ROXANA VARGAS, VÍCTIMA DE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER

El juicio al psiquiatra Edmundo Chirinos, por el asesinato de Roxana Vargas, su paciente, convertida en víctima; pone de relieve otra dimensión de este trágico hecho: la violencia contra la mujer.

En el curso de las investigaciones, a cargo del CICPC y el Ministerio Publico, comprobaron que la joven estudiante fue una víctima más de seducción, acoso, y abuso, de parte de su terapeuta; la única diferencia es que ella resulto muerta, por atreverse a desenmascarar al agresor; las otras, anónimas, llevarán en su alma y en el cuerpo las cicatrices de aquellas heridas que recibieron en el consultorio, que silenciaron tal vez por una mezcla de miedo, vergüenza y dolor.

1200 fotos de mujeres abusadas en el consultorio, debe ser una pequeña muestra de lo que allí ocurrió en el transcurso de los más de 50 años de ejercicio profesional. Se sabe que muy pocas se atrevieron a denunciar a su agresor, pero fueron silenciadas, para no manchar el prestigio del exrector de la Universidad Central de Venezuela, excandidato presidencial, exconstituyente, hoy exterapeuta, convertido en presidiario.

Ahora la atención se centra en este fenómeno social, que se ha convertido en problema de salud pública: la violencia contra la mujer.

Las cifras oficiales registran más de 100.000 denuncias por año, de violencia contra mujeres; pero se sabe que una pequeña proporción de víctimas acuden a denunciar a sus agresores, por los mismos motivos de aquellas 1200 mujeres que guardaron silencio. Si este argumento es válido, entonces tenemos la alarmante cifra de varios millones de mujeres agredidas, en el curso de un año, a nivel nacional.

Es de suponer que este fenómeno se repite a nivel continental, tal vez mundial.

Todas las posturas actuales relacionadas con la violencia hacia la mujer, inclusive nuestro marco legal, establecen que cuando una mujer denuncia haber sido víctima de violencia, esta denuncia debe ser inmediatamente tomada e investigada. Quien la recibe no debe, en ningún momento, dudar de su versión.

Esto es así, por el hecho de que si la mujer además de haber sido abusada por un agresor, es descreditada por las autoridades, renunciará a sus intentos de contar su historia, y obligar a que se haga justicia.

Pero las víctimas renuncian a denunciar al agresor. Este conocimiento viene de las investigaciones en el campo de la violencia hacia la mujer y los factores psicosociales que forman parte de este fenómeno.

Esta renuncia de la víctima a ejercer su derecho a la justicia es grave por varias razones; las más importantes son:

Primera: La víctima queda aún más indefensa de ser vulnerada por su agresor, o por cualquier otro que se proponga agredirla.

Esta suerte de indefensión aprendida, la lleva a pensar que no tiene escapatoria posible, que sus quejas no serán escuchadas por nadie, por lo que resistirse a las agresiones será un esfuerzo en vano, lo que la lleva a vivir un ciclo de violencia que sólo termina con su propia muerte; ya sea en manos del agresor; por alguna enfermedad que se encuentran relacionadas con situaciones de violencia prolongada, existe correlación con algunos tipos de cáncer, enfermedades del sistema endocrino, entre otras, y los ciclos de violencia hacia la mujer; o por sus propias manos, terminando con su vida y sufrimiento.

Segunda: El agresor queda libre y a sus anchas, para agredir a otras mujeres. Como se ha mencionado anteriormente, en el caso Chirinos se encontraron 1200 fotografías de sus pacientes desnudas, lo que nos lleva a pensar, que en sus 50 años de carrera, abusó de manera continua a buena parte de las mujeres que llegaron a él a buscar ayuda; lo que deja un lamentable saldo de mujeres que fueron víctimas de violencia, que luego fueron silenciadas debido al prestigio del ilustre e intocable Doctor.

Vista la situación de la mujer víctima de violencia, en todas sus manifestaciones, sea verbal, física o psicológica; es evidente que hay que tomar medidas urgentes para solventar este problema. No se trata de simplemente castigar al agresor, o dictar una medida de protección; pues estas acciones no van a cambiar las actitudes y conducta del agresor. Se requiere un trabajo profundo de resocialización, para convertir a los agresores, en individuos respetuosos, amables, que sepan ejercer la virtud del dominio propio.

Esta acción debe comenzar en el hogar, continuada en la escuela, en sus diversos niveles; y fortalecida por todas las instituciones de la sociedad.

Es claro que un niño que se levante en un ambiente de violencia, asume que esta es la condición normal de relación con los demás integrantes de la sociedad, especialmente la mujer.

Una apropiada educación, formación y orientación de los niños, dará como resultado, hombres respetuosos de los derechos de los demás; y mujeres capaces de defender sus derechos.

Para que la tragedia de la joven estudiante, no se repita.

Fuente: TalCual

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Autor: Orientador

Israel Leal Araujo. Orientador, Pastor en Iglesia Bautista, Practitioner en PNL, Docente Universitario en el área de Psicología, Profesor de Educación Media y Orientador, Jubilado, Consultor Organizacional, Facilitador de Talleres de Desarrollo Personal y Profesional, Presidente de la Fundación PROEDUCA. Estudiante de la Biblia.

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