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ALAN GARCÍA, EN EL CORAZÓN DE PERÚ

El trágico final del expresidente peruano conmueve a la humanidad por las caracteristicas del hecho.

El expresidente peruano estaba bajo fuerte presión desde hace varios meses, debido a las investigaciones en su contra por presuntos hechos de corrupción durante sus gobiernos; y la posibilidad de terminar en la cárcel.

García presidió dos veces Perú, 1985 – 1990, y entre 2006 – 2011. Sus dos gobiernos no estuvieron exentos de polémica como ha sucedido con todos los exmandatarios vivos del país, que tras dejar el poder han sido acusados de corrupcion.

Palacio de Gobierno de Perú.

El exmandatario peruano es otra víctima de Odebrech, y la investigación “Lava Jato”, que nace en Brasil y se ramifíca por diversos paises de América y Europa.

La lamentable desaparición genera unas cuantas interrogantes y reflexiones.

Sobre el suicidio.

¿Que motiva la conducta suicida?

Es de conocimiento general que el ser humano ha sido dotado de lo que se denomina instintos, impulso, o mecanismos de defensa del ego, que impiden ocasionarse daño a sí mismo, conscientemente.

Cuando existen graves circunstancias que ejerzan fuertes presiones en el orden afectivo e intenso dolor moral, el individuo puede caer en un estado de depresión, estrés, angustia, ansiedad, y culpa de tal intensidad que puede bloquear los mecanismos de ego defensa, al punto de permitir el acto fatal, en un estado de pérdida temporal de control mental de sus actos.

El análisis forense del estado mental del suicida, psicología forense, puede dar pistas sobre las causas del móvil del sujeto.

En el caso del expresidente, según declaraciones de su abogado, estaba consternado por las acusaciones en su contra, las que negaba enfáticamente; tanto como por la posibilidad cierta de ser encarcelado.

En esta fatal determinación del expresidente, la empresa constructora, acusada de sobornar, presuntamente, a casi todos los expresidentes latinoamericano, tiene una pizca de participación en esta muerte por haber incitado, o aceptado el soborno.

El Presidente.

Otro aspecto a considerar es que la investidura presidencial no otorga mayores poderes, o facultades especiales en el ámbito de la personalidad.

Sigue siendo el mismo individuo, con un estatus y un rol que está especificado en la Constitución y las leyes de cada país. Si es un estadista, es un estadista en el poder; si es un ignorante, es lo mismo. El cargo no hace a la persona, en todo caso es a la inversa.

Los presidentes, y todo quien este en un cargo de liderazgo, o de gerencia; son simples seres humanos a quienes se les ha confiado una tarea.

Cuándo por algún motivo se deja de ocupar aquel estatus, se pierde el rol, pero la persona sigue siendo la misma, tal vez enriquecida por el cumplimiento de aquella función.

Esto hay que saberlo procesar, para no caer en la falsa creencia de que al dejar un cargos perdemos algo vital; o peor aún que mantenemos el estatus aún perdiendo el cargo que lo determina.

Recordemos que estatus es la posición que se tiene en un grupo, y el rol, la conducta derivada de aquel.

En este lamentable caso, el expresidente no pudo concebir que una persona de su condición fuese humillada y avergonzada tras las rejas de una cárcel.

Un antídoto contra el suicidio es adecuar el comportamiento a la norma; caso adverso, aprender a manejar la culpa, la verguenza, el dolor, el remordimiento de conciencia; factores de riesgo en la conducta suicida; y como terapia senadora, personarse, perdonar, y asumir humildemente la resoinsabilidad en los hechos, en el caso de tenerla.

Deseamos que la familia del difunto supere este horrible dolor, y procese sabiamente la verguenza por un hecho que escapa de su comprensión.

De igual modo que el pueblo peruano supere sin mayores consecuencias el dolor por la desaparición de un hombre al que un día le concedió su efecto y confianza.

Fuente:

Prensa internacional

Notas personales

Imágenes: Google

LAS VICISITUDES DE UN ALCALDE

La prensa nos ofrece abundantes detalles de la situación del Alcalde de Valencia Edgardo Parra, quien atraviesa un vendaval ocasionado por su particular manera de administrar los recursos del Municipio.

Las vicisitudes que vive no me complacen, por su condición humana, y porque él es víctima de un estilo de vida instaurado en Venezuela desde tiempos inmemoriales.

Uno espera que los funcionarios públicos actúen conforme a la majestad del cargo, y que cumplan sus tareas con un mínimo de eficiencia, equidad y tarnsparencia.

Son muchos los motivos que empujan a una persona para actuar en forma indebida, como el caso del cuestionado Alcalde.

A los fines de esta reflexión mencionaré solo dos.

El primero tiene que ver con los valores, y el estilo de vida del hombre posmoderno.

La época posmoderna es una era caracterizada por la práctica de valores relativos; se ha perdido la fe en la razón y la ciencia, en su lugar se rinde culto a la tecnología. El hombre posmoderno perdió la fe en el poder público; vive despreocupado ante la injusticia y no tiene idealismos.

El hombre posmoderno es egocéntrico, y cree ser parte de esa “energía cósmica” que sustituye a Dios.

Hace  unos dos mil años, Jesucristo explicó el origen de este proceder, lo expuso de esta manera: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.” Mateo 15:19

Así pues, en el interior del individuo se gestan los pensamientos que marcan la manera de proceder. Por lo tanto ese hombre posmoderno necesita un cambio en la manera de pensar, que va a determinar un cambio de actitud, en su manera de vivir.

Ese cambio de actitud, se denomina arrepentimiento y tiene que ver con un cambio radical de la vida, como nacer de nuevo.

Para que se dé el cambio de actitud, hay que asumir conciencia de ello;  y para que esto ocurra el hombre necesita ser confrontado con el Mensaje del Evangelio, lo cual es un desafío al cristiano hoy.

Se necesitan medios de gracia que propicien que el mensaje del evangelio llegue al corazón del hombre. Ese es nuestro llamado y misión.

El segundo, tiene que ver con una práctica instaurada en Venezuela desde tiempos inmemoriales.

Como sabemos, la corrupción, el desvío de los fondos públicos, la apropiación indebida y la malversación es una realidad que no nace con el Alcalde Parra; ni es el único presunto incurso en estos delitos.

Es un secreto a voces que en cualquier dependencia del Estado se incurra en estos delitos, solo que no se denuncian, o no se investigan.

Tomemos un ejemplo. Un funcionario público trabaja más de 25 años, por lo cual tiene derecho a ser jubilado. Al disfrutar este derecho, le corresponde por ley, que se le paguen sus beneficios sociales, liquidación, o como se llame.

Pues bien, se da el caso de que un educador es jubilado. Jubilación deriva de “jubileo”, júbilo. Más hay poco de celebración por cuanto a ese trabajador no se le cumple lo establecido por ley, no se le cancela de inmediato su liquidación, y tiene que esperar más de cinco largos años para obtener algo que es suyo; que la ley establece como propio.

Reza la ley que a cada trabajador se le debe calcular lo que le corresponde por concepto de prestaciones sociales, y depositarlos en un “fideicomiso”; por otra parte, en cada Ley de Presupuesto de la Nación, se calcula el monto correspondiente a cada trabajador, por el concepto anteriormente señalado.

Quiere decir que cada año el Estado asigna el monto correspondiente a las prestaciones sociales de cada funcionario público; de manera que al darse la jubilación de un funcionario debería entregársele de inmediato su liquidación.

¿Por qué no ocurre? ¿Qué se hizo con el dinero correspondiente a las liquidaciones de los funcionarios? ¿Por qué hay que esperar cinco años o más, si el dinero debería estar “a la vista”?¿Por qué hay que solicitar un crédito adicional para ello? ¿Cómo se denomina el uso de una partida para un fin distinto al asignado en el presupuesto?

A la luz de todo esto, necesitamos un profundo cambio de actitud en Venezuela.

A todas estas, más interrogantes: Nuestros representantes, los diputados, quienes anualmente aprueban la Ley de Presupuesto, y conocen esta irregularidad, ¿No tiene responsabilidad en corregirla?, ¿Y los demás organismos garantes del Estado de Derecho?

Una última pregunta, ¿Qué condiciones propiciaron la elección del anterior Alcalde de Valencia?