REALIDAD VENEZOLANA

Ser radical y extremista es una condición personal o política que da poco espacio para la conciliación, para el diálogo, el consenso o el acuerdo.
Con ese enfoque los ideales, puntos de vista, o cosmovisión, son profundos, bien arraigados y  defendidos con pasión y vehemencia; por lo que  generan un campo de batalla para combatir al oponente, sin dar lugar a treguas, tratando de obtener la victoria.
Al final, como en toda batalla, solo hay un ganador que logra sus objetivos, en virtud de su fortaleza, su experiencia y de los recursos que posea.
Tal es el caso de la política venezolana.
Desde hace algunos años, los actores políticos han radicalizado sus posiciones con la intención de lograr que su manera de ver la vida, de gobernar, de usar el poder, sea aceptada y apoyada por la población.
En ese enfrentamiento, cada sector esta convencido de que su propuesta es la válida, y en esto actúa sincera y honestamente. Más, producto de la radicalización, desdeña, descalifica y ataca a la posición contraria y a quienes la sustentan.
Por tal motivo, las mesas de negociación, de diálogo, se dan internamente en los bandos enfrentados; más no entre las fuerzas que se oponen. Con frecuencia oímos a ciertos voceros tanto de los grupos oficialistas, como los de la oposición, expresar que no hay intención de diálogo con representantes del adversario.
Es el escenario en que se puede analizar la salida de RCTV del espectro radioeléctrico, y demás emisoras de radiodifusión; como de Alberto Ravel de Globovisión.
Como consecuencia de falta de credibilidad de los partidos políticos de oposición y de sus voceros, algunos medios de comunicación, y la Iglesia, han tenido que salir a la palestra para alzar su voz, en nombre de quienes no son afectos a la Revolución Bolivariana, y denunciar las desviaciones, corruptelas, incompetencia y demás desaciertos del sector oficial.
Esos medios de comunicación, se convirtieron en expresión evidente de la oposición venezolana al régimen chavista. Este hecho trae consigo varias debilidades y amenazas.
Por una parte, el medio de comunicación que se adhiera a una línea, opositora u oficialista, pierde de inmediato el carácter imparcial, y la objetividad; puesto que su misión es la defensa de los ideales y propuestas del sector que representa; y cuando se radicaliza, entonces asume la línea de atacar al oponente.
De igual manera tiene que asumir el riesgo de toda guerra, que su oponente le gane algunas batallas.
Uno no juzga negativamente la decisión de una persona o de una organización, de adoptar una posición política y defenderla hasta las últimas consecuencias; no se cuestiona que la línea editorial de un medio sea la denuncia de los errores, desaciertos e incompetencia de un gobierno. Es una determinación que hay que respetar.
Mas tal hecho, encomiable, patriota, necesario, deja al país sin importantes instituciones que puedan mediar, tender puentes para lograr acuerdos que beneficien al venezolano en general.
RCTV, es prácticamente un patrimonio histórico y cultural de Venezuela; mas cuando asumió ocupar los espacios de la oposición, perdió sintonía con la totalidad de los venezolanos; habló en nombre y en defensa de un solo sector. Insisto, no se valora negativamente este hecho. La empresa haciendo uso de un derecho constitucional, la libertad de expresión, decidió una línea editorial. Eso se respeta.
Ahora bien, nos dirigimos hacia un escenario electoral, por la manera como se desarrollan los acontecimientos, la radicalización se acentúa. Desde el oficialismo se emite el mensaje que es necesario obtener la mayoría absoluta de la Asamblea Nacional, para garantizar la continuidad de la gestión del actual régimen; desde la oposición se lanza el mismo mensaje, ganar con amplia mayoría, para precisamente lo contrario, frenar las intenciones de la revolución bolivariana.
A todas estas, el planteamiento de quienes pretenden representarnos, en uno u otro bando, están desfasados en lo que respecta al desarrollo histórico de los pueblos; en Venezuela nos encontramos aun en la edad moderna; muchos olvidan que el Muro de Berlín fue derribado, que simbólicamente representa el desplome de las grandes utopías de aquella época.
En la época moderna, los intelectuales  creyeron en la victoria sobre la ignorancia y la servidumbre por medio de la ciencia; los capitalistas confiaban en alcanzar la felicidad gracias a la racionalización de las estructuras sociales y el incremento de la producción; los marxistas esperaban la emancipación del proletariado a través de la lucha de clases.
Como sabemos, algunas posiciones fueron radicalizándose, hasta la aparición de dos bloques opuestos, irreconciliables, radicalizados. Que posteriormente se debilitaron y cayeron.
Creo que es conveniente que quienes pretenden ejercer liderazgo en esta época se den por enterados que avanzamos en la época posmoderna. El hombre  posmoderno vive en  un mundo duro que no acepta, pero no tiene esperanza de poder mejorarlo. Convencido de que no existen posibilidades de cambiar la sociedad, ha decidido disfrutar al menos del presente con una actitud despreocupada.
La posmodernidad es el tiempo del yo y del intimismo. Tras la perdida de confianza de los proyectos de transformación de la sociedad, solo cabe concentrar todas las fuerzas en la realización personal. Hoy es posible vivir sin ideales lo importante es conseguir un trabajo adecuado conservarse joven, conservar la salud, entre otros.
Ello explica el por qué muchas personas se quitaron las camisas verdes, blancas, anaranjadas, amarillas; y sin ningún prejuicio se pusieron una roja. Vive y deja vivir.
A la luz de los sondeos de opinión más serios, la radicalización se da entre quienes pretender ser dirigentes políticos, porque la mayoría de la población se declara independiente, y en las elecciones se abstiene. A quienes definen como ni-ni, son simplemente posmodernistas.
Necesitamos por lo tanto hombres y mujeres con pensamientos e ideales de equilibrio, de consenso, de dialogo, de respeto al oponente, históricamente actualizados; que aprecie la situación del país, no como un campo de batalla, sino como una gran oportunidad para conciliar y canalizar los procesos para mejorar nuestra calidad de vida.
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Autor: Orientador

Israel Leal Araujo. Orientador, Pastor en Iglesia Bautista, Practitioner en PNL, Docente Universitario en el área de Psicología, Profesor de Educación Media y Orientador, Jubilado, Consultor Organizacional, Facilitador de Talleres de Desarrollo Personal y Profesional, Presidente de la Fundación PROEDUCA. Estudiante de la Biblia.

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