COMO BATALLAR CON UN COMPORTAMIENTO INDESEADO

Vamos a considerar un tema siempre actual: El cambio de pensamiento como estrategia para modificar  un comportamiento indeseado.

Existe en los seres humanos ciertos comportamientos indeseados que generan múltiples estados de insatisfacción, generadores de sentimientos de culpa, que mantienen al individuo en un estado de desequilibrio emocional, con efectos en el ámbito físico y en el espiritual.

Resultado de imagen para culpa

A tales comportamientos indeseados les vamos a denominar defectos de carácter, que en el ámbito coloquial religioso se denomina pecado. La lista de aquellos es interminable, sin embargo los que padecen las personas son pocos, el asunto es que ocasionan un incómodo estado de desagrado el cual roba la energía y la maravillosa tranquilidad, que se traducen en infelicidad.

Entonces en este escrito vamos a tratar el asunto de los defectos del carácter como un aspecto clave para el logro de paz interna, tranquilidad, y mantener la alegría de vivir.

Partamos del siguiente planteamiento: ¿Cómo batallar con los defectos de carácter? O, ¿Cómo superarlos?

Algunos métodos usuales son: reprimirles, ignorarlos, evadirlos, o sustituirles por otro. Tales acciones no resuelven el problema, tal vez lo agrava.

Lo que pasa es que nos enfocamos en el defecto de carácter, es decir en el comportamiento indeseado, y trabajamos con la conducta. Pero trabajar con la conducta es enfocarse en el efecto. Como cuando queremos erradicar una fiebre bajando la temperatura con baños de agua fría o con antipiréticos, el efecto es temporal. Como sabes la fiebre se erradica, eliminando la causa que la genera, tal vez una infección. Y si es una infección el tratamiento es antipirético más el antibiótico específico.

Entonces los defectos de carácter se  tratan dominando la conducta, pero además hay que buscar la causa que la origina, tratarla, erradicarla, o neutralizarla.

Imagen relacionada

La Biblia contiene la estrategia efectiva para batallar con los defectos de carácter. Llegado a este punto no pienses que te voy a explicar una fórmula religiosa para combatir el pecado. El método bíblico que te voy a mostrar ha sido avalado por los más renombrados psicólogos y expertos en conducta humana. Lo comprobarás una vez lo hayas practicado.

Vamos pues a describir la estrategia en dos etapas. La primera la denominaremos “control del defecto de carácter”, y la otra “erradicar o neutralizar del defecto de carácter”.

Primera Etapa. Control del defecto de carácter. Leamos Gálatas 5:22-23. En esta cita se enumeran las virtudes del fruto del Espíritu, son nueve: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, mansedumbre, fe, y dominio propio.

Fija tu atención en la última virtud: dominio propio. Necesitas dominar la reacción indeseable, ejercer control sobre ella. Cambiar el esquema habitual, como la reacción indeseable te controla; necesitas comenzar a ejercer dominio sobre ella, ¿Cómo?

Visualiza un comportamiento indeseable, ese que con frecuencia aparece y te causa grandes insatisfacciones luego que lo has realizado. Siente las reacciones que en tu organismo genera aquel comportamiento: aceleración del ritmo cardíaco, y de la respiración; una energía interna fluye en tu torrente sanguíneo y te prepara para la acción; tu mente se nubla y actúas.

Una vez que has descargado aquella energía aparece el estado de insatisfacción, el “otra vez lo hice”, y te sientes culpable.

Veamos como dominar el comportamiento indeseable: Visualiza todo el proceso anterior y sitúate en el momento que sientes aquella energía interna que te prepara para la acción. Detente allí y desactiva la “energía que te prepara para la acción” mediante control de tu fisiología y de los pensamientos.

Visualicemos el mecanismo de la ira:

Te sucede algo, te dicen algo, o piensas en algo que te produce rabia. El pensamiento activa en tu cerebro reacciones físico químicas e impulsa en tu sistema endocrino la producción de hormonas que te preparan para la acción, una de ellas es la adrenalina, es el fuego que sientes que recorre tu cuerpo por el torrente sanguíneo. ¿Qué hacer? Controlar el impulso, ¿Cómo? Propiciando que la energía interna, la cantidad de hormonas en tu torrente sanguíneo disminuya.

Resultado de imagen para ira

Te han dicho: cuando tengas ira, ante de reaccionar contra quien te la genera, cuanta hasta diez. Eso te parece ridículo, pero no lo es. Lo que estás haciendo es movilizar tu mente hacia otro objeto, y permite que la “energía interna” disminuya. Una vez controlado el flujo de la hormona que te activa, te será más sencillo pensar objetivamente y evitar el comportamiento indeseado. En los tratados sobre Inteligencia Emocional se denomina este proceso “auto conocimiento emocional”, que te permite el “auto control emocional”.

En resumen el procedimiento a seguir es:

Primero: Siente el comportamiento indeseado, la emoción que te genera, no la reprimas,

Segundo: Neutraliza la reacción fisiológica, descargando la energía que la activa. Cuenta hasta diez; o  piensa en el efecto nocivo de tu reacción; retírate temporalmente de la escena; recuerda una cita como: “la blanda respuesta quita la ira”. Ten a mano, o en mente, una acción que neutralice tu fisiología.

Tercero: instala en tu mente una estrategia de control, elige una de las enunciadas en el paso anterior, adopta la disciplina de “pensar asertivamente” antes de responder. Conviértelo en un hábito.

¿Cómo instalar en tu mente una estrategia de control?

Primer Paso: Identifica el estado emocional que deseas obtener: autocontrol, bondad, mansedumbre, confianza, tranquilidad. Piensa en positivo, por ejemplo: “quiero mantener la calma y controlar el enojo”. Si estás pensando “no quiero estar tenso”, afirmas aquello que quieres evitar. El cerebro no procesa el “no”, lo suprime. Debes seleccionar un sentimiento que desees obtener y hacerlo en un modo positivo.

Segundo Paso: Visualiza un momento de tu vida en el que te has sentido de la forma que deseas. Evoca los momentos en los que hayas experimentado el estado que necesitas, elije entre ellos el más poderoso.

Tercer Paso: Crea el estado. Sitúate en el momento de tu vida que has elegido como si estuviera ocurriendo ahora. Visualiza lo que pasa a tu alrededor, escucha los sonidos de fondo, y siente las mismas sensaciones que tuviste en aquel momento, como si lo vivieras ahora mismo.

Cuarto Paso: Ancla el estado, instálalo. Nota como el estado emocional llega a un clímax y luego decae. Repite este paso 3 veces; cada vez en que el estado de la emoción que desees llega al clímax, haz un chasquido con los dedos de una de tus manos, mientras pronuncias una palabra o frase que evoque dicha sensación. Al mismo tiempo visualiza una imagen que represente dicho estado. Por ejemplo, para evocar tranquilidad, puedes visualizar un atardecer en la playa o a alguna persona que represente para ti esa sensación. Todo anclaje debe ser personal, es importante que lo produzcas en tu mente y en tu cuerpo. Realiza este ejercicio un rato y luego piensa en algo totalmente diferente, cambiando tu postura física.

Resultado de imagen para chasquear los dedos

Quinto Paso: Repite el paso 4 siete veces para consolidar el anclaje creado. Esta repetición es esencial.

Cada vez que sientas ira, antes de reaccionar “revive el estado emocional deseado” mediante el chasquido de los dedos y repetir la palabra que evoque la sensación.

Recuerda que no te va a ser sencillo al principio, insiste hasta que se convierta en un hábito. Este mismo procedimiento puedes aplicar a cualquier “defecto de carácter”, en lugar de “ira” coloca el aspecto que quieres dominar.

Felices resultados. Te cambiará la vida.

Hasta acá hemos “dominado” el defecto de carácter, no lo hemos erradicado o neutralizado, aparecerá con frecuencia.

Prosigamos con la segunda etapa.

Segunda Etapa: Erradicar, eliminar o anular el defecto de carácter. Esta etapa es más compleja pero posible; veamos cómo desarrollarla.

Echemos mano de nuevo a un texto bíblico, vamos a Romanos 12:2, la versión Dios Habla Hoy menciona una significativa frase:

Cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir.

El proceso de “cambio de manera de pensar” se denomina en la Biblia “arrepentimiento”; de nuevo aclaro que no vamos a recetar una formula religiosa para combatir el pecado. La estrategia que te recomendamos a continuación también ha sido avalada por eminencias en el campo del comportamiento humano, y la psicología la tiene como su objeto. Recuerda que etimológicamente “psicología” significa tratado, estudio de la mente.

Arrepentimiento es la traducción al castellano de la expresión griega “metanoia”, μετανοῖεν, metanoien,   palabra compuesta de “meta”, más allá, cambio, y “nous”, de la mente. Es decir arrepentimiento es cambio de mente, de la manera de pensar, un cambio de actitud; en griego simboliza un giro de ciento ochenta grados, cambio de dirección. 

Resultado de imagen para cambio de actitud positiva

Los psicólogos definen este proceso, dependiendo de su enfoque, como “aprendizaje” ya que todo aprendizaje implica un cambio de conducta; también se le dice reprogramación, pues al cambiar el programa mental, cambia el estilo de vida; o se le dice cambio de argumento, ya que el argumento determina el curso de las acciones, de la historia personal.

En general tal cambio se denomina “cambio de actitud”.

Como hemos observado el énfasis es el cambio de pensamiento. No de cualquier pensamiento sino de aquel que activa la conducta específica.

Hagamos un análisis de conducta, revisemos una radiografía del comportamiento.

Visualiza cualquier conducta. Tiene los siguientes componentes:

Como aprecias en ese esquema, laconducta es simplemente resultado de factores internos, en los que el pensamiento juega un papel primordial. Pero los pensamientos tienen una base que los dirige, los principios. Sigue profundizando y encuentras que la conducta tiene su base más profunda en tus creencias. Las creencias definen tu comportamiento y personalidad en general.

Los tres primeros niveles conforman lo que denominamos “actitudes”, y las actitudes son maneras aprendidas, organizadas y sistemáticas de pensar, sentir y reaccionar.

Los tres siguientes conforman el “yo soy”, del ser; la esencia de cada individuo que determina la personalidad y el comportamiento.

Ya puedes anticipar como los cambios de actitudes modifican la conducta.

 Revisemos conceptos:

Conducta es el conjunto de respuestas ante los diversos estímulos internos y externos. Esta puede ser consciente o inconsciente, voluntario o involuntario,  según las circunstancias que la afecten.

Las emociones son respuestas de nuestro organismo ante los estímulos internos y externos, representan modos de adaptación ante el ambiente. Los sentimientos son las reacciones fisiológicas estimuladas por las emociones, como por ejemplo la risa, el llanto, el rubor, la palidez, la alteración del ritmo cardíaco y de la respiración.

El pensamiento es la actividad y creación de la mente; es todo aquello que es traído a existencia mediante la actividad del intelecto.

Los principios éticos son declaraciones propias del ser humano que orientan sus facultades espirituales, racionales; emocionales, y la voluntad. Son proposiciones que determinan la voluntad de cumplir las reglas.

Los valores son convicciones profundas de los seres humanos que determinan su manera de ser y orientan su conducta y sus decisiones.

Una creencia es el estado de la mente en el que un individuo supone verdadero el conocimiento o la experiencia que tiene acerca de un suceso o cosa.

Como has notado, la conducta es una manifestación de un sistema complejo que se denomina cosmovisión, perspectiva de vida, paradigma, o sistema de creencias. Con esta información trabajemos el cambio de un comportamiento indeseado.

Resultado de imagen para pensar

Primero: reconoce que tienes ese comportamiento indeseado, observa que no le denomino pecado. El pecado es una categoría de carácter religioso. Y en la Biblia tiene otro tratamiento, que si deseas más tarde lo trabajamos.

Segundo: cuando aparezca el comportamiento indeseado no lo reprimas ni lo evites; siéntelo, no te avergüences, ni te juzgues, ni te culpes.

Tercero: Ejerce control sobre la emoción que genera el comportamiento indeseado, tal como aprendimos en la primera etapa, antes descrita.

Cuarto: Activa tu voluntad, esa facultad tuya para decidir y ordenar la conducta. Cultiva la voluntad de decidir por acciones virtuosas, nobles.

Quinto: Revisa tus principios, valora si estas consciente de cuáles son, su importancia, y la necesidad de practicarlos. Recuerda que los principios son normas, reglas que has aprendido y aceptado voluntariamente cumplir. Los principios se ejercitan hasta que conviertan en pautas de comportamiento y se constituyan en un hábito.

Sexto: Cultiva los valores, especialmente aquellos asociados a la conducta que quieres cambiar. Recuerda que los valores no se pierden, se ignoran, se desconocen o no se practican. Piensa en tu escala de valores y operacionalizalos, es decir propón formas de como practicarlos.

Séptimo: Profundiza en tus creencias. El conocimiento superficial o referencial de lo que crees posibilita “falsas creencias” que distorsionan tu esquema de valores. Si eres cristiano necesitas fortalecer el conocimiento de la Palabra de Dios que es tu norma de fe y conducta.

Este proceso se fundamenta en un fortalecimiento, o cambio de las creencias lo cual va a influir en un cambio de actitudes, y a su vez en un cambio de comportamiento.

Como notas, erradicar o neutralizar una conducta indeseada no es sencillo, pero posible de logar con ganas de hacerlo y disciplina.

Volvamos al ejemplo de la ira. ¿Cómo neutralizarla, o disiparla?

Primero: Domínala mediante los tres primeros pasos de la Primera Etapa, ya descrita.

Segundo: Ejercita tu voluntad de decidir dominar la ira, y neutralizarle. Cada vez que te enojes decide dominar el enojo.

Tercero: Practica los principios asociados a la ira. Autocontrol, cumplir las normas de convivencia: respeto  no agredir; ejercitar la mansedumbre, la humildad, la bondad, benignidad, la resolución pacífica de conflictos. En el libro de Proverbios encontrarás una excelente recopilación de principios para una vida feliz.

Cuarto: Revisa y fortalece tus valores, ejercítalos. Adopta como estilo de vida la tolerancia, la honestidad, la justicia, la dignidad, la equidad. Si eres cristiano adopta conscientemente los Valores del Reino contenidos en el Sermón del Monte, Mateo 5:1-7:27. 

Quinto: Profundiza en tus creencias. Si eres cristiano lee, medita, estudia y practica las enseñanzas contenidas en la Biblia, la Palabra de Dios.

Finalmente observemos como influyen las creencias en el comportamiento. Vamos a leer Mateo 22:36-40:

Una persona preguntó a Jesús:

36 Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? 37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Este es el primero y grande mandamiento. 39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.

¿Cómo influyen las creencias en la conducta? Veamos.

Si una persona cree que la Biblia es la Palabra de Dios, la Revelación de Dios a los hombres, entonces sabe que su estilo de vida se organiza de conformidad a las enseñanzas en ella contenidas.

Entonces la Biblia propone los valores, las convicciones profundas que guían la vida. Uno de esos valores, el principal, es el amor. Cuando se ama se cumple la ley, ´Cómo? Veamos.

Tener amor es:

Saber soportar; es ser bondadoso; es no tener envidia, ni ser presumido, ni orgulloso, ni grosero, ni egoísta; es no enojarse ni guardar rencor; es no alegrarse de las injusticias, sino de la verdad. Tener amor es sufrirlo todo, creerlo todo, esperarlo todo, soportarlo todo. 1 Corintios 13:4-7. DHH.

Ese valor básico, el amor, va a determinar los principios. ¿Cuáles?

Además de los enunciados anteriormente, estos que siguen:

12 »Honra a tu padre y a tu madre, para que vivas una larga vida en la tierra que te da el Señor tu Dios. 13 »No mates. 14 »No cometas adulterio. 15 »No robes. 16 »No digas mentiras en perjuicio de tu prójimo. 17 »No codicies la casa de tu prójimo: no codicies su mujer, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que le pertenezca.» Éxodo 20:12-17. DHH.

Los principios que has adoptado como estilo de vida van a determinar y guiar tu manera de pensar.

Piensen en todo lo verdadero, en todo lo que es digno de respeto, en todo lo recto, en todo lo puro, en todo lo agradable, en todo lo que tiene buena fama. Piensen en toda clase de virtudes, en todo lo que merece alabanza. Filipenses 4:8.

Y como sabes, pensamientos nobles,  bondadosos, apacibles van a propiciar emociones controladas por aquellas virtudes.

Y una emoción controlada por tus virtudes no hace daño, a ti, ni a quienes te generan esas reacciones. Te va a seguir enojando las injusticias, las agresiones, las ofensas, pero tu reacción será constructiva, moderada, dirigida a propiciar cambios en el otro; o evitar confrontaciones peligrosas.

De ahí dos grandes consejos de la Escritura:

Si se enojan, no pequen; que el enojo no les dure todo el día. Efesios 4:26. DHH

La respuesta amable calma el enojo; la respuesta violenta lo excita más. Proverbios 15:1. DHH

Comenzamos este escrito afirmando que el cambio de pensamiento es una estrategia para cambiar un comportamiento indeseado, que también puedes denominar defecto de carácter; y te hemos propuestos dos estrategias basadas en la Palabra:

Primera: Autocontrol de las emociones, según Gálatas 5:22-23. Es decir dominio propio.

Segunda: Erradicar o neutralizar las reacciones negativas mediante un cambio en la manera de penar, según Romanos 12:2 DHH: “Cambia tu manera de pensar y cambiará tu manera de vivir.”

Ahora es el momento de tomar una determinación que va a cambiar tu vida para siempre: Decide cambiar tu manera de pensar.

Importante: Hay “defectos de carácter”, o comportamientos indeseables cuyo origen está relacionado con traumas o experiencias negativas vividas en la niñez; o falsas creencias aprendidas; que están contenidas en el inconsciente. Por ejemplo la mitomanía, cleptomanía, las  adiciones al sexo o a la pornografía; entre otras más sutiles que tú sabes. En tal caso es necesario acudir a consulta con un psicólogo o psiquiatra para el debido tratamiento. No temas, la salud mental es un derecho y un deber.

También tienes el recurso de la “sanidad Divina”, que es un aspecto de la realidad espiritual, en tal caso la Biblia te ofrece la pauta, acude a tu consejero espiritual, un sacerdote o un pastor. Ellos te pueden orientar al respecto.

Si necesitas más orientaciones sobre lo aquí expuesto, escríbeme.

Ila0511@yahoo.com

Fuente:

  • Biblia: Versión DHH, tomada de www.biblegateway.org,
  • Conceptos: Wikipedia,
  • Notas personales,
  • Imágenes: Google.
Anuncios

LIDIAR CON LA FRUSTRACIÓN

Cuando alguien tiene una necesidad, siente un deseo, o quiere alcanzar una meta, y se le presenta una barrera que impide alcanzar lo anhelado, surge la frustración.

La frustración es pues producto de una necesidad insatisfecha, de un objetivo no alcanzado. En general, la frustración es una respuesta emocional del individuo cuando no logra una meta, no alcanza un deseo, o no satisface una necesidad.

Dicha respuesta emocional es un mecanismo de defensa del yo, que mal canalizado genera reacciones negativas las cuales afectan al individuo en sí, y a las personas que le rodean.

En realidad, todo ser humano, de una u otra manera, experimenta diversas frustraciones, porque es imposible lograr en la vida todo lo que se desea, o necesita. De manera que necesitamos aprender a lidiar con las situaciones frustrantes, para superarlas, canalizarlas, o aceptarlas. Nunca reprimirlas.

Hay que aclarar que una cosa es experimentar una frustración, otra sentirse frustrado.

Ante situaciones frustrantes, puedes activar tus recursos internos, y superar las barreras; o sentirte inmovilizado, deprimido. Tú eliges.

Los factores que generan la frustración son relativos, y diferentes en cada persona. Una situación puede causar frustración en algunos, mientras que a otros la misma situación no les genere problema alguno. Esto es debido a ciertos factores internos, como el temperamento, y a los aprendizajes recibidos desde pequeños, los cuales nos preparan ante estos factores o, por el contrario, nos vuelven más vulnerables ante ellos.

Por otra parte, los estilos de vida que nos exige la sociedad o nuestro entorno, nos hacen creer que no satisfacer un deseo significa una frustración. Algunas personas en ciertos ambientes laborales o sociales, son más susceptibles a la frustración.

Si un individuo se desenvuelve en un medio en que la mayoría de las personas han logrado sus metas con éxito, y él no ha logrado las suyas, puede que experimente una sensación de fracaso, llevándole en consecuencia a sentirse frustrado.

Por otra parte, en sociedades industrializadas, el éxito es una necesidad para la mayoría de las personas; en cambio, en las sociedades menos desarrolladas, como las expectativas se enfocan en satisfacer las necesidades básicas, es más difícil caer en frustración, ya que las exigencias son menores.

La posibilidad de frustración aumenta en personas que viven en las grandes ciudades, al contrario de aquellos que viven en pueblos, en sociedades más sencillas.

También la frustración es causada por factores internos, que impiden la satisfacción de ciertas metas. Baja autoestima, creerse incapaz o indigno, inseguridad, temor, pensamiento rígido, entre otros.

Muchas veces las metas propuestas son poco realistas, lo cual hace que sean difíciles de alcanzar; en otros casos, la persona es demasiado perfeccionista, ella alcanza una meta, pero considera que no lo hizo en la medida deseada, lo que genera un estado de insatisfacción.

La frustración puede venir de la mano de otras personas. Se da cuando estamos seguros de que nos desenvolvemos bien en una actividad, pero otra persona nos hace creer que no hemos hecho bien nuestro trabajo, o que hemos fracasado en nuestro desempeño. Esto genera una sensación de frustración de gran intensidad, y por ende, hará que la persona desarrolle un mecanismo de defensa.

La frustración en la mayoría de los casos es acumulativa, por lo tanto situaciones frustrantes de pequeña importancia, que se acumulen, pueden desbalancear la vida de un individuo, hacerle sentir frustrado; aun cuando cada una de éstas, aisladamente, no le frustrarían en absoluto.

Mecanismos de defensa.

La frustración puede generar mecanismos de defensa, tales como ansiedad, rabia, depresión, angustia, ira, o en sentimientos y pensamientos autodestructivos.

Estas respuestas emocionales ante la frustración son un mecanismo reflejo, como cuando nos lanzan un objeto a la cara, instintivamente nos protegemos con las manos, sin pensar o recapacitar; de igual manera los mecanismos de defensa surgen involuntariamente sin que nos percatemos.

Mecanismos de defensa más frecuentes:

Ansiedad: es una reacción emocional displacentera, la cual puede ser liberada físicamente a través de conductas inconscientes, como mover una pierna cuando estamos sentados, comernos las uñas, mostrarnos impacientes, entre otras.

Racionalización: es uno de los mecanismos de defensa más comunes. Cuando racionalizamos, encontramos razones lógicas a lo que hacemos; aunque realmente son falsas, las aceptamos como verdaderas, para justificar nuestra conducta,.

Proyección: consiste en descargar la culpa de las deficiencias, errores y malas acciones en otros; y atribuirles a otros sus impulsos, pensamientos y deseos inaceptables.

Identificación: se da cuando nos identificamos con alguna idea o sentimiento, y asumimos ciertas características de la persona o personas admiradas. Al imitar demasiado las características de la persona admirada, el individuo puede perder su identidad.

Sustitución: Ante la imposibilidad de alcanzar un objetivo en un área o actividad, la persona lo sustituye sobresaliendo en otras áreas. Como el niño que al no poder triunfar en las áreas académicas básicas, como la matemática, o el lenguaje, sobresale en otras como los deportes o las artes.

Evasión: la persona ante la imposibilidad de alcanzar la meta que se había propuesto, abandonar la lucha por lograrla.

Agresión: verbal o física contra el obstáculo o barrera.

Reprimir:    intento de represar reacciones negativas; en ocasiones puede causar más daño que las reacciones mismas.

Consejos para superar una frustración.

Busca un plan B: cuando algo nos impida alcanzar un objetivo que deseamos, podemos canalizar nuestro esfuerzo y energía a través de otras estrategias. Tener acciones sustitutas, es decir, un plan B, nos ayudará a superar la frustración.

No se trata de racionalizar, o buscar metas alternativas, sino de utilizar todos nuestros recursos, ingenio, creatividad, conocimientos, razonamiento lógico, intuición, para superar con éxito la barrera.

Reconocer los errores: Aceptar que somos falibles, que cometemos errores. Debemos aprender de aquellas situaciones frustrantes del pasado, verlas como algo que nos dejó una lección, y a partir de ese momento luchar por evitar que esa situación vuelva a ocurrir. Al quedarnos con la parte positiva de la experiencia crecemos y aprendemos.

No busques la perfección: en general las ideas de perfección e inflexibilidad son contraproducentes para sanar y superar frustraciones.

Fomenta tu autoestima y asume las cosas con calma sin dejarte llevar por presiones externas.

Fuente: Wikipedia

Imágenes: Google

¿CUANDO FUE LA ULTIMA VEZ QUE LLORASTE AMARGAMENTE?

Todos en algún momento de la vida hemos llorado, por lo cual conocemos la mecánica del llanto.

Según algunas estadísticas referidas al estudio sobre el llanto, se afirma que un hombre llora en promedio una vez al mes, y que las mujeres lo hacen, unas cinco veces. Por lo tanto este tema nos es muy familiar.

Como vamos a considerar esta reflexión desde una perspectiva bíblica, revisemos, a modo de marco de referencia, algunos personajes que según la Escritura, vivieron circunstancias que les hicieron llorar.

  • Ana: 1 Samuel 1:11, clamando a Dios por un hijo, en virtud de que era estéril; y esa circunstancia le producía dolor, vergüenza, frustración, culpa.
  • Samuel, 1 Samuel 15:35, cuando su amigo Saúl fue desechado como Rey de Israel, como consecuencia de su conducta irreverente.
  • Ezequías, 2 Reyes 20:3, ante el anuncio del profeta Isaías de que su enfermedad era mortal.
  • Jesús, Juan 11:35, ante la tumba de su amigo Lázaro.

Estos relatos nos ilustran que llorar es una reacción natural ante el dolor y el sufrimiento. Digamos que es un mecanismo que ayuda a aliviar el dolor, porque libera tensiones.

Es decir, tiene efectos terapéuticos.

Cuando una persona experimenta dolor, físico o afectivo, el sistema nervioso envía señales al cerebro, quien, entre las muchas reacciones fisiológicas, manda una orden a las glándulas lagrimales para que segreguen una mayor cantidad de lágrimas; entonces se produce lo que conocemos como llanto, o llorar.

Es decir, la reacción del llanto es producida por un factor emocional, como una pérdida, o uno físico como un golpe.

Llorar de alegría, es una reacción inadecuada, puesto que lo propio de la alegría es la risa. Los estudiosos de la psicología, con  el enfoque de la teoría del Análisis Transaccional, denominan a esta reacción “tebusque”, o emoción sustituta.

Otro aspecto relacionado con el llanto, es que reprimirle es contraproducente.

Sobre este tema escribí un artículo titulado: “Cuando reprimo el llanto me da asma”, https://orientador.wordpress.com/2013/07/18/cuando-reprimo-el-llanto-me-da-asma/; Algunos expertos en la materia afirman, que algunos tipos se alergia, e incluso el estornudo, es un llanto reprimido.

Es que llorar, como hemos insistido, es una reacción natural ante el dolor.

Vamos a analizar la causa, efecto, y beneficios del llanto, utilizando la experiencia de un personaje bíblico que lloró amargamente.

Leamos el relato sobre este hombre, Pedro, para extraer algunas interesantes lecciones y aplicaciones. Lucas 22:54-62:

54 Y prendiéndole, le llevaron, y le condujeron a casa del sumo sacerdote. Y Pedro le seguía de lejos.

55 Y habiendo ellos encendido fuego en medio del patio, se sentaron alrededor; y Pedro se sentó también entre ellos.

56 Pero una criada, al verle sentado al fuego, se fijó en él, y dijo: También éste estaba con él.

57 Pero él lo negó, diciendo: Mujer, no lo conozco.

58 Un poco después, viéndole otro, dijo: Tú también eres de ellos. Y Pedro dijo: Hombre, no lo soy.

59 Como una hora después, otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente también éste estaba con él, porque es galileo.

60 Y Pedro dijo: Hombre, no sé lo que dices. Y en seguida, mientras él todavía hablaba, el gallo cantó.

61 Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces.

62 Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente.

LA VIVENCIA DEL LLANTO

Fijemos nuestra atención en el versículo 62:

“Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente.”

Seis expresiones, cada una cargada de intenso significado.

Y: nos conecta con la secuencia de hechos en desarrollo,

Pedro: uno de los primeros discípulos, del círculo íntimo de Jesús, impulsivo, de carácter fuerte,

Saliendo fuera: apartarse de la gente, buscar un lugar privado, aislado, sentirse en la intimidad,

Lloró: descargar emociones. Amargamente: metáfora para significar la mezcla de emociones sentidas: dolor, vergüenza, culpa, remordimiento.

El llanto, y las emociones que lo generan, hay que expresarlo. Reprimirles no es una práctica saludable.

Cuando se reprimen las emociones, el organismo busca alternativas para expresarlas, liberarlas; entonces aparecen la ya conocidas enfermedades psicosomáticas.

Se piensa erróneamente, y así se lee en algunos textos sobre la materia, que hay emociones negativas, por lo cual es necesario cuidarse de ellas. La verdad es que no hay emociones negativas, fuimos dotados de cada una de ellas, con fines bien determinados. El miedo, el dolor, o la rabia, no son emociones negativas, cada una tiene tiene su función específica, incluso para la supervivencia. El miedo, por ejemplo, activa mecanismos que nos impulsan a escapar ante un peligro. Inhibir el miedo, hasta puede conducir a riesgos suicidas.

Lo negativo, respecto de una emoción, es la manera inadecuada como puedan expresarse. Una rabia mal canalizada genera agresiones físicas, y daños a terceros. La violencia es una forma condenada de expresar la ira.

En cambio, el llanto es una forma constructiva de drenar el enojo.

¿Qué sucede luego de pasar tiempo llorando? Sabes que vives una sensación de sosiego, calma, paz, tranquilidad. Esto ocurre porque has liberado tensiones, drenado, expresado asertivamente las emociones. Lo cual es una maravillosa y apropiada terapia natural.

Más aun, al llorar segregas no solamente lágrimas, sino algunas hormonas que te ayudan a superar el dolor. Cierta cantidad de esas hormonas son expulsadas a través de las lágrimas, y otras van al torrente sanguíneo, con efectos medicinales, analgésicos.

Es por ello que se insiste que el llanto es un mecanismo natural ante el dolor, y tiene el objeto de aliviarlo.

MOTIVOS PARA EL LLANTO

¿Qué activa la reacción de llorar?

Para el caso que estamos considerando, observemos el versículo anterior, el 61:

Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces.

Aquí detectamos el motivo del amargo llanto de Pedro: “Una mirada, y un recuerdo”.

Veamos la escena completa.

Jesús, su maestro, es apresado, y conducido a la casa del Sumo Sacerdote, se está en el proceso de eliminarle, mediante la crucifixión; Pedro le sigue, mezclado entre la gente.

En tres oportunidades se le identifica como seguidor de Jesús, a lo cual niega con énfasis. En el instante que por tercera vez Pedro niega ser discípulo de Jesús, un gallo, en un corral cercano emite su clásico canto matutino, tras lo cual Jesús se vuelva hacia Pedro, y le mira.

LA MIRADA:

¿Qué transmitiría aquella mirada?

Hay un poder en la mirada, con ella transmitimos mensajes que pueden impactar sobre quienes la reciben. La mirada de una madre hacia su hijo, comunica mucho, lo sabemos por experiencia propia. Muchos recordamos aun aquellas miradas.

No podemos especular sobre el contenido de la mirada de Jesús, más conociéndole, así como recordando sus actuaciones anteriores, inferimos que no fue una mirada de reproche, acusadora, o con el mensaje “te lo dije. En los evangelios se describe la forma como Jesús miraba a la gente, “compasión”, “misericordia”, “amor”; son las expresiones  características. Recordemos la frase: “Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. ”Mateo 9:36

Seguramente Jesús en una mirada  expresa a su amigo Pedo, comprensión, empatía, consuelo, y hasta ternura. En una palabra una mirada de amor.  Una mirada que le transmitía un elocuente mensaje: “te entiendo, se por lo que estás pasando, ten calma, no te condeno porque te amo…” De otro modo no habría conmovido a este rudo pescador, impulsivo, de fuerte temperamento.

UN RECUERDO

Aquella mirada  activo un recuerdo. Pedro evocó una escena. Pocos momentos antes, en una conversación  había manifestado plena solidaridad hacia su Maestro,  al punto de estar dispuesto a dar la vida por El. Jesús le manifestó: “Antes que el gallo cante tres veces, me negarás.”

Y aquel recuerdo hizo que tomara conciencia de sus temores, su inseguridad, desconfianza, decepción, angustia, dolor, de su impotencia, su flaqueza; en una palabra, su realidad.

Y esa es la reacción apropiada, para superar el llanto: identificar las causas.

SUPERAR EL LLANTO

No conviene mantener el llanto, por un mismo motivo por supuesto; hay que superarlo.

Para ello no hay que trabajar sobre el efecto, sino sobre las causas.

Tal vez un buen somnífero, o un ansiolítico, sean medidas momentáneas, para mitigar el llanto; quizás es conveniente distraerse, oir música alegre, realizar ejercicios; que son paliativos. Lo conveniente y aconsejable,  es actuar sobre el motivo que hace llorar, la causa.

Comenzamos con esta pregunta: ¿Cuándo fue la última vez que lloraste amargamente?

Ahora avanzamos al preguntar:

¿Qué motivó tu llanto, la última vez que lloraste amargamente?

Hay muchos motivos: Una enfermedad, una traición, un pecado.

Sea cual fuere, no te quedes paralizado, inmóvil llorando. Reacciona, llora, y al mismo tiempo:

Si es una enfermedad, llora, clama a Dios, y ve al médico; si es una traición, llora, perdona, y ama; si es un pecado, llora, confiésalo y pide perdón.

No vale la pena seguir llorando, sin actuar.

Pedro no se quedó llorando. Luego de este amargo incidente, le vemos correr hacia la tumba de Jesús, el día de Resurrección; y en el libro de Hechos asume el liderazgo de los discípulos; y el día de Pentecostés, a pocos días de haber negado a su Maestro,  lleno del Espíritu Santo pronuncia un elocuente discurso, luego del cual 3 mil personas confesaron creer en Cristo.

Aun Juan, el Apóstol, no había escrito su carta en la que se lee, “Si confesares tus pecados, él es fiel y justo para perdonar tus pecados, y limpiarte de toda maldad. 1 Juan 1:9. Más Pedro lo sabía, y activó.

Al final de sus días, según la tradición, cuando fue sentenciado a muerte por dar testimonio de Jesús; manifestó no ser digno de morir como su Señor, por lo cual pidió ser crucificado con la cabeza hacia la parte inferior de la cruz.

Qué manera de mostrar al mundo que se ha superado aquel llanto, y los motivos que lo indujeron.

No te quedes llorando amargamente, supera tu llanto en forma constructiva.

Fue lo que Dios le dijo a Samuel en su primer libro 16:1. Deja de llorar por tu amigo, que no tiene remedio ya. Seguidamente le comisionó para ir a ungir al próximo rey de Israel, David, un hombre conforme al corazón de Dios; de quien Jesús dijo ser orgulloso descendiente.

Recuerda que Jesús dijo: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.” Mateo 5:4.

¿Cómo es posible que una persona sea feliz cuando llora?

Al llorar se liberan las tensiones internas, se expresa las emociones que incitan el llanto, y se propicia la búsqueda de alternativas para superar el dolor. Eso enjugará las lágrimas  tendrás alivio, y consuelo.

Lora pues y recibe el consuelo de Jesucristo.

28 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; 30 porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.

Fuente: Wikipedia: El llanto

Biblia: Versión RV-60

Imágenes: Google

LA DINÁMICA DEL AMOR

Alguna vez has escuchado que alguien diga: “A mí nadie me quiere…”

Espero que tú jamás te hayas expresado así, por dos motivos.

El primero porque es una generalización que no es real. Ningún ser humano puede expresar tal afirmación, puesto que alguien, alguna persona de su entorno ha de sentir afecto por él.

En segundo lugar, si así fuese un hipotético caso, estamos afirmando una triste realidad; y es la de que “somos incapaces de inspirar una manifestación de amor”; de “motivar amor”.

Damos por hecho el que todo ser humano posee la emoción “amor”, y muchos poseen la “virtud de amar”; de manera que si una persona no se siente amada, está proyectando su realidad, tal vez su incapacidad de amar, de inspirar amor; ha erigido una muralla de protección en derredor de sí.

La psicología, tanto como la agricultura, la filosofía popular y la Biblia, nos dan una interesante interpretación al fenómeno del desamor.

La psicología afirma: “…un estímulo genera una respuesta…”

La agricultura, establece: “…siembra y cosecha…”

La filosofía popular expresa: “Quien siembra vientos recoge tempestades.”, en concordancia con Oseas 8:7: “Porque sembraron vientos, y torbellinos segarán…”

Es decir, muchas de las reacciones de las personas que nos rodean son estimuladas por nosotros mismos.

Si una persona no se siente amada, respetada, tomada en cuenta, valorada, por los demás; tal vez sea éste el momento de comenzar a expresar: “amor”, “respeto”, “consideración”, hacia las personas que le rodean.

¿Sabes el significado de la expresión amable?

Amable es el adjetivo formado del verbo “amar”, y el sufijo –able. Con el significado de “a quien se puede amar”, o “a quien provoca amar”.

Has observado una carita sonriente, mirada inocente, y apariencia angelical; te inspira emociones placenteras, hasta deseos de protegerle. Lo que pasa es que la niña, sin proponérselo, estimuló en ti todas esas reacciones emocionales, activó todos los nobles sentimientos que posees.

ANTONELLA

Ya tienes una idea de lo que queremos que visualices: la conducta de los demás hacia nosotros, es resultante del estímulo que nosotros mismos emitimos hacia ellos.

Haz una prueba sencilla. La próxima vez que entres a un sitio donde haya personas, un ascensor por ejemplo, hazlo sin decir palabras; en otra oportunidad hazlo sonriendo y saluda; en otra ocasión, saluda convencionalmente.

Por cierto, aun cuando no has hecho la prueba, ya tienes en tu mente la reacción de los demás, quienes reciben el estímulo de tu saludo. Sabes que por regla general, la gente va a responder de la misma forma como tú les estimulas.

¿Quieres recibir muchas muestras de afectos, abrazos, elogios, admiración…? Inspíralas tú, estimúlalas; da el primer paso, regala afecto, abrazos, elogios, admiración. Vas a cosechar lo que siembras, y de paso le vas a alegrar el día a alguien que seguramente tú amas, y está esperando esa manifestación divina…. Amor.
Haz la prueba… Siembra amor… estimula amor… expresa amor…
Luego me cuentas, o mejor… Vive la experiencia…

Imágenes: Google.

ETERNO PRESENTE

El tiempo es la magnitud física que mide la duración entre dos sucesos; y que permite ordenar los acontecimientos en secuencias, un pasado, un presente y un futuro.

Desde un punto de vista práctico, realista, solo existe el presente. Un eterno presente, debido a que el pasado son acontecimientos que ocurrieron, y el futuro hechos por venir. Solo se vive en el presente.

Un sabio, en el libro de Eclesiastés, afirmó: Hay un tiempo en que se nace, y otro para morir. Los extremos de todos los sucesos de una vida. Entre ambos, las realizaciones humanas, en su debido momento.

Todo ser vivo realiza, crea, actúa, produce, únicamente en el presente.

En el pasado hay experiencias, conocimientos, aprendizajes que sirven para facilitar las acciones en el presente; y el futuro constituye una fuente de inspiración, de motivación.

Hay personas centradas en el pasado, ellas piensan que los tiempos pasados fueron mejores; son melancólicas, añoran las tradiciones y costumbres de antaño; les gusta coleccionar antigüedades. Por lo general son personas apegadas a la figura materna; con tendencia a la introversión y al pesimismo. Muchas veces aparece en ellos sentimientos de culpa por lo que hicieron, o no hicieron.

Otros se proyectan hacia el futuro. Todas sus expectativas están en un futuro que jamás llega. Creen que todo lo mejor está por venir. Cuando se gradúen, o se casen, consigan un trabajo, les aumenten el sueldo; el tiempo pasa, y lo mejor sigue en el futuro. Dichas personas son ansiosas, inseguras; siempre están preocupadas.

Quienes viven en el presente generalmente son personas felices, ocupadas, creativas, productivas; disfrutan lo que hacen. Se aceptan como son sin complejos; reconocen sus virtudes y debilidades, sacando provecho de ambas. Realizan lo que se proponen.

La tendencia hacia el pasado, o hacia el futuro, no es un defecto. Es una característica relacionada con el temperamento, son rasgos innatos. El peligro está en no aceptar los cambios, queriendo vivir como en el pasado, en un museo. O pretender anticipar los acontecimientos, lo cual nos produce ansiedad, incertidumbre.

El secreto está en vivir el presente, utilizando la experiencia y saber acumulado; con expectativas reales de lo por venir, como motivación.

En Eclesiastés, el escritor en 3:12 y 13, expresó:

12 Yo he conocido que no hay… cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida; 13 y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor.

Vivimos un hermoso presente, realicémonos en él, utilizando la experiencia acumulada, con la mirada puesta en nuestro destino; confiando en las promesas de nuestro Dios.

Imágenes Google

Biblia: Versíon RV60