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DESENREDAR LA MADEJA

Hay momentos en la vida en los que uno se siente como envuelto en una madeja. Imaginamos que invisibles hilos nos rodean, creando la sensación de que estamos atrapados.

Son esos momentos de crisis en que nos sentimos paralizados. Queremos avanzar, pero las circunstancias, la incertidumbre, los temores, nuestra emotividad, los riesgos, impiden que decidamos el primer paso.

¿Qué hacer en estas circustancias?

Nada.

No dar un paso, hasta clarificar las circunstancias, las motivaciones y las consecuencias de tu determinación; a menos que estés en medio de un riesgo inminente.

Si estas ante una situación de riesgo, como un incendio, un accidente, o un terremoto, necesitas actuar de inmediato, manteniendo la calma.

Mas ante las crisis cotidianas, el consejo universal es no tomar decisiones guiados por la emotividad, sea tanto de aceptación, como de rechazo.

Por lo general es conveniente posponer la decisión un tiempo prudencial, para dar lugar al razonamiento lógico, a la respuesta asertiva.

Lo que pasa es que cuando estamos bajo presión, tendemos a ser reactivos; es decir a reaccionar impulsivamente, sin detenernos a evaluar las múltiples alternativas; y las consecuencias de las mismas.

Las crisis llevan al conflicto, y los conflictos no se resuelven solos, ni repentinamente. Se requiere una dosis de ingenio, creatividad, determinación y sentido común, entre otros, para arribar a una solución de compromiso.

Cuando estamos en un conflicto, actúa nuestra afectividad, o nuestra racionalidad.

Cuando la emotividad asume el control, podemos tomar decisiones subjetivas en base a alguna emoción: agredir, evadir, o escapar; o bajo la influencia del placer: aceptación incondicional. Acciones que pudieran potencialmente ser incorrectas.

Si por el contrario la racionalidad es quien domina la situación, una objetividad desapasionada, un análisis frío, una respuesta calculada, puede igualmente conducirnos a decisiones equivocadas.

¿Cuál es la actitud correcta?

Si se te exige tomar una decisión instantánea, y no hay alternativa de tomarse un tiempo para pensar, no queda más remedio que dejar lugar a la intuición, o al riesgo calculado. Y esperar que las cosas salgan bien; pero esta no es la generalidad de los casos.

La crisis y el conflicto al que me refiero, no es de este tipo.

Por cierto la expresión crisis, a veces la tomamos como sinónimo de conflicto, lo cual no es cierto. Una crisis es una coyuntura de cambio en un sistema dado, sujeto a evolución. El conflicto se genera si no sabemos manejar la crisis.

El conflicto es “un enfrentamiento u oposición entre personas”, por opiniones contrarias; o “un asunto o problema personal de difícil solución”, como los conflictos emocionales.

Por ejemplo, decimos que la adolescencia es una etapa conflictiva. Ciertamente la adolescencia es una etapa de crisis, de cambios, se transita la conversión del niño en adulto, lo cual es natural. El conflicto se da cuando la crisis no se maneja adecuadamente, por el sujeto, o por quienes le rodean.

Ahora bien, vamos a referimos a aquellos casos en que las condiciones bajos las cuales se produce la crisis permiten un análisis objetivo.

Tomemos notas de algunas crisis personales que tenemos que enfrentar. Recuerde que la expresión crisis significa “situación de cambio”: la pubertad, el matrimonio, la paternidad, las rupturas de relaciones, el despido de un trabajo, una enfermedad repentina, son algunas de las innumerables crisis que enfrentamos a lo largo de la vida.

Para evitar que la crisis se convierta en conflicto, es necesario actuar asertivamente, esperar el tiempo prudencial para tomar la decisión, aunque sea breve. De esta manera se baja la presión, se alcanza la calma, se puede pensar serenamente.

Después, utilizando sus recursos internos, buscar una solución asertiva, que luego no produzca dolor, remordimiento, o culpa; porque la decisión fue tomada responsablemente.

La capacidad de razonar lógicamente, tanto como la inteligencia emocional son los mejores recursos para solucionar un conflicto, y superar una crisis.

Mediante el razonamiento lógico se hace análisis de la situación, se evalúan los resultados, para elegir la solución más adecuada.

Por su parte las habilidades de la Inteligencia Emocional, nos permite: desarrollar Autoconciencia Emocional, comprender las verdaderas causas de una emoción, lo que la origina; Control de las Emociones, la habilidad de canalizar las emociones adecuadamente, expresarlas asertivamente; Motivación, capacidad interna de iniciar una acción, dirigirla a la meta propuesta y mantenerla; Empatía, ponerse en el lugar del otro, comprender lo que le sucede; Habilidades Sociales, practicar aquello de “ama a tu prójimo como a ti mismo”.

Lo importante en todo caso es actuar con una mente equilibrada, serena, por lo menos capaz de evaluar objetivamente los pros y los contras de determinada solución.

Por ejemplo, ante el despido de un trabajo, en lugar de generar enfrentamientos con el patrón; o de sentirse deprimido, inútil, o rechazado; pensar positivamente: Asumir que se abren múltiples opciones para explorar otras alternativas, probar nuevos rumbos, o iniciar ese proyecto largamente pospuesto.

Un dato interesante. Su cerebro está diseñado para procesar la información y buscar soluciones, más él no trabaja adecuadamente bajo presión, dale una dosis de serenidad.

El cerebro va a desenredar la madeja, si lo permites.

Fuente: Inteligencia Emocional, Daniel Goleman

Diccionario de la Real Academia Española

Imágenes Google

PIENSA Y CREA

Sentir el corazón oprimido, como atenazado por una mano de hierro; desanimo, tristeza, pesar, fatiga, cansancio, desesperanza, vacío, impotencia, inconformidad, decaimiento. Una mezcla de sensaciones desagradables, inquietantes, dolorosas.

Alegría, euforia, placer, entusiasmo, energía, esperanza, plenitud, confianza, bienestar, poder, triunfo, gozo. Una combinación de emociones placenteras, gratas, estimulantes.

¿Qué puede generar semejantes estados de ánimo?

Un pensamiento, una determinación, una decisión, una persona.

Somos dueños de lo que sentimos,

Tal vez podemos atribuir a otros lo que nos pasa, o experimentamos.

Más al fin y al cabo, aunque los demás ejercen grandes influencias sobre nosotros, es imposible que puedan determinar lo que internamente decidimos sentir.

Que poder más extraordinario posee el pensamiento.

Un pensamiento crea.

Un pensamiento destruye.

Alguien ha afirmado que todo lo que existe, primero ha surgido en forma de pensamiento.

Eso tiene validez para las grandes creaciones universales; tanto como para las sutiles emociones que experimentamos.

Uno puede pensar en las grandes pirámides de Egipto. Cada una de ellas no surgió espontáneamente; primero vino a la mente de un creativo, que luego la llevo a realización.

Igual ocurre con las grandes tragedias humanas.

El fuego que incendió a Roma, en época del Imperio, no  fue producto de una chispa de ignición simplemente. Primero se ideo en la mente de alguien. Algunos lo atribuyen a Nerón.

Así pues en la mente surgen grandes creaciones para bienestar de la humanidad; tanto como creaciones para destruir.

Te puedes imaginar cómo fue tomando forma la idea que finalmente tuvo concreción en la bomba que explotó sobre la ciudad de Hiroshima; igual al proceso que dio lugar a la creación del vehículo automotor.

Todo está en la mete, surge en la mente, se procesa en la mente. Un pensamiento.

Por este motivo es que necesitamos ejercer mayor control sobre los pensamientos; tarea difícil, casi imposible; mas hay una sabia recomendación, pensar positivamente.

San Pablo expresó:  “…todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo,  todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad…” Filipenses 4:8.

¿Recuerdas las palabras iniciales de este artículo?

Las sensaciones que experimentaste a  medida que leías tales palabras, desaparecieron al cambiar el enfoque, cuando comenzaste a poner en tu mente otras ideas.

Cuan acertadas son las palabras, “cambien su manera de pensar, y cambiara su manera de vivir…”