SIGNOS CELESTIALES

El próximo 21 de junio ocurrirá un fenómeno astronómico que ha cautivado a la humanidad desde tiempos ancestrales, los habitantes del hemisferio norte disfrutarán de la luz solar por más tiempo del habitual, ello debido a que la tierra en su recorrido alrededor del Sol, y por la inclinación de su eje de rotación se encontrará en un punto en el espacio denominado “solsticio de verano. Es el día más largo del año, y por consiguiente la noche más corta.

Luego, el 3 de julio la tierra se encontrará en su punto más alejado del Sol, en su movimiento de traslación, ese día conocido como “afelio”, el astro rey ejercerá su potente fuerza de atracción y hará que lentamente la tierra gire para retornar en órbita hacia el punto más cercano, “perihelio”, fenómeno que ocurrirá el 3 de enero del 2018.

Grafico que muestra el perihelio y afelio de la Tierra respecto al Sol.

Para la mayoría de personas tales eventos tienen poca importancia, y pasan desapercibidos. No fue así para nuestros antepasados, tanto de las culturas china, sumeria y babilónica en el oriente, como para las precolombinas en América.

Los hombres de las nacientes culturas alzaron su mirada hacia el cielo en el que descubrieron un inmenso cronómetro, observaron la regularidad de los agrupamientos de estrellas, como del movimiento de aquellos rutilantes cuerpos celestes, así como la del Sol, su asociación con las estaciones y la agricultura, dando con ello lugar a la astrología.

La paciente observación y el cuidadoso registro de sus observaciones permitieron determinar fenómenos celestiales periódicos, algunos de ellos se sucedían cada tres meses, coincidiendo con el inicio de las estaciones.

Así, en determinado día, hacia el final del invierno, cuando comenzaba a reverdecer la vegetación, observaron que la duración del tiempo de luz solar, y la noche eran iguales; que tres meses más tarde, al inicio del tiempo más caluroso, el día es más largo que la noche; tres meses más tarde, el día y la noche tienen igual duración; desde ese momento las noches son más prolongadas, hasta tres meses después cuando ocurre la noche más larga del año, y el día más corto.

Nace de este modo la designación de “equinoccio de primavera”, que ocurre alrededor del 20 de marzo; seguidamente el “solsticio de verano” aproximadamente el 21 de junio; luego el “equinoccio de otoño”, alrededor del 23 de septiembre; y finalmente el “solsticio de invierno”, cerca del 22 de diciembre. Esto en el hemisferio norte.

En el hemisferio sur aquellos fenómenos son opuestos. El 21 de junio para el hemisferio norte corresponde al solsticio de verano, en tanto que para el hemisferio sur corresponde al solsticio de invierno. En el norte el día es el de mayor duración, en el hemisferio sur es la noche que se alarga. Igual ocurre con los equinoccios, son opuestos en ambos hemisferios. Cuando en uno es primavera, en el otro es otoño.

En los países ecuatoriales, o tropicales, que están cerca de la línea del ecuador, estos fenómenos no son tan perceptibles. Son evidentes, como se dijo, en las regiones nórdicas, y las australes.

Es asombroso que nuestros ancestros sin instrumentos de observación y medición como los sofisticados de uso común hoy, pudieran alcanzar tan elevado conocimiento de la mecánica celeste.

Como dijimos anteriormente, para la mayoría tales fenómenos astronómicos pasan desapercibidos; sin embargo hay un creciente número de personas que ven en aquellos un tipo de  manifestaciones cósmicas de carácter trascendental.

Así pues, el 21 de junio, muchos movidos por el pensamiento mágico, e  influidos por religiones y filosofías orientales, irán a los antiguos santuarios, o a los monumentos ancestrales, a recibir al amanecer una supuesta energía proveniente del astro rey, como lo hicieron los babilonios y egipcios en sus mejores momentos.

Tour di Stonehenge del solstizio d'estate da Londra: vista del tramonto o dell'alba

Los babilonios y egipcios asociaron los fenómenos astronómicos con sus deidades, siendo el Sol un dios prominente, por lo tanto surgieron diversas festividades en su honor, que los romanos nos las legaron, y la Iglesia Católica asimiló como festividades cristianas.

Por ese motivo algunos críticos cuestionan que se celebre la natividad de Jesucristo en una fecha que originalmente estaba dedicada a rendir culto al dios sol, que renacía cada año, en el solsticio de invierno, tras vencer las frías noches del invierno nórdico; lo que se constata porque a partir de ese solsticio los días comienzan a alargarse, hasta el solsticio de verano cuando victorioso alumbra el día más largo del año.

Pasado este solsticio los días son cada vez más cortos, hasta el solsticio de invierno en que la noche es la más extensa. Así pues el Sol declina lentamente hasta casi fallecer, pero en una importante fecha renace como el Sol Invicto. Esto en la mente de los romanos.

Una realidad astronómica convertida en mito religioso.

Los astrónomos observarán el solsticio de verano, como rutinariamente lo hacen. Comprobando la regularidad y exactitud de la mecánica celestial.

Sin embargo el recurrente fenómeno solar-terrestre denominado solsticio de verano, así como los demás que marcan las estaciones, no es tan intrascendente, el mismo revela una extraordinaria realidad. Que ésta asombrosa regularidad celeste es la magnífica obra del Creador, diseñada para ser utilizada por el hombre, y sirve como testimonio de su cualidad de creador.

En el libro de Génesis se nos revela esta maravillosa realidad:

14 Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años, 15 y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así. 16 E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas.17 Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra, 18 y para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Génesis 1:14-17. RVR60.

Pero el hombre movido por la superstición y los antiguos mitos observa aquellos fenómenos y rinde culto a los objetos crados que los originan, en lugar de reconocer la grandeza del Creador.

Es que precisamente la creación es una manera como Dios se nos revela, para que tengamos consciencia de su realidad e interés por la humanidad.

Movido por una notable sensibilidad espiritual el salmista alza su mirada hacia el cielo y conmovido exclama:

1 Los cielos cuentan la gloria de Dios,     Y el firmamento anuncia la obra de sus manos. 2 Un día emite palabra a otro día, Y una noche a otra noche declara sabiduría. 3 No hay lenguaje, ni palabras, Ni es oída su voz

Para luego exclamar:

1 Oh Jehová, Señor nuestro, Cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra! Has puesto tu gloria sobre los cielos; 2 De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza, A causa de tus enemigos, Para hacer callar al enemigo y al vengativo. 3 Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, La luna y las estrellas que tú formaste, 4 Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites? 5 Le has hecho poco menor que los ángeles, Y lo coronaste de gloria y de honra. 6 Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; Todo lo pusiste debajo de sus pies: 7 Ovejas y bueyes, todo ello, Y asimismo las bestias del campo, 8 Las aves de los cielos y los peces del mar; Todo cuanto pasa por los senderos del mar. 9 !!Oh Jehová, Señor nuestro, Cuán grande es tu nombre en toda la tierra!

Por lo tanto,  el 21 de junio se nos presenta otra maravillosa oportunidad de valorar la regularidad y precisión del universo, y elevar una acción de gracias por tan singular regalo.

Fuente:

  • Biblia: Versión RVR60, tomada de biblegateway.org,
  • Datos y conceptos: Wikipedia,
  • Notas personales,
  • Imágenes: Google.
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Autor: Orientador

Israel Leal Araujo. Orientador, Pastor en Iglesia Bautista, Practitioner en PNL, Docente Universitario en el área de Psicología, Profesor de Educación Media y Orientador, Jubilado, Consultor Organizacional, Facilitador de Talleres de Desarrollo Personal y Profesional, Presidente de la Fundación PROEDUCA. Estudiante de la Biblia.

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