EL ACCIDENTE AEREO DE BARAJAS

Los diecinueve sobrevivientes del fatídico vuelo JK 5022, que partían desde Barajas rumbo a la Gran Canaria, a bordo de la aeronave MD-82 de la Compañía SPANAIR; jamás olvidarán la experiencia vivida aquel miércoles.

Ellos formaban parte de las 172 personas que se encontraban en el avión, que por causas desconocidas se precipitó a tierra cuando apenas su tren de aterrizaje se despegaba de la pista. Tras el impacto la aeronave explotó, por lo cual algunos de los pasajeros fueron despedidos violentamente, circunstancia que les salvó la vida.

El resto infortunado, quedó carbonizado en el interior del avión, y otros fueron esparcidos por el terreno circundante, quedando adheridos a las rocas o a la vegetación del mismo.

 

[foto de la noticia]

Según los expertos, el piloto levantó el vuelo, entonces probablemente falló el motor, los pasajeros debieron escuchar un ruido parecido a “unas latas que se mueven con algo en su interior”, el comandante se dio cuenta y empezó a corregir, pero en ese momento algo pudo dañar la dirección, se quedó sin control y el avión cayó del ala derecha.

Un avión es una de las máquinas inventadas por el hombre, que se ha convertido en una de las más confiables y seguras del mundo. Es por ello que  la aviación forma parte de las actividades igualmente más seguras que realiza un ser humano. Si se contabiliza la cantidad de aviones que diariamente surcan los cielos, tanto de empresas públicas como privadas, y se verifica la cantidad de accidentes fatales; podrá concluirse que la proporción es mínima.

Estudios a este respecto señalan que los accidentes ocurridos por fallas mecánicas son aproximadamente el 20%; mientras que el 80% restante, corresponde a los humanos.

No ocurre así con el automóvil, que es una maquina mortal. Diariamente se suceden miles de accidentes automovilísticos fatales alrededor del mundo, pero ya ello dejó de ser noticia de primera plana.

Un accidente de avión es diferente, se constituye en una tragedia que ocupa la atención del mundo por lo inusual, dramático, y la cantidad de personas que perecen simultáneamente.

Tal es el caso del MD-82 fabricado por la compañía McDonnell Douglas, perteneciente a Boeing; con matrícula EC-HFP, bautizado ‘Sunbreeze’, que voló por primera vez en 1993, y que fue adquirido por Spanair a la compañía Korean Airlines hace nueve años.

Según las fuentes, todo apunta a que el fallo del motor izquierdo provocara su rotura interior y salieran piezas despedidas, que actuaron como “misiles”.

Estas pudieron dañar el timón de dirección de la parte izquierda del avión o el motor derecho, ya que en ese tipo de aeronave los motores se encuentran pegados al timón en la cola.

Las mismas fuentes han descartado el error humano en el accidente de Barajas porque “sólo se atribuye cuando no se ha seguido el procedimiento de emergencia” y “no cabe ninguno” si la explosión del motor es tan severa como para dejar el avión ingobernable, que es lo que parece que ocurrió.

Cuando se dice error humano, la generalidad de personas piensa en posibles fallos de los tripulantes de la aeronave. Tal como presuntamente ocurrió en el trágico vuelo de la compañía venezolana Santa Bárbara, que se estrelló poco después de despegar del aeropuerto de la ciudad de Mérida, Venezuela, en febrero de este año. Según se desprende de las evidencias obtenidas en las grabaciones de la caja negra del avión, cuyas copias circulan por la red.

El error humano puede ser definido  como una tarea, labor  o función realizada por debajo de los límites aceptables, o calificada  como menos que bueno.

Conforme este concepto, el error humano presuntamente estaría presente en la totalidad de accidentes, sea de un avión, o de cualquier otro dispositivo mecánico inventado y manipulado por el hombre.   

En este orden de ideas, el error puede ser cometido por la tripulación del avión, al incumplir los procedimientos establecidos; que por cierto, y de acuerdo con los informes preliminares, no es este caso. O tal vez, cometido por los mecánicos encargados del mantenimiento de la aeronave, al no realizar las tareas adecuadamente. O a los controladores del vuelo, que desde su torre fallan en sus directrices hacia la tripulación y demás aeronaves alrededor. Aun puede ocurrir fallas a causa de los administradores quienes al flexibilizar los controles y normas de seguridad y mantenimiento, por motivos económicos, ponen en riezgo el buen funcionamiento del avión. Y hasta deberse a la empresa propietaria del avión que le mantiene en servicio, aun cuando ya caducó su tiempo de vida útil.

Muchos conservan en su mente,  la dramática imagen de la bola de fuego resultante de la explosión del Challenger, cuando se elevaba raudo por los cielos. Posteriormente, en la película del despegue se veían nubes de humo que salían de las junturas del cohete impulsor SRB de estribor. 

La comisión encargada de  investigar el accidente llegó a la conclusión de que los aros de goma, que debían haber sellado la junta entre los segmento del cohete impulsor, habían fallado en el despegue.  Al parecer, el fallo se debió a un diseño defectuoso, vulnerable a diferentes factores.  Concluyeron que esos factores fueron: los efectos de la temperatura, las dimensiones físicas, las características de los materiales, lo efectos de la repetición del uso, el tratamiento, y la reacción a la carga dinámica.

Para 1986 se habían realizado 24 misiones de transbordadores; y el Challenger había viajado al espacio nueve veces.  Pero esa misión, la décima, tenía un objetivo particular.  Era un ejercicio de relaciones públicas. Iba a ser el primer cohete espacial estadounidense en el que viajaría un ciudadano de a pie.  La NASA (National Aeronautics and Space Administration) estaba deseando demostrar lo seguros que eran los viajes espaciales.

El resultado fue tan inesperado como trágico.

De acuerdo con fuentes ligadas a la investigación del accidente en Barajas, los resultados de la misma se obtendrán en aproximadamente un año. Tiempo en el que se analizarán concienzudamente todos los elementos y factores que posiblemente intervinieron en el fatal desenlace.

Mientras tanto, lamentamos con España esta tragedia. El mundo se conmueve y llora  esas muertes, y da gracias al Creador por los sobrevivientes.

Tiempo para reflexionar sobre la responsabilidad que tienen  los encargados de mantener en el aire a los aviones, para que no se precipiten más.

Una Voz en el Camino.

Fuente: elmundo.es España

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Autor: Orientador

Israel Leal Araujo. Orientador, Pastor en Iglesia Bautista, Practitioner en PNL, Docente Universitario en el área de Psicología, Profesor de Educación Media y Orientador, Jubilado, Consultor Organizacional, Facilitador de Talleres de Desarrollo Personal y Profesional, Presidente de la Fundación PROEDUCA. Estudiante de la Biblia.

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