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REFLEXIONES FRENTE AL MAR

Existen elementos de la creación que han maravillado el hombre desde que existe sobre la faz de la tierra: La eminencia de las montañas, que se elevan hacia las alturas, hasta tocar las nubes; la luna con su permanente cara vuelta hacia la tierra, sus periódicas fases, e inquietantes eclipsis; las tormentas, arrebatadoras, perturbadoras e inesperadas; un cielo nocturno, desplegando innumerables puntitos de titilante luz, atrayendo miradas e imaginación. Y, entre todas esas maravillas, una que ha cautivado al hombre toda la vida, el Mar.

Su inmensidad, poder, profundidad, misterio.

Esa maravilla de la creación, existe desde mucho antes de la aparición del hombre sobre la faz de la tierra, y está ligada a su existencia.

Sentado en una playa frente al mar, escuchando el rumor del oleaje, hundiendo los pies en la tibia arena, contemplando el descenso del sol sobre el lejano horizonte, durante un hermoso y colorido atardecer; conmovidos por la belleza del paisaje, ni pasa por la mente lo fascinante de su origen, su extensión, inmensidad, su poder, composición vital, e importancia para la existencia y desarrollo de los pueblos.

Atardecer en Morrocoy, Tucacas. Venezuela

Del Mar primigenio, surgió la vida animal. La ciencia y la Biblia concuerdan que las primeras especies animales fueron los peces, y demás seres vivientes que se mueven en el agua; posteriormente algunos de ellos, de las entrañas del mar saltaron a tierra firme, en forma de animales alados, Génesis 1:20-21.

La formación de los mares se asocia a la aparición de dos elementos tan comunes, como vitales; El hidrógeno, cuyo símbolo químico es H, y el oxígeno, O.

El hidrógeno es el elemento más abundante en el Universo, el combustible generador de la energía que emana de las estrellas. Su nombre significa “generador de agua”, hidro-geno. El oxígeno es el elemento más abundante en la atmosfera de nuestro planeta, vital en el fenómeno de la respiración.

La unión de ambos elemento, dan origen al agua, otra sustancia tan abundante, como vital en la Tierra: H2O. Se afirma que la proporción de agua en el globo terrestre es de un 70%, frente a las demás sustancias presentes en el mismo. Que es la misma proporción aproximada en el cuerpo humano.

El agua de los mares contiene unos dos tercios (2/3) de los elementos presentes en la tierra, aunque la mayoría de ellos en forma de trazas; entre los cuales abundan sales disueltas, que originan su salinidad, como cloruros de Sodio, NaCl, de Potasio, KCl, de Magnesio, MgCl2, entre otros; así como Sulfatos, Bicarbonatos, Bromuros y Fluoruros. Contiene trazas de oro, plata, de elementos radioactivos; y gases disueltos, como el Oxígeno.

Salina de Araya, Estado Sucre, Venezuela

Del Mar se extraen diversas sales minerales, entre las cuales sobresale, la “sal común”, o Cloruro de Sodio. Vital en la economía de los pueblos, y de los procesos vitales.

La palabra “salario”, proviene de la porción de sal entregada a los soldados romanos. Deriva del latín salarium, que significa ‘pago de sal’ o ‘por sal’. El término proviene del antiguo imperio romano, donde muchas veces se hacían pagos a los soldados con sal, la cual valía su peso en oro, dado que la sal en la Antigüedad era usada para conservar la carne.

Se estima que la superficie de la Tierra es de 510.072.000 km², de la cual el 70% corresponde a la masa de agua de los mares y océanos, y un 30%, a la tierra emergida que conforman los continentes e islas.

Así pues, la tierra vista desde el espacio, es “agua”.

Por el mar, surcaron las naves de comerciantes, viajeros, y conquistadores. Embarcaciones fenicias, egipcias, griegas, romanas alzaron sus velas, e impulsadas por el viento, o por los remeros en sus entrañas, conquistaron pueblos, intercambiaron sus mercancías, o descubrieron nuevas latitudes.

A bordo de tres Calaveras, Colón y su tripulación arribaron a las costas de un Continente desconocido, un Nuevo Mundo, al que denominaron América.

El Mar es una fuente poderosa de energía, en gran medida sin utilizar, que producen las olas superficiales, las mareas, las corrientes marinas, y los cambios de temperatura.

También el Mar es una fuente inagotable de alimentos, generados por la flora y fauna marina. Muchos pueblos viven, se nutren, y progresan, a expensas de la provisión marina.

El mar sirve de inspiración a poetas, pintores, escritores; y a cualquiera que se sitúe frente a él.

De su apariencia insondable, misteriosa y cautivadora, surgen sueños de aventura, deseos de conquista, ansias de vivir, de explorar de conocer; así como temor a lo desconocido, reserva por el peligro.

A veces calmado, sereno, apacible, evoca la paz, el romance, sosiego; otras inquieto, revoltoso, impetuoso, inspira temor, cautela, desconfianza.

Muchos sienten su atracción, otros le buscan como refugio, algunos para inspiración, o un tiempo de solaz, descanso, o de refrigerio para el alma.

El buque insignia Christianus Qvintus en la batalla de la bahía de Køge, el 1 de julio 1677. Uno de los últimos óleos del pintor danés Christian Mølsted (1862-1930). Tomado de Wikipedia

El Mar, una maravilla de la creación, tan cautivadora, atractiva e insondable, que en muchos sentidos, se parece a ti…

Fuente:

LA CREACIÓN DESDE UNA PERSPECTIVA TERRESTRE

El relato de la creación tal como se describe en Génesis capítulo uno, sugiere que es la descripción de un observador imaginario, desde una perspectiva terrestre.

Es decir, es la percepción de Moisés desde su ubicación terrestre, humana; no espacial. De ser vista la secuencia desde el espacio, la narración sería diferente.

Vamos a analizar la secuencia de hechos, pero antes consideremos un aspecto interesante, que nos dará luz, al momento de abordar el tema.

En la época del Israel antiguo no había una comprensión  acerca del universo, como el que tenemos hoy día. Así que ellos escribieron en términos que les eran familiares.

En la Biblia se mencionan tres cielos:

El primer cielo,  constituido por la atmósfera de la tierra donde se encuentran las nubes y los pájaros. Génesis 1:8. “Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo.” Génesis 1:20. Dijo Dios: “Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos.”

El segundo cielo es el espacio donde se mueven  el sol, las estrellas y la luna: “Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años,” Génesis 1:14. “Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia,” Génesis 15:5.

El tercer cielo es el lugar donde Dios habita. “Y tuvo miedo, y dijo !Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo. Génesis 28:17; “Mira desde tu morada santa, desde el cielo, y bendice a tu pueblo Israel, y a la tierra que nos has dado, como juraste a nuestros padres, tierra que fluye leche y miel.” Deuteronomio 26:15; Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo.’ 2 Corintios 12:2

Con esta idea en mente, consideremos el relato de la Creación:

En el Principio. El primer versículo  de la Biblia, explica que Dios creó los cielos y la tierra. ¿A qué cielo se refiere? No a su morada, porque El existe antes que todo comenzara. Tampoco a la atmósfera, que fue formada posteriormente. Por el contexto sabemos que este cielo se refiere, a los astros y demás cuerpos celestes.

Es decir, en el principio Dios creó el Universo, el conjunto de Galaxias y cuerpos astronómicos, inclusive la Tierra. Entonces ya existía luz, la de las estrellas; especialmente la del Sol.

Génesis 1:2, nos da un dato interesante, explica que la tierra estaba totalmente en tinieblas, debido a la existencia de densas nubes que impedían en paso de la luz solar.

Primer día, Génesis 1:3-5 nos informa que Dios dijo “sea la luz”, es decir, véase la luz desde la tierra; por este motivo se tiene conciencia de la existencia de un lapso de tiempo de oscuridad, y otro de luz. La noche y el día. La luz ya existía pues fue creada al formar  “el cielo”, es decir, las estrellas, en especial la luz visible del Sol.

Como sabemos, ubicados en un punto del espacio exterior a la tierra, no hay conciencia de oscuridad; debido a que ésta se produce, la oscuridad, cuando un objeto interfiere la luminosidad del Sol. En el Sol, por ejemplo no hay noche, ni día, semejante a los de la tierra.

El segundo día, Génesis 1:6-8, Dios separó las aguas de las aguas, en otras palabras se definió la atmosfera, a la cual llamó “cielo”. Ese día hubo una clara distinción entre el vapor de agua, nubes, de la atmosfera; y el agua líquida, que cubría en su totalidad a la Tierra.

Tercer día, Génesis 1:9-13, hubo separación entre la tierra, que emergió hacia la superficie de las agua; y las aguas que se juntaron para formar los mares. Con una tierra seca definida, y luz solar, se dan las condiciones para el surgimiento de la hierba, y los árboles.

El cuarto día, Génesis 1:14-19. Dios establece a los astros como patrón de medida del tiempo, de las estaciones; para facilitar el cultivo de las plantas.

Las Pléyades, situadas en la constelación de Tauroy son conocidas como “las 7 hermanas”

Dios no creó las lumbreras y a las estrellas ese día; ya estaban creadas, según el primer versículo de la Biblia. Observe la expresión “ Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra,”; es decir colocó las lumbreras en el cielo. Este cielo es el espacio exterior de la atmósfera, el universo en general.

El quinto día, Génesis 1: 20-23, creo Dios las aves y a los peces. Sobre las aves añade que “vuelen sobre la expansión de los cielos,” o la atmósfera. Es interesante destacar que la ciencia afirma que la vida animal surge del agua, teoría de Oparin.

El sexto día,  Génesis 24-31, Dios crea a los animales terrestres, y al final de ese día, formó al hombre.

Algunos critican el relato de la creación, señalando algunas inconsistencias con el actual conocimiento de la mecánica celeste. Es imposible, para la ciencia, que Dios haya creado la tierra y la colgara en el vacío; y al cuarto día crea el Sol, la Luna, y los demás astros.

Esta era la visión geocéntrica del pasado. Dios creó la tierra, como el centro del universo; luego el sistema solar, después la vía láctea, nuestra Galaxia, luego los demás cuerpos celestes.

La ciencia dice que el proceso fue al revés:

Primero Dios creó la materia, luego esta  se consolidó en los cuerpos estelares, galaxias, estrellas, nebulosas; luego se formaron los sistemas planetarios como el Solar, y finalmente los planetas como la Tierra; la Luna fue posterior, debido a una catástrofe planetaria. La Biblia no da detalles del proceso creador, la ciencia se encarga de eso, nos refiere un hecho fundamental, la creación.

De todas maneras, sea la cosmovisión que se posea, hay un hecho cierto: Dios creó los Cielos y la Tierra. Dios es el principio creador; la secuencia de hechos es importante, pero más importante es que estamos aquí; constituyendo el centro de atención y del amor de Dios:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Juan 3:16.

Fuente:

Biblia: Versión RVR60, tomada de http://www.biblegateway.com

Datos: Wikipedia

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