LA FELICIDAD NO TIENE SECRETOS

Es probable que en algún momento nos hayamos preguntados cual es el significado de nuestra vida.

Observamos como pasan los días en una sucesión infinita de pequeños instantes, sin encontrar satisfacción, ni sentido alguno en lo que hacemos.

Aburrimiento, desesperanza, incertidumbre, desencanto invaden nuestro ser. Estamos como atrapados en una madeja que nos impide avanzar, alcanzar nuestros sueños e ideales.

Independientemente de los motivos que nos hagan experimentar tales sensaciones, es un hecho que por instantes hemos perdido la perspectiva de nuestra vida.

Porque hemos sido creados, y colocados en esta Tierra con el supremo objeto de ser felices.

Lo que pasa es que creemos que nuestro ideal es alcanzar la felicidad. De alguna manera se nos ha inculcado esta errónea idea. Por lo que hemos asumido que la felicidad es algo que esta en el futuro.

Mas la felicidad nunca se “alcanza”; la felicidad se vive día tras día, instante tras instante.

Muchas personas se plantean inconscientemente el que van a ser felices, una vez que alcancen un propósito. Por ejemplo, establecer como pauta para ser felices, el alcanzar un grado académico, obtener un ascenso en el trabajo, ganar en una competencia, casarse, o tener un hijo. Bien es cierto que tales propósitos son loables, dignos de los mejores esfuerzos; pero no constituyen la verdadera fuente de felicidad.

Y usted sabe que es así, puesto que conoce a muchos que alcanzaron el título universitario que querían, poseen  ingresos económicos que les permiten una vida confortable, tiene su pareja e hijos, una buena casa, automóvil, y demás comodidades; es mas gozan de buena salud, y no son felices.

Porque la felicidad no es una meta. Es un estado de armonía interior, de aceptación de sí mismo; es asumir responsablemente el rumbo de la vida misma. Es disfrutar cada instante en lo que se hace. Es decir, la felicidad no es una condición por venir; es una realidad presente, se vive cada instante.

Un cuadro muy ilustrativo sobre la felicidad nos lo ofrece la imagen de un niño construyendo un castillo de arena en la playa. Disfruta a plenitud aquel instante, dedicado a darle forma a la húmeda arena. Se abstrae de todo cuanto le rodea, para entregarse a la tarea de construir su castillo, aun cuando es consciente de que su obra en breve tiempo será destruida por el oleaje. A fin de cuentas lo que importa no es el castillo, sino el placer de darle forma, y el tiempo dedicado a la tarea.

De igual modo sucede en la vida. Tenemos muchas cosas para hacer, actividades que cumplir, tareas por llevar a cabo, propósitos que orientan nuestras acciones. Pues bien, necesitamos aplicarnos a esas actividades, disfrutando la realización de las mismas. Al fin y al cabo lo verdaderamente importante es saborear con deleite las cosas que hacemos.

Usted no tiene que esperar que la felicidad venga a usted; ni tampoco tiene que salir a buscarla; simplemente disfrute y sea feliz en todo cuanto haga.

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Autor: Orientador

Israel Leal Araujo. Orientador, Pastor en Iglesia Bautista, Practitioner en PNL, Docente Universitario en el área de Psicología, Profesor de Educación Media y Orientador, Jubilado, Consultor Organizacional, Facilitador de Talleres de Desarrollo Personal y Profesional, Presidente de la Fundación PROEDUCA. Estudiante de la Biblia.

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