelva la crisis. ¿Cuáles son los malos caminos? Apoyar los principios filosóficos de la Revolución Bolivariana ajenos a la Palabra de Dios: ateísmo, materialismo, ocultismo, cultos a dioses paganos, considerar a una persona su comandante eterno, desatendiendo el  Señorío de Cristo.

Sobre este último particular, reiteramos, un venezolano tiene el derecho de profesar aquello, y es legal. Pero un hijo de Dios, un venezolano que se considere hijo de Dios, no puede asumirlo porque va contra lo que establece la Palabra de Dios.

3 Oye, pues, oh Israel, y cuida de ponerlos por obra, para que te vaya bien en la tierra que fluye leche y miel, y os multipliquéis, como te ha dicho Jehová el Dios de tus padres. 4 Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. 5 Y amarás a Jehová tú Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. 6 Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; 7 y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. 8 Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; 9 y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.

Antes de las conclusiones es conveniente aclarar un aspecto, para no crear falsas interpretaciones. Cuando nos referimos a que no hay que apoyar a los principios filosóficos del Socialismo del Siglo XXI y de la Revolución Bolivariana, alguien puede interpretar que estamos llamado a volver al sistema imperante en los días previos a la Quinta República. No, ese no es nuestro llamado, la Cuarta República se desvió igualmente por los mismos senderos, y los resultados son evidentes; eso igualmente analizamos en artículos anteriores. Nuestro criterio es que la Quinta República aparece en la escena a causa del fracaso moral, y espiritual de la Cuarta.

No estamos contra la Revolución Bolivariana, ni contra el Socialismo del Siglo XXI como proyecto social y político; nuestra advertencia es la de no cultivar aquellos principios que atenten contra nuestra fe, la fe en el Dios de Abraham, los Patriarcas, Padre de nuestro Señor Jesucristo; y las demandas de la Palabra de Dios.

A todos los venezolanos, independientemente de sus creencias el llamado divino es:

6 Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. 7 Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. Isaías 55:6-7.

Como sabemos por lo que nos relata la historia, los personajes eminentes, quienes están en el poder, necesitan hombres de Dios que les aconsejen sabiamente, y les conduzcan con la Palabra. No es cuestión de repudiarles, sino de entender que sus principios y valores son diferentes a los nuestros, y que según la demanda bíblica es urgente hacerles entender el plan de Dios para sus vidas, demostrarles que dice la Palabra: “Bienaventurada la Nación cuyo Dios es Jehová, Salmos 33:12.

He observado por las redes sociales sobre un movimiento en los Estados Unidos de Norteamérica que ha comenzado a orar por Al Qaeda, e ISIS, movimientos islámicos de gran presencia mundial. Esa actitud es la aconsejada reiteradamente en la Biblia. Los hijos de Dios en Venezuela tenemos que comenzar a clamar en la forma correcta.

ORAR POR ISIS Y ALQAEDA

Llamado de Voces de los Mártires para orar por ISIS y Alqaeda.

Igual llamado hay que hacer en Venezuela, para clamar por los promotores de la Revolución Bolivariana, y del Socialismo del Siglo XXI; tanto como por aquellos que caminan por senderos errados, y compartirles de Jesucristo a los fines de que se rindan ante Él,  y luchen para extender la paz que produce el evangelio del reino. Todos deben estar incluidos al orar por Venezuela, no condenarles, ni rechazarles, sino orar para que sean conmovidos por el mensaje del evangelio del reino.

En conclusión, dos clamores hay que elevar para superar la crisis venezolana, una acción determinante para su solución:

A los cristianos: “arrepentirse de sus malos caminos”, en caso de haberse desviado, humillarse y orar, en ese orden. Para que le sean perdonados los pecados, y la tierra sanada; según 2 Crónicas 7:14. Respecto de los gobernantes: Clamar para que se arrepientan y abandonen sus malos caminos, como expresa Jeremías 33:3. Pedir que ellos procedan tal y como declara Isaías 55:6-7.

Un gran desafío para el pueblo de Dios en Venezuela. Dios conceda discernimiento espiritual, y poder en la oración.

Fuente:

  • Biblia: Versión RVR60, tomada de biblegateway.org,
  • Apuntes personales,
  • Constitución de la República Bolivariana de Venezuela,
  • Imágenes: Google.