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LA CELEBRACIÓN DE AÑO NUEVO

Luego de haber celebrado la Navidad, haces preparativos para la fiesta de Año Nuevo.

 Así que vamos a celebrar una fiesta cuyo origen se remonta a miles de años.

Es que la celebración del Año Nuevo es la más antigua de todas las festividades.

Se celebró por primera vez hace unos 4000 años, en la Antigua Babilonia.

El Año Nuevo Babilonio comenzaba con la primera luna  nueva, creciente,  luego del primer día de primavera, o equinoccio de primavera, que ocurre alrededor del 21 de marzo.

La primavera es considerada como la estación del renacimiento, ya que se asocia con el florecimiento de las plantas, y la siembra de nuevas cosechas; de ahí la elección de esa época para el inicio del año.

La celebración del Año Nuevo Babilonio duraba once días. Cada día tenía su propio estilo y significado.

Los romanos siguieron la tradición babilonia, celebrando el Año Nuevo a fines de marzo, mas con el tiempo su calendario fue modificado por diferentes emperadores; por lo que  finalmente, el calendario dejó de estar sincronizado con el sol.

En el año 153 a.C. el Senado romano decretó que el año nuevo comenzaría el 1 de enero. Hizo este decreto para corregir el calendario, que se había salido de sincronía con el sol. La fecha no tiene ningún significado agrícola o estacional.

Adicionalmente  los cónsules de la Antigua Roma asumían el gobierno, el primero de enero.

Posteriormente Julio César, en el año 47 a. C., modificó el sistema, y creó el calendario juliano que, con algunas modificaciones realizadas en tiempos del cónsul Marco Antonio en 44 a. C., el emperador Augusto César en 8 a. C. y finalmente por el papa Gregorio XIII en 1582, se utiliza hasta hoy.

Los romanos adicionalmente acostumbraban hacer festejos desde el primero de enero,en honor al dios Jano, deidad de los comienzos que regía sobre lo pasado y lo futuro y que poseía en Roma doce altares, a razón de uno por mes; además de su gran templo, que se cerraba cuando no había guerra.

En su honor el primero de enero, la gente estrenaba ropa, y los maridos regalaban dinero a sus mujeres, ellos cuidaban de que el año nuevo los sorprendiera con dinero en el bolsillo, y  procuraban cruzar con el pie derecho primero los umbrales de las casas a fin de tener buena suerte durante el año.

Como puedes observar, la fiesta de año nuevo tuvo sus orígenes en Babilonia, la cual fue adoptada por los Romanos, y llega a nosotros por mediación de la Iglesia Católica.

En Occidente, la celebración de Año Nuevo, en el mundo cristiano, no es una festividad religiosa.

Se ha asumido como un tiempo de reflexión, de evaluación, de formulación de propósitos.

Como un tiempo para dar gracias a Dios por las bendiciones recibidas; por ser amparo y fortaleza en las tribulaciones; por coronarnos de bienes y favores; así mismo una oportunidad para pedir dirección y sabiduría para aprovechar bien el tiempo,  que nos enseñe a guardar nuestros pasos.

Celebremos el Año Nuevo dando gracias por el tiempo vivido; y por las maravillosas oportunidades que tendremos en los 365 días venideros para vivir a plenitud, para crear, para producir, para amar, servir, testificar, trabajar; realizar nuestro proyecto de vida.

En una frase: “Amar a Dios sobre todas las cosas, y a nuestros prójimos, como a nosotros mismos”.

Fuente: Wikipedia

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ETERNO PRESENTE

El tiempo es la magnitud física que mide la duración entre dos sucesos; y que permite ordenar los acontecimientos en secuencias, un pasado, un presente y un futuro.

Desde un punto de vista práctico, realista, solo existe el presente. Un eterno presente, debido a que el pasado son acontecimientos que ocurrieron, y el futuro hechos por venir. Solo se vive en el presente.

Un sabio, en el libro de Eclesiastés, afirmó: Hay un tiempo en que se nace, y otro para morir. Los extremos de todos los sucesos de una vida. Entre ambos, las realizaciones humanas, en su debido momento.

Todo ser vivo realiza, crea, actúa, produce, únicamente en el presente.

En el pasado hay experiencias, conocimientos, aprendizajes que sirven para facilitar las acciones en el presente; y el futuro constituye una fuente de inspiración, de motivación.

Hay personas centradas en el pasado, ellas piensan que los tiempos pasados fueron mejores; son melancólicas, añoran las tradiciones y costumbres de antaño; les gusta coleccionar antigüedades. Por lo general son personas apegadas a la figura materna; con tendencia a la introversión y al pesimismo. Muchas veces aparece en ellos sentimientos de culpa por lo que hicieron, o no hicieron.

Otros se proyectan hacia el futuro. Todas sus expectativas están en un futuro que jamás llega. Creen que todo lo mejor está por venir. Cuando se gradúen, o se casen, consigan un trabajo, les aumenten el sueldo; el tiempo pasa, y lo mejor sigue en el futuro. Dichas personas son ansiosas, inseguras; siempre están preocupadas.

Quienes viven en el presente generalmente son personas felices, ocupadas, creativas, productivas; disfrutan lo que hacen. Se aceptan como son sin complejos; reconocen sus virtudes y debilidades, sacando provecho de ambas. Realizan lo que se proponen.

La tendencia hacia el pasado, o hacia el futuro, no es un defecto. Es una característica relacionada con el temperamento, son rasgos innatos. El peligro está en no aceptar los cambios, queriendo vivir como en el pasado, en un museo. O pretender anticipar los acontecimientos, lo cual nos produce ansiedad, incertidumbre.

El secreto está en vivir el presente, utilizando la experiencia y saber acumulado; con expectativas reales de lo por venir, como motivación.

En Eclesiastés, el escritor en 3:12 y 13, expresó:

12 Yo he conocido que no hay… cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida; 13 y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor.

Vivimos un hermoso presente, realicémonos en él, utilizando la experiencia acumulada, con la mirada puesta en nuestro destino; confiando en las promesas de nuestro Dios.

Imágenes Google

Biblia: Versíon RV60

 

MENTE SANADORA

Vamos a considerar el tema Mente Sanadora, con el objeto de analizar algunos aspectos de las denominadas enfermedades psicosomáticas; y algunas estrategias para prevenirlas.

Nuestra propuesta es “Si el cerebro, a través de la mente puede enfermar; es posible revertir el proceso y lograr que el cerebro, a través de la mente pueda sanar”.

Por lo extenso del tema, lo hemos dividido en secciones, las cuales publicaremos en sucesivas entregas.

He aquí, la primera parte.

La Ciencia Médica confirma la existencia de enfermedades psicosomáticas. Explica que en algunas ocasiones, la enfermedad es  resultado de un desequilibrio emocional persistente en el tiempo. Se denominan psicosomáticas, para designar la relación mente-cuerpo, de la enfermedad.

La expresión “Psicosomática”, es un neologismo propuesto por el médico alemán Johann Heiroth, en 1818, para referirse a malestares y angustias emocionales que se manifiestan en síntomas corporales; esta fue compuesta de las palabras griegas ψυχή, psiqué, “alma”, o “mente”;  σώμα, soma, “cuerpo”; y τικός, “ticos, relativo a”.

Se entiende por enfermedad psicosomática, aquella que produce “somatizaciones”  debido a emociones displacenteras;  contenidos mentales negativos no resueltos, como rencores, culpa, ansiedad, preocupación, entre otros; modificaciones del ciclo vital; o situaciones de alto impacto emocional. Es decir, son aquellas originadas por el estrés, que se manifiestan en forma de síntomas, o de enfermedades físicas.

 

Una “somatización”, es un proceso por el que una afección psíquica, mental,  se transforma en orgánica, definición de la  Real Academia de la Lengua Española; deriva de la palabra griega “somatikon”, que significa “propio, o relativo al cuerpo de un ser vivo.”

¿Hasta dónde pueden afectarnos las emociones?, ¿Las enfermedades psicosomáticas son un problema mental?, ¿Qué soluciones existen?, ¿Qué tanto perjudica reprimir las emociones, no hablar de los problemas, o qué tan perjudicial es no expresar los sentimientos?

Hay situaciones de tipo emocional, que desencadenan dolencias físicas; como la pérdida de un ser querido. El divorcio, por ejemplo, puede producir trastornos físicos a la pareja que no desea la separación, y mantiene afecto por la otra. O, el rencor originado en daños sufridos en la relación, igualmente pueden activar una reacción dolorosa en el cuerpo.

Existen diferencias individuales en el modo de enfrentar las situaciones; tanto a nivel psíquico como a nivel físico. En algunas personas cuya salud física es muy buena, el trastorno emocional puede persistir durante mucho tiempo, sin llegar a manifestarse de forma clara a nivel físico; por lo tanto resisten mas las “somatizaciones”; aun cuando emocionalmente están quebrantadas.

En cambio, tendrá mayor facilidad para contraer enfermedades comunes, como la gripe, dolores de cabeza, problemas digestivos, cansancio crónico, entre otros, quienes son afectados por la falta de defensas, las cuales bajan de nivel debido al estado anímico; por un estado de salud deficiente.

También puede darse el caso de personas quienes por haber alcanzado un alto desarrollo de madurez emocional, tienen la capacidad de canalizar y expresar adecuadamente las emociones, por lo cual sufren menos estrés, y desarrollan un beneficioso equilibrio mental; que les hace más saludable, y menos propenso a las somatizaciones.

Mantener el corazón saludable - Parte I

Freud sentenciaba que de las tres causas de sufrimiento humano: los desastres de la naturaleza, el propio cuerpo, o las relaciones con los otros seres humanos; esta última era la causa más frecuente e importante de los trastornos emocionales.

La falta de amor, algunas situaciones negativas, el estrés, y las presiones de las grandes ciudades son grandes generadores de tensión, los cuales, si no se canalizan apropiadamente, inciden negativamente sobre el bienestar general de las personas, su calidad de vida; y sobre la salud en general.

Según los estudiosos en el campo de la medicina, en muchas ocasiones la enfermedad física es el resultado de un desequilibrio emocional que persiste a través del tiempo. Estas enfermedades se denominan psicosomáticas.

Recordemos que la palabra psicosomática significa: “factores psicológicos con influencia sobre las enfermedades”

A veces acudimos al médico quejándonos de alguna enfermedad o dolencia, y tras hacernos un chequeo los resultados son negativos, no habiendo una justificación al malestar de la enfermedad que creemos tener. Esto causa cierto desconcierto, ya que es más cómodo encontrar una causa física y aplicar un tratamiento, que entender y aceptar que es nuestra mente la que puede estar originando o manteniendo la alteración.

Quienes han experimentado una perdida, primero comienzan a sentir ansiedad ante la situación, luego rabia, impotencia, y tristeza. Estas expresiones de la mente, pueden provocar trastornos físicos, como mareos, dolores de cabeza, dolores musculares, entre otros; hasta producir enfermedades graves, como cáncer, hipertensión. Esto ocurre generalmente a personas que se reprimen, no expresan sus emociones, no comentan   como se sienten, fingen que son fuertes, y evitan llorar

Muchos ni se imaginan que no expresar lo que se siente, reprimir las emociones, y no canalizarlas adecuadamente, pueda ser la causa de todos sus malestares físicos, además de psicológicos.

Las emociones no surgen de la nada, sino que están relacionadas con nuestro modo de interpretar lo que nos sucede. El inadecuado manejo de estas, puede dar lugar a síntomas como dolores de estómago o de cabeza, tensión muscular, enfermedades infecciosas o enfermedades respiratorias, tal y como han demostrado algunos estudios en los que se ha visto cómo pueden aparecer estos síntomas tras un acontecimiento estresante.

Nuestra forma de ver el mundo, influye sobre nuestra salud, y calidad de vida. Las personas con sentimientos y pensamientos de desesperanza, desamparo y depresión que, además, tienen poca capacidad para enfrentarse a los acontecimientos estresantes o resolver los problemas de sus vidas, tienen más probabilidades de tener enfermedades psicosomáticas.

Todo lo expuesto hasta acá, sobre lo cual hay acuerdo general es que: Hay ciertas enfermedades en que los factores psicológicos influyen sobre el cuerpo.

Ahora vamos al corazón de lo que deseamos expresar.

Si la mente, influida por emociones y pensamientos negativos, a través del cerebro, puede enfermar; entonces la mente, influida por pensamiento, emociones y actitudes positivas, a través del cerebro, puede sanar.

Es decir, podemos revertir las enfermedades psicosomáticas; revirtiendo las causas que las originan.

No en vano los romanos propusieron esta sentencia:

“Mente sana en cuerpo sano.”

Lo que queremos expresar es que la salud mental, ejerce gran influencia sobre la salud física.

Sanando la mente, podemos propiciar condiciones para sanar el cuerpo.

Ya mencionamos antes, algunos factores que ocasionan desequilibrios en la mente; no “enfermedades mentales”, que es otra cosa. Tales desequilibrios son producidos, como indicamos antes por la expresión, o manejo inadecuado de duelos, rabia, miedo, rencor, culpa, ansiedad, preocupación, amargura.

En este momento, es bueno aclarar que ninguna emoción es negativa. Hemos sido dotados de ellas, como mecanismos de adaptación al mundo que nos rodea.

El miedo, por ejemplo, no es negativo. Es un mecanismo de egodefensa, que nos permite evitar los peligros, o enfrentarlos. Si a usted se le acerca una serpiente, va a experimentar temor, miedo; por el peligro que representa la serpiente. Ante esa situación, usted tiene dos alternativas: escapar, para evitar el peligro; o, en su defecto, enfrentar a la víbora. El miedo le prepara para esas reacciones; si se queda inmóvil, paralizado, estamos ante una reacción inadecuada. Ahora, si usted ve un ratón, y reacciona de la misma forma como si viera una serpiente, entonces estamos frente a una patología, una  fobia; o una falsa creencia. Los ratones no producen miedo; tal vez asco, repulsión, pero no miedo.

Ninguna emoción es negativa. Lo malo es la forma inadecuada de expresarlas.

El duelo originado por una perdida, no es negativo. Es el mecanismo natural de la mente, para resolverlo, para superar la pérdida. No vivirlo, acarrea consecuencias negativas.

Dicho todo esto, vamos a considerar algunas estrategias para el desarrollo de una mente sana, emocionalmente; y así evitar las somatizaciones.

Continúa…

Fuente: Wikipedia, la Enciclopedia Libre

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