LA OTRA CARA DE LA VIOLENCIA

La violencia es una forma de comportamiento humano que de manera intencional, aprendida o imitada ocasionan daño físico, psicológico o sexual, a otra persona o colectividad.

En la antigüedad fue asociada a la fuerza física. Los romanos la denominaron “vigor”, que es la fuerza que permite que una persona se imponga sobre otra. Dicha expresión dio origen a vocablos tales como “violento”, “impetuoso”, “furioso”, “incontenible”, aplicado a cosas, como un rio; y cuando se refiere a personas, como fuerte”, “violento”, “irascible”.

La violencia también está asociada a “maltratar”, “arruinar”, “dañar”; y transmite la idea de “ardor” “rigor”, así como “ferocidad”, “rudeza” y “saña”.

Es interesante destacar que la palabra latina “vis”, que dio lugar a esta familia de palabras, proviene de la raíz indoeuropea “wei” que transmite la idea de “fuerza vital”.

En resumen, el elemento esencial en la violencia es hacer daño, tanto físico como psicológico.

Ahora bien, ¿Qué impulso de la naturaleza humana es capaz de producir esta reacción?

¿Qué fuerza interna es capaz de activar el deseo de agredir a otro ser humano, con el propósito de hacerle daño?

En lugar de echar mano de la psicología, u otra ciencia de la conducta, vamos a revisar el origen de éste fenómeno humano, desde nuestra internalidad.

Desde ésta perspectiva, redefinamos las preguntas anteriores:

¿Qué impulso de “mi” naturaleza humana es capaz de producir esta reacción?

¿Qué fuerza interna es capaz de activar “en mi” el deseo de agredir a otro ser humano, con el propósito de hacerle daño?

Las respuestas a estas interrogantes están allí en la mente, aunque no son fácil de digerir, como tampoco de asumir.

Evoque una situación en la que usted ha protagonizado un acto de violencia, o ha sido testigo de otro.

Vamos a ayudar a su imaginación. En cierta oportunidad un padre observó que su hijo, preadolescente, hizo una travesura propia de su edad. El padre tomó una correa y comenzó a castigar al muchacho; azotándole con la correa. Alzó una y otra vez su mano contra su hijo, al punto que éste este cayó al suelo, y aun allí, siguió golpeándole hasta que se le agotaron las lágrimas y gemidos, a la víctima.

¿Qué fuerza vital, impetuosa, incontenible, propicia que un ser humano actué de manera violenta?

Podemos responder que el origen de la violencia, de la agresión, tiene que ver con frustraciones, resentimientos, odio acumulado o inculcado, aprendizaje, imitación,

O en el culto que inconscientemente se le rinde a la violencia.

Para darle una idea de cómo funciona el culto que se le da a la violencia, observe los siguientes hechos:

Revise el trasfondo de los dibujos animados, “Tom y Jerry”, por ejemplo. Observe el argumento de los cuentos de hadas, “Caperucita Roja”, “Blanca Nieves y los Siete Enanitos”

,

Analice alguna de las grandes obras de Teatro, “Romeo y Julieta”.

Ni que decir de las grandes producciones de Hollywood, o de las Series de Televisión.

Cientos de estudios sobre los efectos de la violencia en la televisión en los niños y los adolescentes han encontrado que los niños pueden:

  •  Volverse “inmunes” al horror de la violencia,
  •  Gradualmente aceptar la violencia como un modo de resolver problemas
  •  Imitar la violencia que observan en la televisión
  • Identificarse con ciertos caracteres, ya sean víctimas o agresores.

Si esto fuere poco, acuda a la Historia Universal, Un Imperio sucumbe ante otro más fuerte.

Observe que la violencia no es un mecanismo de defensa, lo es de agresión, de intimidación. Por lo tanto, no se puede acusar de violento a quien actúa en defensa propia, a menos que se exceda en su respuesta.

Podemos entonces concluir que la violencia es inducida por factores internos, como las frustraciones; o por otros externos, como la cultura, o la imitación.

Esta es una verdad a medias.

Porque en realidad la violencia opera, cuando el individuo no ejerce control, o autocontrol sobre la misma; sobre las causas que la originan.

El ser humano no actúa siempre de manera impulsiva; reactiva, si así fuese la vida en sociedad sería inviable.

En la generalidad de los casos, la conducta es proactiva, o reflexiva; no impulsiva. Insistimos, en la generalidad de los casos.

La mayoría de personas no se atreverían salir desnudas a la calle, porque hay mucho calor; ni negar el paso a un anciano que cruza la esquina, porque tiene prisa. Como tampoco una dama sería capaz de ir con un traje de baño de dos piezas a un servicio religioso; ni con un vestido de fiesta a la playa.

Poseemos fuerzas internas que activamos cuando sabemos que algo va contra los principios de convivencia ciudadana establecidos; o que nos afectan personalmente.

 Es probable que algún lector tenga gran inclinación a degustar cierto delicioso manjar, seguido de su postre preferido; pues bien, si su médico le indica abstenerse de tales deleites, para prevenir una enfermedad potencial, o en proceso; usted sabe cómo reacciona, generalmente. Activa una fuerza interna que le induce a abstenerse, y opta por otra comida. Esa fuerza se denomina: autocontrol.

Dicho lo anterior, podemos establecer que la violencia se produce en personas que no ejercen autocontrol de sus emociones; porque no saben cómo hacerlo, o no quieren.

La virtud capital que surte efecto antídoto contra la violencia, se denomina “dominio propio”.

Ahora, esa virtud no viene “de paquete”, hay que cultivarla.

Estamos conscientes de que en una sociedad que rinde culto a la violencia, que propicia desinhibir los frenos aprendidos para dominarla, hay que cultivar los valores, virtudes y estrategias que sirvan para controlarla, canalizarla.

Entonces el hombre de este Siglo XX, necesita cultivar los valores, recursos,  y estrategias para frenar la violencia en cualquiera de sus manifestaciones. Los mismos son: respeto, solidaridad, tolerancia, autoestima, amor al prójimo, y sobre todo dominio propio.

En el libro de Proverbios se lee:

“Como ciudad derribada y sin muro, Es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda.” 25:28

“Sin leña se apaga el fuego, Y donde no hay chismoso, cesa la contienda.”  26:20

“El necio da rienda suelta a toda su ira, Mas el sabio al fin la sosiega.” 29:11

Tal vez necesitas aprender como canalizar la violencia, y cultivar el dominio propio. Hazlo, te será de gran provecho, y contribuirás a un mundo sin violencia.

Fuente:

Wikipedia: La Violencia; Los Niños y la Televisión.

Imágenes: Google.

Biblia: Versión RV-60

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Autor: Orientador

Israel Leal Araujo. Orientador, Pastor en Iglesia Bautista, Practitioner en PNL, Docente Universitario en el área de Psicología, Profesor de Educación Media y Orientador, Jubilado, Consultor Organizacional, Facilitador de Talleres de Desarrollo Personal y Profesional, Presidente de la Fundación PROEDUCA. Estudiante de la Biblia.

1 comentario en “LA OTRA CARA DE LA VIOLENCIA”

  1. La violencia es la ausencia de Dios en EL hombre.Dice la Biblia en Santiago 4:1-10..Saben por qué hay guerra y pleitos entre ustedes?! Pues no saben dominar su egoismo y su maldad(interior). Es decir,no hay dominio propio-Autocontrol.Cualidad Cristiana dada por EL Espíritu Santo.”Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, amor y DOMINIO PROPIO.2Tim 1:7. Rvdo. Isaías Rojas O. Block. La Luz end EL Camino!

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