MILAGRO EN UN FRIO ATARDECER

Era el atardecer de un sombrío y frio día, como pocos en aquella época del año. El cielo se observaba nuboso, dándole ese tono gris al ambiente, como es lo habitual en los días de invierno; la temperatura había descendido a unos 22oF, aproximadamente 6 grados por debajo de 0, en centígrados. La noche anterior dejé un recipiente con café en nuestro vehículo, y había amanecido congelado.

Estaba resfriada, sentía fiebre, y los malestares típicos de esa dolencia; además agotada, mis dos tesoritos mayores, los morochos Isaías y Mateo, padecían igualmente los malestares del resfriado que les afectaba, tal vez ellos me lo contagiaron. Así que había pasado la noche atendiéndoles en sus quebrantos. El llanto, las quejas infantiles, y los lamentos no escasearon.

Debido a la fiebre que padecíamos todos, agotamos la provisión de bebidas hidratantes, así que necesitaba reponerlas.

Estaba sola, con mis hijos, ya que mi esposo, pastor de una Iglesia, había salido a las actividades propias de su ministerio.

Así pues que enferma, cansada, atendiendo a los niños, un frio día de invierno, sin ánimos de salir, para no dejar solos a mis hijos, elevé una silenciosa plegaria, “Señor necesito “bebidas hidratantes”.

Subí a la habitación de los niños, para asegurar que todo marchaba bien, cuando repentina e inesperadamente escuche el típico sonido cuando alguien toca tu puerta. Baje presurosa la escalera, no era habitual que alguien me visitase en un da como ese, y precisamente a esa hora.

Con gran expectativa abrí la puerta, esperando recibir y atender a alguien que tal vez necesitaba de nuestra ayuda.

Grande fue mi sorpresa cuando ante mí se destacaba la amplia sonrisa en la cara de un Pastor amigo, y en sus manos una cesta de alimentos, entre las cuales destacaban dos frascos de la “bebida hidratante” de la marca que silenciosamente había solicitado al Padre Celestial. Lagrimas surcaron mis mejillas, y una intensa emoción embargo mi alma, al ver aquel medio de gracia, mi amigo, a quien Dios había utilizado para responder mi plegaria, con un Milagro.

De inmediato compartí con mi amigo la experiencia, y juntos recordamos, “Pedid y recibiréis…”, finalmente estuvimos de acuerdo en que Dios obra por “caminos milagrosos”, y que la oración de fe, activa los Milagros de Dios.

Milagros.

Se llama milagro a un suceso extraordinario, que no tiene explicación humana, que ocurre por la intervención directa de Dios.

El Diccionario de la Lengua Española define un milagro así: “Hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino.”

La palabra milagro es de origen latino, viene de la palabra “miraculum”, que significa “mirar”. Los romanos llamaban miraculum a los fenómenos que escapaban a su comprensión, como los eclipses, las estaciones del año, y las tempestades. A su vez, la expresión miraculum proviene de “mirari”, que en latín significa “contemplar con admiración, con asombro o con estupefacción”, aquellas cosas inexplicables.

Relámpago del Catatumbo, en el Estado Zulia, Venezuela.

Desde una perspectiva bíblica, un milagro es un hecho sobrenatural a través del cual se manifiesta el amor de Dios hacia los seres humanos, con el objeto de mostrar su naturaleza todopoderosa, y fortalecer la fe.

Milagros en la Biblia.

En el Antiguo testamento se relata una serie de milagros, como los narrados en el Libro de Éxodo, en el marco de la liberación del Pueblo Hebreo, esclavo en Egipto; el más reseñado es la división de las aguas del mar Rojo, Éxodo 14:21-22, operado a través de Moisés.

En la época de los Reyes de Israel, fue notable el ejercicio de milagros, por mediación de profetas, como la multiplicación de harina y aceite, en el caso de la Viuda de Sarepta, 1 Reyes 17:8-24; así como la curación de la lepra de Naaman el Sirio, 2 Reyes 5:1-27.

En el caso del Nuevo Testamento, se encuentra una gran cantidad de milagros, principalmente aquellos realizados por Jesús. Entre los muchos milagros de Jesús, se mencionan: la conversión del agua en vino, en la bodas de Caná, Juan 2:1-12; la resurrección de Lázaro, Juan 11:38-43; y la resurrección misma de Jesús, Juan 20:1-10.

Pablo de Tarso explicó los milagros como manifestaciones del Espíritu Santo, a través de creyentes en Jesucristo, con el fin de fortalecer la fe, glorificar a Dios, y como muestra de su amor.

1 Corintios 12:7-10:

7 Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. 8 Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; 9 a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. 10 A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas.

Para el cristianismo en general, el milagro es un hecho sin explicación científica razonable.

Como el vivido por aquella madre, al atardecer de un frio día de invierno.

Nota: El nombre de los niños se cambió, por razones obvias.

Imágenes: Google

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Autor: Orientador

Israel Leal Araujo. Orientador, Pastor en Iglesia Bautista, Practitioner en PNL, Docente Universitario en el área de Psicología, Profesor de Educación Media y Orientador, Jubilado, Consultor Organizacional, Facilitador de Talleres de Desarrollo Personal y Profesional, Presidente de la Fundación PROEDUCA. Estudiante de la Biblia.

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