EN VENEZUELA NO HAY CRISIS, SE IMPONE UN SISTEMA

Las expectativas sobre lo que sucederá durante el 2017 en Venezuela son cada vez peores, se pensaba haber llegado al fondo, sin embargo la realidad indica que aún se desciende hacia aquel incierto lugar. Persiste una situación desesperada y desesperanzadora.

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Los expertos han hecho muchos análisis sobre el origen de tal caótica situación, y se ha planteado innumerables estrategias sobre cómo abordar y resolver esta crisis horrorosa.

El pueblo de Dios, inmerso en el caos, no cesa de elevar plegarias y hacer llamados para clamar por una intervención Divina que resuelva este estado de cosas. Los templos, y las redes sociales son escenarios de tales llamados pidiendo acción a Dios.

Surgen preguntas: ¿Por qué Dios permite este estado de cosas? ¿Por qué no interviene y pone orden en Venezuela? ¿Por qué no responde el clamor de sus hijos? Seguramente tienes más interrogantes apreciado lector. Muchas preguntas, pocas respuestas.

Vamos a situar la crisis venezolana en su contexto real.

Lo que nosotros llamamos crisis en realidad es la aplicación de un sistema ideológico denominado Socialismo del Siglo XXI, cuyo objeto es establecer una economía tal y como la estamos experimentando. Un capitalismo de Estado, donde éste tiene el control absoluto del aparato productivo. Es decir, no hay empresa privada, no hay libre oferta y demanda. Se eliminan las clases, para igualarlas. De ahí el acoso a la clase media para establecer una igualdad con la denominada desposeída. En sencillas palabras el partido de gobierno se ha propuesto establecer en Venezuela el sistema comunista, inspirado en los ideales marxistas. Esa es la realidad.

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Lo que denominamos crisis es el exitoso avance a ese sistema de gobierno. Ahora esto no se ha hecho a espaldas del pueblo. Desde el principio los impulsores del Socialismo del Siglo XXI han declarado honestos, francos, diáfanos cuales son sus propósitos. Y ellos tienen el derecho moral y constitucional para hacerlo.

El sistema comunista que se establece en Venezuela no ha llegado en forma impuesta, ni de manera engañosa, como ha sucedido en otros países, que se establece mediante un golpe de estado, o como resultado de una guerra. En Venezuela el Socialismo del Siglo XXI llega gracias a los votos del pueblo, que es su aval para mantenerse en el poder. El actual presidente no lo es porque él se impuso, ni dio un golpe. Obtuvo la presidencia con el voto de la mayoría del pueblo venezolano. Aun cuando se piense que hubo fraude, recuerde que la oposición tuvo representación en todas y cada una de las mesas electorales, así que si hubo fraude, entonces ese fraude fue avalado por los testigos de mesa.

Quienes hemos sido parte de la maquinaria electoral sabemos que luego de cerradas las urnas, se sellan a la vista de todos los presentes, y luego el 51% de las urnas se eligen para abrirlas en presencia de los testigos y se cuenta cada voto emitido. El fraude siempre es posible pero necesariamente es conocido y aceptado por los dirigentes de la oposición, que en el peor de los casos son cómplices entonces.

Hago estas reflexiones para insistir que el Socialismo del Siglo XXI se impone porque una mayoría lo avala con sus votos.

Ahora analicemos la realidad de la oposición y de la sociedad civil.

Como hemos observado, los voceros de estos sectores se han enfrascado en la solución electoral, apostando a que mediante el Revocatorio, o las elecciones del 2019 van a obtener el poder, ya que la crisis económica les regalará a Miraflores. Están equivocados en sus percepciones, la crisis venezolana se vive en la clase media que progresivamente pierde su estatus, sus bien ganados logros. Las clases populares no viven la crisis porque a ellas les fue negado por muchos años las bondades de los recursos que muy pocos disfrutaron.

Las clases populares de vivir en ranchos marginales y sin empleo, pasaron a vivir en urbanizaciones con todos los servicios públicos, y reciben subsidios del Estado. Es cierto que muchos hacen largas colas para obtener productos regulados; pero es que antes ni siquiera podían hacerlas porque no contaban con recursos para adquirirlos. Evocamos tiempos de hace más de veinte años.

Esa inmensa mayoría de venezolanos que jamás tuvo una 4×4, ni televisores planos, ni electrodomésticos digitales, ni tuvieron tarjetas de crédito y no recibieron dólares preferenciales, ni viajaron al exterior, entre otras muchas otras bondades vividas por la clase media; a ellos no les alcanza esa crisis.

Esa inmensa mayoría, que según algunos supera el 50% de la población, no va a estar dispuesta a perder sus beneficios, se llame “clap”, “subsidio”, “Misión Sucre”, “Barrio Adentro”, o cualquier otro programa del gobierno para asistir a la clase popular,  para votar por líderes emblemáticos de la “Cuarta República”, quienes precisamente fueron quienes les negaron por años, según el discurso del gobierno, las bondades que se vivió en los mejores momentos de la “Venezuela saudita”.

La solución pasa por lo electoral, pero previamente hay que educar a la población en lo que realmente significa el Socialismo del Siglo XXI; y más que eso, proponer un programa de relanzamiento de la clase popular, para erradicar la pobreza en Venezuela. Pero no aplicando las medidas económicas propuestas hasta hoy: promover la reactivación económica mediante liberar el dólar, liberar los intereses, liberar los precios, congelar los salarios. La cuarta república en su peor expresión.

Es cierto que aquellas medidas son necesarias, y han dado resultados positivos en otros países, pero ese “capitalismo salvaje” como se le denomina, debe ser aplicado estableciendo simultáneamente medidas de acompañamiento a las clases populares para evitar que nuevamente sean marginadas. Eso se llama justicia social, y distribución equitativa de los recursos del país. Y ese es precisamente el reclamo Divino a los líderes de Israel en Miqueas 2:1 y siguientes; mismo para los de Venezuela del gobierno, tanto como a los de la oposición.

¿Por qué ha calado en el corazón de muchos venezolanos aquello de que “El petróleo ahora es nuestro”? No es casual que exista PDVal, PDVgas comunal, PETROcasa, la gente piensa que el petróleo llega a su casa por intermedio de aquellas empresas. Tú dices que eso es populismo, pero para la gente del barrio es una bendición dada por el comandante eterno.

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Fui invitado a la promoción de un grupo de estudiantes de la Misión Sucre, pidieron les transmitiera un mensaje en aquel inolvidable acto para los graduandos. Toma la palabra uno de los felices participantes del evento y expresa: “Le doy gracias a Dios, y a mi Comandante Chávez, porque hoy obtengo el título de licenciado en educación”. El jamás pudo acceder a la universidad pública, por los motivos que sean, pero hubo alguien que le llevó la universidad a su barrio y pudo estudiar educación superior. Se burlan de la Misión Sucre, quienes estudiaron en ella la admiran y defienden; proponga quitar ese programa a las clases beneficiadas con él para que compruebe el sentir de la gente.

El proyecto de país para resolver la crisis necesariamente debe contener una sólida base de justicia social, y distribución equitativa de la riqueza del país. Que no se quede más en el 10% de la población, que beneficie al 100%. Y ello requiere un cambio de actitud en la dirigencia venezolana.

Revisemos lo que sucede en el marco del pueblo de Dios.

Lo primero que necesitamos aclarar es que Venezuela no es pueblo de Dios, tal y como lo es Israel. Hago esta aclaratoria, para evitar el error de aplicar a la Nación Venezolana mensajes dirigidos al pueblo de Dios. En Venezuela hay una parte de la población que se denomina pueblo de Dios, y otra que no lo es.

¿Cuál es el pueblo de Dios en Venezuela? Todos los que profesan la fe en Jesucristo; a ellos se les denomina “hijos de Dios”,  y quienes son israelitas, es decir descendientes de Israel, que son el pueblo de Dios, así se declara en la Biblia, Juan 1:12, y Éxodo 6:6-7.

¿Qué está ocurriendo en Venezuela? Que quienes gobiernan no representan valores y creencias propias del pueblo de Dios. Persiguen el bienestar de la población, y justicia social, pero con base a doctrinas inspiradas en filosofías ateas, y humanistas materialistas, enmarcadas en lo que se denomina marxismo. Con el agregado de creencias religiosas inclinadas al espiritismo y sus derivados.

Quienes están en el poder profesan doctrinas ateas, mezcladas con prácticas religiosas heredadas de Babilonia. Ello no es reprochable en el marco Constitucional que permite la libertad de conciencia, y libertad de cultos.

¿Por qué entonces estamos en crisis? No existe una crisis nacional, la misma se vive en un sector de la población; ya que el gobierno está imponiendo su sistema político ya antes mencionado, con el aval, al menos electoral, de la mayoría.

Quién está en crisis es el pueblo de Dios, que no ha tomado conciencia de lo que sucede y no ha optado por la conducta inspirada en su norma de fe, la Palabra de Dios. El profeta se lamenta al proclamar la palabra de Dios: “Mi pueblo perece porque le faltó conocimiento”, Oseas 4:6.

Y este es el real problema de Venezuela: al pueblo de Dios venezolano le falta conocimiento, por lo cual perece y el País con él. ¿En que se basa esta afirmación? En el proceder de la población.

Anteriormente se hizo un somero análisis del proyecto de País impulsado conforme al Socialismo del Siglo XXI, y las doctrinas que le sustentan. Entonces es lógico y natural que un marxista, socialista, comunista, ateo, materialista, o revolucionario vote y sostenga ese proyecto político.

¿Lo es para un integrante del pueblo de Dios? Aquí estriba el problema, hay una ignorancia, en dos sentidos: O se ignora los fundamentos del Socialismo del Siglo XXI; o se ignora la Palabra; y cualquiera que sea es deplorable, y causa del estado de cosas en el País.

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Los líderes religiosos, los ministros de Dios tienen su cuota de responsabilidad ante la realidad del país; unos porque apoyan al actual sistema; y otros porque no orientan palabra en mano a sus congregaciones; alertándoles sobre las verdaderas causas de la situación venezolana.

En una reunión de pastores convocada para orar por la crísis venezolana, expresé sin ánimo de ofender que un cristiano no puede apoyar a un sistema sustentado en el marxismo, que por definición es ateo y materialista; y que practica ritos paganos. Luego del acto, un pastor presente en el mismo manifestó que yo era “escualido”, es decir un “opositor al gobierno”. Sentí un profundo pesar por aquel ministro y la congregación a la que sirve por su ignorancia. Ingora lo que es el marxismo, y sus bases doctrinales; ignora las consecuencias de practicar ritos paganos; e ignora lo que afirma la Palabra de Dios. Y todo eso es fatal. Y no soy “escualido” en ninguna de sus acepciones.

Ahondando en el análisis, diagnosticamos que ni siquiera es el actual sistema quien es responsable de la crisis venezolana. Es una profunda crisis espiritual, en la que se ha cedido territorio a lo que en Efesios 6:12, se denomina huestes de maldad:

Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.

Y el territorio cedido no es el Socialismo del Siglo XXI, que es un efecto, la causa es que el pueblo de Dios no esta  cumpliendo su alta misión de ser “la sal de la tierra”, “la luz del mundo”; preservar la tierra, e iluminar al mundo; todo ello con la proclamación de la Palabra de Dios, con el poder del Espíritu Santo.

La Biblia es clara en ello. Uno de los efectos del evangelio cuando impacta a las personas es que produce profundas transformaciones en sus vidas; y ello genera cambios en sus entornos. Es por ello que a medida que el evangelio avanza extendiendo el Reino de los Cielos, el reino de las tinieblas pierde territorio.

Esto sucede en el mundo actual, pero en Venezuela la situación es dramática. Nunca la población venezolana ha sido impactada con el efecto transformador del Evangelio del Reino. Se han hecho grandes esfuerzos para captar “almas”, y muy poco para transformar aquellas en verdaderos discípulos de Jesucristo que conozcan la Palabra, la comprendan y la vivan.

Toda persona que conozca medianamente la Biblia, la historia del pueblo de Israel, y la de la Iglesia sabe que las grandes reformas de la Iglesia, los grandes avivamientos de los pueblos tienen origen en el estudio y puesta en práctica de la Palabra. Ocurrió en tiempos del rey Josías, 2 Reyes capítulos 22 y 23; en los tiempos de Esdras y Nehemías, como en los de Lutero.

¿Cómo superar la crisis? La respuesta se encuentra en la Palabra, la Biblia. Búscala y practícala.

Fuente:

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Autor: Orientador

Israel Leal Araujo. Orientador, Pastor en Iglesia Bautista, Practitioner en PNL, Docente Universitario en el área de Psicología, Profesor de Educación Media y Orientador, Jubilado, Consultor Organizacional, Facilitador de Talleres de Desarrollo Personal y Profesional, Presidente de la Fundación PROEDUCA. Estudiante de la Biblia.

4 comentarios en “EN VENEZUELA NO HAY CRISIS, SE IMPONE UN SISTEMA”

  1. Lo felicito hermano Israel buen artículo, que el señor todo poderoso, guíe tus opiniones y que sirva para despertar la conciencia ciudadana, y que puedan buscar a Dios, ese es el plan que Dios tiene para Venezuela.

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