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PARA PENSAR UN PRIMERO DE ENERO

Proseguimos hoy, 1 de enero, un proyecto que se inicia desde el mismo instante en que se nace.

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Ayer tal vez te hiciste muchas promesas para el futuro,  consideraste enmendar los errores. A lo mejor te pusiste alguna prenda amarilla para recibir el nuevo año. Llegada la media noche, es probable que degustaste doce uvas mientras sonaban las doce campanadas que anunciaron la llegada del nuevo año, y con gran regocijo abrazaste a los tuyos deseándole un feliz año. Es posible que algunos dieron una vuelta alrededor de sus casas maleta en mano, con la esperanza de que ese gesto les conceda la posibilidad de viajar.

Tradiciones muy hermosas que se han venido cumpliendo desde tiempos remotos. Más como son tradiciones, no surten efectos reales en el devenir del tiempo, porque lo que define tu futuro son las realizaciones del presente.

Sabes por experiencia personal que no puedes realizar nada en el futuro, aquello que te propones es una idea, un proyecto, una meta; que para concretarla tienes que trabajar cada día, solo así se hará realidad. Y tus acciones solo puedes cumplirlas en el presente. Recuerda: solo vives, realizas, actúas, logras, disfrutas en el tiempo presente. Nada haces en el mañana, sino hoy. Por eso el dicho sabio: No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy.

Pongamos por ejemplo que deseas realizar un emprendimiento, la concreción de ese deseo no depende de la buena suerte, de los buenos augurios, o de grandes intenciones. Se hará realidad si pones en acción cada uno de los pasos requeridos para lograrlo, y ello requiere activar todo tu potencial, tus conocimientos, y buscar el asesoramiento requerido.

No es la mala suerte, la situación del país, la carencia de recursos, los obstáculos lo que detendrá tu emprendimiento. Lo único que puede frenar la realización de tu proyecto es la extinción de la energía, la motivación, la necesidad de lograrlo.

Revisa los logros tuyos en el pasado. Sabes que no es la buena suerte lo que hizo realidad ese logro del cual te enorgulleces. Toma nota de los pasos, las estrategias, las acciones que pusiste en marcha para obtener aquella meta; y haz lo mismo con aquel emprendimiento que te has propuesto.

No dejes a medio camino tu proyecto, esfuérzate hasta lograrlo.

Si abrazas la fe en Cristo, recuerda una afirmación de San Pablo en Filipenses 4:13:

“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”

Fuente:

 

EL EXITO ES UNA CONSECUENCIA

Todos queremos tener éxito en lo que hacemos.

Ahora bien, el éxito es resultante de una sucesión de realizaciones personales.

Existe un acuerdo general respecto a cómo suceden las cosas, se sabe que una causa genera sus consecuencias.

La física, establece que toda acción, genera una reacción; en el ámbito de la agricultura aprendimos que uno siembra y luego cosecha; la psicología por su lado enseña que un estímulo genera una respuesta.

La observación de estos hechos determinó la formulación de la Ley de Causa y Efecto.

Toda acción, genera una reacción.

Las cosa no suceden por casualidad, azar; por buena o mala suerte. Todo tiene una causa.

Un terremoto, por ejemplo, no es un hecho aislado; es un movimiento para liberar la energía acumulada debido al desplazamiento de los materiales internos de la Tierra, en busca de equilibrio; y el desplazamiento interno de los materiales de la tierra, es resultante de las actividades volcánicas y tectónicas. Y las actividades volcánicas y tectónicas resultan de… y así sucesivamente.

Hay una cadena de hechos entrelazados, en sucesión indefinida. El terremoto, produce otros efectos, y así sucesivamente.

En el plano humano, la Ley de Causa y Efecto funciona perfectamente; ella nos explica que todo lo que sembramos tendrá su resultado; tanto en pensamiento, palabra, y acciones. Esto quiere decir que todo lo que hacemos pone en movimiento una causa y ésta trae una consecuencia, positiva o negativa, que dependerá de la causa puesta en movimiento.

Si usted considera que la gente no le toma en cuenta, lo ignora, rechaza, menosprecia, evade; o asume cualquier actitud negativa, evalúe que está haciendo usted para que ello suceda.

Desea ser una persona atractiva, estimulante, respetada, querida; comience a sembrar, a propiciar en los demás actitudes positivas hacia usted.

No existe el azar, la buena o mala,  suerte, sólo resultados.

Usted tiene la capacidad de hacer que las cosas sucedan, de obtener lo que quiere. De esta realidad podemos extraer dos importantes aplicaciones.

La primera: El análisis de los efectos permite conocer las causas que originan determinado suceso. Es lo que se hace en los accidentes de aviación. Todo con el objeto de corregir fallas y evitar nuevos accidentes. O también se hace, cuando se estudia una organización exitosa, para descubrir los principios que conducen al éxito.

La segunda: El análisis de las causas permite predecir las consecuencias. Esta aplicación permite a los economistas anticipar lo que ocurrirá en la economía de un país, en un tiempo determinado; la inflación, por ejemplo.

Es decir, si usted quiere saber el porqué de su situación actual, haga una evaluación de las causas que la determinaron. Si está satisfecho, fortalezca las acciones realizadas y manténgase activo. Si por el contrario, está insatisfecho, evalúe las cosas que hizo, o no hizo, las cuales le condujeron a la realidad presente, y haga los cambios requeridos.

Usted es el actor en su situación presente.

Si usted quiere saber qué será de su vida dentro de diez años, considere su realidad actual, propóngase una meta, y ponga en movimiento sus recursos, capacidades, y voluntad. Culminado el lapso, estará satisfecho.

Usted es artífice de su destino.

No espere la buena suerte, la casualidad, la fortuna. Propóngase una meta y haga que las cosas sucedan.

Recuerde, el éxito es consecuencia de acciones dirigidas a tal efecto.

Imágenes: Google