REFLEXIONES PARA UN DIA DE LLUVIA

Amanece un día lluvioso, las nubes filtran la luz del astro rey, para teñir de gris las primeras horas de la mañana.

El sonido de los truenos alterna con el trinar de algunos pajarillos, y de fondo la monótona armonía de las gotas al caer.

Una leve brisa recorre el paisaje llevando consigo una fría caricia matutina.

Un día lluvioso genera en muchos sensación de tristeza, nostalgia, recogimiento; y hasta un cierto de grado de depresión.

En otros, malestar porque altera el ritmo de vida, entorpeciendo el desplazamiento, hasta creando ambiente propicio para la aparición de “resfríos”.

Unos cuantos sufrirán las consecuencias del desborde de los cauces del agua, que incrementan su caudal debido al líquido que cae del cielo.

Y otros tantos, agradecerán la bendición celestial, que hará el milagro de la germinación.

Frente a un día lluvioso, no adoptes una actitud triste; no permitas que la humedad del ambiente, el gris de la luz que te rodea, o la frialdad del momento genere en ti una sensación de melancolía, pesar, o incomodidad.

En un día lluvioso, agradece las maravillas que la naturaleza te depara.

En un día lluvioso confluyen diversos fenómenos para darnos una lección de vida.

En tal día, tiene lugar la maravilla del ciclo del agua, un incesante cambio de estado para propiciar la vida en sus múltiples escenarios. Una vez líquido que en la superficie de los mares, y grandes volúmenes de agua, se evapora ascendiendo a las alturas,  para formar nubes que adornan nuestro cielo; y desde allí precipitarse a la tierra para impulsar la vida.

Los truenos nos recuerdan el poder de la naturaleza, una ruidosa explosión de energía resultante del choque de colosales masas de agua, en forma de nubes; que generan rayos cargados de electricidad, y emiten destellos de luz. Esos rayos eléctricos activan diversas reacciones entre las cuales podemos mencionar la formación de ozono, un elemento vital para la protección del planeta de las radiaciones que nos vienen del espacio exterior.

Las gotas del agua al caer, arrastran consigo todas aquellas partículas suspendidas en la atmosfera que contamina  al ambiente, purificando el aire que respiramos.

El vital líquido al caer sobre el suelo, se filtra hacia sus profundidades, y allí al entrar en contacto con las semillas, activa su renacimiento. El agua se difunde a través de la envoltura de la semilla, y llega hasta el embrión, despertándole a la vida, para comenzar el proceso de producir los compuestos químicos que determinarán el surgimiento de una planta.

Mucha del agua caída en esta mañana lluviosa se desplazará hacia los cauces naturales, y harán su recorrido hasta los ríos, que se dirigirán al mar, para proseguir el incesante ciclo; otra porción se infiltrará en el suelo, y fluirá hasta los grandes acuíferos, depósitos de agua subterránea, que en algún momento será extraída para su uso cotidiano.

En un día de lluvia, regocíjate por todo lo que éste fenómeno activa en derredor tuyo; y si te pones reflexivo, piensa en la naturaleza y bondades de un día lluvioso, y disfruta sus refrescantes gotas sobre tu cuerpo, como cuando eras niño…

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Autor: Orientador

Israel Leal Araujo. Orientador, Pastor en Iglesia Bautista, Practitioner en PNL, Docente Universitario en el área de Psicología, Profesor de Educación Media y Orientador, Jubilado, Consultor Organizacional, Facilitador de Talleres de Desarrollo Personal y Profesional, Presidente de la Fundación PROEDUCA. Estudiante de la Biblia.

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