LAS VICISITUDES DE UN ALCALDE

La prensa nos ofrece abundantes detalles de la situación del Alcalde de Valencia Edgardo Parra, quien atraviesa un vendaval ocasionado por su particular manera de administrar los recursos del Municipio.

Las vicisitudes que vive no me complacen, por su condición humana, y porque él es víctima de un estilo de vida instaurado en Venezuela desde tiempos inmemoriales.

Uno espera que los funcionarios públicos actúen conforme a la majestad del cargo, y que cumplan sus tareas con un mínimo de eficiencia, equidad y tarnsparencia.

Son muchos los motivos que empujan a una persona para actuar en forma indebida, como el caso del cuestionado Alcalde.

A los fines de esta reflexión mencionaré solo dos.

El primero tiene que ver con los valores, y el estilo de vida del hombre posmoderno.

La época posmoderna es una era caracterizada por la práctica de valores relativos; se ha perdido la fe en la razón y la ciencia, en su lugar se rinde culto a la tecnología. El hombre posmoderno perdió la fe en el poder público; vive despreocupado ante la injusticia y no tiene idealismos.

El hombre posmoderno es egocéntrico, y cree ser parte de esa “energía cósmica” que sustituye a Dios.

Hace  unos dos mil años, Jesucristo explicó el origen de este proceder, lo expuso de esta manera: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.” Mateo 15:19

Así pues, en el interior del individuo se gestan los pensamientos que marcan la manera de proceder. Por lo tanto ese hombre posmoderno necesita un cambio en la manera de pensar, que va a determinar un cambio de actitud, en su manera de vivir.

Ese cambio de actitud, se denomina arrepentimiento y tiene que ver con un cambio radical de la vida, como nacer de nuevo.

Para que se dé el cambio de actitud, hay que asumir conciencia de ello;  y para que esto ocurra el hombre necesita ser confrontado con el Mensaje del Evangelio, lo cual es un desafío al cristiano hoy.

Se necesitan medios de gracia que propicien que el mensaje del evangelio llegue al corazón del hombre. Ese es nuestro llamado y misión.

El segundo, tiene que ver con una práctica instaurada en Venezuela desde tiempos inmemoriales.

Como sabemos, la corrupción, el desvío de los fondos públicos, la apropiación indebida y la malversación es una realidad que no nace con el Alcalde Parra; ni es el único presunto incurso en estos delitos.

Es un secreto a voces que en cualquier dependencia del Estado se incurra en estos delitos, solo que no se denuncian, o no se investigan.

Tomemos un ejemplo. Un funcionario público trabaja más de 25 años, por lo cual tiene derecho a ser jubilado. Al disfrutar este derecho, le corresponde por ley, que se le paguen sus beneficios sociales, liquidación, o como se llame.

Pues bien, se da el caso de que un educador es jubilado. Jubilación deriva de “jubileo”, júbilo. Más hay poco de celebración por cuanto a ese trabajador no se le cumple lo establecido por ley, no se le cancela de inmediato su liquidación, y tiene que esperar más de cinco largos años para obtener algo que es suyo; que la ley establece como propio.

Reza la ley que a cada trabajador se le debe calcular lo que le corresponde por concepto de prestaciones sociales, y depositarlos en un “fideicomiso”; por otra parte, en cada Ley de Presupuesto de la Nación, se calcula el monto correspondiente a cada trabajador, por el concepto anteriormente señalado.

Quiere decir que cada año el Estado asigna el monto correspondiente a las prestaciones sociales de cada funcionario público; de manera que al darse la jubilación de un funcionario debería entregársele de inmediato su liquidación.

¿Por qué no ocurre? ¿Qué se hizo con el dinero correspondiente a las liquidaciones de los funcionarios? ¿Por qué hay que esperar cinco años o más, si el dinero debería estar “a la vista”?¿Por qué hay que solicitar un crédito adicional para ello? ¿Cómo se denomina el uso de una partida para un fin distinto al asignado en el presupuesto?

A la luz de todo esto, necesitamos un profundo cambio de actitud en Venezuela.

A todas estas, más interrogantes: Nuestros representantes, los diputados, quienes anualmente aprueban la Ley de Presupuesto, y conocen esta irregularidad, ¿No tiene responsabilidad en corregirla?, ¿Y los demás organismos garantes del Estado de Derecho?

Una última pregunta, ¿Qué condiciones propiciaron la elección del anterior Alcalde de Valencia?

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Autor: Orientador

Israel Leal Araujo. Orientador, Pastor en Iglesia Bautista, Practitioner en PNL, Docente Universitario en el área de Psicología, Profesor de Educación Media y Orientador, Jubilado, Consultor Organizacional, Facilitador de Talleres de Desarrollo Personal y Profesional, Presidente de la Fundación PROEDUCA. Estudiante de la Biblia.

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