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EL SI O EL NO DEL 15 DE FEBRERO

A pocas horas de las de la consulta electoral para definir si se acepta la enmienda constitucional para la reelección continúa, la situación no esta completamente clara. Ambos grupos señalan poseer la voluntad de los electores, por lo cual anticipan desde ya que su opción es la ganadora.

De todas maneras, independientemente del resultado electoral del próximo 15 de febrero, el panorama no se vislumbra muy claro para Venezuela, y menos para la oposición, en virtud de que definitivamente será en el 2013 cuando se decidirá el sentir popular.

Hasta el presente, ambas opciones han jugado a la polarización, hecho que definitivamente perjudica a la disidencia.

Es que mientras el oficialismo se presenta en todas las contiendas electorales, como un bloque homogéneo tras la figura de su máximo líder; la oposición se disgrega en múltiples candidatos, que a la postre resultan beneficiando al oficialismo.

La estrategia de los abanderados por el NO, tanto como sus voceros no calan en las mayorías, y dejan una sensación de desanimo.

Una de las estrategias ha sido golpear la imagen del Presidente,  negar sus logros, y radicalizar la campaña.

La estrategia de golpear la figura del Presidente, ridiculizarle, es impractica puesto que convierten al Presidente en víctima, con lo que se logra aglutinar más gente a su alrededor, y afianzar el sentimiento de solidaridad entre sus seguidores. Ocultar los logros de la actual gestión, es otro error, con graves consecuencias. Es un hecho que la política habitacional ha beneficiado a millones de venezolanos, entre los que se encuentran simpatizantes de ambas opciones; de igual modo, el establecimiento de la “Venezuela Mobil”, permitió a muchos venezolanos adquirir un vehículo, en condiciones preferenciales. Así como poner techo a los intereses bancarios; la red  ambulatorios de “Barrio Adentro”, el Programa de Alimentación Escolar; entre otros logros.

Es cierto que algunos difieren de estas políticas, mas los beneficiarios de las mismas tienen otra óptica, y son muchos.

Al radicalizar la campaña, tampoco rinde beneficios. Es bien sabido que el oficialismo cuenta con un voto duro de aproximadamente un 25 o 30 por ciento; al igual que la disidencia, que cuenta con porcentajes similares de adeptos. Esto quiere decir, que las elecciones las definen aquellos que están entre ambas opciones. Ese conjunto de venezolanos, la mayoría, que trabaja, sufre y espera; que no es “bolivariano”, pero tampoco “escuálido”.

Estos, a quienes las encuestadoras definen como “ni-ni”, inclinan la balanza hacia la opción que les conquista, atrae, o motiva.

Hasta el presente, el oficialismo ha captado ese voto, hablándole su lenguaje,  y sembrándole esperanza. Mensaje que la oposición no ha sabido capitalizar. Al contrario los voceros disidentes, especialmente los economistas, en lugar de sembrar esperanza, lo que hacen es atemorizar al público con sus pronósticos, y recomendaciones. Posiblemente acertadas, pero fuera de contexto.

Cuando hablan de aumentar la gasolina, liberar el dólar, así como los intereses; cuando señalan que la política de subsidios es errada, y recomiendan su eliminación. Al recomendar liberar los precios, y congelar los sueldos; cuando ridiculizan la red ambulatoria de “Barrio Adentro”; le están hablando al diez por ciento de la población que toda la vida se ha beneficiado de la riqueza petrolera, y atemoriza al noventa por ciento, sean opositores o bolivarianos.

Ellos nos quieren llevar al pasado, precisamente a las causas por las cuales Venezuela se canso de ellos, sus formulas y medidas; y opto por el actual Presidente. Y éste, o un representante de su ideología, se mantendrá en el poder, mientras los políticos y economistas quieran resucitar la Cuarta Republica.

Uno puede darse una idea de la Venezuela poschavista, Dios nos libre, a la luz de la breve pasantía de Carmona por Miraflores.

Por otra parte, los voceros de la disidencia no transmiten autoridad y confianza. ¿Cómo un venezolano de a pie, va a confiar en un personaje cuyo único merito ha sido postularse “continuamente” para un cargo de elección popular?, y esto aun cuando ponga en juego el cargo a elegir.

Las últimas elecciones nos dan razones para sostenerlo. El Pacto del “23 de Enero” fue irrespetado por candidatos, que a la larga contribuyeron a ceder Alcaldías y Gobernaciones al oficialismo. La mayoría de los candidatos a gobernadores y a alcaldes que se postularon, ya habían sido candidatos o habían ocupado dichos cargos; como si  Venezuela careciera de brillantes hombres capaces gerenciar los organismos públicos.

En Venezuela, la reelección continua no es una novedad. Revise las listas de Diputados y observará, que uno de ellos se postula indefinidamente, hasta la jubilación; o que su codician física lo permita.

El próximo 15 de febrero tendremos una opción ganadora.

¿Ganará Venezuela?

LA LECCION DE LOS COMICIOS DE NOVIEMBRE

Cuando el 6 de diciembre del año1998, el pueblo venezolano se volcó a las urnas electorales para votar por el actual presidente de Venezuela, lo hizo con la intención de romper con la decadente denominada Cuarta República.

Los movimientos estratégicos de los partidos, los acuerdos de última hora, la imprudencia de los líderes de las agrupaciones políticas, de organismos gremiales y empresariales, tanto como el intento de los mismos de mantenerse en el poder, dándole la espalda a los intereses del país, y una pésima gestión de los últimos gobiernos; fueron las góticas que desbordaron la paciencia de los venezolanos, y la confianza en los partidos  y sus lideres tradicionales.

Previo a esas elecciones, que cambiaron el rumbo del país, la población estaba defraudada y molesta por el incumplimiento de las promesas que en cada proceso electoral se le ofrecían. Había un malestar general, y en el ambiente se respiraba un deseo de cambio. La gente que desde el 58 había cifrado sus esperanzas en los partidos del estatus, estaba defraudada, y había roto el nexo que a ellos les unía, y se preparaba para la ruptura final. La que materializó en las urnas aquel día 6 de diciembre del 98.

Han pasado diez años, y lo que estamos observando en el actual proceso previo a las elecciones del 23 de noviembre, no es muy esperanzador. Las cosas al parecer no han cambiado.

Los partidos se han constituido en portavoces de la sociedad venezolana, por lo cual vemos a sus connotados dirigentes declarar continuamente en los medios; expresando lo que supuestamente aspiran los venezolanos, que no es otra cosa que investir a su candidato como el abanderado en los venideros comicios.

Los partidos se han enfrascado en una lucha por mantener la unidad, la cual simple y llanamente esta representada en aceptar a los candidatos que los partidos más poderosos proclamen. Las aspiraciones de la gente, su deseo de cambio, su lucha para que le satisfagan sus necesidades; el que se haga una gestión eficiente, y se recoja la basura, que cuando se abra la llave del fregadero halla agua, que las calles estén iluminadas, es decir que los Gobernadores y Alcaldes cumplan las competencias establecidas por ley, están en un segundo plano.

Esa unidad significa que hay que repetir e imponer a los candidatos de los partidos, como si en Venezuela hubiese escasez de talentos para asumir tales funciones. Con sus correspondientes excepciones. Hay exgobernadores que antes de poner su nombre como aspirante ya galopaban en las encuestas, porque eran los candidatos de la gente, del pueblo. Hubo casos que a un candidato se le quiso cerrar el paso, en nombre de la supuesta unidad, porque no respondía a los lineamientos de los partidos. Al final la sensatez se impuso. No solo sensatez, sino el hecho de que aun solo, ese aspirante ganaba los comicios.

Entre líneas uno puede percibir que el perfil ideal del candidato único, tiene un elemento sine qua non: Que sea antichavista, en el caso de la ahora denominada disidencia; o sea antiescualido, y no aparezca en la lista Tascón, para los oficialistas. Eso suena bien para los radicales, quienes están en irreconciliable oposición. Unos al lado del Presidente, los otros opuestos a él.

Más los venezolanos que no ocupan posiciones radicales, que no son antinada, siguen olvidados. Sus aspiraciones siguen insatisfechas. Esta significativa y numerosa población no ve despejado el panorama.

Uno retrocede diez años, y observa los mismos actores, los mismos partidos, la misma frustración; con una diferencia, ahora esos actores, y esos partidos no representan a la mayoría de los venezolanos. Analicemos el comportamiento electoral de la población en los últimos comicios, notaremos que los grandes partidos no tienen seguidores, no tienen votos. Esta fue una de las razones por las cuales no se atrevieron a postularse para las elecciones de diputados a la Asamblea Nacional. Las encuestas no les eran favorables.

Actualmente la gente ha despertado, y cambiado su actitud. La sociedad civil valora a los candidatos por sus cualidades personales, su carisma, su desempeño, su trayectoria, su currículo. No solo el hecho de ser postulado o no por un partido. En muchos casos los candidatos, por su personalidad, son los dueños de los votos, trascendiendo de ese modo a los partidos.

Ahora bien, uno no esta en contra de los partidos, ellos son los medios ideales y constitucionales para canalizar la determinación y el sentimiento de los venezolanos. Lo que es mal visto por los ciudadanos, y además rechazado, es que los partidos sean dirigidos por lideres fundamentales, que se apropian de los partidos y de la voluntad de las mayorías; un liderazgo que se renueva en forma vegetativa. En la Universidad una persona se inicia como contratado, luego tiene la posibilidad de ascender en el escalafón, hasta ser profesor titular, luego se retira; en el Ejercito, un muchacho se inicia como subteniente, luego puede ascender hasta General en Jefe, finalmente se retira. No así en la generalidad de partidos, cuando una persona alcanza la jefatura del mismo, no la suelta más; hasta que las condiciones de salud y edad se lo permitan.

Uno de los cuestionamientos más duros contra el actual presidente, es su intención de alargar indefinidamente su estadía en Miraflores; ello le costó el último referendo. Sin embargo  ¿No existe en la mente de la mayoría de dirigentes de los partidos la misma intención? Revise quienes están al frente de los partidos; observará los mismos nombres décadas, tras décadas.

Sin menospreciar a los distinguidos lideres de los partidos, y aspirantes a las Alcaldía y Gobernaciones, uno se pregunta: ¿Es que en Venezuela se agotó la reserva de talentos?

Si los partidos y sus dirigentes no son renovados, seguirán quebrados. Se habla de cambio de paradigma, de posmodernidad, de la Venezuela del Siglo XXI, pero hasta ahora tales perspectivas no han llegado a las organizaciones que sirven de sustento al sistema democrático venezolano. Cuando ello ocurra daremos un salto, ni siquiera al futuro, sino a los años ya superados por muchos países que hoy se consideran desarrollados, potencias mundiales. Como por ejemplo la China.

Entre tanto, seguiremos esperando que ocurra ese cambio en nuestros dirigentes y los partidos que representan.

En lo que corresponde a la unidad, es un hecho cierto que la verdadera unidad se materializará el 23 de Noviembre, cuando los electores acudan a las urnas para elegir a la persona que consideren con meritos para investirles de Gobernadores y Alcaldes. La población electoral ha madurado. Si la unidad impuso un candidato, los electores canalizaran sus aspiraciones votando por el de su preferencia, o absteniéndose, así de sencillo. Una lección de democracia.

Este proceso nos sirve para reflexionar sobre lo que ocurrirá en los próximos comicios para elegir el Presidente. Venezuela no quiere que los mismos actores rechazados en el pasado mantengan sus aspiraciones, restando posibilidades a la nueva generación, a nuevos talentos. Uno escribe estas líneas con dolor, puesto que se trata de notables venezolanos, que una vez fueron valuarte de las luchas de clases, que promovieron la democracia, que marcaron una época, admirados y queridos por todos. Pero que hoy deben ir al retiro, y desde esa posición de privilegio constituirse en sabios consejeros y guías de las nuevas generaciones. Queremos recordarles como facilitadores en la formación de nuevos talentos, no como obstáculos a la generación emergente.

Una Voz en el Camino.